lunes, 10 de noviembre de 2008

Palabras privadas


En Madrid conocí al escritor Antonio Muñoz Molina. Fue en la presentación del nuevo libro de Antonio Manguel, en Casa de América. Me interesó lo que dijo y me dio ganas de leer algo suyo. Me llamó la atención un libro de ensayos, Pura alegría, que incluye una serie de conferencias tituladas "La realidad de la ficción" que parecían escritas para mí. Copio un par de párrafos que subrrayé (¡libro marcado!):

Dice Forster que en el interior de cada novela hay un reloj. Pero es un reloj que tiene algo de metrónomo y que mide no solo el tiempo de las peripecias de los personajes, sino sobre todo el ritmo con que hablan sus voces, y en especial la voz que cuenta. Dice Nietzche, que es un crítico tan agudo de literatura como de música, que una parte de la tarea del escritor consiste en encontrar equivalencias para los medios de expresión que sólo están al alcance de quien habla, es decir, para los gestos, el acento, el tono, la mirada.

(...)

Al principio de los Nueve cuentos de J. D. Salinger, que es una obra maestra del despojo y de la elipsis, hay un proverbio zen: "Sabemos cómo es la palmada de dos manos, pero no sabemos cómo suena la palmada de una sola mano". A mí esta frase me deslumbró, pero no la entendí hasta que al redactar estas notas no la asocié al sentido de mi propio trabajo. Sí sabemos cómo suena la palmada de una sola mano, lo hemos sabido al menos algunas veces en nuestra vida cuando encontramos a alguien a quien no hemos visto nunca y es como si lo conociéramos de siempre, cuando oímos por primera vez una canción y estremece no sólo nuestra vida presente sino las galerías más lejanas de nuestra memoria, cuando leemos un libro que parecía haber estado esperándonos desde hace sesenta años o seis siglos para explicarnos lo que nos ha ocurrido hace cinco minutos. Y, también, créanme si les digo que esa es la satisfacción mayor que puede desear un escritor, cuando lo que hemos escrito resuena en la imaginación de alguien y cobra vida y ya es parte de la suya. Escribió Jean Cocteau: "No importa el fracaso ni el éxito, sino haber traspasado de parte a parte un solo corazón". (...) Escribir, lo digo parafraeando a Eliot, es hablar en público con palabras privadas. 


11 comentarios:

ueno dijo...

Hola

Regresé a Fotografías después de un rato y me encuentro con lo que dice Muñoz Molina, justo ayer leí esto en una entrevista a Zelarayán,

En lo que escribo siempre hay respiración, nunca se cae la frase. Cosa que pasa en obras traducidas. Proust en francés tiene una cadencia impresionante. En una traducción por el empeño de largar todos los significados de las palabras, de tocar todas las notas como hacen los malos pianistas, la frase se viene abajo. En toda producción literaria tiene que haber cadencia. Ritmos internos que lleven al lector y al miso tiempo favorezcan el avance de la obra, su comprensión y todo lo demás.

Y después sobre Paul Groussac dice,
A mí los escritores que más me interesan, yo que eleo en varios idiomas, son los que tienen una cedencia poética, una respiración poética. Y no le podés cambiar una palabra, porque es como un circuitoeléctrico, circula como una corriente en el texto. Y eso es absolutamente poético, no hay nada que hacer. Esa cadencia viene del hecho de que en un principio la novela era en verso también.

Fotografías dijo...

Bienvenido de regreso a Fotografias, Guille.

Me encantó esta frase de Zelarrayan:

"por el empeño de largar todos los significados de las palabras, de tocar todas las notas como hacen los malos pianistas, la frase se viene abajo".

Muchas veces, frente al teclado de la compu, me siento un poco como el mal pianista de Zelarrayan...

jose Rivarola dijo...

