viernes, 12 de septiembre de 2008

el aleph

Ayer me colé en un grupito de confabulados –conjurados, diría Borges-- que se reúne cada quince días con Claudio Caldini, en una habitación a oscuras, para contemplar tesoros extraídos de su cofre de rarezas y deliberar sobre los secretos de la imagen en movimiento. Caldini proyectó algunas películas y nos contó la vida de un oscuro cineasta avant-garde alemán, Oskar Fischinger, precursor de la abstracción en el cine y pionero de los primeros experimentos con el color, con títulos intimidantes como Estudio No. 6 y Composición en azul, entre los años 20 y 30.

También por esos años, realizó un documental extraordinario, Caminando desde Munich a Berlín, filmado cuadro a cuadro, como si fuera una animación. Paradójicamente, Fischinger consigue un efecto “fotográfico” sorprendente, alternando un desfile vertiginoso de escenas y paisajes rurales con momentos más pausados, donde nos deja observar por unos segundos los rostros de las personas que el cineasta se fue cruzando por el camino, como si se tratara de clásicos retratos fotográficos, como de Sander, pero con el extrañamiento de la palpitación producida por el cuadro a cuadro.

No sé por qué, me evocó uno de esos extraños libros de viaje de Sebald, como Los Anillos de Saturno, que parecen combinar sin esfuerzo documento y poesía. De hecho, se trata de un viaje al que Fischinger se largó para huir de sus acreedores en Munich, caminando las 350 millas hasta Berlin con lo puesto y su cámara a cuestas. También vimos un home movie de esa época, hecho con técnica parecida, autorretratos informales de Fischinger con su mujer y su hermano. Sonrisas cómplices, la diversión del experimento y la vida mezclados en un mismo acto, y la emoción que trasmite un momento de felicidad condenado a desaparecer.

En 1936 abandonó la Alemania nazi, donde él y sus amigos empezaban a ser acusados de practicar un “arte degenerado”, y recaló en Hollywood, donde entre otras cosas llegó a diseñar el primer episodio de Fantasía de Walt Disney, aunque después renunció por desavenencias con el estudio y quitó su nombre de los créditos. Una de sus películas más “conocidas”, según Caldini, fue un corto llamado An Optical Poem, producida por la MGM y presentada en los títulos como “un experimento científico”. Me hizo sonreír ver rugir al león de la Metro antes de una película experimental. Y Fischinger, que además era músico y pintor y que soñó con "hacer música con las imágenes", también tenía algo de personaje de Roberto Arlt, entre científico loco y timador. Llegó a inventar un artefacto para filmar animaciones con cera, que era una especie de cruza entre una cámara de cine y una fiambrera. Se lo vendió a otro cineasta, que nunca pudo utilizarla porque las luces de cine derretían la cera.

Mientras veía los materiales únicos que presentaba Caldini y oía sus comentarios, a la vez sencillos y profundos, resultado de una larga y meditada convivencia con esas imágenes, pensé que Caldini era como uno de aquellos viejos sabios de la tribu, que llevaba en la memoria algo así como una biblioteca entera, o mejor, el Archivo General de una nación olvidada. ¿Quién, sino él, sería capaz de recordar, setenta años después, en Buenos Aires, a Oskar Fischinger? De alguna manera, intuí, Caldini hablaba de Fischinger como si estuviera hablando de sí mismo. Los problemas filosóficos que se planteaba el alemán en relación el uso de la música en sus películas parecían problemas prácticos que Caldini se planteaba como propios. Caldini hacía las veces de medium y, allí en la oscuridad, iluminado apenas por la luz del proyector, inducía en nosotros un estado de trance, para que Fischinger siguiera existiendo y hablándonos. Pensé también en esa frase: “En Africa, cada vez que muere un viejo, es como si se incendiara una biblioteca”. Y caí en la cuenta del enorme privilegio que representaba estar ahí sentado, en esa habitación oscura de un departamento de Palermo, como si fuera el sótano de la calle Garay donde Julio Argentino Daneri le reveló a Jorge Luis Borges la existencia del Aleph.

Mañana sábado 13 de septiembre, a las 19hs, en Canasta, Delgado 1235, habrá una oportunidad para ver materiales inéditos de Caldini y charlar con él.

foto: Oskar Fischinger.

12 comentarios:

ueno dijo...

También quedé muy emocinado el corto del viaje que es transformado en paseo, lo sospecho familiar a Sendas de Oku de Basho, el andar por ahí caminado,mirando, escribiendo poesías en los descansos, dibujando también, me gusta hacer esta rima que se la robé a Reynaldo Jiménez, Basho Thoreau Michaux, otra trinidad, de esas que tanto me gustan.
Casualmente luego de ver tu Fotografías, mostré en los talleres que doy un libro de Sander, me gustó relacionarlo con tus formas de mirar y encarar,
ahora se mezcla Oskar y tenemos otro trío.

Fotografías dijo...

Sendas de Oku de Basho? Algo por conocer, sin duda. A Thoreau tampoco lo leí, aunque tal vez me llegue via Jonas Mekas, cuyos diarios fílmicos, reunidos bajo el título de "Walden", inspirado en Thoreau, son un referente para mí.

