lunes, 26 de abril de 2010

Macedonio Fernández

Macedonio Fernández de Andrés Di Tella
Canal Encuentro
HOY lunes 26 / 23hs.
Repite: martes 27 / 13.30hs


Macedonio, un precursor del "zapping" en pantalla

por Andrea Guiú

“Siempre estamos a punto de no entenderlo, y siempre puede estallar un relámpago de comprensión a destiempo”.
–Horacio González

Muerto hace 44 años –el mismo año en que Eva Perón entró a la inmortalidad de los mitos- Macedonio Fernández ha suscitado la atención, siempre perpleja ante su forjada inasibilidad de la crítica, la admiración de algunos de sus congéneres y el ejemplo para quienes trataron de emular algunos de sus gestos. Citas comunes resultan, ya, el recuerdo de Borges hijo, asociado al escritor gracias a la amistad de Borges padre, y la filiación práctica de la teoría macedoniana sobre el lector “salteado” en los textos de Cortázar. Tendencia vulgarizada, también, la de ficcionalizar al autor, convirtiéndolo en personaje de su propia obra –por ejemplo, el conversador que supera al escritor, según el autor de El Aleph-, reconocimiento elíptico respecto de una obra que merece ser leída per se como fecunda incitación. Y, por cierto, bajo la marca de su transitoriedad, que es la marca de un pensar que descree, críticamente, del hacer dogmático.

Pliegues, desviaciones voluntarias de autor que se constituyen en cambio en una actitud de vigilia intelectual cuyas claves parecen siempre escabullirse del identikit lector. Estudiosos como Ana María Camblong, Germán L. García y Horacio González han insistido en la imposibilidad de “congelar” los dispositivos de interpretación respecto a la textualidad del singular escritor. La mirada de Ricardo Piglia, que suscita aquí nuestro interés, organiza una topografía posible de los derroteros macedonianos como pistas del propio hacer narrativo del autor de Respiración artificial. Un corpus fragmentario –u “objeto astillado”, si seguimos a Germán García- cuyos indicios habrá que buscar en ciertos lugares.

Crónicas subterráneas

“A la literatura argentina hay que buscarla en ciertos lugares, por ejemplo, en una pieza de pensión del Once, donde un escritor se pasa los años escribiendo una novela que dura toda su vida”. Con estas palabras inicia Piglia/relator/viajero subterráneo el itinerario de imágenes que recorrerán los “lugares” donde sea posible encontrar las astillas del mapa textual del escritor. El trabajo del cineasta Andrés Di Tella –director también de la cinta Montoneros, una historia, proyectada el año paso en Córdoba-, financiado por la Secretaría de Cultura, y con guión compartido con el narrador de Prisión perpetua, escarba con auténtica curiosidad las facetas de quien aparece como enigma. ¿Quién era, realmente, Macedonio Fernández? (se) pregunta uno de los entrevistados. ¿Es el de Macedonio un “caso” para la literatura argentina?

La narración de este trabajo mantiene el clima de un policial: relatores que son testigos, tensa armonía de cuerdas como leit motiv musical, imágenes cinematográficas de archivo sugeridas como “evidencias”, una vieja grabadora que emula en off la voz de Macedonio leyendo sus propios textos… La pertinencia de estos recursos se asocia, indudablemente, a la propia factura de La ciudad ausente, la novela de Piglia que pesquisa, ya no sólo una vida posible, sino una máquina de hacer relatos que cifran la memoria. Imágenes de un mundo subterráneo de Buenos Aires –todo un mundo- abren y cierran el viaje a Macedonio, como sugerencia de su propia marginalidad. O de la posibilidad de leer al autor de Museo de la novela de la eterna desde “las orillas”: una pensión –el útero del Museo…-, una isla utópica –la del intento anarquista de su juventud-, un lugar en el Paraná –donde Las aguas bajan turbias, como fiscal absolutorio-: la territorialidad huidiza de Macedonio Fernández.

Una voz en tono menor

Como estaciones del “viaje” se sumarán los testimonios de quienes lo conocieron y trataron, y de quienes trataron de conocerlo a través de su obra: el escritor y psicoanalista Germán L García, el poeta Ricardo Zelarrayán, el artista plástico Roberto Jacobi, el músico Gerardo Gandini –compositor de la música de la ópera macedoniana de Piglia, que se estrenó el año pasado en el Teatro Colón- y, por supuesto, quien sabe mejor que nadie de los silencios y perplejidades de Macedonio Fernández: su hijo, Adolfo de Obieta. Las visiones de los entrevistados alternan con algunas cuestiones ya dichas, y al mismo tiempo sirven como retrato hablado de una personalidad que fascina, a cada cual, por aquello que ha nutrido sus propias exploraciones. Tres ejemplos: el rescate de Piglia respecto al intento de M. F. de organizar una comunidad anarquista en Paraguay –en calidad de “náufrago de la sociedad”-, hecho tomado casi episódicamente por Obieta. O el apunte original de Jacobi, cuando afirma que, a instancias del Museo de la novela de la eterna, M. F. Puede ser leído como un precursor del zapping y como creador de un software de lectura. O la definición de Gandini, quien imagina a Macedonio como un tipo que canta en tono menor. ¿Acaso sería posible pensar al hombre que huía de la luz natural en otro tono?

