Mostrando las entradas con la etiqueta Adelina del Carril. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Adelina del Carril. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de junio de 2009

Correspondencia 5

A propósito de la correspondencia --cartas y fotografías-- mantenida en estos días con Juan Sebastián Morgado, salió al ruedo José Rivarola y me envió, desde Ibiza, un fragmento de su libro-en-proceso Madame mamita, que (entre otras cosas) narra la historia de Adelina del Carril, viuda de Ricardo Güiraldes. Tras la muerte del escritor, Adelina viajó a la India, "en busca del alma de Ricardo". Al cabo de 13 años pasados en Bangalore, Adelina volvió a la Argentina. Terminó viviendo, con su hijo adoptivo hindú Ramachandra, en un ashram de Bella Vista: el mismo donde fue criado Juan Sebastián. Allí, tras los pasos de Adelina del Carril --llamada por todos Mamita-- fue Rivarola.

por José Rivarola

El swami Pareshananda me presentó a Eva y Edith – Aquí tiene usted dos viejas – dijo– con las que puede hablar de Mamita, ellas la conocieron muy bien.

Nos sentamos aparte en una mesa redonda al sol del jardín. Las dos señoras rondarían los ochenta años, sus ojos sonreían entre pliegues profundos de rostros salpicados de pecas, las dos con papadas como telas colgantes.
Edith dijo que Adelina tenía un impresionante sentido del humor, que hacía reír a todo el mundo con sus ocurrencias.
−Y encima era muy boca sucia – dijo Eva
−Uy, uy uy, madre mía –dijo Edith.
−A veces – dijo Eva − el pobre swami Vijoyananda que no dominaba esa parte del castellano, en pleno satsan decía por ejemplo, los que no quieren enfrentarse consigo mismo son unos cagones y la gente se largaba a reír y él no se daba cuenta que estaba diciendo malas palabras por copiar a Adelina, entonces después, el swami, ante la duda decía, como dice Mamita, ¿te acordás Edith cuando el swami dijo pelotudos?
−Uy sí –dijo Edith− en plena conferencia Vijoyananda dijo, los que actúan de esta manera, como dice Mamita, son unos pelotudos, y Adelina estaba en primera fila roja de vergüenza.
Les pregunté por Ramu.
− ¡El chico ese! – Eva abrió los ojos de alarma – un hiper malcriado, no hacía nada, no quería que nadie le diga nada, y si Adelina le decía por ejemplo, tenés que estudiar, él contestaba no tengo ganas, y no se calentaba por nada, se pasaba todo el tiempo andando por el jardín y tocando la flauta.
− ¿Y tocaba bien la flauta?
(Eva me miró con impaciencia) ¡Cómo querés que me acuerde querido si tocaba bien o cómo tocaba! ¡por favor! Lo que si me acuerdo es lo irrespetuoso que era con el swami, le discutía todo, en plena conferencia, ¿podés creer?
−Te ponía los nervios de punta – dijo Edith.

−El swami y Mamita se tenían mucha confianza – dijo Eva − ella le llamaba dadito, que significa hermano, y él le decía vieja “Vieja, estas criando un vago” y cuando discutían así por el Ramu, ella a veces se levantaba de la mesa y decía “merde alour », y el swami se tronchaba de risa.
−Era una mujer que no tenía ninguna inhibición – dijo Edith – te decía lo que le venía a la cabeza con una espontaneidad ¡impresionante!

