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jueves, 25 de agosto de 2011

Formato obsoleto (9)

En estos días fui dos veces a Canal 7. Grabé una nota con Osvaldo Quiroga, que se emitió el sábado pasado, y otra con Cristina Mucci -"Los siete locos"- que sale al aire este sábado a las 8am (después quedan en la web del canal). Por los pasillos me crucé con este museito del canal que, como algunos memoriosos recordarán, fue rebautizado ATC e inaugurado para trasmitir el Mundial 78. No sé qué habrá en la lata.

Estos artefactos parecen anteriores a ATC, tal vez del "viejo canal siete" de la calle Posadas...

Formato obsoleto por excelencia: tape. "Perdoná si al evocarte se me pianta un lagrimón..."

Cuando yo empecé a filmar en video, éste era el formato que usaban los "profesionales": el ya legendario U-Matic. El master original de Montoneros, una historia (1995), por ejemplo, está en U-Matic. No sé si todavía existen reproductores en funcionamiento.


jueves, 26 de mayo de 2011

formato obsoleto (8)


¡Ultimos días para salir a comprar las viejas y queridas bombitas! Las lamparitas incandescentes estarán prohibidas por ley desde el 1° de junio.



lunes, 16 de mayo de 2011

formato obsoleto (7)

La noticia del cierre de la última fábrica de máquinas de escribir, en la India, nos puso nostálgicos por otro formato obsoleto más.

Patricia Highsmith, ejercitando dos formatos obsoletos a la vez (máquina y pucho).

Philip Roth. Portnoy se lamenta.

William Faulkner. Hollywood, 1940. Escribir sin camisa y... sin papel.

John Cheever. El nadador.

Martin Amis. Epoca Mod. La lettera 22? Yo también tuve una.

Françoise Sagan, cómoda.

fuente de las fotografías: http://www.guardian.co.uk/


jueves, 28 de abril de 2011

formato obsoleto (6)

La última fábrica de máquinas de escribir de Godrej and Boyce, en Mumbai, India, acaba de cerrar sus puertas por falta de pedidos. “Hasta 2009 producíamos de 10.000 a 12.000 máquinas de escribir al día”, cuentan sus responsables, que ahora sólo tienen unas 200 unidades en stock.

fuente: http://tecnowebstudio.com/

fotografía: la Underwood de Jack Kerouac, con la que escribió On The Road.

viernes, 2 de julio de 2010

Incidentes

En la última reunión del grupo de estudios de Claudio Caldini, Magdalena Jitrik contó que en ArteBA -"cada mañana voy al mercado / donde se compran mentiras / y con esperanza / me pongo en la cola/ de los vendedores"(Brecht)- fue protagonista involuntaria de un incidente. Recorriendo el llamado "barrio joven" de la feria, se cruzó con un artista que ella apenas conocía de vista. El artista le dijo: "Sos una genia. Te odio. Te amo". Y le dio una cachetada.

En el taller también se produjo un pequeño incidente. Caldini nos estaba advirtiendo de los problemas que se pueden producir al pintar el celuloide, como hace él y como está haciendo también Jitrik (ver crónica de la semana pasada). Lo que Caldini hace con la cámara -atarla con una cuerda y revolearla como si fueran unas boleadoras- o con los proyectores -armar complicados loops que van de un proyector a otro- o con la propia película -pintarla o agujerear el celuloide- pone en riesgo la integridad física de sus propios instrumentos. Es como que les hace cumplir funciones que no fueron previstas por sus fabricantes. Se puede hacer trizas la cámara, se puede romper el proyector, se puede cortar y estropear la película (de las cuales sólo hay originales ya que en el super-8 no existe la posibilidad de hacer copias). De hecho, todo esto le suele pasar. No hay proyeción de Caldini sin algún incidente. Es parte de la adrenalina que proponen sus performances de cine en vivo. Y eso que Caldini opera sus instrumentos con la destreza de un cirujano con varias décadas de experiencia. Cada vez que muestra su forma de trabajar, debería agregar: "Chicos, no intenten hacer ésto en casa".

