sábado, 11 de diciembre de 2010
performance "Fotografías"
jueves, 9 de diciembre de 2010
¡Infames cristianos!
Entre los libros que leí últimamente está Estado y cuestión indígena. El destino final de los indios sometidos en el sur del territorio (1878-1930) de Enrique Hugo Mases, recién aparecido. Abrumadora compilación de datos precisos, difíciles de hallar en un solo libro, sobre “el destino final de los indios sometidos”, como anuncia el tenebroso subtítulo. Sin maniqueísmo, proporciona una síntesis muy clara de las distintas etapas de la “conquista del desierto”, diferenciando por ejemplo las distintas políticas de los ministros de defensa, de un Alsina (el de la "zanja") y de un Roca (el del billete de 100). Y detalles espeluznantes de la “distribución” de los indios, en la que se dividieron deliberadamente las tribus e incluso las familias de los indios sometidos. En una nota al pie, aparece este testimonio de un misionero salesiano, publicado en la época:
En la campaña de 1880-1881 y 83 contra los indios, los soldados robáronle todos sus rebaños; y si no mataban, contra el derecho de gentes, desmembraban las familias, incorporando al ejército sus hijos mayores y repartiéndose entre ellos, u ofreciendo en don a familias particulares a los más chicos, de suerte que dejaban solos al padre y a la madre sumergidos en amarga congoja y triste llanto. En el mismo pueblo de Patagones, viéndose un padre arrebatar a sus hijos por los soldados desalmados, ardiendo en súbito furor, echó mano de su último hijo, y lo estrelló contra las ruedas de un carro con tamaña violencia que por la rudeza del golpe, el cerebro, hecho pavesas salpicó el suelo, mientras a voz en cuello gritaba: "Infames cristianos ¡Este no lo tendréis vivo!"
(Boletín Salesiano, Buenos Aires, septiembre de 1895, Año X, No. 9 p.211)
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Taller de Claudio Caldini
domingo, 5 de diciembre de 2010
Ciudades paralelas (3)
Será paradójico pero cuando se habla de documentales se pone en juego con mucha precisión el concepto de ficción. Anoche hablamos con Stefan Kaegi de su obra Mirador, presentada en el marco del festival Ciudades paralelas, a priori una muestra ejemplar de teatro documental. Un grupo reducido de espectadores, de no más de diez personas, se introduce en un edificio de la calle Talcahuano (casualmente, se comenta, donde tiene su estudio Beatriz Sarlo). En el palier, los recibe un ciego, que hace pasar a cada uno por una puertita al diminuto patio interno del edificio. El ciego saluda, con un apretón de manos o un beso. Esta proximidad física (me entero después) sirve para que el ciego tenga una percepción de quiénes lo rodean, si son hombres o mujeres, altos o petisos, jóvenes o viejos, etc. Los “espectadores” –inevitable poner comillas en este tipo de obras, que son más experiencias de lo teatral que obras de teatro- se sientan alrededor de una mesita instalada en el patio, en realidad un estrecho pozo de aire y luz de paredes altas y negras, bastante deprimente.
Cristian, el ciego, se presenta. Procede a ofrecer a cada uno un vaso de agua, munido de una chicharra que le advierte cuando el vaso se llena. El gadget ayuda a “romper el hielo”. Los espectadores “videntes”, como es natural, se sienten un poco incómodos delante del ciego. La sencilla circunstancia de que él no los puede ver mientras habla enrarece el diálogo, en verdad, más bien un monólogo por parte de Cristian, que cuenta su vida, sus recuerdos muy precisos de cómo fue perdiendo la vista. Cristian habla con bastante naturalidad, pero se nota algo impostado en esa naturalidad. El espectador atribuye la impostación tal vez al hecho de que se trata de un “actor natural”, como dicen en España, es decir, un no-actor. La “mala actuación” es parte de lo que la hace verosímil. En ningún momento sospecha de que detrás hay un libreto, una letra aprendida. El mismo hecho de que se trata de un ciego pareciera ser la prueba de realidad que impide sospechar de la existencia de un guión.
