sábado, 28 de marzo de 2009

BAFICI (6)


Excursiones de Ezequiel Acuña

Nadar solo (2003) y Como un avión estrellado (2005), las primeras dos películas de Ezequiel Acuña, eran películas imperfectas, irregulares, hasta ingenuas, pero que tenían encanto. Retomando tal vez la pista que dejó Martín Rejtman en Rapado, Acuña se dedicó a describir un mundito de adolescentes o post-adolescentes de clase media porteña con un grado de autenticidad y frescura que muchos intentaron imitar después, sin el mismo éxito. Excursiones, su nueva película, se presenta en un nuevo slot del BAFICI, dentro de la competencia internacional pero fuera de competencia (ya que la competencia es exclusivamente para operas primas y segundas películas). La película plantea un cambio en ese universo. Acuña, de 32 años, tal vez se sienta más lejos de la adolescencia y acá elige retratar a unos personajes, que podrían ser casi los mismos de sus películas anteriores, pero muchos años después (de hecho, entiendo que se trata de los mismos actores que protagonizaron el primer corto de Acuña). 

Dos amigos se reencuentran después de diez años de distanciamiento. Uno quiere que el otro lo ayude a escribir y montar una obra de teatro que escribió originalmente para el acto de fin de año de la escuela. Detrás del acercamiento, por supuesto, hay deudas que saldar. Filmada en blanco y negro, pero con cierta textura de home movie (notable la fotografía de Fernando Lockett, quien hizo la fotografía de El país del diablo), Excursiones de alguna manera reitera aciertos y limitaciones de las películas anteriores. Acuña sabe generar momentos de gracia y encanto, tiene un feeling muy especial para la combinación perfecta de música e imágenes y una sensibilidad también especial para poner la cámara de modo de generar la máxima intimidad al tiempo que revela las ambivalencias de los personajes dentro de esa relación de intimidad. 

El problema, para mí, es que muchas de las situaciones resultan forzadas y la historia termina siendo poco creíble. Es un problema raro, porque el planteo es bastante simple y no tendría por qué no ser creíble. Pero hay como una falla dramática, como si los personajes entraran directamente en un conflicto emocional que no han hecho nada por merecer, en términos de dramaturgia. Creo en los personajes, sí, pero me cuesta creer en su relación y, menos aún, en su conflicto. No sé si me explico bien, probablemente no. Pero me cayó la ficha en un momento, cerca del final, cuando los dos amigos se ponen a hacer trucos de magia para la cámara, en una escena que está como fuera del guión, casi fuera de la ficción de la película ("¿fuera de competencia?"). Es un momento que incluso resulta de algún  modo incoherente en el desarrollo de la relación entre los personajes, casi como si fuera un error de montaje, un salto en la continuidad, un rollo cambiado. Sin embargo, para mí, el tono emocional de ese momento es verdadero. Y es la primera vez que esa amistad aparece como absolutamente creíble. A partir de ese momento, aunque sea un poco tarde, entro en la historia, me preocupa el conflicto. Valió la pena ver la película para tomar nota de ese momento y tratar de reflexionar, una vez más, sobre un asunto que nunca voy a terminar de entender: cómo, con qué elementos, se construye realmente la narración cinematográfica.



4 comentarios:

Salvador dijo...

Andres, yo creo que se construye con verdad dentro de las mentiras de la narración. Verdad siempre subjetiva pero sincera.

Fotografías dijo...

En el cine, dijo algún viejo lobo de Hollywood, hay tres reglas: 1) nadie sabe nada; 2) nadie sabe nada; y 3) nadie sabe nada.

Mariana dijo...

Andrés yo vi la peli y ahora también a mí me cayó la ficha de lo que no me cerraba de la historia. Si los protagonitas tenían una amistad tan cercana (como sólo se pude tener a los 20años diría Serrat)¿por qué se trataban tan fríamente como si recién se hubieran conocido, cuando en realidad se trataba de un reencuentro? Por más dudas que haya la confianza y el afecto con un amigo no se pierden por más que pasen 25 años.
A mí lapelícula que más me llegó de Acuña fue "Como un avión estrellado" igual.

Fotografías dijo...

Sin embrago, hay verdad emocional en esa relación. Lo único que señalaba --y tal vez sea hilar demasiado fino-- es que se precipita demasiado el conflicto, antes de que se justifique dentro de la relación, tal como la vemos en las escenas de la película. Eso es lo que no me resultó del todo creíble. Pero la película está hecha con sentimiento y con sangre, eso se nota. Y no es poco.