sábado, 27 de febrero de 2010

La casa


Hans Ulrich Obrist, uno de los curadores de la Serpentine Gallery de Londres, fue convocado por la Fundación Federico García Lorca y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales de España para armar una muestra site-specific en la Huerta de San Vicente, la casa familiar en las afueras de Granada, donde García Lorca pasaba los veranos y escribía. Obrist ya organizó muestras semejantes en las casas del arquitecto Luis Barragán, en México D.F., en la del filósofo Friedrich Nietszche, en Sils Maria, o la del arquitecto Sir John Soane, en Londres.

Una música concebida especialmente por Enrique Morente se hace presente en todos los rincones de la Huerta de San Vicente para recordarnos que por sus habitaciones anduvo Lorca. John Armleder proyecta una película hecha a partir de diferentes manuscritos en una habitación vacía de la casa. Un diminuto teatro de títeres, ideado por los artistas David Bestué y Marc Vives, representa una obra basada en “El maleficio de la mariposa” bajo la cama de Federico García Lorca, cubierta a su vez por una colcha bordada por Rivane Neuenschwander. En el mismo dormitorio se encuentran la foto “In Bed with Lorca” de Gilbert & George; dos perulas, una original y una réplica exacta de la misma, obra de Roni Horn, y una máquina de escribir que sólo marca ceros y unos con la que Rivane Neuenschwander evoca el “Diálogo mudo de los cartujos” de Federico García Lorca. Frente a esta habitación, Cristina Iglesias entreabre un pasadizo hacia los sueños del poeta, sobre su superficie las interminables líneas de texto se han transformado en un camino vegetal.

En el cuarto de baño de la casa, Cerith Wyn Evans proyecta un vídeo de pequeño formato que muestra un fuego artificial hecho de versos que había tenido lugar en una exposición en el MUSAC de León simultánea a la primera fase de everstill. Edi Rama, artista y alcalde de Tirana, mezcla sus dibujos con los de García Lorca en la sala de la exposición permanente de la Huerta de San Vicente y Paul Chan concibe tres collages a modo de notas a pie de página de la obra del escritor. Con la foto instalada en la escalera, “Sin título (colta por corta, er cormo por el colmo, le ponga por reponga e ilme por irme)” —un juego con palabras que Lorca y sus amigos usaban para imitar la pronunciación de uno de los miembros del grupo—, Anri Sala alude a la incoherencia entre la vida y la muerte de Lorca, mientras que Philippe Parreno, al pintar las rejas de la casa de su color original y dejar la huella de vaho permanente en la ventana, devuelve la casa al tiempo en el que fue habitada por el poeta y su familia.


El dibujo de Cy Twombly de 1965 con los versos “Verde que te quiero verde. Verde viento” recibe al visitante en el comedor de la casa. En esta obra, al igual que en la de Lorca, los contrarios se funden entre una violencia y armonía de gran belleza. Sobre el aparador se deposita cada día la nueva tarjeta postal que Tacita Dean envía a lo largo de los ocho meses que ha durado la exposición, y donde Franz West exhibe su escultura “El Inconsciente”. En la covacha, el lugar más secreto de la casa, la obra de Koo Jeong-A despide un olor fuerte a naftalina. Dominique Gonzalez-Foerster cubre la habitación del piano con su obra “Blue Carpet”, una biblioteca de 270 libros relacionados con la vida y la obra de Lorca desplegada en el suelo. El sutil llanto de “Fever”, la escultura-caja de música de Arto Lindsay, llena esa misma estancia sobre cuya pared cuelga un cuadro de Sarah Morris que representa el suelo del dormitorio del escritor. Pedro Reyes se inspira en versos de Lorca que contienen la palabra “agua” al realizar los ocho botijos de barro que llenan la alacena de la cocina. Sobre la mesa de la misma, Rivane Neuenschwander coloca un frutero de limones y naranjas secos en los que figuran grabadas las letras de un abecedario procedentes de un dibujo de García Lorca. También “Nocturno esquemático”, un dado que ha perdido sus puntos, se basa directamente en los dibujos del poeta.

El proyecto everstill, título de Douglas Gordon, ha durado nueve meses, a lo largo de los cuales se han realizado lecturas, como las de Enrique Vila-Matas y John Giorno en la inauguración de la primera fase en noviembre de 2007 y las de James Fenton y Frederic Tuten en mayo de 2008. Otros artistas han preferido prescindir de la casa, como Trisha Donnelly, quien ha realizado una actuación en el teatro del Alhambra Palace, lugar donde Lorca recitó en varias ocasiones poemas y conferencias, o como el colectivo Democracia, que ha llevado a cabo una acción de carácter político con la colaboración del periódico local Ideal. El argentino Jorge Macchi, basándose en la colección de obras completas editada por la Huerta de San Vicente, ha editado un libro en el que el texto periodístico que dio origen a “Bodas de sangre” se entremezcla con el texto periodístico que informa sobre su fusilamiento.

