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viernes, 27 de agosto de 2010

correspondencia


Después de la proyección de El país del diablo, la semana pasada, me escribió Magdalena Jitrik:

Hola Andrés, era para decirte cuánto me gustó la película y cuán oportuno fue verla, porque se agrega como dato a una muestra que estoy preparando que se titula Templo, en donde reuno una serie de cosas relacionadas de alguna manera con el País del Diablo.
Para colmo, mi papá que nació de una familia judía rusa inmigrantes por ahí por Pigüe, y mi mamá cuya rama familiar por el lado de mi abuela, lleva dos apellidos difíciles de llevar: Baigorria y Zeballos, no sabe si son exactamente esos Baigorria y Zeballos pero los sospecha seguramente involucrados en ese pasado.
Mucho para pensar y decir, ahora me limito a preguntar si existe alguna manera de leer esos papeles firmados por Namuncura? Tal vez pudiera extraer algún párrafo de allí como prólogo para mi expo.
felicitaciones!
magda


Mi respuesta:
Magda: Entre mis papeles (docs electrónicos, qué tristeza...) encontré estas notas.


Atardecer en Salinas Grandes. Narrador lee en off última carta de Manuel Namuncurá.

Todos los caciques tenían su archivo. Pero el de Namuncurá, que encontró Zeballos, es el único que llegó hasta nosotros. En su última carta (desde Salinas Grandes), el cacique Namuncurá acusa al Gobierno Nacional de violar el tratado de paz firmado:

“Por lo que estoy entretenido suponiendo que deberá ser alguna traición por lo que estando en este trabajo me vino a pisar el campo, en cautivar familias y pasar por las armas a mis indios. Mi finado padre Calfucurá era hombre de condición de adivino, que yo no tengo tal condición y no puedo adivinar el futuro, pero mi finado padre me ha dejado el cargo de Gobierno de todas sus tribus y gobierno por Dios que me sostiene que si Dios permite podrá castigar aquellos hombres que me traicionan; y espero que en Dios me ha de ayudar en el triunfo; que si Dios no permite que salga victorioso, entonces podremos morir todos nosotros, que después de muertos no sentiremos nada”.

Carta firmada por el Cacique Manuel Namuncurá, en Salinas Grandes, el 5 de febrero de 1878.


Ver más sobre El país del diablo

lunes, 7 de junio de 2010

Carla, Namuncurá y Marcos López

Marcos López me hizo llegar una foto nueva, inédita, "Carla" (reproducida abajo), a propósito de la presentación, hace unos días en la Biblioteca Nacional, de mi película El país del diablo. Como sabrán los atentos lectores de este blog, El país del diablo retrata un viaje que hice por La Pampa, tras los pasos de Estanislao Zeballos. Escritor, periodista, geógrafo, etc, Zeballos era un típico polymath del siglo XIX. Fue el principal ideólogo de la Conquista del Desierto -el exterminio de las tribus originarias de La Pampa por parte del Ejército Nacional- pero también el primero en rescatar la cultura e historia de los indios argentinos, los mismos que él propuso exterminar. Empezó a desarrollar su proto antropología durante ese viaje que hizo en 1879, apenas unos meses después de la "conquista", para confeccionar el primer mapa científico de la región. De su extraña toponimia, que mezcla nombres de caciques mapuches y coroneles expedicionarios, saqué el título de la película: "Antiguo País del Diablo". En el viaje, detrás de Zeballos, visitamos los imponentes escenarios de Salinas Grandes, sede central del imperio del Cacique Namuncurá antes de ser corrido por los "huincas". Derrotado y casi solo, Namuncurá se refugió durante un tiempo en los entresijos de la Cordillera de los Andes, hasta que fue capturado y llevado a Buenos Aires, exhibido como trofeo de guerra. En sus últimos años, en un final triste y simbólico, Namuncurá fue nombrado General "ad honorem" del Ejército Argentino. Existe una fotografía donde se lo ve en uniforme junto a sus hijos, uno de ellos el que sería el famoso santón católico, Ceferino Namuncurá.

Después de la función, fuimos a comer locro y empanadas -se ve que el espíritu patriótico del bicentenario no nos abandona- a una fonda de la calle Las Heras. (Por cierto, durante los festejos del Bicentenario, me emocionó pasar por debajo de un arco, cerca del Obelisco, con imágenes de Marcos López). Cuál no sería mi sorpresa, en una excursión al baño, al encontrarme nada menos que a... ¡Ceferino Namuncurá! No era una foto o una estampita sino... Ceferino en carne y hueso. Bueno. En realidad, por supuesto, no se trataba del verdadero Ceferino sino de una especie de encarnación del ícono: el modelo real, un mozo del restaurant, que utilizó Marcos López para su foto de Nazareno (ver imagen de arriba). Pensé que ahí, justamente, radica parte de la magia del "pop latino" de Marcos: en esa confusión entre ícono y encarnación, imagen pop y documento de la realidad, estampita y mozo de fonda. Son como íconos truchos, pero en la truchada, precisamente, se halla la verdad de la fotografía.

En la foto de "Carla" (abajo), princesa indígena de inquietante mirada, poderosa y sexual, con sangre en las manos y tal vez ganas de venganza (la venganza probablemente ya haya sido consumada), adivinamos los nobles ancestros indígenas de la modelo y, a la vez, podemos suponer que se trata en realidad de una humilde empleada doméstica. Y en esa suposición se agazapa la mirada racista, el triunfo de los conquistadores del desierto. Suponemos que se trata de una empleada doméstica porque, en el Buenos Aires de hoy, una chica de rasgos indígenas probablemente sea empleada doméstica o, en todo caso, eso dicta el prejuicio. La formalidad de la pose y los colores, esos ocres y borravinos, evocan (no sin ironía) algún óleo épico del diecinueve. Podría ser uno de los cuadros históricos de Blanes, el mismo que pintó "La conquista del desierto" que figura en el billete de cien pesos. La aparente sencillez del retrato remite, a la vez, al tipo de fotografía etnográfica que acompañó la campaña militar (no desprovistas, en el caso de las mujeres indígenas, de cierto dejo pornográfico). Al mismo tiempo, el brillo Pop de la foto también puede llegar a hacernos pensar en Warhol o, incluso, en un retrato de la revista Caras. La foto de Carla también me hizo recordar la fascinación de Marcos por las reinas de belleza de segundo orden, que se coronan en alguna festividad pueblerina como La Fiesta de la Alfalfa de San Basilio, Córdoba... Había olvidado que, hace casi veinte años, hicimos un video juntos, Miss Paraguay, en el que Marcos aparece hablando de eso, con su habitual gracia. Desgraciadamente, no conservo copia.

Detrás de esas capas de referencias, sin embargo, vuelve a aparecer insistentemente la pregunta por la identidad de la modelo. Y en ese vaivén de la mirada se introduce, justamente, la insidiosa dimensión política de las fotos de Marcos. El toque "pop" le quita densidad, pesadez, solemnidad -es decir ineficacia- a la imagen. En vez de la previsible "denuncia", nos enfrentamos con nuestras propias contradicciones. Las fotografías de Marcos López son juegos, por cierto, divertimentos hechos para divertir. A la vez, en ese juego, las imágenes nos miran y nos preguntan qué estamos pensando.
-Andrés Di Tella