martes, 5 de julio de 2011

Andrés Duque. A propósito de "Color perro que huye"


Dietario y poemario. Imágenes propias y ajenas. Afectos y sensaciones. Experiencia y memoria. Todos estos aspectos confluyen en el primer largometraje de Andrés Duque, estrenado en Rotterdam y galardonado en Punto de Vista con el premio del público. Conversamos con él sobre el carácter autobiográfico del filme.
Por Elena Oroz

Color perro que huye es un filme autobiográfico que, sin embargo, “rehuye” cualquier intento de organización cronológica propia del género. Su estructuración caleidoscópica me recordó al inicio de As I was Moving Ahead, Occasionally I saw Brief Glimpses of Beauty de Jonas Mekas, cuando el director señala que no sabría cómo ubicar cada uno de sus fragmentos de vida: en qué imagen comienza y en qué imagen acaba ésta. ¿Ese “let it be, let it go” ha sido un principio rector de tu filme? Antes que nada gracias por mostrarme el vídeo de Jonas Mekas, es una declaración de intenciones que se relaciona, como bien sabes, con una forma de trabajar que he escogido para Color perro que huye: un cineasta compulsivo acepta el desorden de sus archivos. No intenta ordenarlos ni fecharlos, tampoco entenderlos, solamente otorgarle algún sentido. El azar como una máquina de hacer poesía.

Mekas es un genio, me gusta todo de él, su manera de mostrarnos el mundo, su acento lituano. Es una persona honesta. Tuve la oportunidad de entrevistarlo en 1998, en el Anthology Film Archives, cuando trabajaba como reportero para HBO. Él nos recibió amablemente aunque su asistente brasileña había olvidado informarle de que veníamos. Nos invitó a su despacho y se pasó una media hora convenciéndonos de que era una estupidez hacer el balance de blanco a nuestra cámara: “Las cámaras tiene su propia manera de ver, no tenéis porqué engañarla”. Yo le entendía perfectamente y, al fin y al cabo, si el maestro quería salir en la entrevista con la cara azul, ¿por qué no? Pero le expliqué mis razones. Nunca me dejarían emitir una imagen “fea” en televisión, mis jefes me odiarían y yo había viajado muchos kilómetros para hacer esta entrevista. Al final cedió aunque no muy satisfecho, pero cuando empezó la entrevista fue apasionado sobre todo lo referente a su cine y tuve la sensación de que quedó satisfecho porque estaba de acuerdo conmigo en el daño que cineastas como Antonioni o Kubelka habían hecho al cine. Han legitimado una cierta tiranía de lo que debe ser el cine de autor y/o el cine de arte despreciando otras formas de hacer cine y a otros autores que merecen igual respeto.

Cuando salimos del Anthology recuerdo que cogí la cámara y grabé a una mujer jugando con su perro en una cancha de baloncesto. Mi camarógrafo, que tenía hambre, me preguntó: ¿vamos a utilizar esto? Yo le pregunté: ¿cuántas cintas trajimos? Él me dijo que tres cajas. Le dije que sí. Aún guardo esa imagen conmigo. Ha sobrevivido, por lo tanto valió la pena.

Aludiendo a su filme autobiográfico Tender Fictions, Barbara Hammer señalaba en una entrevista que quizás el yo, nuestra identidad, esté hecho del corta y pega de fragmentos de la cultura antes que de cualquier otra cosa. La concepción de la identidad como collage es otro aspecto central en tu filme en el que convergen todo tipo de imágenes: propias y ajenas. Barbara Hammer es otra cineasta a quien adoro, la conocí en el Festival de Cine de Mar del Plata (2005) y tuvo incluso la generosidad de ver el premontaje de mi segunda película Paralelo 10 que en aquel entonces no tenía la voice over y yo estaba atravesando por un momento de bloqueo que me impedía avanzar. Ella me ayudó con algunas ideas, me sugirió que escribiese sobre lo que pensaba de estas imágenes, incluso me sugirió un bonito título: Three Words a Day, y que luego descarté porque descubrí lo que “Paralelo 10″ significaba para esta película. Al igual que Jonas Mekas, en el cine de Hammer existe un deseo irrenunciable de libertad creativa, de desobediencia y a la vez de honestidad.

Respecto a tu pregunta, pienso que el oficio del cineasta es como el de un vampiro, por lo tanto, si veo/grabo una imagen y la retengo en mi memoria, entonces pasa a ser mía por derecho universal. Forma parte de mi imaginario. Y la función que tiene el arte es precisamente esa, dejarse robar. Cuando ves una obra que te gusta, la guardas en tu cabeza (si puedes la compras) y así la posees como un tesoro valioso. Ha perdido su autoría, metafóricamente hablando. Y es en este “robo” donde radica su éxito. Cuando hoy me veo enfrentado a un disco duro externo que guarda cantidad de imágenes digitalizadas, tanto mías como de otros, me siento con el derecho de utilizarlas, porque estoy ligado a ellas emocionalmente, pero es más prudente llamarlo cita. Las imágenes que utilizo, aunque sean robadas, aparecen citadas al igual que sus autores en los créditos finales.

En tu película, estas citas funcionan a diferentes niveles. Por un lado, como una suerte de espejo, y éste sería el caso de My Chilhood de Bill Douglas (1972); y por otro, como comentario “editorializante”, y pienso en el uso del audio deMemorias del subdesarrollo de Tomás Gutiérrez Alea (1968) que realizas como parte de tu impresión sobre Venezuela después de diez años viviendo en Barcelona. ¿Cómo te planteaste este diálogo entre tu mirada, tu obra y películas ajenas? Si por “editorializante” te refieres a un modo de formular un ensayo pienso que no se opone al carácter autobiográfico de la película. La forma del ensayo no conoce límites, se puede plantear de muchas maneras. En cuanto a mi modo de trabajar me considero una persona caótica y creo que todos lo somos de alguna manera, pero el caos no tiene que ver con el desorden. El caos es un sistema que no entendemos. Por esta razón nos atrae tanto y me gustaría pensar que trabajo desde el caos y para el caos. Pero no es cierto. Por muy abstracta que pueda parecer mi película hay un orden dado por el montaje que te lleva de un espacio-tiempo a otro. Comparto la apreciación de Manu Yanez en su crítica sobre la película: se tiene la sensación de que cada escena en el filme acaba en algo parecido a un salto al vacío, un acto suicida o kamikaze. Sin embargo hay algo que las une y que no es necesariamente mi comentario a modo de rótulo, es más bien un ritmo oculto que se mantiene palpitando a lo largo del montaje. Con subidas y bajadas, con momentos de humor y otros aburridos. Lo mismo que sentimos cuando viajamos y nos dejamos llevar por una experiencia diferente. La película creo que contiene esa tensión entre la fragmentación y una voluntad narrativa, como si tratara de encontrar una historia y al mismo tiempo la negara. Allí está la esencia de mi búsqueda como cineasta y la visión que tengo del mundo en cuya representación me comprometo. Me gustó mucho la idea de articular la película de esta forma, o no-forma si prefieres. Me produjo una sensación de alivio y de libertad.

