miércoles, 3 de junio de 2009

Diario de Estambul 3: la caja de los deseos


En el (largo) vuelo de regreso de Estambul, sobre el Atlántico, mientras (sin saberlo yo) desaparecía el avión de Air France que iba en dirección contraria, leí el último episodio del proyecto autobiográfico de Günter Grass, La caja de los deseos, cuyos primeros párrafos simplemente me atraparon:

Érase una vez un padre que, como se había hecho viejo, convocó a sus hijos e hijas: cuatro, cinco, seis, unos ocho, hasta que, tras dudarlo mucho, se sometieron. Ahora están sentados en torno a una mesa y empiezan a charlar enseguida: cada uno por su cuenta, todos al mismo tiempo, sin duda imaginados por su padre y con palabras de éste, pero testarudos y, a pesar de su cariño, sin pretender ser indulgentes con él. Siguen discutiendo: ¿quién empieza? Primero nacieron los mellizos, aqui llamados Patrick y Georg, y abreviadamente Pat y Jorsch, pero que en realidad se llaman de otro modo. (...)

Aunque adultos y estresados por su profesión y su familia, hijas e hijos hablan como si quisieran literalmente volver atrás, como si les resultara asequible lo que sólo se vislumbra en silueta, como si fuera posible que no pasara el tiempo, como si la infancia no acabara nunca. (...) En una amplia sopera humea un guiso, unas lentejas que, con costillitas de cordero, ha cocinado a fuego lento el padre, que es quien invita, sazonándolas finalmente con mejorana. Así ha sido siempre: al padre le gusta cocinar para muchos. "Asistencia social" llama a su tendencia una multiplicidad épica. Con cucharón justiciero va llenando plato tras plato, acompañando cada vez la acción con alguna de sus sentencias, como: "Ya Esaú cedió su primogenitura por un plato de lentejas". Después de la comida se retirará, para desaparecer en su taller, remontándose en el tiempo, o sentarse junto a su mujer en el banco del jardín.

Fuera es primavera. Dentro calienta todavía la calefacción. Después de haber acabado con las lentejas, los hermanos pueden elegir entre cerveza de botella y jugo de manzana natural. Lara ha traído fotos, que trata de ordenar. Todavía falta algo: Georg, que atiende por el nombre de Jorsch y es, por su profesión, el responsable, prepara los micrófonos de mesa, porque el padre insiste en la técnica de sonido, pide luego que los prueben y, finalmente, se da por satisfecho. A partir de ahora, los hijos tienen la palabra.

7 comentarios:

alejandra almiron dijo...

El dibujo es tuyo? Próximamente la Moleskine Arty de ADT ? Próxima peli de ADT con animaciones ? Una Flip Moleskine en la peli que estás comenzando ?

Fotografías dijo...

copiado de la tapa del libro (en el vuelo, con alguna turbulencia...)

Estoy pensando en hacer algo con los dibujitos, de hecho hace rato que lo vengo pensando, pero no sé si mi dibujo "da la talla"...

alejandra almiron dijo...

No te achiques Papa Doc !!! Avanti con los impulsos creativos nomás.

Fotografías dijo...

Me hacés recordar la chanza:

"No te subas las medias que es para foto carnet!"

alejandra almiron dijo...

Ya empezamos con el pesimismo y el pánico escénico !!!

Fotografías dijo...

Sólo un tímido sentido de la realidad...

Pero, ¿pánico escénico? ¿yo?

Pesimismo, sí, eso sí. Desgraciadamente, justificado.

Anónimo dijo...

Claudia del Rio escribió...
u como vas con el dibujo, sigues practicando