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sábado, 24 de diciembre de 2011

navidad

Hace un año exactamente, en la madrugada del 25 de diciembre, mi hijo R fue al baño y se encontró con el perro recostado en una posición rara. "Andá a fijarte, creo que Felix está muerto". Felix, un labrador que ya había cumplido 15 años y que por lo tanto estaba con una pata del otro lado, murió en su ley. Se había dado un atracón, limpiando platos de la cena navideña en casa, y no le aguantó el cuerpo. La muerte de Félix fue un momento horrible pero también trajo una especie un alivio. Ya empezaba a padecer los achaques de la edad y, por suerte, no le tocó sufrir demasiado. Hasta esa discreción de retirarse al baño fue característica de él. Más de un amigo observó: Felix era humano. Para mí, era un perro nomás, pero aunque perro fue casi como un hijo (igual, cualquiera que tiene hijos puede advertir la enormidad de ese casi...). A mí me tocaba pasearlo todos los días, sobre todo por la noche. A veces llegaba tarde a casa, en una noche fría de invierno, exhausto, y puteaba a Felix por tener que bajarlo. Pero esas caminatas nocturnas, aunque forzadas, terminaron constituyendo una parte de mi vida, un momento íntimo que de alguna manera extraña me definía. Yo era aquel que paseaba a Felix de noche. Durante este año en que Félix ya no estuvo sentí más de una noche, como una brisa entre la copa de los árboles, un soplo de melancolía. Pero en estos últimos días, al estar por cumplirse un año de su ausencia, me pasó de cruzar varias veces miradas con perros (sí, cruzo miradas con perros, ¿y qué?) y sonreir sin querer. No soy superticioso ni me presto con demasiada facilidad al pensamiento mágico (bueno, un poco sí, ¿y qué?) pero tuve la sensación de que había como un mensaje en esas miradas. Y pude recordar a Felix sin ninguna tristeza. Recordar, simplemente, la felicidad que trajo a nuestra existencia. Y esas caminatas compartidas, a veces a regañadientes, por las calles silenciosas del barrio dormido son como un legado que estará conmigo para siempre.
-Andrés Di Tella

viernes, 2 de diciembre de 2011

comeback

Anoche, en el ND/Ateneo, acompañamos al amigo Willie Campins en su emocionante comeback rockero, después de casi treinta años (creo), con la banda Oveja negra.

Integrada (de izq a der en la foto de arriba) por Osqui Amante, Anibal Forcada y Campins, Oveja negra será recordada por su hit de principios de los 80, "El blues de los plomos", de carácter autobiográfico ya que Forcada fue plomo ("yo soy el que arma una banda de rock...") antes de tocar en la banda de León Gieco. Después de un largo proceso de ensayos, anoche volvieron con un montón de lindísimos temas nuevos y algunos "clásicos" de su único disco Orsai. Confieso que no conocía ninguna canción, salvo la de los plomos. Pero el impactante sonido de la banda y, especialmente, unas armonías vocales increíbles, de las que ya no se escuchan por ahí, hicieron de todo el show una delicia.

El punto culminante fue el famoso "Blues de los plomos" en voz de León Gieco, a quien todos los Oveja supieron acompañar en distintas fromaciones a lo largo de los años. También estuvo presente el mítico guitar hero de los 70 Kubero Díaz y un bandoneonista increíble, no recuerdo el nombre, que viajó ayer no sé cuántas horas desde Misiones sólo para tocar un tema (se ganó una de las grandes ovaciones de la noche). Pero la mayor emoción, para mí, estuvo en la presencia en el escenario, también, de los hijos adolescentes de Campins y Forcada y varios otros jovencitos cuya relación de parentezco o amistad no terminé de registrar pero que respiraban familia, en el sentido más noble de la palabra. Y, por supuesto, también emociona el simple hecho de que estos señores de casi sesenta años... volvieron y rockearon. ¡Larga vida a Oveja negra!

