jueves, 11 de septiembre de 2008

El país del los bujos

En estos días pasaron por televisión mi película Fotografías y me volvieron a llegar, como cuando se estrenó, montones de mensajes, un efecto impresionante que llegó incluso a que me pararan para felicitarme por la calle (cosa bastante desusada para un documentalista, entiendan mi sorpresa). Muchos mensajes --quizá los que más me pegaron-- son de desconocidos que escribieron emocionados y agradecidos a la productora o al canal, alguno hasta llegó a descubrir esta bitácora electrónica... Pero una de las cartas que más me gratificó recibir fue de alguien que tenía una relación personal con la película, por ser la hija de Ramachandra Gowda (foto arriba). Los que vieron la película no sólo sabrán quién es sino que, seguramente, no lo podrán olvidar. En mi novela familiar, Kamala, mi madre, era "la única hindú de la argentina". Pero cuando empecé a investigar posibles vínculos entre los dos países, descubrí al "otro hindú" de la Argentina. Ese hombre de dos mundos era Ramachandra, inverosímil heredero de Ricardo Güiraldes, que vivía recluido en una cabaña perdida en las afueras de un pueblito de la Patagonia. Aqui la carta (publicada con autorización de María Gowda), enviada hace un año atrás, cuando se estrenó la película:

Hola Andrés:

Soy María Kusalya, la hija menor de Rama (nos vimos una tarde en lo de mi mamá en San Isidro). Te cuento que ayer finalmente fuimos mamá y yo a ver tu película al Cosmos, y realmente quedamos muy contentas las dos. Te confieso que me daba un poco de miedo ir y volver a ver a mi papá en una pantalla, cuando todavía me cuesta ver sus fotos y no llorar por su ausencia...

Pero fue hermoso volver a ver sus ojos, su sonrisa y escuchar su voz y su risa, ¡y esos misteriosos mantrans que recitaba a veces, mientras caminaba perdido en sus pensamientos, recuerdos y tristezas insondables...! También fue un extraño consuelo saber que él no había sido el único en tener que enfrentarse con semejante destino de desarraigo irremediable, que tu madre vivió en ese mismo mundo-entere-dos-mundos, en esa especie de limbo que les impedía encontrar paz en esta tierra o en la otra, porque allá estaban sus raíces y acá sus frutos,y estaban condenados a extrañar a los suyos en cualquier lugar al que fueran...
¡Qué karma! ¿no?

¡Y qué auténticos resultaron todos los personajes de tu "Fotografía"!

Lo primero que comentó mi hermano Haridás, que fue el primero en ir a verla, fue que lo que más le gustó había sido que papá no había estado representando a su personaje (un tick involuntario que él tenía con todo aquél que se le acercaba buscando "al hindú" o "al gurú"; tick que solía enfermar a mis hermanos mayores en particular...-los más chicos nos lo tomábamos con más humor, supongo).

Recuerdo que papá vino a mi depto por unos días, después de haber ido a tu casa y charlar con vos, que estabas con tu mujer y tu hijito; y que me comentó que le recordabas mucho a Haridás, y tu hijo a Niko (el segundo de Hari); y creo que esa identificación, sumada al hecho de que Hari nunca quiso saber demasiado sobre la India (y debo comentarte que aunque los demás si preguntábamos mucho, papá nunca hablaba demasiado, porque no podía ni quería recordar, hasta que finalmente regresó, 35 años después de haberse ido), y en cambio vos querías charlar con él como a él le hubiese gustado poder hacerlo con su hijo; te dio el raro privilegio de conocer al verdadero Rama, el íntimo, espontáneo, y con su sensibilidad a flor de piel...
¡Y como él mismo diría, Ganesha se encargó una vez más de que justamente ése fuera el único retrato vivo que nos queda de él!

Yo pasé seis meses en la India con la familia; y la India de tu película es la misma que vi y viví yo. ¡Hasta tu tío es igualito a uno de los nuestros, Mukesh! No es fácil retratar a ese país "de los bujos" (así lo denominamos Ramlal y yo, para expresar que era como pasar el tunel en Rogger Rabbit y entrar en otra dimensión, a la vez tan diferente y tan familiar como el país de los Loony Toons).