Al pintar el celuloide, se le están agregando capas a la emulsión, por lo que la película adquiere mayor espesor. Al tener una superficie irregular -explicó y demostró- la película hasta puede tener distintos puntos de foco. Incluso se puede jugar, durante la proyección, a poner el foco en las distintas capas. La película pintada, al verse proyectada, cobra como una dimensión suplementaria en la percepción. De ahí su particular potencial plástico. Mientras explicaba todo esto, la película que estaba proyectando empezó a producir un ruido -"ese ruido es por el espesor irregular de la película pasando por la grifa del proyector"- y de pronto se armó una galleta dentro del proyector. Se trataba de un original de Caldini. Pero, en vez de ponerse nervioso, Caldini tomó un destornillador y dijo: "Esta es una buena oportunidad para que le echen una mirada al interior del proyector".

Así quedó la película.

Caldini desarmó y volvió a armar el proyector, cortó y reparó la película y volvió a colocarla para proyectar, mientras los alumnos observábamos absortos. Era como ver trabajar a un artesano de otra era, con todo su arsenal de tecnología obsoleta.

Entre los materiales proyectados, vimos unas asombrosas manchas de tinta china, cuyo laborioso proceso de fabricación, pintadas fotograma a fotograma con un hisopo, yo presencié hace unos meses y llegué a registrar con la cámara. La foto de arriba no evoca ni remotamente la sugestión de lo que es, en definitiva, una animación cuadro a cuadro de fotogramas distintos, cada fotograma -de hecho- un "incidente" único... como una película que se enreda o como una cachetada. Las manchas en movimiento podrían ser accidentes geográficos o paisajes de nubes. "O humo", dijo alguien. "Parece humo porque es humo", dijo Caldini. "La tinta china se hace con humo". Y lo que estábamos viendo era humo nomás.
-Andrés Di Tella

martes, 29 de junio de 2010

Reconstruyen crimen de la modelo - 20 años


Me piden unas palabras sobre Reconstruyen crimen de la modelo, una pieza hecha hace veinte años que ya es, para mí, una pieza de museo. No sé, sin embargo, cuál sería el museo más apropiado para semejante especimen. Se suele exhibir en museos de arte –hace poco en el Reina Sofía de Madrid- pero quién sabe si no tendría mayor pertinencia ubicarla en un museo de tecnología obsoleta. Describir, simplemente, la tecnología involucrada puede llegar a ser demostrativo. Mi televisor por esa época, por ejemplo, era un aparato blanco y negro. No digo que fuera lo único disponible entonces, pero nadie tampoco se desmayaba de incredulidad al verlo. No sólo no tenía control remoto sino que, para colmo, se me había roto la perilla para cambiar de sintonía. Para pasar de un canal a otro tenía a mano una pinza de mecánico con la que “intervenía” el aparato, como un Nam June Paik doméstico. Así y todo, con ese recurso primitivo, me las ingeniaba para hacer “zapping” –palabreja de moda por ese entonces- entre los cinco canales de aire existentes.

En la Argentina corrían tiempos agitados que me hacían estar atento a los noticieros: el fin de la primavera democrática del presidente Alfonsín, dos intentonas fallidas de golpe de estado, el asalto a un cuartel militar por un grupo guerrillero desconocido, el indulto a los militares que habían sido condenados por violaciones a los derechos humanos, la hiperinflación cotidiana, los saqueos a los supermercados… El noticiero más visto en esos años, hacia fines de los 80, era el Nuevediario de Canal 9, pionero en una clase de amarillismo sensacionalista que escandalizaba a las buenas conciencias. Hoy, por supuesto, sería visto como un juego de niños. Fue una noche en Nuevediario, precisamente, que vi las imágenes que están en Reconstruyen crimen de la modelo.