-Andrés Di Tella


viernes, 11 de noviembre de 2011

11 del 11 del 11 = fin del mundo

Imagen del fin del mundo, el 11 del 11 del 11, con la luz blanca que brilla al final del túnel y todo... después del deprimente empate de la selección con Bolivia en el Monumental. Era cierto nomás.

martes, 13 de septiembre de 2011

kigo


Una mañana de otoño de 1684, más precisamente “durante la octava luna de otoño”, Matsuo Basho decide lanzarse por los caminos de Japón. Acaba de cumplir los cuarenta. “No sé cuándo con exactitud, pero un día, de pronto, se despertó en mí este deseo irresistible de dejarme llevar por el viento como éste hace con las nubes”, escribe en De camino a Oku, uno de sus diarios de viaje, que acaba de ser publicado en una nueva traducción al español (otras traducciones llevan otros títulos). “Parecía haber sido poseído por el espíritu del viaje, que había penetrado en mí de tal manera que me era imposible concentrarme en ninguna otra cosa”. Me gusta que, a pesar de semejante impulso, no se guarde un sentimiento de incertidumbre, casi de arrepentimiento, al alejarse de su Ueno natal: “Al ver los cerezos en flor de Ueno y Yanaka, que no sabía cuándo podría volver a contemplar, tuve un instante de duda (…) Caminé durante todo el día, deseando regresar cada vez que venían a mi mente las duras pruebas que me aguardaban en mi camino hacia el frío norte lejano, lugar al que no me veía capaz de llegar”. Durante los diez años siguientes, sin embargo, hasta su temprana muerte a los cincuenta, se dedicó a recorrer el país, tras las huellas de otros poetas que hubieran dejado pistas de sus propias andanzas. En los bosques de la ladera del monte Nikko, por ejemplo, busca los restos de una choza donde habría vivido un viejo monje amigo, de nombre Butcho. Cuando encuentra la choza, semi derruida, ésta a su vez le recuerda otra choza, de otro poema. Escribe y deja colgado, en una de las vigas que sobresalen de la choza, un papelito con el siguiente poema “improvisado”:

Bosque en verano.
Pájaro carpintero,
Deja esta choza.

También busca “el sauce que homenajeó Saigyo en un poema, diciendo que su sombra caía sobre una corriente de agua cristalina”. Al encontrarlo, anota: “Hoy por fin he podido descansar bajo su sombra”.

Frente al “antiguo Monumento de Piedra de Tsubo, en el Castillo de Taga, en la aldea de Ichikawa” –todas las referencias geográficas son, para mí, absolutamente misteriosas- Basho reflexiona: “Los poetas llevan cientos de años cantando lugares que sólo se conservan en sus poemas: montañas que se han derrumbado, ríos que han cambiado su curso, caminos abandonados, piedras sepultadas, viejos árboles talados y sustituidos por otros recién plantados… Por eso me pareció una especie de milagro del tiempo ser testigo de cómo este monumento había resistido el paso de mil años. Sentí, de hecho, que me encontraba en presencia de esos antepasados remotos cuya memoria perduraba viva en la piedra. Una emoción que me hizo llorar, que me ayudó a olvidarme de los trabajos del viaje y, sobre todo, que hizo que me sintiera vivo, uno de los principales efectos que tiene ser un peregrino”.

Hay un riesgo en su rastreo de huellas. Basho le reconoce a otro poeta, después de cruzar el valle de Shirakawa, que “los paisajes me habían conmovido tanto y había estado tan ocupado rememorando los textos referidos a este lugar de los poetas de la antigüedad, que no había podido escribir ni un solo poema dedicado a él”. Es que los diarios consisten en someras descripciones de los paisajes recorridos, encuentros y pequeños incidentes del camino, salpicados con haikus propios o de algún amigo o discípulo. Las viñetas paisajísticas son sencillas pero, cada tanto, en medio de la llaneza descriptiva, casi indiferente, surge una imagen de extraño poder evocativo: “Me adentré solo en el corazón agreste de la región de Yoshino. Los picos de sus montañas estaban velados por las nubes y sus valles por la lluvia. Diminutas chozas de leñadores me salían constantemente al paso. El sonido que hacían las hachas en la ladera oeste era repetido por la ladera este, a lo que respondían las campanas de los templos cercanos. Todo esto me conmovía profundamente”. Es curioso cómo el paisaje cobra vida por la “imagen sonora”. Algo parecido sucede con este haiku, escrito en el Monte Koya:

Pienso en mis padres.
El grito de un faisán
me arranca lágrimas.