Por primera vez en tu obra, vemos un comentario político aunque sea oblicuo, y se refiere a la situación actual de Venezuela, tu país natal. No quería hacer un filme político sobre Barcelona y/o sobre Venezuela, pero sí quería encontrar una posición crítica que no estuviese desvinculada de mi búsqueda estética y que mostrase las realidades que convergen entre ambas culturas y que, aunque sean muy diferentes entre ellas, forman parte de mi identidad. Las secuencias sobre Barcelona nos muestra una ciudad más pueril que racional: un museo de autómatas en Tibidabo, el parque de la Catalunya en Miniatura, el bestiario escultural-humano de las Ramblas, La Fiesta de la Interculturalidad (la que organizan los excluidos sociales y que el ciudadano mira como una atracción de feria … pero mira que bonito bailan mientras escupen fuego por la boca, qué trajes más vistosos, qué colores…). Hace años que tengo la sensación de vivir en una ciudad que parece circo eterno y que asfixia cualquier otra manifestación espontánea e incluso le niega el derecho a pasar desapercibido a quien viene de otro país.

En la película también hay una escena que habla sobre un hueco que hay en el portal de mármol de un edificio y que durante años fue tallado por los tacones de las putas que esperaban allí a sus clientes. Ese mármol y edificio han desaparecido y en su lugar se construye ahora un hotel de lujo (se ve que todavía no hay suficientes en la ciudad). Una vez más, la historia no-oficial de Barcelona, la que me gusta, desaparece ante mis ojos y lo único que calma mi impotencia es poder grabarla.

Mi otra mitad, Caracas, demuestra su ineficacia asumiendo el caos y la confusión como forma de hacer política. A los venezolanos nos gusta decir que el país es un “bochinche” y un día, un profesor en la universidad llegó a una definición no muy lógica pero que me dejó satisfecho: “Un bochinche es un orden desordenado”. Esa es nuestra esencia, nos guste o no. La pomposa revolución bolivariana del Siglo XXI, liderada por Hugo Chávez ha hecho del bochinche su principal estrategia para perpetuar el sistema corrupto de los anteriores gobernantes y que él mismo crítica. En el filme Memorias del Subdesarrollo de Tomás Gutiérrez Alea ya se anunciaba el fracaso del comunismo cubano, por esta razón quise volver a verla y aprovechar algunos fragmentos de diálogos para contrastarlos con imágenes actuales de Venezuela. Son los ecos del pasado cubano que nos hablan del presente de Venezuela.

¿En la misma línea, como comentario político, podría entenderse la inclusión de un fragmento de tu pieza No es la imagen es el objeto (2008) donde te presentas a ti mismo ingiriendo los cromos de un álbum de marcado carácter colonial? Bien, ya que en la película represento a Caracas y a Barcelona como pilares de mi identidad y en ellas hablo del carácter caótico y pueril que les caracteriza, entonces porqué no llevar a cabo mi propio ritual hacia la inmadurez. En esa escena busco un álbum de cromos titulado: “Razas, culturas y costumbres” y como un monstruo o un tirano voy tragándome los cromos que muestran a asiáticos, africanos, etc. Es una idea traviesa, pero como mencionas, tiene un marcado carácter político.

Una de las ideas centrales del filme es la de utopía, que se presenta a diferentes niveles. Por un lado, como un espacio “físico” y de ahí la secuencia de vídeos de Internet que introduces como una “comunidad”. Y, por otra parte, también en una dimensión “temporal” con la alusión a Peter Pan ¿Era esta una idea previa o fue surgiendo durante el proceso de montaje? Los creadores siempre estamos buscando utopías, aunque sepamos que estamos condenados al fracaso, pero creo que el esfuerzo no es en vano. Mi identidad venezolana y española ahora mismo no me sirven de mucho para vivir. Sencillamente porque no me siento ni español ni venezolano. ¿Entonces qué queda? Un vacío que me daba mucho miedo, pero con el que ahora me llevo mejor. Me gusta mucho grabar globos que flotan por el cielo a la deriva, se puede ver también en mi vídeo Milagro (2001). Me siento muchas veces como ellos, a la deriva y en busca de nuevas utopías, como es el caso de la Internet y como señalo en la película, Internet no es necesariamente un espacio utópico, pero nos ayuda a sentirnos en comunidad y manteniendo cierta distancia que yo creo necesaria para cualquier modelo social. Lo de Peter Pan es también para mí otro ideal utópico, es el personaje más interesante de nuestra mitología y pienso que debería ser estudiado en diferentes disciplinas. Además, es el único mito contemporáneo. El niño que se niega a crecer, a asumir el mundo de los adultos. Un inadaptado que lucha contra el determinismo. Para mí es como una figura romántica que hace frente al mundo fracasado en el que vivimos, y que no dista mucho de los movimientos libertarios. Un modelo antisistema y anticapitalista que también aporta interesantes cuestiones en torno a la sexualidad. Yo me lo tomo con seriedad, pero está claro que ni soy teórico ni filósofo, así que os podéis reír de esta idea extravagante.

(Sonrisa) No era mi intención reírme, pero quizás sí me gustaría saber hasta qué punto te sientes identificado con la figura de Peter Pan… Bueno, no me visto con mallas verdes ni asisto a convenciones de Peter Pan. Es decir, no es un personaje que me obsesiona al punto de querer asumir su identidad. Pero es curioso que las personas a las que admiro, incluso gente del cine como Iván Zulueta, Will More, Antoni Padrós o Jaime Chávarri, entre otros, han utilizado este mito en sus películas. Cuando fui consciente de ello, decidí leerme el libro, el original El pajarillo Blanco de James Mathew Barrie y me pareció una obra inteligente, humorística y crítica sobre la sociedad victoriana. Además propone unos saltos narrativos pasado-presente, ficción-realidad, muy poco comunes en aquella época. Os recomiendo encarecidamente que la leáis. Es una pena que Peter Pan haya tenido menos éxito que Alicia en el País de las Maravillas. Pienso que las dos obras son imprescindibles.

Dentro de este espacio utópico al que nos lleva el filme, el deseo y el erotismo ocupan también un lugar central. Es muy clara con la inclusión de El jardín de las delicias de El Bosco, pero también creo que se desprende de tu mirada sobre los cuerpos y, pienso en la secuencia de los tambores de Naiguatá, soberbia en su carnalidad… Me atrevo a decir que mis películas, incluso las malas, tienen un misterio seductor que desprenden un cierto erotismo. Espero no ofender a nadie, pero si no “follo” durante el montaje de mis películas, es porque algo “falla”. Quizás por eso me gusta “montar” mis películas en solitario y rara vez dejo que alguien participe. Color perro que huye es mi primera película autobiográfica y el sexo, confieso, es una obsesión en mi vida. Sin embargo, del cine me interesa más lo fantasmal que lo carnal de las imágenes. Quizás en una manera de proyectar erotismo de otra forma. No lo sé, tampoco le doy muchas vueltas. Los tambores de Naiguatá eran mis fiestas favoritas en Venezuela porque en ella se conjugaba una mezcla de ritmos, excesos, violencia, sexo y subversión que me hechizaban. Sólo que ahora la violencia prevalece sobre las otras características y ya no es ni tan seguro ni tan bonito de ver. Pero adoro los rituales paganos, como los que se pueden apreciar en el cuadro del Bosco, Adoro ese cuadro, aunque sea casi un cliché decirlo, su visión caleidoscópica del mundo, donde conviven los gestos y las posturas más subversivos de la historia del arte, lo divino y lo pagano, conciliados y en eterna armonía.