De Macedonio también “hablan” las imágenes de viejas películas: el filme de culto Invasión, de Hugo Santiago, con guión de J. L. Borges y Adolfo Bioy Casares, alrededor de un personaje central inspirado en M. F.; la ya citada Las aguas bajan turbias, de Hugo del Carril; La vuelta al nido, de Leopoldo Torres Ríos, y El crimen de Oribe, de Leopoldo Torre Nilsson. La ópera y su trastienda –“máquina de cantar de Macedonio”- aparecen también como puerta de acceso a una manera de leerlo. Curiosamente, acotamos, pues al escritor la ópera le parecía una “típica ningunidad del arte (cfr. Cuadernos de todo y nada).

Jirones de sus propios escritos, vaivén de conjeturas que no desdeñan a su gestualidad vital como correlato de su proyecto estético y viceversa, se articulan en un trabajo que, con buen ritmo, “dice” precisamente de la imposibilidad de abarcar a Macedonio Fernández. Y dice, de hecho, acerca de una obra siempre desafiante, cuyo legado más exquisito acaso sea, para este tiempo de transición finisecular, la actitud de sospecha lúdica y derogante frente a todo aquello que se proponga como certeza y dogma.

La voz del Interior, 14 de marzo de 1996.

foto: Ricardo Piglia en Macedonio Fernández de Andrés Di Tella.



10 comentarios:

Cynthia Sabat dijo...

uy me encanta

Fotografías dijo...

Bueno, Cynthia, me encanta que te encante...

Cynthia Sabat dijo...

te lo dije cuando te entrevisté por Fotografías! lo vi en la tele y se me quedó para siempre.

Fotografías dijo...

qué bueno, qué bueno
gracias
beso

Dedote INC. dijo...

Hola Andrés, seguro no te acuerdas de mi... tuve la oportunidad de estar en una charla tuya en un módulo del DiCom a cargo de Antoni Muntadas hace un par de años...
Para no hacerte largo el cuento, mi nombre es Galo y mi padre está participando en la organización de la escuela de cine en Cuenca, Ecuador junto con algunas personas que han hecho cine acá como Camilo Luzuriaga.
El me pregunto si conocía a alguien que pueda dar unos talleres como parte de la educación formal de la escuela... y bueno surgió tu nombre, me encanta tu trabajo así que me pareció que te podría interesar.
La gente de la escuela de cine que es parte de la Universidad pública me tiene que enviar alguna info que te la pasaría para entrar más en detalle.

Un abrazo

Galo

Fotografías dijo...

Hola Galo: sí recuerdo esa noche con Muntadas -parece hace siglos...- y que el grupo me pareció más que interesante. Me encantaría ir alguna vez al Ecuador. Mi hermano estuvo allí este año y me dijo que es un país increíble...

Escribime en todo caso al correo e:
andresditella@arnet.com.ar

Pipo Lernoud dijo...

Macedonio Not Dead!

Andrés, ayer ví tu documental de Macedonio y qlo gocé de principio a fin. No sabía de su existencia. Quisiera mandarte una nota que hice sobre Macedonio y la Perla del Once hace unos años, pero no tengo tu mail.
Toca muchos temas que aparecen en el documental.
Mandame un mail y te la envio a vuelta de correo. Un abrazo

Fotografías dijo...

Pipo:

Que bueno q hayas podido ver "mi" Macedonio, aunque debería decir "nuestro" ya que es tanto mío como de Ricardo (Piglia)...
Ahora me encantaría leer "tu" Macedonio y, si te parece, lo compartimos con los lectores del blog
abrazo
Andres

girlontape dijo...

acá es donde me arrepiento haber canjeado la tele por unos meses de paseos de mis perris... en fin, family first

Andrea Guiu dijo...

Bien Andrés, que haya podido verse tu película en la tv, bravo! yo la encontré así, de casualidad, por esas infrecuentes y felices casualidades que podía brindarnos la tv de los 90. Ahora leo el texto de Pipo Lernoud, otro hallazgo que suma y perpetúa la recepción de tu obra. Va desde aquí mi abrazo provinciano.