Pero el guión existe. Es decir, existe, en todo caso, una versión editada de la historia de Cristian, elaborada y ensayada, con suma inteligencia y discreción, por el dramaturgo Stefan Kaegi. La segunda parte de la obra consiste en el ascenso en ascensor, de a tres espectadores por viaje, hasta la terraza del edificio. Los primeros suben con Cristian y les toca en el ascensor un momento privado, en el que se produce un intercambio fuera de todo posible guión, ya que es como un tiempo muerto, de transición, en el que no participan los demás espectadores. Por supuesto, según confesó anoche el dramaturgo, ese momento no sólo está “en el guión” sino que fue uno de los plot points más difíciles de resolver. El truco consistía, justamente, en tratar de convencer al espectador de que todo sucedía sin dramaturgia, sin plan deliberado de manipular sus emociones.
El final de Mirador –insidiosamente guionado, como una obra clásica clandestina- trascurre sin muchas palabras en la terraza del edificio, o mejor dicho, un tramo más arriba, al pie del tanque de agua. Hay que superar cierta sensación de vértigo al subir la escalinata. Se trata, efectivamente, de una especie de mirador, con una vista panorámica increíble del centro de la ciudad: el obelisco, las cúpulas, las ventanas iluminadas. A los espectadores se les escapan los inevitables “¡uau!” y “¡mirá!”, delante del ciego, con su cuota de crueldad involuntaria. Cristian, que es músico, integrante de la orquesta municipal de ciegos, canta alguna canción. Al terminar se produce un silencio cargado de extraña emoción. Es una noche bastante ventosa. Cada uno siente el viento en la cara, escucha un instante los sonidos de la ciudad de los que habló Cristian y piensa, tal vez, en lo que no se atreve a decir. En ese momento el espectador cae en la cuenta de que el protagonista de la obra no ha sido Cristian, el ciego, sino él mismo. Y que un autor, Stefan Kaegi, ha pensado, también, su papel.
viernes, 3 de diciembre de 2010
Cuando la TV era vanguardia
El impacto de la televisión en los artistas del Di Tella queda plasmado en una muestra que afronta el desafío de recrear proyectos concebidos como obras efímeras
Por Diana Fernández Irusta
LA NACION
Una muestra de archivo que no derive en el academicismo: tal el desafío que se propusieron Inés Katzenstein y Rafael Cippolini al encarar la curaduría de la exposición Televisión. El Di Tella y un episodio en la historia de la TV , que puede verse actualmente en el Espacio Fundación Telefónica. El objetivo, por cierto, no era fácil: recrear un período de tiempo particularmente intenso (entre 1965 y 1969), en el que varios artistas del Instituto Di Tella incorporaron el dispositivo televisivo en indagaciones que, en su mayoría, redundaron en obras efímeras:performances , happenings e instalaciones de las que apenas quedaron testimonios materiales. "Decidimos no reconstruir las obras -explica Katzenstein-. Lo que intentamos hacer fue restituir lo que habían sido."
La opción es comprensible. Muchos de esos trabajos -concebidos para interactuar con un específico marco temporal y espacial- devinieron en emblemas de una época y de un modo de entender el vínculo entre el arte y la vida que pondría en cuestión cualquier intento de reconstrucción más o menos puntillosa ("en algunos casos preferís el mito que las sobrevivió", bromea la curadora). Pero el hiato también es tecnológico: la mayoría de los equipos televisivos utilizados cuatro o cinco décadas atrás hoy, sencillamente, no existe.
El importante trabajo curatorial deriva, entonces, en dos grandes ejes. Por un lado, la participación de tres artistas invitados (Jorge Macchi, Miguel Mitlag y Andrés Di Tella), que dialogan con el fenómeno televisivo y su impacto en el imaginario expresivo de los años 60. Por el otro, un montaje que, a su modo, propone la inmersión en una época (entre otras cosas, gracias a una selección de emisiones televisivas datadas en ese entonces, cedidas por un coleccionista privado), en un entramado discursivo y en los planteos de obras cuyas huellas pueden rastrearse a partir de la exhibición de diversos documentos ( storyboards , registros mecanografiados o manuscritos, notas administrativas, recortes de prensa), la grabación del testimonio actual de sus creadores y maquetas especialmente realizadas para la muestra por estudiantes de arquitectura de la Universidad Di Tella. Estas últimas, visibles en monitores de televisión, establecen una suerte de doble distanciamiento: no vemos la obra original sino su recreación plástica, así como tampoco vemos la maqueta real sino su fantasma electrónico.