Por último, el cineasta Pere Portabella ha realizado la película “Mudanza”, cuya acción consiste en el vaciado de la casa de todos los muebles y objetos, no dejando más que sus muros. Esta película se ha podido contemplar durante los diez últimos días de la exposición en un cine de madera construido en el jardín mientras la Huerta de San Vicente permanecía vacía.

-Hans Ulrich Obrist



fotos (desde arriba): 1. Federico García Lorca en la Huerta de San Vicente, 1935; 2. Fotograma de "Mudanza" de Pere Portabella; 3. "In Bed with Lorca" de Gilbert & George, en el dormitorio del poeta.

fuente: e-flux

martes, 23 de febrero de 2010

Traducción


1.

-En primer lugar, no soy una rubia natural.
-No me importa.
-Fumo. Fumo como una chimenea.
-No tiene importancia.
-Nunca podré tener hijos.
-Podemos adoptar.
-No me entiendes... (Se saca la peluca) ¡Soy un hombre!
-Bueno... nadie es perfecto.

2.

-¿Cómo se llamaba la película?
-"Una Eva y dos Adanes".
-¿Y en inglés?
-"Some Like It Hot".
-A ver... Some = "Una". Like = "Eva". It = "y". Hasta ahí, bien. Pero... ¿Hot = "dos Adanes"?

domingo, 21 de febrero de 2010

Andate a la India


El viaje comenzó con un régimen que puede llamarse de las tres semanas. Tres semanas de asombro, disfrute y esplendor y, a la cuarta semana, empezaba el sinsentido. Primero fueron las cuatro semanas en la Gran Manzana, en el sabroso rebullir del Village de los años 70. Después las cinco semanas en Londres, libertad, diversión, arte y decepción. Un amigo argentino lo había conectado con Marta Minujín. Y Marta Minujín le había presentado a Kamala Di Tella, la primera mujer de Torcuato Di Tella, siempre vinculada con artistas y músicos, que trabajaba como psicoanalista en Londres. Kamala, cuyo apellido de soltera era Apparao, había nacido en la India, en una familia de pequeños terratenientes. Entre sus conocidos estaba incluso el Dalai Lama, quien, expulsado de Lhasa, la capital de Tíbet invadido por los chinos, vivía al norte de la India. Kamala fue quien le recomendó un cambio cultural al joven Gerardo, que ya entraba en la cuarta semana londinense, la del desconcierto y la insatisfacción. Andate a la India, le dijo. ¿Cómo? En auto. Comprate un auto.

El porteño que traduce al Dalai Lama
Leer la nota completa de Laura Linares acá.

Foto: Gerardo Abboud.

sábado, 20 de febrero de 2010

El golem


La luz de la luna cae al pie de mi cama y se queda allí como una piedra grande, lisa y blanca.
Cuando la luna llena empieza a encogerse y su lado derecho se carcome - como una cara que se acerca a la vejez, mostrando primero las arrugas en una mejilla y perfilándose después - a esa hora de la noche, se apodera de mí una inquietud sombría y angustiosa.
No estoy dormido ni despierto, y, en el ensueño, se mezclan en mi alma lo vivido con lo leído y oído, como corrientes de distinto brillo y color que confluyeran.

Así, con esta imagen impresionante, empieza El Golem de Gustav Meyrink, que acabo de leer, como parte de mi regreso programado a la literatura fantástica. Queda instalada de entrada una atmósfera inquietante, entre el insomnio y la pesadilla, donde todo podría ser una premonición de la muerte o, por el contrario, la inminencia de una revelación. Y, a la vez, constituye una especie de programa estético: el efecto que quiere ejercer sobre el lector. La confusión, la duda, la vacilación. Es, precisamente, la inseguridad que experimenta el lector ante los hechos narrados -no sabe si son simplemente extraños o sobrenaturales- lo que define a la literatura fantástica. En la novela de Meyrink, un exponente clásico del género, nunca se termina de confirmar la existencia del Golem, aunque hay razones para sospechar que realmente anda por ahí.

El Golem, como se sabe, es una especie de Frankestein judío, un ser animado fabricado a partir de materia inanimada. Se atribuye su creación al rabino Judah Loew, el Maharal de Praga, un rabino de siglo XVI, con el objetivo de defender el gueto de Praga de Josefov de los ataques antisemitas. Pero, como buen Frankestein, nadie puede controlarlo, por lo que también genera temor entre los propios judíos. Según la leyenda, el Golem aparece cada treinta y tres años en la ventana de un cuarto sin acceso en el gueto de Praga.