Eva se inclinó en la mesa en actitud de secreto;
−Ella... era de alta clase, ¿sabés?, era una nena bien, y coqueta a reventar, una persona de la familia nos contó que antes de ir a la India se llevó por lo menos como seis baúles de ropa de París.
−Y cien bombachas de seda – dijo Edith – el mucamo tenía que planchar las bombachas, hasta que se hartó y abandonó la mansión de los del Carril diciendo no me gusta la mecánica de esta casa.
−Fijáte vos – dijo Eva

− ¡Che, vieja! – dijo Edith posando la mano en la mano de Eva. Las dos tenían manitas manchadas de pecas con cartílagos salientes − ¡Que va a decir este chico! La estamos dejando tan mal a la pobre Adelina, también hay que hablar de las cosas buenas.
−Y... –exclamó Eva como buscando algo en el techo− Adelina nos dio un regalo ¡hermoso!, la traducción del evangelio de Ramakrishna, se puso a trabajar en esa obra, y no tuvo descanso hasta terminarla.
−Era encantadora – dijo Edith – fuera de esas “cositas” que hemos hablado, era un placer encontrarla, con esos ojos tan vivos y despiertos que tenía.
−Bueno – dijo Eva − no por nada era una hermana mayor en este ashrram, y bueno, el marido que tuvo fue ejemplar.
Y así dispararon varias flores a favor de Mamita hasta que llegó la hora de pasar a una sala contigua donde le swami iba a dar la plática.

Me senté en las ultimas sillas, y el swami leyó el libro de algún discípulo de Ramakrishna, cuyo nombre no escuché, tal vez por estar pensando en estas dos mujeres que tendrían veinte años cuando Mamita, mayor que ellas, estaba en el ashrram con su niño indio siguiéndole detrás. Las vi chimentando en esos tiempos, y la vi a Mamita hablando con el swami Vijoyananda del que me puedo hacer una idea por su foto; un tipo más bajo que este swami Pareshananda, y un poco más gordo, allí en la puerta riendo y hablando con Mamita.

El swami Pareshananda leía un párrafo con mucha dificultad porque lo estaba traduciendo del inglés, y lo comentaba con la audiencia. Una parte de la charla me impactó, el swami tradujo la lectura diciendo que el cuerpo era en realidad, un saco de mierda con huesos. Y esto le gustó al swami, hubo algunas risitas, el swami insistió y repitió más veces que ese era el mal, lo que nosotros tanto admirábamos y por lo que tanto nos preocupábamos no era otra cosa que un estúpido saco de mierda con huesos.

En otra ocasión hubiese levantado la mano interrumpiendo la cosa sin importarme y le hubiese dicho que gracias a ese saco de mierda con huesos el Buda pudo sentarse y respirar bajo la higuera, y Ramakrishna pudo inspirar lo que inspiró y gracias a ese saco de mierda con huesos Vivekananda pudo ir a Estado Unidos y abrir las puerta de esta filosofía genial, y gracias al saco de mierda con huesos esta gente está aquí escuchando a usted que tampoco podría leer eso si no fuese a ese saco de mierda con huesos.

Pero en esta ocasión me quedé callado porque no quería otra bronca del monje, y mucho menos que me venga Rama furioso a decirme que soy un irrespetuoso, que por otro lado, sí, lo soy, y es lamentable.


fotos: 1. Adelina del Carril (en lo alto); 2. El ashrama de Bella Vista (arriba).


lunes, 22 de junio de 2009

Correspondencia 4

Historia del Ramakrishna Ashrama de Bella Vista, tomada del sitio oficial:

A comienzos del siglo pasado (1909), una conocida editorial porteña publica la primera traducción al español del Kathamritam, El Evangelio de Sri Ramakrishna, exactamente la traducción de la versión inglesa de Swami Abhedananda. Quizás esta publicación haya sido el detonante para que un grupo de admiradores del Vedanta crearan la primera Sociedad Vedanta de Argentina y muy posiblemente la primera de América del Sur. El Vedanta comenzaba a hablar español. Los Sres. M. López Villamil y Ricardo Vivié contribuyeron enormemente a la expansión en esta lengua del mensaje de Swami Vivekananda, con sus traducciones del Karma Yoga, Gñana Yoga y Raja Yoga que estaban ya listas e impresas en 1922. La labor de esta Sociedad fue determinante para que distinguidas personalidades del mundo de la cultura, tanto en la Argentina como en el resto de Hispanoamérica y España, tomasen interés por el Movimiento Ramakrishna-Vivekananda. Podemos mencionar entre ellos a Amado Nervo y Ricardo Güiraldes.