La herencia del Di TellaEntre los proyectos ¿recreados? ¿citados? ¿evocados?, se encuentran Simultaneidad en simultaneidad , acción de Marta Minujín que transformó el Instituto Di Tella de la calle Florida en un estudio de televisión, y ese ícono de la experiencia pop que es La Menesunda , creación conjunta de Minujín y Raúl Santantonín que incluía un circuito cerrado de TV. El visionado de un film de Leopoldo Maler permite acercarse un poco más a lo que pudo haber sido aquella experiencia de mediados de los años 60.
En otro sector de la muestra, la lucidez presente y pasada de Roberto Jacoby reenvía a la conjunción de inquietud sociológica y pulsión artística. La reflexión sobre los circuitos de comunicación masiva aparece citada tanto en el manifiesto Un arte de los medios de comunicación (firmado en 1966 por Jacoby, Eduardo Costa y Raúl Escari) como en los documentos ligados al Happening para un jabalí difunto , falsa crónica (con fotografías de celebridades incluidas) de una experiencia artística que, a través de los medios, generó la construcción informativa de un hecho que nunca había ocurrido. También está la referencia aSituación de tiempo , instalación con notoria influencia del videasta coreano Nam June Paik que David Lamelas realizó en 1967. Entre las "perlas" de archivo se encuentra la misiva que Enrique Oteiza, director del Instituto en ese momento, le envió a Julio Llinás, gerente de promoción y publicidad de Siam Di Tella, en la que le solicitaba los 17 televisores que requería la obra de Lamelas.
El impacto cultural de la televisión también emerge en Mr. Músculo , de Jorge de la Vega, y en dos obras de técnica mixta realizadas por Luis Felipe Noé en esa misma época: Nuestro señor de cada día (con el rostro de Cristo enmarcado en un monitor) y Understanding TV (pieza que asume la pantalla catódica como una superficie ambiguamente refractaria).
Invitado a la exhibición y con unos cuantos puntos en común con el tema propuesto, el cineasta Andrés Di Tella presenta una instalación que homenajea la figura de Marta Minujín a la vez que ancla en la propia historia del realizador. La articulación es simple: hay dos pantallas enfrentadas; en una, un primer plano de Minujín; en la otra, un zapping televisivo. Mientras el flujo mediático alterna ficciones, titulares catástrofe, dibujos animados, asesinatos, conflictos sociales y proezas deportivas, el rostro de la artista -el reflejo del monitor asomando por detrás de sus anteojos- permanece impasible. ¿El efecto anestésico que tanto crítico cultural pronosticó ante la avalancha de imágenes?
Miguel Mitlag, otro de los artistas invitados, retoma ciertos lineamientos de la obra de Lamelas -Situación de tiempo- para aludir a la repetición perceptiva por medio de una situación escenográfica (el montaje de tres esquemáticos estudios de TV).
Finalmente, Jorge Macchi, al centrar la mirada en las páginas web que rastrean la decadencia del equipo de rayos catódicos (con fotografías de televisores rotos o arrojados en basurales), pone el acento en una cuestión de estricta actualidad: la "caída" de la imagen electrónica y su anunciado relevo a manos del formato digital. En todo caso, un anclaje en sintonía con una exposición que, más allá de la cita y el homenaje, también representa un punto de partida para nuevas indagaciones sobre la imagen y su circulación masiva.
Ficha. Televisión. El Di Tella y un episodio en la historia de la TV , en el Espacio Fundación Telefónica (Arenales 1540), hasta el 18 de diciembre.
jueves, 2 de diciembre de 2010
Ciudades paralelas (2)

Sobre el final de la obra, ya en la terraza, vi que otros empezaban a sacar fotos y ahí recién me atreví a robar alguna que otra instantánea nocturna. Incluso grabé unas difusas imágenes en movimiento con el celular que, después, colgué aqui mismo, sin pensar demasiado. Pero las borré inmediatamente cuando Cecilia me preguntó si yo había pedido autorización para filmar y si, en cualquier caso, no estaba revelando un momento importante de la obra que le quitaría magia a la experiencia de un eventual espectador. Detrás, en algún lugar, quizás, la idea primitiva de que robar una foto era como robar el alma. Ahora, la publicación de fotos y descripciones detalladas de las obras en La Nación viene, de alguna forma, a "librarme de culpa y cargo" (nadie tampoco pidió permiso para fotografiarnos). Aunque casi no haya sacado fotos ni, tal vez, publique nada. Pero en ese "casi" y en ese "tal vez" caben todos los dilemas éticos del documentalista. Aquel que no se limita a mirar sino que piensa en cómo generar imágenes de lo real que, tal vez, vaya a utilizar... En fin, un tema para seguir discutiendo.
martes, 30 de noviembre de 2010
sábado, 27 de noviembre de 2010
Laboratorio de cine

Laboratorio de cine
Profesores:
Andrés Di Tella, Martín Rejtman
• Inicio: Abril de 2011
• Duración: Seis meses
• Cupo: 20 personas (aprox.)