Meyrink tiene la sagacidad de poner en duda la veracidad de la leyenda. En un momento, el mismo protagonista de la novela, el humilde joyero Athanasius Pernath, se asoma por la ventana donde ha aparecido el Golem. La gente, espantada, lo toma por el monstruo. Para el narrador –y para el lector- es la prueba de que el Golem es un engaño o una ficción. Pero esa certeza, por cierto, no dura. Hasta cabe la suposición de que Athanasius, sin saberlo, sea realmente el Golem.

Una mujer afirma haber visto al Golem. “Estaba firmemente convencida de que no había podido ser más que su propia alma la que –habiendo salido del cuerpo- estaba frente a ella y había mirado fijamente su rostro con los rasgos de una criatura desconocida”. Creado para proteger a los judíos, pero peligroso por incontrolable, el Golem podría ser una especie de “otro yo” de cada uno de los habitantes del gueto.

Al mismo tiempo, sea leyenda o realidad, el Golem expresa algo sobre la vida en el gueto, o de su pasado: “Yo, naturalmente, no puedo decir en qué se basa la leyenda del Golem, pero sin embargo sí estoy seguro de que en esta parte de la ciudad hay algo que no puede morir, que vive y se mueve a nuestro alrededor y que está relacionada con ella”. No es casualidad que, en un sorprendente salto temporal al final de la novela, los edificios del viejo gueto están siendo demolidos, en un “plan de salubridad pública”.

Uno no puede dejar de pensar en los pogroms de la época (la novela fue publicada en 1915) y, por supuesto, en el futuro que aguardaba a la comunidad judía de Praga y de otras ciudades europeas. Pero, también, por qué no, en el proceso de gentrification que acabaría con el espíritu de tantas ciudades muchos años después, es decir, en la actualidad. La descripción de ese universo oscuro y pesadillesco del gueto de Praga, en una vuelta de tuerca sorprendente, de pronto cobra visos de elegía por un mundo desaparecido.

El Golem podría, efectivamente, ser muchas cosas. Pero, más que nada, encarna como pocas novelas que yo haya leído (Otra vuelta de tuerca de Henry James sería otro ejemplo comparable), el espíritu de lo que Freud llamaba lo siniestro. Ese estado de ánimo inquietante donde se abre una grieta en nuestro mundo de todos los días: lo familiar se vuelve extraño y lo extraño se vuelve familiar. En nuestra vida normal irrumpe, con toda su fuerza, el misterio. Igual que la existencia del Golem, ese estado, esa sensación, es difícil de determinar. Pero cualquiera que lo haya experimentado alguna vez –igual que cualquiera que haya visto al Golem- sabe de qué estoy hablando.

-Andrés Di Tella




viernes, 19 de febrero de 2010

¿Y ahora qué hago?

A propósito del "resbaladiso territorio del documental" de la entrada anterior, acabo de recibir un par de buenos "twits" de Errol Morris. Traduzco:

1. ¿Por qué a todos les cuesta tanto hacer una distinción significativa entre el documental y la ficción? (¿Será porque no hay ninguna?)

2. Creo que la diferencia está entre lo que se controla y lo que no se controla. Y hay elementos de ambos factores en todas las películas.

3. Supongo que debería seguir haciendo no-ficción. ¿Quién, si no, va a hacer mis películas? (Ojalá pudiera contratar a alguien).

4. Mi amigo Charlie dice que existe una única pregunta filosófica verdadera. ¿Y ahora qué hago? (No estoy seguro de poder contestarla).

Thought Experiment #2

Aquellos obsesivos que no tienen nada mejor que hacer (y que leen inglés...) pueden chusmear el irresistible blog de Errol Morris, donde el director de The Thin Blue Line y The Fog of War discute estas cuestiones hasta límites insospechados. De ahí tomamos la/s imágen/es de arriba.



miércoles, 17 de febrero de 2010

Hablar con los osos

El cineclub incursiona en el resbaladizo territorio del documental. “¿Esto es verdad?” -preguntó R en medio de la película. Es que la historia de Timothy Treadwell, un naturalista aficionado que vivió durante años con los osos salvajes de Alaska, hasta que uno de esos mismos osos lo devoró, podría ser perfectamente una página del “Crease o no” de Ripley. En manos de Werner Herzog –el creador de personajes obsesivos como Fitzcarraldo o Aguirre, que de alguna manera recuerdan a Treadwell- es otra cosa. La película se llama Grizzly Man.