A finales de los años veinte, una nueva sociedad llamada Amigos de Buenos Aires tenía como objetivo estudiar en profundidad las filosofías de la India. El Sr. Joseph Schmidt, los Dres. Allodio y Catalano, entre otros distinguidos miembros esta Sociedad, sintieron la necesidad de contar con la dirección de un monje hindú en sus estudios y prácticas. Así lo expresa el Sr. Schmidt en una carta publicada en el Prabhuda Barata en mayo de 1931. El editor de la revista transmitió personalmente está inquietud a la dirección de la Ramakrishna Math & Mission, que tras estudiar la petición y comprobar la sinceridad de la misma decidió enviar uno de sus representantes en carácter de monje residente a la Argentina.

El monje electo para esta enorme responsabilidad fue Swami Vijoyananda, un joven swami bengalí, brillante en todas las áreas del conocimiento, tanto intelectual como humano. Dicen que la misma Mrs. McLeod, conocedora de las necesidades en Occidente, tuvo algo que ver en esta acertada elección.

Swami Vijoyananda desembarcó en Buenos Aires el 10 de diciembre de 1932, siendo, probablemente, el primer sannyasin en poner los pies en América del Sur. Lleno de energía, una semana después de su llegada daba su primera conferencia pública. En las semanas siguientes comenzó a dictar clases sobre filosofía y religión y en el mes de marzo de 1933 se celebra por primera vez en Argentina el aniversario de Sri Ramakrishna. Los inicios no fueron fáciles, en el departamento particular de un devoto en la calle Larrea, el 18 de marzo de 1933 se funda el primer Ashrama. A principios de julio de 1941, el Ashrama se trasladó a su actual ubicación en Bella Vista, un área residencial a 30km. de la ciudad de Buenos Aires. La propiedad fue donada por una gran devota, la Sra. Ninon Wolf de Kahn.

El Ashrama desarrolló durante estos años una gran actividad en la difusión del Movimiento Ramakrishna-Vivekananda-Vedanta en Latinoamérica. El trabajo editorial continúa siendo uno de los objetivos del Centro. En 1948 son publicados los Cuatro Yogas y las Pláticas Inspiradas de Swami Vivekananda. Por otra parte, Swami Vijoyananda publica seis obras sobre temas espirituales.

En 1957, el Ashrama obtiene personería jurídica siendo la Sra. Adelina de Güiraldes, esposa del famoso escritor argentino, su primera presidente. Ilustres personalidades visitan el Centro en los años siguientes como Miss. Mac Leod o el actual presidente de la Orden Ramakrishna, Swami Ranganathananda, que lo hace en misión oficial del Gobierno de la India en 1969.

Swami Vijoyananda difundió el Vedanta por toda Latinoamérica con su viajes por Brasil, Chile, Colombia, Guatemala y Perú. Recientemente, gracias a su labor previa, la Orden acaba de abrir un Centro oficial en San Pablo . El Reverendo Swami falleció el 1 de septiembre de 1973, dejando tras de sí al Vedanta hablando en español.


fotos: 1. Swami Vijoyananda (en lo alto); 2. El Ramakrishna Ashrama de Bella Vista (arriba).

domingo, 21 de junio de 2009

Correspondencia 3


Todos los domingos los devotos se reunían en el Ashrama. Venían unas 30 personas, incluídos mis padres y yo. Se tomaba el té con masas, luego el Swami hablaba durante aproximadamente una hora, y por último los concurrentes hacían preguntas. Mi padre tomaba nota de las conferencias y luego las pasaba a máquina. Mientras fui un niño, me dejaban retozar en el parque; desde los 7 u 8 años, tenía que quedarme escuchando las clases.  Mi padre encuadernó varios tomos, desde 1946 hasta que el Swami falleció en 1973. Los siguientes textos se refieren a Adelina y están en el tomo 2.
-Juan Sebastián Morgado