Siguiendo con esta escena que, insisto, me parece una de las más fascinantes (por la filmación de los cuerpos, el sonido, la sensación de trance y el zoom out que abruptamente contextualiza el baile en una celebración religiosa), creo que me pierdo algo… Quizás es la distancia cultural, me queda claro que es un rito sincrético, pero creo que no acabo de aprehender su verdadera dimensión… Más allá de lo que te he explicado, durante el ritual los participantes van repitiendo como un mantra la palabra “hueso, hueso, hueso…” mucha gente se decepciona cuando les explico lo que en realidad significa porque piensan que tiene que ver con algún ritual ancestral pero no quiere decir otra cosa que “polla, polla, polla…”. (risas) Eso creo que lo explica todo sobre este ritual pagano con nombre de santo.

Gracias. Creo que era allí a donde quería llegar… (Risas) Volviendo a cuestiones relativas a la componente autobiográfica del filme, me parece significativa su desviación respecto a este género cinematográfico. Es decir, bajo el impulso autobiográfico tradicionalmente ha subyacido una voluntad de fijar la identidad y entenderse a uno mismo a través de la escritura; mientras que en Color de perro que huye colisiona la idea de reconstruir un yo con la voluntad de desdibujarlo… Los seres humanos somos complejos y contradictorios, muchas veces incomprensibles y, sin embargo, intentamos que nuestra identidad sea unívoca: sólo mostramos una máscara. Pues yo tengo un baúl lleno de máscaras y si iba a hacer una película autobiográfica quería huir de las formas convencionales de autorepresentación. En el videoarte, y sobretodo en el adscrito al pensamiento feminista esto es una punta de lanza. Color perro que huye quizás sea entonces un filme donde no sólo me dejo representar como cuerpo-mujer, sino también como cuerpo-transformable, cuerpo-monstruo, cuerpo que reniega una sola identidad.

Sin embargo, tu cuerpo apenas aparece… No había pensado o reparado en esta cualidad si quieres queer, al menos si vinculamos este concepto con la corporrealidad, que podría estar presente en el filme y a la que aludes… Si ya de entrada planteo que mi disco duro es una extensión de mi cerebro, podría decir ahora que sus imágenes son fragmentos de mi cuerpo. El encuadre y los movimientos de la cámara son acciones motoras que ha generado mi cuerpo. Cada movimiento y cada gesto, esté o no delante de la cámara, vienen a formar parte de esta construcción de mi persona.

Me gustaría volver a formularte una pregunta que ya te hiciera en su día Carlos Reviriego en una excelente entrevista, ¿cuál es el valor terapéutico del filme si es que existe? Hay al menos tres imágenes-idea que nos permiten apreciar un proceso de curación: el tren como huida, el accidente como herida e incluso una irónica conciliación con el presente, puesto que ahora ya no tienes un perro, sino un gato… Como he contado en otras ocasiones esta película es producto de un accidente que tuve y que me obligó a estar inmóvil durante dos meses. Así que aproveché la ocasión para coger todas mis cintas de video y digitalizarlas en mis discos. Fue terapéutico, aunque como he dicho antes, el término no me gusta mucho. Empecé a jugar con las imágenes y a darles algún sentido, como hace el querido cineasta Jonas Mekas. Allí me reencontré con muchas personas que ya no están conmigo, y entre ellas me encontré también con las imágenes de un perro que tuve y que murió en extrañas circunstancias. Una muerte que dejó un vacío tremendo en mi vida y al que no puede darle otra explicación que la del suicidio. Estas imágenes me resultaban tan dolorosas como la del accidente cuando me rompo la pierna. Sin embargo, una vez superada esa etapa me decidí a montarlas y hacer crecer la película con estos fragmentos que apuntan hacia el titulo de la película: Color perro que huye que en catalán quiere decir “una mancha” y para mí, un estado de ánimo. Al final de la película es un gato el que me sugiere que es posible sobrevivir a los problemas y reencarnar (construir) nuevas vidas.

Entonces, siguiendo con Mekas y aunque pueda parecer ingenuo plantear esta pregunta, ¿en tu caso se rompería el silogismo según el cual filmar la vida se convierte en correlato de la vida? Es decir, una identificación total entre vida y obra que Mekas enunció, con su característico estilo romántico, de la siguiente forma: “Un paso más y renunciamos a las películas, para convertirnos nosotros mismos en películas” Yo no quisiera romper una idea tan bonita. Pero ya que hablamos con metáforas me gusta decir que cada vez que filmo soy otro. También me gusta decir que el cine es el cine y la vida son como los descartes. Al igual que Mekas, me intereso ahora más por los descartes porque parece que me acercan más a la vida y por eso quise utilizarlos en esta película.

En alguna presentación del film, has comentado que te gustaría seguir trabajando en esta línea. ¿Te refieres a seguir componiendo filmes que podrían encajar en la línea del video diario y creando por tanto un corpus autobiográfico de largo recorrido o te refieres a un “método”, a la predilección del collage como forma fílmica? El collage es la única manera que veo posible para escapar de la narrativa tradicional. Asociar ideas que produzcan nuevos significados. Yo quiero hacer películas que estén acordes a nuestros tiempos y a nuestros nuevos modos de lectura y de consumir imágenes. Generar discurso asumiendo que vivimos en un mundo de imágenes digitalizadas, interconectadas en la red como rizomas. Y que no estoy hablando del futuro sino del presente del cine.

fuente: blogsanddocs

lunes, 4 de julio de 2011

Liliana Maresca x Marcos López

Retrato de Liliana Maresca con sus obras, en su casa de la calle Estados Unidos 874, 2 piso, en San Telmo. Buenos Aires. 1984. ©marcoslópez

Escultura/objeto de Liliana Maresca, en su casa de la calle Estados Unidos 874, 2 piso, en San Telmo. Buenos Aires. 1984. ©marcoslópez

Esculturas/objetos de Liliana Maresca, en su casa de la calle Estados Unidos 874, 2 piso, en San Telmo. Buenos Aires. 1984. ©marcoslópez


Encuentro cara a cara
Exposición arte argentino actual en la Colección de Malba. Obras 1989 -2010

Miércoles 6 de julio, a las 18:30
MALBA

Un punto de inflexión en el arte argentino de los ’90: la obra de Liliana Maresca
A cargo de Adriana Lauria
A partir de las obras de Liliana Maresca recientemente incorporadas al Malba, se reflexionará acerca de su trayectoria, desde sus objetos poéticos y alquímicos a sus operativos neoconceptuales. Se completará el panorama de la escena estética desarrollada en torno del Centro Cultural Rojas analizando las obras de otros artistas vinculados de una u otra manera a Maresca, tales como Elba Bairon, Feliciano Centurión, Jorge Gumier Maier, Marcos López, Adriana Miranda, Omar Schiliro, Cristina Schiavi, Marcelo Pombo, Magdalena Jitrik, Graciela Hasper, Nicola Costantino, etc.

sábado, 2 de julio de 2011

plano haiku

Me encontré en el Facebook de Alejandra Almirón con este diálogo virtual de hace tres años que había olvidado por completo.