En fin, no sé cuánto puedan apreciar de esta película los que no compartan esta herencia genética, cultural y de historia familiar que compartimos nosotros, pero yo me alegro mucho de que si hayas podido terminar esta película (no importa si fuiste o no instrumento de tu mamá, como sugiere el vidente hindú, o si fue tu hijito el que te hizo ver tu herencia hindú con una mirada nuva (¡es re indiecito, el divino!); ¡o si fue Ganesha, como aseguraría mi viejo!
A muchos nos hiciste un regalo maravilloso: rescataste las fotos de un par de almas (las de tu madre y mi padre) que se merecían una reivindicación, aunque más no fuera porque vivieron su dharma hasta las últimas cosecuencias y con sinceridad y abnegación; quizás con el único propósito de que hoy nosotros seamos quienes somos: estos raros argentinos descendientes de hindúes...

¡Después de todo, no podía faltar la herencia de esa cultura milenaria en esta Arca de Noé que se nuestro país!

Te mando un abrazo y te deseo la mejor de las suertes.
María.

foto: Ramachandra Gowda en Epuyén ("Fotografías" de Andrés Di Tella)

6 comentarios:

ueno dijo...

Auqnue vengo de un oriente un poco más lejano siento muy familiar todo lo que decís, lejano en geografía, el número de tintorerías es mayor al de..., qué oficio es común entre los inmigrantes indios?
es cierto lo de este arca de Noé, por mi parte por momentos me sentí más tranquilo en Japón, nadie me decía chino, eso era una broma con amigos del club cuando chicos, todos queríamos ir a Japón para que no nos digan chinos,
auqnue con el tiempo lo rioplatense se impone, tal vez lo rioplatense más que lo argentino, será el oriente que tabién tira.
saludos,

Fotografías dijo...

Es 'ueno eso (perdón) de ir a Japón para que no te digan chino...

Creo que los hindúes en el mundo, últimamente, se dedican a la informática y a poner restaurants hindúes. Igual que los chinos...

Paul dijo...

"Esos raros argentinos": pienso en que Rama, gran personaje y presencia en la película y además clave para una nueva relectura (orientalista) de Don Segundo, ese Rama hablaba un hermoso castellano argentino de campo. Claro, él también era, de algún modo, un argentino. Después de leer la carta de la hija, pienso en el material de archivo en video que debe tener Andrés sobre Rama. Quizá podría mostrarse, a lo mejor en una pared de barrio algún sábado. Bonus material. Y que buena foto de Rama.

Fotografías dijo...

Creo que una de las cosas más lindas de vivir en la Argentina es que, si querés, debajo de cada piedra encontrás "raros argentinos" como Rama, tipos que parecen encarnar cruces imposibles... el gaucho y el gurú ya no es (sólo) una metáfora sino un hecho. Y Rama era más extranjero en la India que en la Argentina. Cuervo negro pero argentino al fin.

(Guille y yo, salvando las distancias, somos más de lo mismo, en ese sentido; alguien levantará una piedra un día y nos descubrirá, con nuestras rarezas...)

La verdadera historia de Rama, sin emabargo, no está en las secuencias descartadas de "Fotografías" sino en el libro que escribe y escribe y escribe José...

Paul dijo...

Habrá de todas formas una verdad modesta y de tono menor en esas imágenes descartadas de Rama, que me encantaría ver. Esperamos, entonces, el libro de José, y el libro sobre la vida de José. Mientras tanto, de vuelta a la piedra y abrazos.

Fotografías dijo...

Está bien lo que decís, Paul, y es posible que enocntremos en esas imágenes descartadas una verdad "modesta" y "menor" de Rama. Pero esa verdad sólo adquiere sentido si uno tiene el "big picture" del relato de largo aliento que está escribiendo José.

Y sí, a este ritmo, voy a tener que escribir yo la vida de José...