-Una pregunta -dice R- ¿qué comía Treadwell?
-Eso nunca lo vemos.
-Capaz que se comía a los osos…
-¡Ja! ¡Pero eso no lo filmaba!
-Y, si odiaba tanto el mundo de los humanos, ¿por qué filmaba todo y se la pasaba hablando con la cámara?
-Sí. Y aunque el tipo evidentemente ama y admira a los osos, al punto casi de querer ser uno de ellos, igual tiene una mirada sobre los osos muy a los Disney. Les pone nombres y les atribuye personalidades, como Mr. Chocolate o The Grinch, y les habla como si fueran personas. Igual que en esa película horrible de los pingüinos, no sé si te acordás.
-Sí. Pero si vos estás ahí, en ese lugar perdido, absolutamente solo, durante meses, sin nadie con quien hablar, vos también empezarías a hablar con los osos.
-Es verdad. Y la cámara la habrá llevado para hablar con alguien, para tener compañía. Nunca pensé que una cámara podía servir para eso.


martes, 16 de febrero de 2010

She's back

Me llegó un twitter de Yoko Ono, avisando que esta noche, en BAM (Brooklyn Academy of Music), vuelve la Plastic Ono Band, cuarenta años después de su debut con el famoso single "Give Peace a Chance". Ya no está John Lennon, pero en su lugar esta noche toca su hijo Sean, reconciliado con Yoko. Siempre padecí el ostracismo del que fue objeto Yoko -"la que destruyó a los Beatles"- y, sinceramente, me alegra su "regreso".

Escena


Me crucé la otra tarde en un bar con Diego Vainer. Me dijo: “¡Ah! Justo tengo algo para vos!” Y me entregó un preciado ejemplar de su nuevo disco, Escena, que incluye dos bellísimos fragmentos compuestos para la banda sonora de mi película Fotografías, junto a otras músicas que Vainer hizo para obras de El descueve, Vivi Tellas, Julio Chavez y Martín Rejtman, entre otros.

Escena no es una compilación de obra sino un posible recorrido sonoro construido a partir de fragmentos musicales que elaboré para obras de teatro, danza, cine, experiencias escénicas, instalaciones e intervenciones urbanas. Mucha música quedó por fuera de este itinerario esperando otros recorridos posibles. Otra, seguramente nunca escapará de su soporte original.
De alguna forma, este disco podría ser interpretado como el resultado de alrededor de 10 años de diálogo musical con otros lenguajes. De ahí que, al escuchar esta selección, uno puede recorrer imaginariamente libros, guiones, coreografías, escenografías, encuadres, montajes cinematográficos, gestos y lugares de Buenos Aires o bien, simplemente, entregarse a la abstracción sonora.
Nada de esto que se escucha aquí fue compuesto pensando en un disco. Es un recorte o reenfoque de un material que, en su presentación original, formaba parte de un entramado artístico mucho más amplio, y que hoy, aquí pasa a ocupar el centro de la escena.
-Diego Vainer



Escuchar música de Diego Vainer acá.

Fotos: Alejandro Ros hizo el diseño del álbum de Diego Vainer, con extraña tapa negra que refleja como un espejo de feria y libretita con notas en un "bolsillo" del CD.


lunes, 15 de febrero de 2010

Los pájaros


-¿Viste como todos siempre la miran medio raro a la chica? No sólo la madre, sino casi todos en el pueblo.
-Es verdad. Es la de afuera, la diferente.
-¿Y te diste cuenta que todos tienen medio cara de pájaro?
-¿Serán ellos los pájaros?