• Horario: martes de 17 a 21 hs.
• Sede: UTDT, Campus Alcorta
El Laboratorio de cine aspira a ofrecer a sus participantes una experiencia intensiva de realización durante seis meses, bajo la mirada de dos profesores, los cineastas Andrés Di Tella y Martín Rejtman.
El objetivo es ampliar el espectro de procedimientos, lenguajes, temas y formatos de los asistentes, a través de la realización de trabajos individuales y grupales. Se apunta a que al final de la experiencia cada participante se lleve una serie de piezas terminadas.
El taller no apunta exclusivamente a la realización de películas narrativas tradicionales; teniendo en cuenta tanto el perfil de los profesores como el contexto de artes visuales en el que se desarrolla el Laboratorio, se propondrán una diversidad de ejercicios, cuyo resultado pueda ser una “obra proyectable”: films experimentales, ensayos documentales, series fotográficas o de diapositivas, piezas sonoras o musicales, videos, dibujos.
Son bienvenidos tanto cineastas o estudiantes de cine como artistas de distintas disciplinas, sin necesidad de contar con experiencia cinematográfica. Confiamos en que la participación de artistas con distintos tipos de formación y trayectoria, redundará en la riqueza de la experiencia.
Los asistentes deberán contar con la disponibilidad de una cámara, de cualquier formato, para realizar los trabajos del taller.
La Universidad ofrecerá instancias de asesoramiento técnico para los que lo necesiten y los profesores seguirán de cerca el trabajo de cada uno de los asistentes, volcando toda su experiencia en la elaboración de los distintos ejercicios.
Ante cualquier consulta comunicarse con:
Departamento de Admisiones de Posgrado
Karina Chrempacz
posgradosditella@utdt.edu
(+54 11) 5169 7231
Miñones 2177, C1428ATG
Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
Buenos Aires, Argentina

viernes, 26 de noviembre de 2010
Position Among the Stars
jueves, 25 de noviembre de 2010
Ciudades paralelas

Me permito recomendar este raro festival de teatro raro, llamado "Ciudades paralelas":
http://www.ciudadesparalelas.com/
miércoles, 24 de noviembre de 2010
martes, 23 de noviembre de 2010
sábado, 20 de noviembre de 2010
L’autre avant-garde argentine relève la tête
Paulo A. Paranagua
C’était à Buenos Aires un soir d’octobre aux convergences inattendues. A 19 heures, l’Association argentine d’études sur le cinéma et l’audiovisuel (http://www.asaeca.org/) rendait hommage à une réalisatrice underground, Narcisa Hirsch. Jouant avec son prénom et d’autres références, elle présentait un long-métrage qui mélange les formats, Le mythe de Narcisse, une sorte d’anti-autobiographie.
La cinéaste y apparaît à plusieurs reprises, filmée à divers moments de sa vie, mais refuse obstinément de répondre à son interlocuteur et de livrer une quelconque clé de sa trajectoire atypique. Jeune fille allemande immigrée en Argentine, elle découvre l’underground new-yorkais dans les sixties. Elle s’évertue contre vents et marées à en reprendre l’inspiration à Buenos Aires. Narcisa Hirsch est l’étoile filante d’un cinéma expérimental au féminin que les historiens ont délaissé.
Deux heures plus tard, à quelques pâtés de maison, le documentariste Andrés Di Tella mettait en scène un happening, en hommage à un autre cinéaste underground, Claudio Caldini. Le duo a interprété un numéro épatant, mêlant la lecture à haute voix et la projection simultanée de six films en Super 8 (le format préféré de Caldini), avec musique appropriée.