ALEJANDRA ALMIRON:
El Haiku es una forma poética. Está formada por tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente. Es como una descripción muy breve de una imagen. Andrés Di Tella, durante la edición de "Fotografías" me dijo: "Quiero que, cada tanto, haya un Plano-Haiku". Ese "cada tanto" era un lugar en el timeline que requiriera una respiración, un espacio para poder reflexionar sobre lo que estaba sucediendo. Pero el Plano-Haiku puede también ser una ventana caprichosa que interrumpa una narración y que tenga sentido en sí misma. "Fotografías" quedó con muchos de estos planos, todos despegados de la estructura pero al mismo tiempo complementando las secuencias. Debo confesar que agregué a mi jerga este curioso concepto de plano e intenté jugar con esto en varias películas. Pero no es sencillo pues estas imágenes no siempre funcionan orgánicamente o no gravitan y se convierten en inserts vanos. Muchos guionistas dicen que nunca hay que escribir una escena donde no pase nada con la excusa de una transición. Todo lo que se cuente tiene que servir para agregar tensión. Los Haikus de Andrés Di Tella, suponen agregar información sutil, sin que se note la racionalidad de la edición. Porque no hay nada más aburrido que ver algo con costuras muy visibles. Aburrido para ver y también para hacer.

ANDRES DI TELLA:
El peligro que siempre acechó al documental es que las imágenes sean completamente dominadas y dirigidas por el texto, que las imágenes sólo sean una especie de ilustración. La mayoría de los que hacemos documentales "cinematográficos" somos conscientes de este peligro y tratamos de que las imágenes tengan vida propia. Una expresión más sutil del mismo problema está en lo que estás diciendo, Alejandra. Es decir, que todo quede sometido ya no al texto sino al "sentido". Por eso, la necesidad que yo a veces siento de incluir en el medio del relato imágenes y/o situaciones que no tengan un sentido evidente, o en todo caso que hagan que el espectador se pregunte por el sentido, o, como vos decís, que reflexione sobre lo que caba de ver. Los famosos "agujeros negros", es decir, los bloquecitos de dos o tres segundos entre planos que a mí me gusta poner y que a vos tanto te preocupan, tienen que ver con algo parecido. Pero hay un riesgo, sería ingenuo no reconocerlo. Soy conciente de que algunos espectadores se van a perder por esos agujeros negros, lo mismo que por la ausencia de una linearidad evidente, o por la irrupción de un plano "haiku" cuya lógica sea difícil de deducir instantaneamente. El riesgo está en que en el relato cinematográfico --a diferencia del literario, por ejemplo -- se juega todo siempre en el momento. No hay tiempo para el equivalente de levantar la vista del libro. Pero si el plano haiku tiene suficiente vida o interés en sí mismo, o en su defecto, si queda una reverberancia suficiente de la secuencia anterior, ahí se puede llegar a producir algo interesante y hacer que el espectador entre en el mundo que le estamos proponiendo y sienta que el relato lo involucra de otra manera, más potente que la del simple ritmo narrativo sin pausa. No sé, para mí se trata de una alquimia difícil pero que vale la pena probar...

EMILIANO LOPEZ:
Es curioso, hubiera jurado que ese recurso había sido usado por Alejandra años antes, en "Los Rubios" (A. Carri, 2003), recuerdo que me llamaron la atención varios inserts "up tempo" en esa peli... y de hecho, cuando vi "Fotografías" pensé que Ale estaba refinando esa forma de vincular escenas, incorporando esos blackouts... sorpresa para mí de que el autor intelectual de dicho instrumento haya sido el director; evidentemente la sintonía de trabajo entre ambos es óptima. Para celebrar.

ALEJANDRA ALMIRON:
Creo recordar que en "Los Rubios", todos los delirios eran funcionales a la estructura: la idea no era salirse el timeline sino seguir adelante en ese tren japonés. En "Fotografías", estos momentos Haikus tienen lógica autónoma y un pequeño input al resto. Pero imagino que cada espectador percibe los planos con su código personal. Capaz que cuando pasa el tiempo, lo que miramos es muy diferente a lo que sucedió en la edición. Imagino que los motores calientes del montaje diario no nos dejan ver con tanto detalle. Pero está bueno ver un trabajo del pasado como si no fuéramos parte de su construcción, no?

ANDRES DI TELLA:
Lopezman: Lo genial de Miss Tijeras Locas es que HACE PROPIA toda idea que circula por su sala de montaje y que el organismo de la película que está editando no rechaza (como se dice de un organismo que rechaza un órgano injetado). Entonces ya no importa de dónde vino.
"Pero está bueno ver un trabajo del pasado como si no fuéramos parte de su construcción, no?"
Con "Fotografías" todavía me cuesta, al menos a mí. De hecho, me tienta volver a la mesa de operaciones y darle... ¡un añito más!

ALEJANDRA ALMIRON:
Guauu, qué podría pasar si "Fotografías" es retocada durante un año? Ningún producer va a querer esto, sin embargo. No nos vamos a enterar qué peli saldría.

publicado originalmente por Alejandra Almirón en equipo verde el 25 de junio de 2008.

imagen: Fotografías de Andrés Di Tella

miércoles, 29 de junio de 2011

Entrevista a Andrés Di Tella: precursor del documental autobiográfico en la Argentina

Montoneros, una historia de Andrés Di Tella (1994)

...Montoneros, una historia estuvo casi dos años en el Rojas, desde agosto de 1995 hasta fin de año y después la retomaron en marzo y siguió todo el año 1996. La daban una vez por semana y durante meses la cola daba vuelta la esquina. La gente que quedaba afuera volvía temprano la semana siguiente. El director del Rojas en esa época era Darío Lopérfido, él me invitó a pasarla ahí. Yo, la verdad, no le tenía tanta fe. La repercusión que tuvo fue realmente inesperada. Después de eso, al año siguiente, se empezó a dar en las facultades, entonces yo iba a veces a hablar con la gente. Una vez se armó una especie de acto en contra mío y de Lopérfido. Imprimieron unos volantes en contra de “Di Tella y sus difusores”. Sonaba como algo de mecánica automotriz eso de los “difusores”… Fue un acto de una agrupación que era como de Montoneros juveniles, inclusive estaba el hijo de Firmenich. Fue en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, fue muy divertido, porque se peleaban. Eso lo organizaban los radicales, que en esa época tenían las facultades. Entonces había un grupo cercano a Montoneros, que eran unos pibes, no eran Montoneros de verdad. Hicieron pintadas en las paredes y estaban a los gritos. Yo estaba tomando un café con Lopérfido afuera, y cuando llegamos para el final, me acordé de la película de Ed Wood, cuando él entra y la gente dice: “Ahí está el director...¡mátenlo!”