Basho siempre va de pie, de un lugar a otro, a veces solo, a veces acompañado por amigos, discípulos o, simplemente, alguien que se le suma en el camino. En cierto momento, alquila un caballo para cruzar el “Paso del Bastón”, pero “jinete inexperto como soy, una sacudida de la montura hizo que la silla y yo saliéramos despedidos”. Apenas recuperado de la caída, improvisa un poema humorístico.

De haber cruzado
el Paso del Bastón con un bastón
no me hubiera caído del caballo.

Pero al releer su propio poema, Basho se da cuenta que le faltaba el kigo, traducido como “la palabra estacional”. Se trata de una palabra obligatoria en la composición de un haiku ya que gracias a ella puede saberse a qué época del año se refiere (momento de floración de determinadas flores, arbustos y árboles, festivales, costumbres, incluso temperaturas a ciertas horas del día).

La lectura del libro de Basho tiene que ver con una investigación (es una palabra un poco grande) en torno al género diario, por un próximo proyecto cinematográfico que, casualmente, también tiene que ver con la caminata. El olvido de Basho –al omitir el kigo- me hizo recordar una observación de Roland Barthes, que en unos apuntes asocia, inesperadamente, el diario íntimo con el haiku. Ambos, dice, son géneros que tratan con el presente. De camino a Oku resume diario y haiku y echa una iluminación inesperada sobre las dos cosas. Entiendo que el diario ofrece el equivalente a la "palabra estacional" y que el haiku es como la entrada de un diario. También se me ocurre que el "efecto diario" que, según Horacio Bernades, siempre está en mis películas, tiene que ver con el kigo, en otras palabras, la sensación de que "esto está pasando, ahora, en este momento". ¡Y qué ganas de echarme a andar por los caminos... de Japón del Siglo XVII!

-Andrés Di Tella


lunes, 2 de mayo de 2011

me extraña araña

Algunos se preguntan cuántas arañas gigantes como la que está emplazada en la Boca andan dando vueltas por ahí. Testigos oculares afirman que una del mismo porte fue vista hace muy poco en una plaza de Valencia. ¿Hubo tiempo para traerla? Son preguntas que nos hacemos los que tenemos complejo de subdesarrollados frente a las obras cumbres del arte universal que asoman por Buenos Aires. ¿Será la original o será trucha? La misma pregunta se hicieron más de cuatro respecto del celebérrimo mingitorio de Marcel Duchamp que llegó a las mismas instalaciones de Proa hace un par de años. Avatares del aura.

Mientras yo intentaba captar sobre el papel el aura de la araña, otros se dedicaban a tareas más conducentes como la de cumplir con la consigna del alegre taller instalado en la vereda de Proa, a la sombra de "Mami" (así se llama la obra de Louise Bourgeois). La consigna cumplida:



fotografías y video: Andrés Di Tella (iPhone)


miércoles, 27 de abril de 2011

bandera



Bandera de la comunidad qom, que acampa desde hace dos días en la Nueve de Julio en reclamo de tierras al gobierno de Formosa y de justicia por el violento desalojo que dejó dos muertos.

video: Andrés Di Tella (iPhone)

pajarito


fotografía: Andrés Di Tella


sábado, 19 de marzo de 2011

Los novios bailaron el valcecito

Anoche, fiesta inolvidable en el Club Español, a metros del obelisco. Daniel y Sebastián, felices. Mucha emoción, muchos amigos. También mucha risa y muchos recuerdos. Somos amigos con Daniel hace más de treinta años, imagínense. Sebastián y Daniel fueron "novios" durante diez años. Ahora son esposos. "Sebastián, sos lo que yo he hecho de vos", dijo Daniel, y despertó la risa de la platea, que lo conoce. "Y soy lo que vos has hecho de mí", remató. Somos todos, pensé, lo que los amores y los amigos han hecho de nosotros. Mientras tanto, los de la fiesta de disfraces del cuarto piso empezaban a aburrirse de su fiesta y se colaban en la nuestra, entre los chongos que bailaban por ahí, casi en pelotas.