La salle bondée du théâtre San Martin n’en revenait pas, comme si la machine de l’Invention de Morel s’était remise en marche pour renouer avec les événements programmés par l’Institut Di Tella, ce Beaubourg avant la lettre qui a contribué à faire de Buenos Aires une des scènes de l’avant-garde artistique des années 1960.
Le rapprochement était inévitable, étant donnée la filiation d’Andrés Di Tella, le talentueux réalisateur de Montoneros, une histoire (1995), La télévision et moi(2002) et Photographies (2007). Pour ceux qui voudraient avoir un aperçu de sa curiosité sans bornes, rien de tel que son blog, où il évoque la collaboration avec Caldini (http://fotografiasdeandresditella.blogspot.com/).
En Argentine, l’avant-garde politique a échoué tragiquement et sa défaite ne cesse de hanter les mémoires. Le double programme de cette soirée magique rappelait qu’à la même époque une autre avant-garde faisait de la résistance contre les idées reçues.
Les rapports entre ces deux avant-gardes ont été conflictuels. Il suffit de rappeler comment l’Heure des brasiers, le documentaire militant de Fernando Solanas, évoquait l’Institut Di Tella en 1968. Ou de lire l’essai de Beatriz Sarlo sur “La nuit des caméras éveillées” dans son lumineux ouvrage La maquina cultural: maestras, traductores y vanguardistas (Ariel).
Le nationalisme argentin prétend que les influences étrangères pervertissent “l’être national”. Cet essentialisme xénophobe, réaction de l’extrême droite contre l’immigration massive, a fini par contaminer une partie de l’extrême gauche, oublieuse que le marxisme est, lui aussi, une “importation”.
Publicado hoy en Le Monde
viernes, 19 de noviembre de 2010
jueves, 18 de noviembre de 2010
Diario de Madrid (10)
miércoles, 17 de noviembre de 2010
domingo, 14 de noviembre de 2010
Diario de Roma
jueves, 11 de noviembre de 2010
Diario de Madrid (8)
ADT/ADT - autoportrait de novembre (après JLG)
La televisión y yo (3)
Imaginensé un recorrido por emociones, entusiasmos, reflexiones críticas, vivencias públicas/privadas de pasados que linkean a presentes. Unas particulares maneras de ser/hacer realidades y ficcionalidades, unas historias/arqueologías de, en y desde pantallas multiplicadas por aquí y allá. Todo eso en un megaespacio transmisor de escenas y montajes sintonizando los canales que fueron, que son hitos (o debería mejor decir hits?) de un paradigmático tiempo de Cultura Pop. Éso y más se me ocurre para contarles en palabras, algo de lo que pasé, de lo que me atravesó, durante y después de visitar Televisión. El Di Tella y un episodio en la historia de la TV. Una muestra polifuncional y multifacética imperdible, curada por Rafael Cippolini e Inés Katzenstein, con sede material en el Espacio Fundación Telefónica.
(...) En el primer piso, antes de ingresar a una de las salas, a modo de pasaje interconector de tiempos, se accede a La televisión y yo (2010), de Andrés Di Tella. Videoinstalación homenaje a Marta Minujín, pionera en esto de abordar la TV desde el arte. En una de dos paredes enfrentadas, el primer plano del rostro de la artista apenas iluminado, como por las luces de un televisor. En sus gafas oscuras, otra "reflexión", la de los reflejos de episodios de programaciones televisivas actuales, proyectados en la pared opuesta. A ritmo de zapping, ambas proyecciones intercambian lugares, de un muro a otro.
Los chicos de una escuela, visitantes con los que compartí algún recorrido de la muestra, en un momento y, mientras observaban el ping pong de flashes gritaron pidiendo a las maestas: "¡Dejálo ahi, dejálo ahí!" Es que habían hecho su aparición en las paredes/pantallas, imágenes de las series de dibujos animados Hijitus y Bob Esponja. Creo que nadie, de ninguna generación, puede pasar por la multi-propuesta de televisión sin sentirse a-fectado por algún e-fecto a-fecto.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
La televisión y yo (2)
MARTA MINUJÍN Y ANDRÉS DI TELLA. ATRÁS, SU VIDEOINSTALACIÓN “LA TELEVISIÓN Y YO”.
Televisión. El Di Tella y un episodio en la historia de la televisión.
Espacio Fundación Telefónica
Arenales 1540
Curadores: Inés Katzenstein y Rafael Cippolini