Leer la entrevista completa: http://revista.cinedocumental.com.ar/




martes, 28 de junio de 2011

Porque yo sola no puedo...


VALE DECIR

Porque yo sola no puedo...

En las intersecciones del Palermo profundo, donde Costa Rica se choca con Carranza y vuelve a darse de lleno contra Ravignani, conviven paquetas tiendas boutique y sus prendas de mil pesos con pizzerías esquineras “bien de barrio”, cocina armenia autodefinida como “sagrada” y bodegones de alcurnia con ravioles fritos, olivas, tortillas. Las paredes, bien dúctiles, cumplen con conejos flúo, cuerpos mutantes, collages de dandis, elefantes indios, un hombre/pulpo y frases del imaginario –léase, “La televisión no será televisada”–, todo junto y revuelto. Pero aun en ese contexto superpuesto y revisitado, una pared se distingue entre todas por su sesgo popular, político y arty: la de Costa Rica 5824.

Blanca y radiante estaba hasta que un grupo de amigos reunidos bajo el nombre colectivo de La Nueveporciento la intervino en pos de un número. O, mejor dicho, de multiplicar un número. Con el objetivo de ampliar el anémico 9 por ciento que consiguió en Palermo el Frente para la Victoria en las elecciones legislativas de 2009 y, a la vez, impulsar la reelección de Cristina Fernández de Kirchner, la troupe hizo un mural. Un mural cristinista, con una peculiaridad: lejos del dibujo, la imagen o el ícono, el objeto de diseño está íntegramente conformado por frases dichas por la Presidenta o que aluden claramente a ella.

“Quisimos destacar su fuerte, que es la calidad y capacidad comunicativa. Y trabajamos desde el afecto. Porque hay una corriente de identificación que genera compromiso; el compromiso genera esfuerzo; el esfuerzo genera militancia y la militancia hace que ganes una elección”, explica el alma máter detrás de la idea, Sebastián Soler, abogado especialista en derecho financiero, bienhechor del teatro independiente capitalino y autor del blog tommybarban.blogspot.com.

Fue él quien cedió la fachada de su casa, pidió trabajar con los colores de la bandera y, en grupo, definió las diez frases que repite la pieza de diseño amuralada. En conjunto con las artistas Silvia Gurfein y Silvana Lacarra, la escritora Cecilia Szperling, el cineasta Andrés Di Tella, la diseñadora Mishal Katz, la coreógrafa Silvia Giusto, la directora teatral Vivi Tellas, Mariana León, Sebastián Fernández y Fabia Capriotti, las citas elegidas fueron: “Cris pasión”, “La chica que nos gusta”, “El”, “Octubre es mañana”, “No se hagan los rulos”, “Todas y todos”, “Porque yo sola no puedo” (una favorita), “No da lo mismo”, “Por favor los de la corneta” y “Una Argentina donde nos reconozcamos los unos con los otros”.

En tres tamaños, tres tipografías y versionados con azules, celestes y amarillos, el trabajo se hizo en esténcil, la modalidad política por excelencia. “Elegimos este look para el mural porque, aun si es agredido, la agresión dialoga con la obra. Y, con el tiempo, puede taparse con otra superposición de frases”, define el rosarino que estudió Derecho en Harvard, donde coincidió en la estudiantina con Barack Obama.

“La consigna era que el mural fuese bello –explica Gurfein, artista a cargo del diseño–. Entonces adoptamos lo discursivo y la palabra como objeto bello en una suerte de palimpsesto, de escritura sobre escritura, para generar una doble versión visual. Porque uno puede ver la trama de color pero, al mismo tiempo, si presta atención, hay un mensaje. El ojo tiene que hacer un ajuste para detenerse en los puntos específicos.”

Con un mes de “vida” (el mural fue pintado el patriótico 25 de mayo, aunque la idea haya nacido el 27 de octubre pasado, cuando Soler fue a despedir a Néstor Kirchner a Plaza de Mayo), la pared cristinista no sólo no ha sufrido atentados, sino que ha cumplido parte de su fin: interpelar al barrio, seducirlo sin provocarlo. “Instalamos una imagen fuerte y las respuestas han sido favorables. La señora de la fábrica de pastas de la cuadra, por ejemplo, ¡me dijo que estaba chocha!”, cuenta el a.k.a. Tommy Barban.

Para colmo de bienes, un tour graffitero organizado por ingleses para turistas ha tomado el mural como parada obligada de su ruta y, una tarde de fin de semana, Juan Pablo Schiavi –secretario de Transporte de la Nación– frenó frente al mural, felicitó a sus creadores y le sacó una foto que –inmediatamente– envió a Julio De Vido, “que estaba partiendo a México con la Presidenta”, relata el abogado. Y agrega: “Nos preguntó: ‘¿Cómo? ¿Cristina no sabe de esto?’”.

Mientras toma nota de nuevas frases para seguir ampliando la obra (“un work in progress que no es infinito, pero casi”, define Gurfein) y ofrece estencilear paredes de vecinos interesados, La Nueveporciento ya programa nuevas actividades. Como la invitación de la gente de Nuevo Encuentro de Palermo, que abre local el domingo 3 y le ha pedido reproducir la experiencia en la sede. O la inauguración oficial del mural, “una fiesta abierta el sábado 16, entre la primera y segunda vuelta de la Ciudad, donde esperamos que venga toda la gente que quiera”, en palabras de Soler. “Una de las virtudes de la época es que te obliga a tomar partido y dar testimonio”, asegura el hombre de leyes y teatro que, entre amigos, ha dado el suyo entre colores y frases ineludibles.


Publicado en Radar


sábado, 25 de junio de 2011

Jean-Luc te ha confirmado como amigo

facebook
Hola, Andrés:
Jean-Luc te ha confirmado como amigo en Facebook.

La felicidad de crear


Aniversario / Arte del siglo XX

La felicidad de crear

A cincuenta años de la fundación del Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales del Instituto Di Tella, un festival recupera la música de esa época y reúne nuevamente a los becarios y profesores

Viernes 10 de junio de 2011 | Publicado en edición impresa
La felicidad de crear
Gerardo Gandini, César Bolaños, Alejandro Núñez Allauca y Pedro Caryevschi durante la ejecución de la obra Objetos (1969). / GENTILEZA MARÍA DE VON REICHENBACHVer más fotos

Por Pablo Gianera
Para LA NACION

Disimulado en la media luz que deja la rutilante incandescencia del Di Tella, se esconde uno de los capítulos decisivos de la música argentina del siglo XX. El Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales (CLAEM) del Instituto Di Tella inició sus actividades hacia fines de 1961, luego de un largo proceso que incluyó la visita a Buenos Aires del director asistente de la sección humanidades de la Fundación Rockefeller para conocer la vida musical argentina. Se le ofreció a Alberto Ginastera encargarse de un centro de perfeccionamiento para compositores, y él, que era un hombre de acción, asumió el proyecto y lo integró en el Di Tella.