Vale la pena reproducir, completas, las palabras del voto de Daniel. Las acaba de publicar esta mañana en su mítico blog, Linkillo (nuestra inspiración para esta bitácora, dicho sea de paso):

Todo el mundo lo sabe, Sebastián: vos sos lo que yo he hecho de vos, y yo soy lo que vos has hecho de mí. Podríamos haber dicho lo mismo ante Dios o ante la Ley, pero elegimos decirlo delante de nuestros amigos: ninguno de los dos puede ya ser algo diferente de lo que cada uno ha hecho del otro. Después de estos diez años, que te agradezco, eso es ya irreversible y, por lo mismo, definitivo.
Sos lo que quise, lo que quiero y lo que voy a querer. Hasta mi último suspiro.

martes, 15 de marzo de 2011

La guerra de un hombre solo

Ricardo Piglia me contó que estaba releyendo los diarios de Ernst Junger, los mismos que utiliza Edgardo Cozarinsky en su película La guerra de un hombre solo, como texto off leído sobre imágenes de los noticieros franceses que mostraban la cara alegre de París durante la ocupación nazi. Junger, gran escritor, fue gobernador militar de París.
-Estoy tratando de entender por qué son tan buenos- dijo Piglia-. Tal vez sea simplemente por todo lo que le tocó vivir. Y desde qué lugar. Porque él cuenta cómo va avanzando por Francia con el ejército alemán. Llega a un castillo abandonado en el Loire, los franceses se acaban de escapar, dejaron todas sus cosas, hasta la comida. Y Junger se pone a revisar los cajones, se toman un champán de no sé qué cosecha que encuentran en la cava, pero al mismo tiempo observa con admiración los cuadros en las paredes, los libros de la biblioteca. Y son libros que él ha leído. Es muy impresionante la descripción que hace.
-O sea que para escribir un buen diario hay que andar con los nazis y ocupar París…
-¡Claro, qué vivo! Así cualquiera.

-Andrés Di Tella

Fotografía: Ernst Junger, capitán de la Wehrmacht, desfila al frente de su compañía por la rue de Rivoli, en 1941.

domingo, 13 de marzo de 2011

Homenaje a David Viñas

"La primera vez que leí un libro de David Viñas, mi cabeza hizo un clic. Pero no es una expresión. Realmente escuché, dentro de mi cabeza, un ruido: clic".
-Beatriz Sarlo

"A David le hubiera gustado mucho esta reunión con tantos amigos, este homenaje... claro, con otro homenajeado".
-Ricardo Piglia

"Hace unos días, David quiso volver a ver la laguna de Monte, donde se crió. Pedí un remís y fuimos. Por la ruta, en el campo, ya no había tantos girasoles como él recordaba. Por razones que todos conocemos, últimamente se prefieren otros cultivos. De pronto, vio un campo de girasoles y sacó medio cuerpo por la ventanilla, ante el asombro del remisero. Con el viento en la cara, empezó a gritar: ¡Van Gogh! ¡Van Gogh! ¡Van Gogh!
-María Gabriela Mizraje

Emoción en el auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional, abarrotado.


En una vitrina se exhibieron los papeles de su mítico proyecto inconcluso sobre Lucio V. Mansilla, archivados en la Biblioteca Nacional.

Igual, la frase de la noche la soltó Soledad Silveyra (falta foto). Después de leer unas páginas de la obra de teatro inédita que Viñas escribió para ella cuando fueron pareja en los años 80, Solita largó: "Y a las alumnas de David, aqui presentes muchas de ellas, les debo el haber aprendido otra forma, distinta, de amar". Y sonrió. Todos nos quedamos pensando si habíamos entendido bien.

Fotografías tomadas el sábado por la tarde, en el homenaje a David Viñas, en la Biblioteca Nacional.

fotografías: Andrés Di Tella

viernes, 4 de marzo de 2011

La figurita que faltaba


De la serie de Néstor y sus amigos en el cielo -leales, valientes y sabios- que registré el lunes por las paredes del centro, faltaba esta figurita que encontré hoy. Curiosamente, en este caso, con una mancha de rojo sangre. Y en otras paredes, sin la compañía de sus compañeros, como si las hubiese stencileado otro.

fotografía: Andrés Di Tella (iPhone)




lunes, 28 de febrero de 2011

Las paredes de Buenos Aires















Hoy anduve por las inmediaciones de la Plaza de Mayo (acompañando a R. que rendía examen) y registré algunas paredes que me llamaron la atención. PD: A R le fue bien... pero se olvidó que yo lo estaba "acompañando" y se piró sin avisarme siquiera cómo le había ido. ¡Para eso tenemos hijos!

fotografías: Andrés Di Tella (iPhone)