"El sonido de una sola mano aplaudiendo" es un viejo y conocido Koan del zen Rinzai, al igual que "A dónde va el canto del pájaro" o "cuál era tu rostro antes que tus padres nacieran"
Muñoz Molina da ejemplos relativos de diferentes extasis en caso de reslover el probelma, auqnue el zen habla de una disolción de la dualidad que se produce al dar con el secreto escondido detras del Koan. Los maestros zen dan dos formulas para reslover los koan: A)nunca recurrir al razonamiento, B) tener el espiritu de un niño.
En cuanto a lo de las teclas, hay que agardecer que Jack Keruack no se fijó en las telcas que tocaba y nos dio "On the Road"
Y hablando de obras maestras recomiendo "El Invierno en Lisboa" De Antonio Muñoz Molina.

ueno dijo...

Justo el ejemplo que da Zelarayán de quien toca todas las teclas pero no corta el circuito de la respiración del texto es Kerouac, On the road precisamente.

Un amigo poco amigo de los orientalistas, ente el famoso koan me dio una cachetada, este es el sonido de una sola mano! me dijo el muy racional.

El encuentro con Claudio y los conjurados de ayer fue muy lindo.

Fotografías dijo...

Hace poco publicaron en Estados Unidos la versión "original" de On The Road, trascripta directamente del famoso rollo en el que Kerouak tipeó la novela como quien dice "en tiempo real", es decir, sin la posibilidad de dar marcha atrás y corregir. Lo cual quiere decir que la versión que Kerouak dió a la imprenta ERA una versión corregida y editada...

Print the legend!

De todos modos, si algo hacen los textos de Kerouak es RESPIRAR, al menos juzgando x lo poco que yo he leído de él. Como los otros Beats, Kerouak era poeta y más que poeta "declamador" y pensaba sobre todo en la lectura en voz alta. Tengo una grabación de él leyendo que es muy linda.

Ayer estaba en Mar del Plata asi que me perdí la reunión de los conjurados. Vengo demasiado viajero. Y mañana me voy a Italia...

Fotografías dijo...

Alguien se anima con un reporte de la reunión?

ueno dijo...

Tal vez la próxima me anime.

José dijo...

Evidente que hay que respirar, sino nos ahogamos, aunque hay mucha literatura por ahí que ahoga, y hasta estrangula, pero volviendo a Kerouak recuerdo un pasaje de On The Road, cuando están en New Orleans, que las palabras toman un alucinante ritmo de jazz callejero lo que indica que Kerouak conocía tan bien el piano que tocaba que podía olvidarse de las teclas al ejecutar su prosa espontanea, siempre siguiendo los acordes.

Ueno, a veces algunos racionales aciertan los koans

Gabby dijo...

El primer libro que leí de Muñoz Molina fue "El jinete polaco" y me voló la cabeza. Comparto una líneas:

"Quiero contarte quién he sido y qué he hecho y es como si se me hubiera borrado de la memoria la mitad de mi vida, como si yo mismo estuviera ausente de mis propios recuerdos y me hubieran sido relatados por otro, porque veo con claridad lugares donde he estado pero no me veo a mí en ellos, o no me reconozco, soy la mirada neutra de una cámara, un oído que percibe palabras y un sistema de conexiones nerviosas adiestrado para indentificarlas y convertirlas instantáneamente en las palabras de otro idioma, una voz acostumbrada a actuar como eco y sombra de otras voces, el desconocido con el que tú te cruzaste la primera vez sin reparar todavái en su cara..."

Fotografías dijo...

Tendré que leer algo más de Muñoz Molina, nomás. Es raro entrar a un autor de ficciones por sus ensayos, donde además hace referencia a sus libros en forma permanente. Pero es un vicio que suelo despuntar. Hay más de un escritor que conozco asi, de modo bastante íntimo, pero por la cocina en vez de por el comedor...

"Invierno en Lisboa" o "El jinete polaco"?

Gabby dijo...

Yo intentaré conseguir su libro de ensayos, género q me fascina, junto con los diarios y cartas.

Yo te diría q le entres al Jinete polaco, el otro que mencionás no lo leí y me espera "El viento en la luna" que me lo compré xq yo también vi el alunizaje y fue toda una experiencia en ese momento... pero yo era más chica que el personaje de la novela :P