Durante los diez años que duró, el CLAEM formó alrededor de 50 jóvenes compositores de Argentina y América latina, becados para estudiar las más avanzadas técnicas musicales. El CLAEM se articuló sobre la base de una mezcla inusitada hasta entonces de pedagogía y experimentación, aunque sus principios estaban en línea con los postulados generales del Di Tella, que era a su vez el reflejo de un momento histórico. Como señala Andrea Giunta en su estudio Vanguardia, internacionalismo y política , "el proyecto de la vanguardia artística de los años sesenta debe entenderse en el marco del intenso proceso de modernización cultural que caracterizó el momento desarrollista. Un país que expandía tan intensamente su economía debía también transformarse y desarrollarse en el terreno de la cultura". Podrían discutirse los límites de esta idea ampliada de la vanguardia, pero no la voluntad de actualización y los cambios que produjo en el campo musical argentino.

El alcance de esos cambios podrá evaluarse retrospectivamente cuando empiece "La música en el Di Tella. Resonancias de la modernidad", el festival internacional que organizó la Dirección Nacional de Artes de la Secretaría de Cultura de la Nación para conmemorar los cincuenta años de la fundación del CLAEM. Las actividades se iniciarán el viernes 17 y terminarán el 24, en los dos casos con conciertos de la Sinfónica Nacional dirigidos por Alejo Pérez, con obras de los becarios, cuya música de cámara podrá escucharse también en el auditorio del Centro Cultural Borges, con dirección de Marcelo Delgado. En el Borges, habrá también conferencias, seminarios, una exposición iconográfica y audiovisual, homenajes a Ginastera y a los ex profesores, y el estreno de la obra ganadora del Concurso para Jóvenes Compositores "50 años del CLAEM".

La audición de las obras de los becarios -cuya programación corrió por cuenta de Gerardo Gandini y Eduardo Kusnir, que es además director del Festival- será sin duda una revelación tanto para quienes asistan como para los propios compositores. En muchos casos, esas obras no volvieron a escucharse desde los conciertos organizados en el Di Tella, en los que intervenían profesores y alumnos y cuyos programas tenían el diseño, tan hermoso y tan de época, ahora casi vintage , de Juan Carlos Distéfano. Incidentalmente, esos conciertos estuvieron en el origen de una de las críticas musicales más singulares que se han escrito en el país. Al comentar un concierto de becarios, Jorge D'Urbano escribió en el diario El Mundo una crítica titulada, onomatopéyicamente, "Lilipirorororo, Piiii, Toc". El final del texto era aun más singular: "Y como todos se sirven de lenguajes nuevos, yo emplearé mi nueva crítica para comentar sus creaciones. Es mi derecho, tal como es el de ellos el de hacer oír el resultado de sus necesidades estéticas y expresivas. Lo que sigue, pues, está especialmente pensado para ellos. Lero)erleroleropipipipitononequequeque. Lilipirororeororó neulito be califela, Píiiiiiiiiiii, píiiiiiii, píííííííí, toc". D'Urbano completa así un largo párrafo, y concluye: "¿Estamos?". Más allá de la aparente incomprensión del crítico y de su irritación contenida, D'Urbano toca un punto cierto. Ya antes, al principio de su texto antológico, había advertido el desajuste entre el instrumental crítico tradicional -útil para escribir sobre Beethoven o sobre Brahms- y el que demandaba la nueva música. Aun con su costado burlón, la crítica no se desentiende de la novedad y participa, a su modo, de la misma libertad que seguramente propiciaba el Di Tella.

La sensación general, confirmada por los becarios, era que todo podía ser hecho, y, en verdad, casi todo estaba por hacerse. El CLAEM propuso una actualización en todos los frentes. Ginastera, Gandini, Francisco Kröpfl, Raquel Cassinelli de Arias, Pola Suárez Urtubey y Enrique Belloc eran los docente locales que enseñaban, entre otros temas, las estructuras contemporáneas de la composición, la textura musical en el siglo XX, el conocimiento de los instrumentos electroacústicos, las técnicas experimentales de composición, los nuevos principios de orquestación, además de haber formado un grupo de improvisación colectiva. La clave era aquí que los profesores no se limitaban a dictar sus cursos; en su condición de compositores, eran además protagonistas locales de esos problemas y tenían posiciones propias frente a ellos. Por el lado internacional, se invitó, en estricta sincronía con las corrientes más avanzadas de la composición y el pensamiento musical, a compositores y teóricos a dictar cursos destinados a los becarios y, en ciertas ocasiones, abiertos al público general. El censo de los invitados resulta ahora sorprendente: Olivier Messiaen (vino con su mujer, la pianista Yvonne Loriod), Iannis Xenakis (disertó sobre la música estocástica), Earle Brown, Luigi Nono, Bruno Maderna (abordó el tema de la fonología experimental), Luigi Dallapiccola, Umberto Eco (además de intervenir en una mesa redonda, participó como flautista en la especie de jam session), Riccardo Malipiero, Aaron Copland, H. H. Stuckenschmidt, Luis de Pablo y Mario Davidovsky.

Aunque Ginastera nunca se había sentido particularmente inclinado a la música electrónica, comprendió su necesidad histórica y apoyó resueltamente la creación de un Laboratorio de Música Electrónica. Dirigido primero por Héctor Bozzarello, el laboratorio se convirtió en una de las áreas más activas y avanzadas del CLAEM con la llegada de Gabriel Brncic y, especialmente, de Fernando von Reichenbach, hacia 1966, y de Kröpfl después. Allí Von Reichenbach inventó el Convertidor Gráfico Analógico, al que llamaban familiarmente "Catalina", que permitía la conversión de dibujos en voltajes. Con ese equipo, se compuso, entre otras obras, La panadería, de Kusnir. El laboratorio, admirado por los visitantes de América y Europa, fue además el punto que permitió una articulación con otros centros del Di Tella, sobre todo, con el de Experimentación Audiovisual.

Los tiempos ya no son los mismos, del mismo modo que tampoco fueron los mismos los becarios y los profesores luego de la experiencia del Di Tella. Es posible que ellos tampoco sean ya los mismos que fueron cuando dejaron el CLAEM. Pero, en cualquier caso, la música argentina vive todavía también un poco de esa herencia.

Ficha. El Festival Internacional "La Música en el Di Tella. Resonancias de la modernidad" se realizará del 17 al 24 de junio. La programación está disponible en el sitio :www.lamusicaenelditella.cultura.gob.ar


miércoles, 22 de junio de 2011

Libro marcado


LIBRO MARCADO
DIANA BELLESSI - EDUARDO STUPIA
Idea y presentación: Cecilia Szperling
hoy miércoles 22 de junio 19hs
MALBA

Hacer clic en el flyer para leer.

toma única

2011- Iaia et Leni (Curta Metragem) from Processo MultiArtes on Vimeo.

‎Iaia et Leni de Eugenia Castello, realizado durante el Taller de Toma Única del Festival Curta 8 de Curitiba, 2010. - Mejor Film y Mejor Actuación Jurado Oficial Toma Única. Jurado: Andrés Di Tella, Rubens Machado Jr., Carlosmagno Rodrígues. (Film super 8 realizado en "toma única", es decir, montado en cámara, sin edición posterior).





jueves, 9 de junio de 2011

El documentalista argentino Andrés Di Tella, en Cines del Sur













Andrés Di Tella (centro), con Isaki Lacuesta y Mirito Torreiro.

