jueves, 26 de febrero de 2009

Carta de Barcelona


por Lupe Pérez García

Estuve en el Festival Punto de Vista de Pamplona. Es mi segunda vez allí como mera espectadora y puedo asegurar que la selección es buenísima, las películas te pueden gustar más o menos pero todas son interesantes para discutir después de la proyección, cuestión que justifica el estar metido en el Civican de 10:30 a 21:30 durante dos o tres días… Fuimos con unas amigas documentalistas y uno termina estas aventuras con más pinchos y vino en las neuronas del que debería, pero también con ímpetus renovados para tirar adelante los proyectos.

Tuve suerte y pude ver todas las películas del palmarés: estuve de acuerdo en líneas generales con las decisiones del jurado, aunque para mí Espejismos de Olivier Dury merecía el premio mayor. Dury acompaña durante algunos kilómetros a dos camionetas pequeñas que atraviesan un desierto africano, primera parte de la infinita travesía que todavía les queda a aquellos hombres rumbo al sueño europeo. En cada caja de la camioneta se ubican como pueden unos treinta hombres. Cuando crees que ya no cabe ni un alfiler, todavía los traficantes logran ubicar a diez más: con unos palos logran asegurarse los que se sientan con las piernas colgando de la camioneta, otros van a horcajadas, otros se pierden bajo la pila humana y apenas se asoma de ellos un pie o la cabeza. Finalmente, los últimos se acomodan de pie sobre los otros.

Las camionetas son resistentes y logran hacer muchísimos kilómetros atravesando arenas blandas, mientras el viento y el polvo castiga cada mejilla que queda al descubierto. Por las noches, los viajeros le comentan a Dury que es mejor no acostarse para dormir en el desierto, porque el frío penetra en todo el cuerpo. El chofer comentará al cineasta que muchas veces se ha encontrado en las dunas con hombres muertos de pie.

Cuando la película deja seguir su camino a los personajes, todavía les faltan 300 kilómetros para llegar a la frontera, primer gran escollo de los innumerables que se encontrarán a lo largo del viaje. Dury filma sus rostros, y también sus nombres, algún teléfono y algún mail garabateados en un papel, porque la película será el único documento que indique que aquellos hombres existieron en ese momento y en ese lugar. Estaban de camino en un viaje invisible, y la única certeza de su existencia será la película. Aunque sobrevivan al desierto, aunque no se ahoguen en el estrecho, aunque logren escapar de la policía española, serán ilegales e invisibles para siempre.

Un hombre realiza unos dibujos en la arena, luego los borra y vuelve a dibujar una y otra vez: le dice a Dury que los viajeros están sanos y salvos, que están a punto de llegar a la frontera. El brujo le repite a Dury, nos repite a nosotros que están a salvo, y la película cristaliza su verdadera razón de ser; el cine está allí donde debe estar, mostrando aquello que el periodismo no puede y los medios no quieren, otorgándole una épica a los personajes, y una ética y una estética al cineasta.

Sin embargo, y esto es uno de los grandes logros de Dury, el espectador no está “preocupado” por la suerte del pobre joven francés en aquellas tierras inhóspitas, tal como estaban los espectadores victorianos del primer corte de Flaherty con Nanook: como espectadora me sentí sola y asustada como los viajeros, pero reconfortada en la fogata y emocionada y esperanzada frente a las predicciones del brujo.

Después de la película, ya entrando en calor con la charla y el vinito rico de Navarra uno se percata del par de cojones que tiene Dury: adentrado en un sitio donde no han visto a un blanco seguramente en años, durmiendo al aire libre a temperaturas extremas y encima cuidando de que la arena no se meta en la cámara. Otro comenta entonces que no hay que exagerar: Dury está vivito y coleando en el festival, pero sin embargo nunca más sabremos nada de aquellos viajeros.

Al final, todos estamos de acuerdo en que la película nos hizo descubrir algo que desconocíamos, y hasta quizás aquellos hombres muertos de pie se cuelen en algún sueño de nuestras tranquilas conciencias. Esa noche brindamos por la emoción de descubrir que todavía hay cineastas que saben otorgar una dimensión poética a películas necesarias, y además tienen el valor de hacerlas.

Lupe Pérez García es directora y montajista. Diario argentino es su primer largometraje. Desde 2002, vive en Barcelona.

imagen: fotograma de Espejismos de Olivier Dury.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Suena super interesante. Andrés: sabés si la pasarán en el bafici?
LUCIO

Fotografías dijo...

Lucio: no sé, esperemos que sí. Dentro de las 400 películas que pasan en el BAFICI, sería mucha mala suerte que no la den... Después de leer el comentario de Lupe, me muero de ganas de verla.

A propósito, quiero decir que siempre me pone muy contento contar con la colaboración de amigos, aqui en el blog, como es el caso de Edgardo Cozarinsky, Alejandra Almirón, Verónica Chen, José Rivarola, Darío Schwatrzstein, Alejandra Uslenghi, Paul Firbas, Guillermo Saavedra y otros que estoy olvidando vergonzosamente en este momento...

En este caso, es extraño, pero me pone todavía más contento, porque no la conozco personalmente a Lupe, aunque haber visto su película autobiográfica "Diario argentino" me da la sensación de conocerla MUY BIEN...

Y no son tantos los cineastas que escriben tan bien. Aunque me voy dando cuenta de que son más de lo que uno a veces supone. Tal vez haya que ser cineasta para poder escribir esta frase:

Sin embargo, y esto es uno de los grandes logros de Dury, el espectador no está “preocupado” por la suerte del pobre joven francés en aquellas tierras inhóspitas, tal como estaban los espectadores victorianos del primer corte de Flaherty con Nanook: como espectadora me sentí sola y asustada como los viajeros, pero reconfortada en la fogata y emocionada y esperanzada frente a las predicciones del brujo.

Con sólo esta frase, NECESITAMOS ver la película.

Sergio dijo...

Suena interesante, lastima que por acá no la pasen, definitivamente no la veré.

Saludos

alejandra almiron dijo...

Muy buen post el de Lupe. Ojalá los críticos de cine lograran un buen texto como este y no escribieran tantas bobadas. He dicho.

Fotografías dijo...

Suscribo lo "dicho" por Almirón. (Yo también) he dicho.

Anónimo dijo...

De acuerdo. Los directores deberían escribir más sobre cine. Así los críticos aprenden un poco, je.
LUCIO

Gema dijo...

andrés, gracias por recuperarlo, el texto de lupe
es francamente cautivante y consigue generar una inquietud que sólo se aplacará el día que nos topemos con la película.
ojalá tengamos esa suerte.
Gema

Fotografías dijo...

Hola Gema, qué bueno verte por aqui. Y sí, da gusto leer el texto de Lupe, que combina una descripción cautivante de la película con la crónica de la charla y los vinitos con los amigos. Creo que sólo un cineasta, o mejor dicho una cineasta del talento de Lupe, es capaz de ponerse en los zapatos del director y preguntarse por la ética de la cuestión y --al mismo tiempo-- evocar la experiencia solitaria del espectador, identificándose con el terrible destino de los protagonistas del documental. ¡Queremos más cartas de Barcelona!