
Nuevo taller de
Claudio Caldini. Cuatro sesiones dedicadas a lo que Caldini denominó, extrañamente, "cine en vivo". Recordé la definición de Jean Cocteau: "Le cinema, c'est la mort au travail" ("la muerte trabajando"). También habló de "performance en proyección". ¿El cine como forma de teatro? Para empezar, Caldini desplegó el cajón de herramientas requeridas, todas
obsoletas, desde los distintos "pasos" de película de celuloide (35mm, 16mm con doble perforación, super-8, doble 8...) hasta objetos misteriosos como la cajita de "cinta de empalmar". Un (joven) asistente al taller preguntó qué era "empalmar". Caldini, deferente, explicó: "Lo que en digital es virtual, aqui es real. Cada plano es un segmento de cinta. Para hacer un
corte, se corta realmente la cinta". A continuación, graficó con la empalmadora cómo se corta y se pega un pedazo de celuloide con otro. La cinta de empalmar, parece, se ha vuelto muy difícil de conseguir porque nadie la fabrica. ¿Para qué? Más difícil aún es conseguir nuevas cuchillas para la empalmadora. Caldini las reemplaza con un trocito de gilette (¡otro formato obsoleto!). El super-8 es una tecnología que ha sido rescatada de la obsolecencia, pero sólo como formato de registro, para luego reprocesar digitalmente. Nadie monta usando el mismo super-8. Nadie, eso es, salvo Caldini.

Entre las herramientas, Caldini mostró carretes de super-8, con película y vacíos, de distinto tamaño, cepillos para limpiar la ventanilla del proyector, filtros de colores de fotografía (rescatados de una vieja Rolleiflex), lupas de laboratorio de oculista y unos antiguos anteojos de soldar que pertenecieron a su padre. "Y siempre hay que llevar una lamparita de repuesto. Si no llevamos repuesto, la lámpara del proyector se quema. Si llevamos una, como talismán, no se quema".

Película industrial de 35mm usada para sobreimprimir subtítulos (cliquear la imagen para ampliar).

Película perforada por Caldini con un punzón y con pinzas de depilar. Hay que tener cuidado al manipularla ya que se puede deshacer muy fácilmente.

Caldini no lo anunció en la clase, pero después me confesó que esta había sido la primera vez en su vida que usó cinco proyectores simultáneamente en una proyección.

Los alumnos-cineastas ayudaron con la lectura de textos durante la performance. Reflexiones del pionero Georges Melies sobre el decorado cinematográfico, junto a un informe científico sobre el cambio climático.

La imágenes multiplicadas de Melies, de un viejo super-8 comercial remontado por Caldini en distintos loops, en una experiencia cinematográfica/teatral que evoca la magia de aquellas primeras proyeciones de hace un siglo y, de paso, deja chiquito al pobre 3D multimillonario de
Avatar.
-¿Por qué, justamente, no hacer todo esto en digital? -pregunté ingenuamente.
-Por nostalgia -replicó inesperadamente Caldini. -No sé si es bueno o malo. No tiene valor moral fabricar imágenes, abstractas o concretas, voluntarias o involuntarias. Es un juego. El interés, para mí, es que haya una materia, que sufre el paso del tiempo. Estos materiales, viejos, rayados, obsoletos, con cada imagen, con cada proyección, a cada paso, delatan el paso del tiempo. Eso me sigue inspirando.
Volví a pensar en la frasesita de Cocteau.
-Andrés Di Tella
cine experimental
taller / grupo de estudios
claudio caldini
caldeo@gmail.com