El director de 'Montoneros, una historia', sobre la guerrilla de su país, protagoniza una de las retrospectivas y una publicación del festival.

INÉS GALLASTEGUI | GRANADA.
La Filmoteca de Andalucía fue ayer el escenario de la presentación del libro 'Inventario de regresos. El cine documental de Andrés Di Tella', a cargo del periodista y programador del festival, Mirito Torreiro, y del cineasta catalán y miembro del jurado Isaki Lacuesta. Después, el propio protagonista, al que Cines del Sur dedica este año una de sus secciones retrospectivas, presentó la proyección de la película 'Fotografías', dedicada a su madre, una psicóloga de origen indio cuya historia le ayuda a encontrar su propia identidad oculta.
Firman el libro importantes figuras del ensayo y la crítica cinematográfica y especialistas en la obra del cineasta, como César Maranghello, Jorge Ruffinelli, Antonio Weinrichter y el propio Torreiro, coordinador de la publicación. Este destacó que Cines del Sur «nunca ha hecho distinción entre cine de ficción y cine documental», y se ha dedicado a programar cine «importante», independientemente de su género. Di Tella, aseguró, es «uno de los grandes talentos del documental latinoamericano» y un innovador en aspectos formales y temáticos.
Por su parte, Isaki Lacuesta resaltó que Di Tella no es solo un gran documentalista, sino también «un investigador y un divulgador» que reflexiona sobre su trabajo. De hecho, subrayó, sus filmes «cuentan muy bien cómo se han hecho». «Cada vez admiro más sus películas -dijo-. Algunas son más políticas o históricas y otras más autobiográficas, pero todas tratan de lo mismo: de emociones humanas».

Próximo trabajo
El título del libro editado por el festival, 'Inventario de regresos', se inspira en una frase del próximo filme del cineasta, 'Hachazos', que se estrenará este verano: «La vida de todo artista no es más que el inventario de sus intentos de volver a casa». Sin embargo, Andrés Di Tella decidió suprimir ese pasaje de la película, sobre cuyo argumento también ha escrito su primer libro.
En ese sentido, el director de 'La televisión y yo' reconoció ser «un escritor frustrado» y aseguró que «la literatura es superior al cine». «El cine es un arte más fácil, más rápido, pero la literatura va por delante, lleva muchos siglos de ventaja».
Sobre 'Fotografías', resaltó que ha intentado que el contenido autobiográfico de la película «dispare las emociones del espectador». «El personaje de mi madre es la punta del iceberg. Hice un ejercicio de quitar elementos en la escritura y en la filmación para que el espectador tenga que imaginar el inmenso bloque de hielo que hay debajo del personaje y lo haga con sus propias emociones, con sus propios recuerdos, con su propia madre», señaló.
Di Tella irrumpió en el mundo del documental con 'Montoneros, una historia' (1995), que abordaba la violencia que vivió la sociedad argentina entre los años sesenta y los primeros años ochenta.
Sus trabajos se están proyectando desde el pasado sábado, pero los espectadores aún tienen la oportunidad de seguir viendo algunos de ellos hasta el viernes, en la Filmoteca de Andalucía. Las entradas cuestan 4 euros.

www.ideal.es


martes, 7 de junio de 2011

"Siempre estoy buscando algo que ya pasó"


Documentales como 'El país del diablo', 'Fotografías' o 'Prohibido' retratan la personalidad de un cineasta cuyas películas suelen adquirir la forma del viaje.

M. DE LA CORTE / GRANADA

Hay algo de Ulises en Andrés Di Tella. Quien tenga la oportunidad de ver algunos de sus documentales en la retrospectiva que Cines del Sur le dedica verá que de alguna forma su cine termina siendo siempre un viaje. Ocurre en la vuelta al pasado que realiza en Montoneros, una historia (1994), donde refleja de forma magistral los años violentos que sacudieron Argentina; o en Fotografías (2007), donde busca en India sus propios orígenes. El libro Inventario de regresos, que se presenta hoy en el Festival, recorre la trayectoria de una de las voces más interesantes del documental contemporáneo: "Para mí fue una sorpresa y un gran honor estar en este festival pequeño pero de tanta calidad y rigor".

-¿Es cierto que escribió siendo un niño un cuento sobre la Odisea y que considera aquello una especie de premonición?

-Es gracioso. La verdad es que ha sido bastante premonitorio. Desde pequeño, por mi familia, hemos vivido en Londres, Estados Unidos... y viajado a India, de donde era mi madre. Es increíble porque a la vez mis películas suelen tomar la forma del viaje. Me sale instintivamente. Muchas veces son búsquedas y la búsqueda toma la forma cinematográfica del viaje. Me resulta interesante que aquí hayan publicado este libro, Inventario de regresos, que me ha hecho pensar que, efectivamente, muchas de mis películas son eso: volver sobre los trazos de alguien o volver a algún sitio hasta alguien o mis antecesores.

-Lo hizo en 'Fotografías', donde usted buscó su propia identidad.

-Comencé rastreando el pasado de mi madre, que nació en India, un hecho bastante inusual en Argentina. Además, mi madre, como suele pasar con los que emigran, cortan de alguna manera el vínculo con su patria de origen y no suelen transmitir a los hijos muchos de su cultura. Pasó en mi caso. Yo no sabía nada de India hasta que ella murió y fue la motivación para viajar con mi propia familia, mi mujer y mi hijo, para indagar en ese pasado un poco enigmático de mi madre y al mismo tiempo una parte de mi propia identidad.

-Y en esa particular Odisea cinematográfica, ¿qué clase de monstruos o dioses ha encontrado por el camino?

-Es un poco paradójico pero parte de lo que me gusta de esas búsquedas que emprendo es desviarme y quizás, como le pasaba a Ulises, terminar en una isla donde no pensaba recalar y encontrarme con monstruos cuya existencia ni siquiera conocía. Trato de estar abierto a lo que voy encontrando y en el caso de 'Fotografías', si bien se trataba de indagar en el pasado de mi madre, en el camino me encontré la historia inesperada de otro hindú de Argentina, Rama, hijo adoptivo de Ricardo Güiraldes, que es el autor de 'Don Segundo Sombra', una novela clásica donde inventa el mito del gaucho, que es parte clave de la identidad argentina. Güiraldes fue en realidad un viajero que se inspiró en un maestro hindú para crear este personaje del gaucho.

-Usted también se convierte en personaje de sus propias películas...

-Aparezco en mis últimas películas como narrador y casi como personaje, que es un vehículo para que el espectador pueda compartir este viaje conmigo. Hay algo de mi propia realidad, de lo que va sucediendo, pero también de ficción, de construcción, de armar una historia.

-¿Se desvanecen entonces los límites entre ficción y realidad?

-Trato de respetar el pacto con el espectador: ésta es una historia verdadera, todas mis películas lo son, pero en la forma hay ciertos elementos de ficción o de recreación que tiene que ver con contar una historia de la mejor manera posible para que el espectador viaje con el personaje y haga sus propios descubrimientos y encuentre sus propias emociones.

-¿Es de los que van siempre con la cámara a cuestas por lo que pueda pasar?