Qué curioso tu asociación de Sander con mi trabajo. Es verdad que siempre me gustó mucho Sander, desde hace años atrás, cuando vi una gran muestra de sus retratos. Pero nunca hubiera pensado que su trabajo tenía demasiado que ver con el mío. A veces, un espectador descubre dimensiones que están ahí pero que el mismo autor tal vez no tenía presentes.

Michaux, sí, aunque Un Bárbaro en Asia tiene elementos racistas que me cuesta digerir.

Y lo que me emocionó de Oskar Fischinger es, de alguna manera, el rescate que hace de él Caldini, para nosotros. Capaz que si veía sus películas en otro contexto no tenían el mismo efecto. Hay algo así como un intento de transmisión de un legado y eso es algo que, a mí, me mata.

claudio caldini dijo...

El privilegio es mío, el de poder contar con oyentes como ustedes y participar del uso creativo de estas máquinas del conocimiento y de la emoción. Me escribe desde Colombia Cecilia Traslaviña, realizadora y profesora de cine de animación, a quien conocí este año en el Festival de Cortometraje de Oberhausen:
Ay Claudio, como me gustaría poder asistir a esa charla, me conmovió el alma la descripción tanto del proyecto como lo de Fischinger, qué gran emoción, qué cercanía, justo el año pasado compré un libro sobre Fischinger Optical Poetry, escrito por William Moritz, quien fue su gran admirador, tal vez tu conoces este libro. Qué bueno este contacto contigo, espero poder ver todas tus películas algún día. Lo de la India debe ser maravilloso.
Un gran abrazo
Cecilia

Fotografías dijo...

Y, desde la India, nada menos, me escribe mi amigo José Rivarola, disfrutando actualmente de una envidiable temporada en el centro de meditación Bodhizendo, en lo alto de los Ghats Occidentales, un lugar de ensueño donde, sin embargo, tiene algunos problemas para conectarse online...

Andrés
por fin pude mirar tu blog, ya que el otro día por corte de luz típico de la India no pude leer los comentarios y tu escritos sobre Caldini y el Aleph. El caso es que hay mail en el Bodhizndo pero no dejan poner el USB para copiar la emocionante carta de de María Gowda, aquella mujer que nos causo tan buena impresión el día que e fuimos a la casa de Ana Fernandez. Qué bien y con qué emoción y comprensión y agradecimeinto escribe, imagino lo que habrás sentido al leerlo.
Y las foto de Rama con gorro y mucha braba es inédita para mi. Ya voy a escribir algo en mi portátil para pasarlo cuando nos suelten el jueves como las mucamas. This in true an not fomality. Qué pena que no puedo meter el pen driver aquí.

El blog esta buenísimo, veo grandes cosas en el horizonte.

Algún día llegaremos verdaderamente al sótano de Argentino Danieri

abrazos
José

Fotografías dijo...

Me quedé pensando en eso que dijo Caldini de "el uso creativo de estas máquinas del conocimiento y de la emoción". Me pregunto si se refería al proyector de cine, o al cine en sí mismo, o por el contrario, a internet. O, ¿quién sabe? a todo esto y algo más...

Claudio?

claudio caldini dijo...

si Andrés, me refería al cine, a la TV, a la internet, la radio, la imprenta, todas son máquinas; pero captaste la intención de una metáfora ampliada. Parece una intuición de Marshall Mc Luhan, aquello de "los medios son una extensión del sistema nervioso". El otro día buscaba el significado exacto de un término sánscrito, utilizado por James Whitney como título de una de sus películas abstractas: "Yantra". Creía que se trataba de un diagrama, un objeto de contemplación, un inductor a la meditación. Encontré un texto filosófico, ¿teológico? de S.A. donde YANTRA es una "máquina compleja de la naturaleza", es decir, nosotros mismos, "la razón y el yo, la mente, los sentidos y los elementos de la energía material" la emoción parece no tener lugar aquí, aunque sin duda es el resultado del buen funcionamiento de la máquina.

Fotografías dijo...

Hablando de máquinas... me encontré por ahí con un blog o un sitio o vaya a saber qué y ya no lo puedo volver a encontrar... pero en fin, donde participa nuestro amigo Guillermo Ueno, que se llama "tecnologías de la amistad"...

claudio caldini dijo...

Con el título Tecnologías de la amistad encontré algunas entradas, no un blog o un sitio. Se menciona el Proyecto Venus de Roberto Jacoby y al ensayista Reinaldo Laddaga. Tal vez Guillermo puede ayudarnos a encontrarlo.

claudio caldini dijo...

encontré esto:

http://www.teoriasdelaamistad.com.ar/

Paul dijo...

Yo quiero sacar carné de ese Archivo General de la Nación Olvidada. Genial.

Fotografías dijo...

Lo de teorías de la amistad da para mirar con tiempo...

Créase o no, es de alguna manera el tema de mi próxima película. Pero mejor, por ahora, no digo más...

Fotografías dijo...

Creo que ya tenés el carné, Paul. Pero seguro que te lo olvidaste en algún lugar y ya no te acordás dónde...

Un placer volver a tenerte por aqui!