sábado, 13 de febrero de 2010

El demonio


-¿Y? ¿qué te pareció?
-Buena…
-Yo pensaba que era de Carpenter, el mismo de The Thing. Después me di cuenta que era de otro director, Brian de Palma. Pero, en los años 70, cuando yo empecé a ver cine, eran dos directores que andaban por caminos parecidos.
-¿Ah, sí?
-Los dos hacían películas de miedo, o de terror, pero terror “psicológico”, para llamarlo de alguna manera. Creo que esta fue la primera novela de Stephen King en llegar al cine. Y Carpenter también hizo alguna de él.
-¿Leíste a Stephen King?
-No, nunca. Pero debe ser bueno, ¿no?
-Hay un novela de Stephen King, 1408...
-¿La leíste?
-No. Vi la película.
-¿Y de qué va?
-Uh, me da fiaca contarte ahora...
-Pero, bueno, ¿esta te gustó?
-Sí, está buena. La hace medio larga al final. Te hace sufrir mal, pero ya sabés lo que va a pasar.
-Justamente, toda la tensión que crea al final es lo mejor de la película, cómo te muestra todo lo que va a pasar antes de que pase. Esa sensación de inevitabilidad es tremenda, insoportable. El balde de sangre que cuelga y que le va a caer encima a ella, en su único momento de felicidad. A mí me hizo saltar alguna lagrimita. Y todo lo que pasa, la violencia, la sangre, que entre paréntesis no es tanta, con el tiempo quedó como juego de niños, todo eso pasa por lo que le pasa a ella.
-Ella es el demonio –dictamina R.
-¿Te parece?
-Obvio. Fijate cómo mata a la madre, queda como Cristo clavado en la cruz. Carrie es el demonio.
-Es verdad lo de la madre. Pero para mí la madre es como el anti-Cristo. Ella es la culpable de todo, por cómo la encierra en el ropero por nada, etc, etc. Todo el problema empieza porque nunca le quiso explicar a Carrie lo de la menstruación, que le viene a todas las chicas a esa edad. Carrie, en la ducha, piensa que se está muriendo porque le sangra…
-Es el demonio. ¿No viste que al final, cuando están encerradas en el ropero y se les viene abajo la casa, aparece ese especie de demonio negro? Y está en la misma posición que la madre.
-Sí, eso es raro. Pero el demonio ese, si es un demonio, no sé si no es un Cristo negro.
-Es el demonio.
-Puede ser. Quizá el demonio sea la sexualidad. Siempre es interesante fijarse por dónde un director decide empezar. La película empieza con esa escena de la ducha, en la que aparecen todas las compañeras de Carrie en bolas, y Carrie misma se está lavando, en cámara lenta, como si estuviera descubriendo su cuerpo, casi como si se estuviera haciendo la paja. Por ahí tiene razón la madre: es una pecadora.
-¿...?
-...
-No. Es el demonio.

jueves, 11 de febrero de 2010

El coleccionista


Después de Death Proof de Quentin Tarantino, The Killing de Stanley Kubrik y Blade Runner de Ridley Scott, que quedaron sin crónica (por vacaciones), el cineclub con R continúa con un poco de cine nacional.