-Ahora justo la tengo porque voy a filmar una cosa en Madrid pero filmo sólo cuando hago una película si no no. Lo que sí llevo siempre es mi cuaderno de notas.
-¿Conserva entonces algo de su pasado periodístico?

-Eso fue hace mucho y la verdad es que me he alejado un poco del periodismo. No busco la noticia, lo que siempre estoy buscando es algo que ya pasó o que está en algún rincón invisible.

-¿Recuerda qué películas le marcaron de niño?

-Siempre he visto mucho cine de pequeño. Ahora justo tengo un hijo que tiene 13 años y estoy intentando mostrarle algunas películas que yo vi a su edad como 'El niño salvaje', de Truffaut, o 'El espejo', de Tarkovsky, que se me quedó bastante en la memoria. Películas sobre recuerdos de infancia. Pero más que el cine me ha influido la literatura. Siento más afinidad con toda la literatura del ensayo autobiográfico. El hindú Naipaul, por ejemplo, ha sido para mí una influencia más fuerte que cualquier cineasta.

-Con 'Hachazos', su último trabajo, podría decirse que inaugura una nueva forma de hacer cine.

-'Hachazos' es tres cosas a la vez: una performance con proyección, un libro -que saldrá a la luz en agosto- y también un filme. Tres cosas con el mismo nombre. Es la misma historia de un hombre, Claudio Caldini, que fue un cineasta muy underground en Argentina en los años 70 y 80 y luego ha tenido una vida muy azarosa... Después de muchos años ha vuelto a hacer cine.

-Es mucho más que una película...

-Una película puede ser muchas cosas porque uno está mucho tiempo haciéndola. Dos, tres años, es mucho tiempo invertido. Se busca la salida a los distintos intereses. Piense que uno puede meter en un libro lo que no se puede en una película.

-¿Qué necesita Andrés Di Tella para rodar?

-No demasiado porque suelo trabajar con equipos muy pequeños. Es cuestión de tener el tiempo. Lo que más necesito es tiempo para investigar, para ir filmando de a poquito y también, aunque suene extraño, tiempo para entender lo que he filmado.

-¿Para ver si el resultado es el que esperaba?

-Sí, en el proceso del montaje. A veces uno descubre cosas que no esperaba y no es fácil abandonar las ideas originales. Otras me doy cuenta de que no tengo claro qué historia estoy contando y es después de revisarla cuando lo veo.

www.granadahoy.com

viernes, 3 de junio de 2011

Hachazos en el Teatro Argentino de La Plata






Hachazos
Claudio Caldini y Andrés Di Tella
performance/proyección en formatos múltiples
Teatro Argentino de La Plata, miércoles 1 de junio 2011

fotografías: Paola Buontempo

jueves, 2 de junio de 2011

Retrospectiva de Andrés Di Tella



Retrospectiva de Andrés Di Tella.
Cines del Sur. Granada. Del 4 al 10 de junio.


Inventario de regresos


Inventario de regresos. El cine documental de Andrés Di Tella.
César Maranghello, Jorge Ruffinelli, Antonio Weinrichter y Casimiro Torreiro (ed.)

La trayectoria que el documentalista argentino Andrés Di Tella ha desarrollado desde su primer largometraje, en 1995, hasta hoy mismo aparece marcada tanto por un deseo de vincular sus filmes con las más innovadoras tendencias del documental internacional contemporáneo, como por una invencible disposición hacia lo autobiográfico, que se concreta en por lo menos tres de sus seis largometrajes dirigidos hasta la fecha. Los artículos de este libro, el primero que sobre su obra se publica en España, repasan tanto su conexión con lo internacional como con la producción argentina, y desde las preocupaciones por la historia reciente y lo colectivo hasta su ya comentada inclinación por el documental performativo. Asimismo, la voz de Di Tella queda plasmada en una amplia entrevista, en la que repasa los aspectos fundamentales de una vida apasionante, hecha de compromiso artístico, pero también ético y ciudadano, y marcada por una formación cosmopolita e internacional. Completa el volumen una serie de materiales firmados por el propio director, entre lo personal (sus diálogos con su hijo Rocco) y lo programático, como se expresa en el fundamental texto “El documental y yo”.


Retrospectiva de Andrés Di Tella


Cines del Sur. Granada. Del 4 al 10 de junio 2011.
Retrospectiva de Andrés Di Tella

Desde que irrumpiera en el casi siempre apasionante mundo del documental argentino con un film que, como Montoneros, una historia (1995), abordaba frontalmente el universo de la violencia que vivió la sociedad argentina entre los años sesenta y los primeros años ochenta, Andrés Di Tella ha venido tejiendo de manera ejemplar un intenso tapiz en el que lo personal (la memoria familiar, el peso de la paternidad, representada por dos padres que son –y han sido– notorios intelectuales, su carácter mestizo de blanco e indio) se entrecruza con lo colectivo, pero con la mirada siempre enfocada hacia unos márgenes poblados de individualidades a menudo incómodas para la historiografía, la tradición literaria o incluso el funcionamiento de lo social.

Así, en poco más de veinte años de una intensa carrera que comenzó en el cortometraje documental –pero que ha incluido también las performances artísticas, la docencia y hasta la reflexión teórica–, Di Tella ha terminado erigiéndose como una de las voces más interesantes del cine de no ficción, no ya en su país natal, sino incluso en el cambiante mundo del documental contemporáneo. Su mirada se ha detenido sobre escritores situados en posiciones incómodas respecto a la tradición constituida (Macedonio Fernández, Ricardo Güiraldes), sobre industriales que alguna vez soñaron con impulsar una Argentina dinámica y autosuficiente en lo que a su parque industrial se refiere (Jaime Yankelevich, su propio abuelo –el ingeniero Torcuato Di Tella padre– en Fotografías), sobre su madre, Kamala Apparao, una psicóloga de origen hindú formada en la universidad anglosajona y una de las dinamizadoras, en el Londres de los años sesenta y setenta, de la antipsiquiatría (también en Fotografías); sobre un cineasta tan inclasificable (e incómodo) como Claudio Caldini, el más reputado pero también desconocido underground del cine argentino de los setenta (en Hachazos, el film en el que actualmente trabaja, que justamente por su carácter de inconcluso work in progress no podremos ver en Granada).

Pero también sobre los rastros, tan tenues, dejados por los argentinos autóctonos, los indios exterminados por el ejército argentino en el siglo XIX (en El país del diablo); sobre la censura y la represión padecidas por la sociedad argentina entre los setenta y los ochenta (en Prohibido), sobre la manipulación de materiales televisivos que desvela una manipulación informativa mucho más peligrosa (como en el apasionante cortometraje Reconstruyen crimen de la modelo, uno de sus primeros trabajos). Así, el Festival de Granada Cines del Sur –para el cual las distinciones entre documental y ficción son meras categorías comerciales– propone a sus espectadores recorrer, de la mano de un notable documentalista, esos desconocidos resquicios en lo que lo privado ilumina ejemplarmente algunos de los aspectos menos conocidos de eso que damos en llamar el funcionamiento de una sociedad.

www.cinesdelsur.com/