Conferencia (las llamaba ¨clases¨) de Vijoyananda del domingo 5 de noviembre de 1950:
… Luego se conversó de otros temas, y por último el Swami relató lo que ocurría en ciertas reuniones de llamados intelectuales que acostumbraban reunirse en la casa de la Sra. Adelina Güiraldes y su hermano Carlos, y a algunas de las cuáles fue invitado. Se reunía aquella gente para el té, pero se quedaban hasta después de la cena, a menudo hasta la media noche. Bebían whisky en abundancia y hablaban de cualquier cosa. Dijo el Swami:
—Un día tuve que decirle a la dueña de casa: ¨Adelina, ¿por qué, en lugar de tirar tu dinero en esas reuniones de vagos no me lo das a mí? Yo le voy a dar mejor uso¨—
El hermano Carlos comentaba:
—Claro, la gente buena, la gente que tiene ocupaciones, y se citan para cierta hora, pasada la misma se levantan porque tienen que hacer. Pero estos vagos no se atreven a levantarse, porque, ¿dónde van a ir?—

Hacer clic en la imagen para ampliar.


sábado, 20 de junio de 2009

Correspondencia 2

Fotografías del archivo de Juan Sebastián Morgado:

Hola Andrés:
Cuando mi padre falleció en El Bolsón en 1997, traje para Buenos Aires el material que él había escrito, libros, decenas de cintas grabadas con conferencias de Swamis... en fin, muestras de toda una vida dedicada a la vedanta. Habiéndome apartado de esa religión desde los 20 años, me interesó leer especialmente todo lo que hubiera sobre Adelina. Por eso puedo mandarte este material. Por supuesto, queda a tu criterio publicar lo que creas conveniente; lo que quede afuera podrá ser para otra oportunidad, ya estoy seguro que hay más datos interesantes.
Chau
Juan


Mis padres en Atlántida, Uruguay, marzo 1947. Me llevaron allí siendo bebé.

Dedicatoria de mi padre a mi madre en un libro sobre Beethoven, presumiblemente cuando se ponen de novios.

Uno de varios scans de los diarios de las dos primeras semanas de octubre de 1945, con las noticias sobre los acontecimientos en las universidades, detención de estudiantes, etc.

Libreta de Enrolamiento de mi padre, obtenida en 1949 por nacionalización.

Cuadro de Arnolfo Testi, de cuando yo tenía aproximadamente seis años.

Mis padres y yo en el Ashrama, aproximadamente 1957.

Edgardo Lema y yo en el Ashrama, aproximadamente 1957 (Edgardo es hijo de un matrimonio que también concurría los domingos).

Templo del Ashrama, aproximadamente en 1971. Tanto las esculturas como los cuadros son de Arnolfo Testi.

Grupo del Ashrama de 1971. Algunos vivían en la misión, otros concurrían los domingos. De izquierda a derecha: Mónica "La Condesa", ¿?, Vijoyananda, Celia, María Elena "La Gallega", ¿?, y mi padre. Con "¿?" indico a dos aspirantes brasileños. Mónica y María Elena eran las "amas de casa".

Vijoyananda en el pasillo de entrada a la casa, aproximadamente 1970.

Mi padre y una vecina, El Bolsón, aproximadamente 1993.

Regalo de las Obras Completas de Güiraldes que me hizo Adelina del Carril en 1963, firmándome el ejemplar.

Carta de Vijoyananda a mi padre, 1946.

Carta de Vijoyananda a mí, 1953.

Conferencia de Vijoyananda en el Ashrama de Bella Vista, transcriptas a máquina por mi padre, en las que se menciona a Adelina del Carril.

Hacer clic en las fotos para ampliar.