-Este café se llama “El coleccionista”. ¿Sabés por qué?
- …
-¿Sabés cómo empezó la movida del Parque Rivadavia?
-Hace cien años, sólo vendían jueguitos para la Play y después empezaron a venir los libreros y los tipos que juegan al ajedrez…
-Ja ja. No. Todo empezó con un mercado de estampillas. Y venían los coleccionistas de estampillas. No sé si existen todavía, ni los coleccionistas ni las estampillas. Vos seguro que ni sabés qué son las estampillas.
-Sí, como en Nueve reinas. Las “nueve reinas”, ¿no son estampillas?
-Muy bien, R. ¿viste que el cine para algo sirve?
-Sí. Nueve reinas te enseña de estampillas y de cómo ser un chorro.
-Efectivamente. Hablando de Nueve reinas, ¿qué te pareció la película de ayer?
-Es muy parecida a Nueve reinas. Pero Nueve reinas es menos larga. Quiero decir, no se me hizo nada larga y ésta sí.
-A mí la película me pareció bastante buena pero puede ser que el plot sea medio retorcido. No sé si terminé de entender todo. Vos, ¿de qué dirías que se trata?
-Un tipo medio loco hace mierda y mata a una mujer. Y otro tipo, que era el marido de la mujer, medio loco también, se venga. Y lo caga porque, en vez de matarlo, lo tiene encerrado durante años. Y ni le habla, para que el tipo solo pueda pensar en lo que hizo.
-Tiene razón R –acota la mamá-. Eso es de lo que se trata en el fondo. Y de alguna manera está diciendo que es lo mismo violar y asesinar que encarcelar, como si la justicia fuera una venganza.
-No sé… Pero, en todo caso, esos tipos no son los protagonistas. El protagonista es Darín.
-¿Quién es Darín?
-El tipo que investiga.
-Ah, Espósito.
-Sí, Espósito. Se llama Ricardo Darín. Es el actor más famoso de la Argentina. ¿Sabés qué quiere decir “espósito”?
-"Es… po… si…" Esa es la mejor escena de la película, cuando el juez le va dando pistas para que Espósito adivine su propio nombre.
-Puede ser también una forma que tiene el director para hacernos pensar en el significado del nombre.
-¿Y qué quiere decir?
-Algo así como “niño abandonado”. El “hospicio de los expósitos” era donde iban a parar los niños que la madre o la familia no querían. ¿Viste como en esas películas que una mujer deja al bebé en la puerta de una casa?
-En esa cosa rara.
-Se llama el “moisés”. Otro día te cuento de dónde viene el nombre.
-Sí, eso está en todas las películas con niños. O sea que, según vos, Espósito es un niño abandonado.
-Es como si fuera un niño abandonado. Y el nombre de pila es Benjamín. En una familia, se le dice el “benjamín” al hijo más chiquito. Es como si tuviera algunas de las características de un niño abandonado, o del más chiquito. Por ejemplo, como un niño, no puede tomar decisiones por su cuenta. Pero, bueno, ¿qué le pasa a Espósito?
-Nada.
-¿Cómo nada? Es el protagonista de la película.
-Pero tiene razón R. –dice Cecilia-. No le pasa nada.
-Bueno, pero el tipo se obsesiona con ese caso y, después de 25 años, sigue obsesionado. Y está enamorado de la mina pero no se anima a decírselo. Eso le “pasa”.
-Pero eso, si no lo dijeran en el diálogo, no se notaría.
-Puede ser. Pero la película, justamente, ¿no se trata de eso? ¿de que el pasado nunca deja de existir?
-Sí, Darín es alguien que vive en el pasado –dice Cecilia. -Igual que el marido de la muerta.
-En eso la película me parece sincera. Por lo que lo conozco, Campanella también es un tipo que vive en el pasado. O, por lo menos, alguien para quien el pasado no ha terminado. No es lo mismo, ¿no? Yo lo conozco hace muchos años, ¿sabés R?
-¿Es tu amigo?
-Bueno, para mí es un amigo, aunque la verdad que ahora nos vemos poco y nada. Pero en una época éramos bastante amigos. Lo conocí en los años 80, cuando él vivía en Nueva York, donde está hace casi treinta años. Ahora va y viene. Se fue a estudiar cine allá y se quedó. Quería hacer películas en Hollywood. Pero le costó mucho. Llegó a hacer una película, pero no una de Holywood, sino una chiquitita, independiente, The Boy Who Cried Bitch. En realidad fue un encargo raro, de parte de una mina que era actriz y que había escrito la historia original. Una relación medio tortuosa, por lo que recuerdo. Y eso se nota en la película, para bien y para mal. Campanella trató de darle un toque personal suyo, pero creo que sólo lo logró a medias.
-No era muy buena -dice Cecilia.
-No era muy buena, pero tenía algo.. Después, hizo una película en inglés, pero en realidad se trataba de una producción argentina, hecha para el mercado americano.
-Esa no la vi.