Ese episodio lateral, de la crónica policial, tal vez fuera intrascendente en comparación con los hechos políticos recién aludidos. Sospeché, igual, que en esa puesta en escena al cuadrado, de la reconstrucción de la reconstrucción, se estaba poniendo en juego algo esencial, de la naturaleza de la televisión. Allí se veía, de un modo casi obvio, lo que hace la televisión de la realidad. Cómo construye el acontecimiento, para decirlo con el título de un libro del semiólogo Eliseo Verón, asesor de Alfonsín en los años 80. En el comienzo y el final del video se ve descender de un patrullero al imputado –el acusado del crimen- pero, inmediatamente, como si se tratara de un error, se lo vuelve a introducir en el móvil policial. Como si el protagonista del hecho no debiera ver la reconstrucción, que hacen otros. “Reconstruyen”: ¿quiénes reconstruyen? ¿qué reconstruyen? De hecho, el título del cortometraje está tomado literalmente del texto que se lee continuamente en el pedestal de la emisión, respetando la gramática particular del found footage.

Vi esa situación tan extraña, bajo la lluvia, iluminada por los relámpagos de los flashes y los focos de la televisión, y pensé que había que hacer algo con esas imágenes. Pensé en sacar fotos del televisor pero no tenía rollo fotográfico a mano. Tampoco podía grabar porque no tenía video-cassettera. Mi amigo Fabián Hofman sí tenía. Lo llamé por teléfono: creo que todavía se discaban los números. Le pedí a Fabián que grabara urgentemente lo que estaba viendo. Me dijo que su videocassettera no andaba bien y que la última vez que lo había intentado había salido sin sonido. Yo tenía un grabador de audio de minicassette -¿o era microcassette? ¿cuál era la diferencia?- que usaba en mis tiempos de periodista y que a mí me parecía bastante sofisticado. El tiempo se nos escurría. Quedamos, entonces, en que Fabián grabara la imagen y yo el audio. Después, resultó imposible sincronizar una cosa con la otra ya que cada cinta, la del VHS de Fabián y la del minicassette mío, corría a una velocidad distinta. De hecho, fue esa misma disparidad la que nos obligó a trabajar la banda de sonido en forma totalmente autónoma de la imagen, incorporando otros sonidos que yo fui grabando de la tele con el mismo y precario método.

Con Roberto Barandalla, colaborador fundamental en trabajos posteriores míos como Montoneros, una historia y Prohibido, armamos una especie de guión con los distintos elementos, tanto de imagen como de sonido, usando las clásicas fichas de oficina. Después de ver repetidamente el material, que ya conocíamos de memoria, como una especie de pesadilla recurrente, armamos el video, en una larga noche en un estudio de edición prestado. De más está decir que en aquellos tiempos nadie soñaba con editar una película en su propia laptop, como de hecho estoy haciendo ahora mismo, mientras me tomo un momento para redactar estos apuntes. Acceder a equipos de edición era una cuestión para profesionales.

El socio de Fabián, Eduardo Yedlin, también prestó su colaboración, imprescindible, aquella noche. De hecho, se trataba de un trabajo en equipo, o mejor, de un juego entre amigos, circunstancia que quedó reflejada en los créditos. Mi amigo de la infancia Ricardo de Gainza, sin demasiada experiencia en la materia, se hizo cargo de, tal vez, la instancia decisiva de todo el proceso: la edición y mezcla de audio. Ricardo figura en los créditos como “ingeniero de sonido”, como chiste, en alusión a su condición de ingeniero industrial. Si no me equivoco, la hicimos con una consola Tascam portaestudio a cassette, prestada ya no recuerdo por quién, en otra larga jornada. Y así, en tres jornadas –una: grabación; dos: edición de video; tres: edición de audio- se hizo Reconstruyen crimen de la modelo (sin contar, es verdad, el tiempo dedicado a pensar qué hacer, ¿pero cómo se calcula ese tiempo?). Seguramente me estoy olvidando de muchas cosas. Lo demás… es historia.

-Andrés Di Tella
junio 2010, Buenos Aires.

Texto escrito para la edición del dvd antológico "Experimental Film and Video Art from Argentina", de próxima aparición en los Estados Unidos, que incluye Reconstruyen crimen de la modelo, de Andrés Di Tella y Fabián Hofman (1990). La curaduría corre por cuenta de Andrés Denegri y Pablo Marín.

