martes, 18 de noviembre de 2008

Carta de Barcelona 2

Querido Andrés

Ayer fui al cine con Karuna y sus amigos a ver la película, muy sonada en estos días, Gomorra, que trata de la camorra napolitana.

Dura, jodida, pero me gustó porque el director tuvo la inteligencia de llevar la cámara como un documental, como si entre los mafiosos hubiese un tipo invisible con una cámara, al colmo que hay defectos provocados como faltas de profundidad de campo hechas a propósito para dar esa realidad dura a la filmación. Los actores interpretan con un realismo bestial hablando con el brusco acento napolitano, y con la pinta que tienen, te cuesta creer que son actores.

A la salida me llevé una revista de cine que dan gratis, “La Gran Ilusión”, donde estaba la crítica de la película en la que decía que su director Mateo Garrone salió del tópico de pelis de mafiosos filmando de este modo, sin música ambiental, salvo la que tocan ellos, y con historias cruzadas con una velocidad alucinante, sin arrisgar demasiada informacion porque el autor del libro en el que esta basada la peli, anda mas perseguido que Salman Rushdie.

Seguí hojendo esa revista y a ¿quien me encuentro en una de las últimas páginas? Al amigo Andrés Di Tella en una foto mirando de lado y la entrevista que te hace "La Gran Ilusión”.

Siempre me gusta la idea del iceberg que hablas en el que el misterio queda en manos de la imaginacion del espectador, algo que estoy intentando aplicarl a lo que escribo. Me reí con una de las respuestas a la pregunta “por que documental y no ficción” y le dices “la idea de estar ante un equipo de cincuenta personas tampoco me seduce”, te imaginé agobiado entre una multitud de tipos que se desesperan y el suelo lleno de cables.

Buena la entrevista, y mira como se da el efecto Fotografías que el periodista te dice que la película “tiene algo de universal porque hace pensar en la familia de cada uno”. Algo que ya habíamos hablado un rato. Esto de la universalidad me dejó pensando en la idea de que hurgando en la propia intimidad uno da de rebote en la intimidad no solo de la gente de tu país y tu mentalidad sino en otros que por ahí están en los lugares más remotos, como podría ser alguien en los Urales, en Groenlandia o en la Melanesia. La cosa seria dar en grupo de sentimientos que siempre nos unen en un solo país que podría ser este planeta.

Aquí sigo yendo a la biblioteca y he ido a la libreria Central, aquella donde me citaste hace mas de un año y al entrar encontré a Cecilia porque tu estabas al fondo en la otra seccion ratoneando por los libros de cine. Pues ahi he pedido que me encuentren “los Cantos de Maldodor” de Issidore Ducasse, Conde de Lautreamont, por efecto carambola del paraguas encontrándose con maquina de coser.

Bueno chico, me voy a tu blog a ver que has puesto.

Te mando un abrazo fuerte

José

2 comentarios:

Paul dijo...

¿Y quién decía que en esta época de emails y blogs ya no se escriben cartas como las de antes?

Fotografías dijo...

Es que José le dicta las cartas a un escriba callejero de Calcutta, que las tipea (y las mejora) en una Underwood que dejó olvidada en su hotel Somerset Maughan. Después, José las pasa en limpio a mano, con pluma de ganzo y tinta india, y se arrima a la oficina de correos de Su Majestad, que todavía funciona al lado del monumento a la Reina Victoria, y eligiendo las estampillas más pintorescas, las entrega al buzón de vía marítima...

Asi cualquiera escribe lindas cartas, ¿no?