-Love Walked In. Era un policial, basado en una novela de José Pablo Feinman. La verdad, era una cosa medio híbrida. Esos negocios rara vez salen bien. Lo curioso de Campanella es que el tipo vivía en Estados Unidos y, durante muchos años, ni siquiera quiso volver de visita a la Argentina. Pero, al mismo tiempo, vivía obsesionado con la Argentina, con las cosas de su pasado. A mí me pedía que le grabe programas de radio en cassette y que se los lleve allá. Te preguntaba por boludeces de la Argentina. No sé, como si viviera en un país imaginario, que se alimentaba de ciertas informaciones, pero que no se animaba a confrontar con la realidad de la Argentina, de lo que es vivir y trabajar en la Argentina.
-Era medio enfermizo –dice Cecilia. –Me acuerdo, cuando lo conocí, nos contó una historia de que él y otro amigo habían salido con unas chicas argentinas y que había sido un desastre. Pero me acuerdo de la frase: “Al final, me voy a casar con cualquier chica que me diga Che”.
-Ja ja. ¡Y se casó nomás con una! Mientras tanto, Campanella empezó a trabajar de director en la televisión americana, en algunas series, ya no me acuerdo cuáles. Pero ahí adquirió mucha experiencia dirigiendo actores, contando historias con gran economía de recursos. Y eso lo ves en sus películas. Nadie acá sabe tanto de eso como él.
-El secreto de sus ojos es como un episodio largo de La ley y el orden –dice Cecilia-. Lo digo como fan de esa serie.
-Yo no veía casi nunca esas cosas, pero recuerdo que él me enseñó a apreciar el arte narrativo de una serie como LA Law, por ejemplo. Cómo los tipos te contaban en 25 minutos tres historias re complejas, cada una con su dilema moral, que se planteaba y se resolvía en 5 escenas.
-Para que te des una idea, R -apunta Cecilia-, Campanella ahora dirige Dr. House, por ejemplo.
-¿En serio?
-Sí. También dirigió La ley y el orden, incluso Los Soprano, que muchos consideran una de las grandes series de la historia de la televisión.
-O sea que antes, cuando hacía peliculitas como las tuyas, eran amigos, y ahora que es un grosso no se ven más…
-Je je. Puede ser que haya algo de eso. Igual, cuando él empezó a dirigir televisión allá, eso no tenía el cachet que tiene ahora. Pero, en todo caso, lo que te quería contar es que, al final, Campanella resignó su sueño de Hollywood y se decidió a hacer una película en la Argentina, para el público argentino. Y ahí, para mí, encontró el camino.
-¿Esa cuál fue?
-El mismo amor, la misma lluvia. Si no me equivoco, se trataba de un viejo guión abandonado que volvió a agarrar, un proyecto imposible, poco comercial, la acción trascurría a lo largo de veinte años. También se trataba de cómo lidiar con las viejas obsesiones... ¡en realidad, no sé si no era igual a El secreto de sus ojos! ¡Y los protagonistas eran los mismos, Ricardo Darín y Soledad Villamil! Y ahí le empezó a ir bien. Me acuerdo que estuvimos juntos en el festival de Valladolid cuando ganó el premio del público con esa película. Campanella no se lo esperaba. Acá no había tenido críticas muy buenas. Lo habían rebotado en varios festivales. Pero la película no era nada mala, aunque irregular. Después, sí, vino El hijo de la novia, un éxito absoluto, acá y, también, en España. Esa recuerdo que la vi en una de las primeras funciones privadas, en Metrovisión, un estudio. Te puede no gustar ese tipo de cine, pero de alguna forma, es una película perfecta. Yo lloré y reí en todos los momentos que había que reírse y llorar. Por eso mismo, justamente, no le gusta a alguna gente.
-¿Por qué? Eso es ridículo. ¿No les gusta porque es perfecta?
-Exactamente, no les gusta porque es perfecta, demasiado perfecta. Para ser totalmente sincero, yo mismo me identifico más con un tipo de cine que no ejerce un efecto tan determinado sobre el espectador, que te deja pensar un poco más por tu cuenta, que te permite desplegar tus propias emociones. Un cine imperfecto, si querés, menos efectista. Pero al mismo tiempo sé que lo que hace Campanella no es nada fácil, no creo que yo lo pudiera hacer.
-Obvio.
-La verdad que lo admiro. Y me causa gracia cuando los críticos snobs lo consideran grasa o un bruto, cuando yo sé que el tipo tiene una cultura cinematográfica increíble, que conoce como nadie el cine clásico de Hollywood, por ejemplo. De hecho, creo que vi todas sus películas, incluso las que no vio nadie, desde un primer largo, filmado en super 8. Pero me faltaba ésta que, no sé por qué, me perdí cuando se estrenó. Era casi una excentricidad no haber visto “la película que vieron más de dos millones de personas”. Pero me puse al día. Y si con esta, tal vez su película más "argentina", llega a ganar el Oscar, sería un final feliz digno de Hollywood...
-¿Vamos? -dice R, un poco distraído ya, pensando seguramente en probar los jueguitos de la wii que se compró en Parque Rivadavia.