Leer nota de Andrés Denegri sobre Reconstruyen crimen de la modelo.



domingo, 16 de mayo de 2010

miércoles, 10 de marzo de 2010

formato obsoleto (2)

Nuevo taller de Claudio Caldini. Cuatro sesiones dedicadas a lo que Caldini denominó, extrañamente, "cine en vivo". Recordé la definición de Jean Cocteau: "Le cinema, c'est la mort au travail" ("la muerte trabajando"). También habló de "performance en proyección". ¿El cine como forma de teatro? Para empezar, Caldini desplegó el cajón de herramientas requeridas, todas obsoletas, desde los distintos "pasos" de película de celuloide (35mm, 16mm con doble perforación, super-8, doble 8...) hasta objetos misteriosos como la cajita de "cinta de empalmar". Un (joven) asistente al taller preguntó qué era "empalmar". Caldini, deferente, explicó: "Lo que en digital es virtual, aqui es real. Cada plano es un segmento de cinta. Para hacer un corte, se corta realmente la cinta". A continuación, graficó con la empalmadora cómo se corta y se pega un pedazo de celuloide con otro. La cinta de empalmar, parece, se ha vuelto muy difícil de conseguir porque nadie la fabrica. ¿Para qué? Más difícil aún es conseguir nuevas cuchillas para la empalmadora. Caldini las reemplaza con un trocito de gilette (¡otro formato obsoleto!). El super-8 es una tecnología que ha sido rescatada de la obsolecencia, pero sólo como formato de registro, para luego reprocesar digitalmente. Nadie monta usando el mismo super-8. Nadie, eso es, salvo Caldini.

Entre las herramientas, Caldini mostró carretes de super-8, con película y vacíos, de distinto tamaño, cepillos para limpiar la ventanilla del proyector, filtros de colores de fotografía (rescatados de una vieja Rolleiflex), lupas de laboratorio de oculista y unos antiguos anteojos de soldar que pertenecieron a su padre. "Y siempre hay que llevar una lamparita de repuesto. Si no llevamos repuesto, la lámpara del proyector se quema. Si llevamos una, como talismán, no se quema".

Película industrial de 35mm usada para sobreimprimir subtítulos (cliquear la imagen para ampliar).

Película perforada por Caldini con un punzón y con pinzas de depilar. Hay que tener cuidado al manipularla ya que se puede deshacer muy fácilmente.

Caldini no lo anunció en la clase, pero después me confesó que esta había sido la primera vez en su vida que usó cinco proyectores simultáneamente en una proyección.

Los alumnos-cineastas ayudaron con la lectura de textos durante la performance. Reflexiones del pionero Georges Melies sobre el decorado cinematográfico, junto a un informe científico sobre el cambio climático.

La imágenes multiplicadas de Melies, de un viejo super-8 comercial remontado por Caldini en distintos loops, en una experiencia cinematográfica/teatral que evoca la magia de aquellas primeras proyeciones de hace un siglo y, de paso, deja chiquito al pobre 3D multimillonario de Avatar.
-¿Por qué, justamente, no hacer todo esto en digital? -pregunté ingenuamente.
-Por nostalgia -replicó inesperadamente Caldini. -No sé si es bueno o malo. No tiene valor moral fabricar imágenes, abstractas o concretas, voluntarias o involuntarias. Es un juego. El interés, para mí, es que haya una materia, que sufre el paso del tiempo. Estos materiales, viejos, rayados, obsoletos, con cada imagen, con cada proyección, a cada paso, delatan el paso del tiempo. Eso me sigue inspirando.

Volví a pensar en la frasesita de Cocteau.

-Andrés Di Tella

Ver entradas anteriores sobre el grupo de estudios here, there & everywhere.

cine experimental
taller / grupo de estudios
claudio caldini
caldeo@gmail.com

martes, 9 de marzo de 2010

formato obsoleto

Cinta magnética de cassette. Fui uno de los pioneros del cassette en Buenos Aires, circa 1973. Aposté y perdí. Foto tomada con iPhone, 9 de marzo 2010. ¿Cuándo encontraremos restos de Iphones entre los adoquines? ¿Quedarán adoquines en Buenos Aires?