
El viaje comenzó con un régimen que puede llamarse de las tres semanas. Tres semanas de asombro, disfrute y esplendor y, a la cuarta semana, empezaba el sinsentido. Primero fueron las cuatro semanas en la Gran Manzana, en el sabroso rebullir del Village de los años 70. Después las cinco semanas en Londres, libertad, diversión, arte y decepción. Un amigo argentino lo había conectado con Marta Minujín. Y Marta Minujín le había presentado a Kamala Di Tella, la primera mujer de Torcuato Di Tella, siempre vinculada con artistas y músicos, que trabajaba como psicoanalista en Londres. Kamala, cuyo apellido de soltera era Apparao, había nacido en la India, en una familia de pequeños terratenientes. Entre sus conocidos estaba incluso el Dalai Lama, quien, expulsado de Lhasa, la capital de Tíbet invadido por los chinos, vivía al norte de la India. Kamala fue quien le recomendó un cambio cultural al joven Gerardo, que ya entraba en la cuarta semana londinense, la del desconcierto y la insatisfacción. Andate a la India, le dijo. ¿Cómo? En auto. Comprate un auto.
El porteño que traduce al Dalai Lama
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Foto: Gerardo Abboud.