foto: Juan José Campanella, con Soledad Villamil y Ricardo Darín, durante el rodaje de El secreto de tus ojos.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Martes de Eterna Cadencia

Anoche, entrevista pública de Cecilia en la librería Eterna Cadencia (arriba). Después, cena "al fresco" con amigos, donde fui capturado con sonrisa pícara y gesto idem por girlontape (abajo). ¿Qué estaría diciendo? A mi derecha, la geñal cantautora siciliana Paula Maffía que acompañó a Cecilia en la lectura.


lunes, 8 de febrero de 2010

¿Cecilia Szperling se confiesa?


¿Cecilia Szperling se confiesa?
Música invitada: Paula Maffía
Martes 9 de febrero a las 19hs.
Honduras 5582 (esq. Fitz Roy)

vereda

Domingo a la nochecita: recital de Federico Hoffman, en la vereda de Formosa, Delgado 1235. Detrás, se adivina una fotografía de Amapola Sebastiani que me gustó mucho... y que le habrá gustado también al curador Guillermo Ueno, ya que la eligió como imagen de la invitación (ver abajo).


Escuchar a Federico Hoffman en myspace.


sábado, 6 de febrero de 2010

estudiantes imaginarios


A veces pienso que cuando enseño arte estoy creando, y al revés, cuando estoy creando hablo de lo que estoy enseñando. Ambos están muy conectados. Cuando creo arte es como si hubiese una clase de estudiantes imaginarios.
-John Baldessari, en conversación con Hans Ulrich Obrist. Leer texto completo aqui.

imagen: John Baldessari, "I Will Not Make Any More Boring Art". Litografía sobre papel, 1971.

lunes, 1 de febrero de 2010

Carta de Barcelona


Hola Andrés, acá te mando otra Carta desde Barcelona; no es una crónica de festival porque hace mucho que no piso ninguno, pero como tenía ganas de escribir algo con respecto a la dificultad de escribir, me pareció que estaría bueno como extensión de la nota "Tarjetas". Si te parece mejor puedo ponerlo como comentario de la nota, aunque no sé si no es demasiado largo. Tu me dirás. Un abrazo,
Lupe


Manual para no pensar

por Lupe Pérez García

Primero me enamoro de una idea. No es una imagen ni tampoco es una frase. Es una idea abstracta y vergonzante para poner como "logline" de ningún documental o cosa parecida. Yo, como profesora, lloraría de tristeza si leyera en alguno de mis alumnos semejante pretensiosidad. -¿Pero qué se ve? ¿Qué se ve?- podría preguntar desesperado uno en un pitching. No se ve nada, monsieur. Nada.

Durante días sospecho que he visto una película que tenía una secuencia igual sobre el tema, es decir que pretendo hacer una película robando una buena secuencia de alguien que ni siquiera sé quien es. Eso suele durarme unas semanas, al cabo de las cuales me aseguro de que no hay secuencias parecidas en ninguna de las referencias que recuerdo y además me canso de sentirme culpable. Igualmente, la posibilidad de que un colega se levante en medio de mi presentación y diga: Pero si va a ser igual a la película de fulano! es alta. Yo sigo igual, la idea debe ser mía de verdad y me lo repito como un mantra.

Una mañana, todavía en la cama, esa idea que no se puede escribir encuentra una acción, un personaje que hace algo o dice algo que puede desembocar en algo. Me incorporo en la cama y tengo una energía como cuando tenía 14 años y me sentaba en la biblioteca del Colegio y pensaba que iba a ser como Simone de Beauvoir, de la que lo único que había escuchado era que había sido muy inteligente. Pero la sensación dura milésimas de segundo: Enseguida recuerdo que tengo éstas super ideas desde hace mucho y que generalmente no desembocan en nada memorable. Pienso también en la historia del guionista que sueña una película perfecta, pero al despertar solo puede decir "Chico conoce chica..."

Si estoy en un buen día, me conformo diciendo que lo importante es el trabajo, que siempre valoré al artesano por sobre el artista, bla bla, y a duras penas me levanto. Si en cambio el día es malo, me meto de nuevo entre las sábanas y me dedico 30 minutos a la autoconmiseración.

Pero la imagen aquella vuelve una y otra vez, a veces transfigurada en una película de palomitas que veo con mis hijos un sábado. En un cuadro de Turner. En una noticia de un truculento programa policial. En una pareja que se besa en la calle.

"La conexión entre las cosas es uno mismo" creo que era el gigante de Mekas el que lo decía. Pero ¿cómo hablar de las cosas que realmente me importan si el miedo me paraliza? Es, básicamente, miedo al qué dirán: Miedo a parecer débil, o estúpida, o desclasada, o todo lo anterior junto. ¿Pero no es eso acaso lo que soy? ¿No es eso lo único que me autoriza a hablar de las cosas que me importan?

Me autorizo entonces a hablar de cosas que no tengo ni idea, me preparo mate y me siento en el ordenador. Tengo 14 MB de velocidad pero mi cerebro va como una tortuga. No importa; seguiré mi método de buscar y ver en el archivo prelinger hasta que los ojos no me den más. -Soy montadora- me digo mientras chupo la bombilla - Todas estas voces, estas imágenes, esconden un orden oculto que solamente yo, aquí y ahora, con mi idea convertida en imagen, puedo resolver.-

Abro el final cut y empiezo a ordenar los archivos en carpetitas, hago marcas, les pongo nombres ingeniosos, me canso mucho y el mate se enfría. El puto universo no tiene orden, y si no se lo pongo yo, con todos mis lugares comunes y mis bajezas a cuestas, no se lo pondrá nadie. Y es entonces y solo entonces cuando me pongo a trabajar y meto los dos brazos en el barro. Y a la noche es una secuencia de porquería que no tiene sentido ni interés, que dura 3 minutos y que se asemeja a la obra maestra que soñé por la mañana como una pizza congelada a la de las cuartetas.

Sin embargo, estoy extrañamente conmovida y orgullosa de mí misma. Y por ese momento y no por el sueño de la mañana es por lo que me encanta mi trabajo.

Bona nit.


Lupe Pérez García es una cineasta argentina que vive en Barcelona. Está preparando una video instalación llamada "Cuentos crueles: las dos misiones del explorador", una continuación por otros medios del cortometraje experimental "Cuentos crueles". Ver otra Carta de Barcelona aqui.

foto: "Cuentos crueles"