domingo, 5 de diciembre de 2010

Ciudades paralelas (3)



Será paradójico pero cuando se habla de documentales se pone en juego con mucha precisión el concepto de ficción. Anoche hablamos con Stefan Kaegi de su obra Mirador, presentada en el marco del festival Ciudades paralelas, a priori una muestra ejemplar de teatro documental. Un grupo reducido de espectadores, de no más de diez personas, se introduce en un edificio de la calle Talcahuano (casualmente, se comenta, donde tiene su estudio Beatriz Sarlo). En el palier, los recibe un ciego, que hace pasar a cada uno por una puertita al diminuto patio interno del edificio. El ciego saluda, con un apretón de manos o un beso. Esta proximidad física (me entero después) sirve para que el ciego tenga una percepción de quiénes lo rodean, si son hombres o mujeres, altos o petisos, jóvenes o viejos, etc. Los “espectadores” –inevitable poner comillas en este tipo de obras, que son más experiencias de lo teatral que obras de teatro- se sientan alrededor de una mesita instalada en el patio, en realidad un estrecho pozo de aire y luz de paredes altas y negras, bastante deprimente.

Cristian, el ciego, se presenta. Procede a ofrecer a cada uno un vaso de agua, munido de una chicharra que le advierte cuando el vaso se llena. El gadget ayuda a “romper el hielo”. Los espectadores “videntes”, como es natural, se sienten un poco incómodos delante del ciego. La sencilla circunstancia de que él no los puede ver mientras habla enrarece el diálogo, en verdad, más bien un monólogo por parte de Cristian, que cuenta su vida, sus recuerdos muy precisos de cómo fue perdiendo la vista. Cristian habla con bastante naturalidad, pero se nota algo impostado en esa naturalidad. El espectador atribuye la impostación tal vez al hecho de que se trata de un “actor natural”, como dicen en España, es decir, un no-actor. La “mala actuación” es parte de lo que la hace verosímil. En ningún momento sospecha de que detrás hay un libreto, una letra aprendida. El mismo hecho de que se trata de un ciego pareciera ser la prueba de realidad que impide sospechar de la existencia de un guión.

Pero el guión existe. Es decir, existe, en todo caso, una versión editada de la historia de Cristian, elaborada y ensayada, con suma inteligencia y discreción, por el dramaturgo Stefan Kaegi. La segunda parte de la obra consiste en el ascenso en ascensor, de a tres espectadores por viaje, hasta la terraza del edificio. Los primeros suben con Cristian y les toca en el ascensor un momento privado, en el que se produce un intercambio fuera de todo posible guión, ya que es como un tiempo muerto, de transición, en el que no participan los demás espectadores. Por supuesto, según confesó anoche el dramaturgo, ese momento no sólo está “en el guión” sino que fue uno de los plot points más difíciles de resolver. El truco consistía, justamente, en tratar de convencer al espectador de que todo sucedía sin dramaturgia, sin plan deliberado de manipular sus emociones.

El final de Mirador –insidiosamente guionado, como una obra clásica clandestina- trascurre sin muchas palabras en la terraza del edificio, o mejor dicho, un tramo más arriba, al pie del tanque de agua. Hay que superar cierta sensación de vértigo al subir la escalinata. Se trata, efectivamente, de una especie de mirador, con una vista panorámica increíble del centro de la ciudad: el obelisco, las cúpulas, las ventanas iluminadas. A los espectadores se les escapan los inevitables “¡uau!” y “¡mirá!”, delante del ciego, con su cuota de crueldad involuntaria. Cristian, que es músico, integrante de la orquesta municipal de ciegos, canta alguna canción. Al terminar se produce un silencio cargado de extraña emoción. Es una noche bastante ventosa. Cada uno siente el viento en la cara, escucha un instante los sonidos de la ciudad de los que habló Cristian y piensa, tal vez, en lo que no se atreve a decir. En ese momento el espectador cae en la cuenta de que el protagonista de la obra no ha sido Cristian, el ciego, sino él mismo. Y que un autor, Stefan Kaegi, ha pensado, también, su papel.

-Andrés Di Tella

video: Andrés Di Tella


7 comentarios:

Piedranegra dijo...

Ayer fui y coincido en muchas de las apreciaciones. Comento unos cuantos higlights. 1-Cuando le tocamos la puerta, Cristian empezó a pasar su mano por el vidrio para llegar al picaporte y una espectadora no pudo contener sus ganas de abrirle la puerta. Los primeros que entraron no supieron ni como saludarlo.
2-Mientras contaba su historia una pareja de alemanes le traducía a su hijo el relato simultaneamente.
3-Subí con él en el ascensor. Dijo: "manejo yo". Le pregunté si me dejaba sacar fotos. Me preguntó que hacía. Cuando llegamos arriba, mientras subían los demás, Cristian se la pasó encendiendo la luz cada vez que cortaba.
4-Ya desde el tanque de agua, Cristian comentó dónde estaba el hotel majetic pero yo no lo ví.

Lucio dijo...

se repetirá esto?

martin B dijo...

No vi la obra pero igual está muy bueno el post

martin B dijo...

en todo documental hay guión, o no? Solo que a veces se disimula mejor y a veces peor.

Maria Rosa Andreotti dijo...

Buenas tus apreciaciones, Andrés. Fui anoche y tuve una experiencia muy inusual como espectadora. Cristian, ciego, nos dirigía, guiaba en la oscuridad de esa terraza que parecía su reino. Nos sentíamos 'vistos' por Cristian cuando nos hablaba dirigiendo la mirada. Su rol en comando lo llevaba a apretar el botón de la luz del pasillo cada vez que se apagaba, porque oía el sutil ruidito del corte en el que yo no reparaba. Al igual que otras obras que ví como Biblioteca y Hotel, disfruté mucho de esta intensa participación perceptiva y corporal que nos propusieron los autores y 'actores' de estas piezas de teatro documental cuya ficción describes tan bien.

Ale R. dijo...

Tenes razon, los protagonistas eramos nosotros. guionados".
Cuando subí con el grupo que me tocó, en la previa en el pulmón de manzana, durante el mónologo, me tocó un señor "muy participativo" que a cada invitación de Cristian para que uno le contestara esas pequeñas preguntas casi retóricas que hacia, como parte de la "conversacion" teatralizada,el sr en cuestión no solo le respondia "de más" sino que le volvia a repeguntar para despacharse él con alguna anécdota de la infancia ( sobre todo cuando el ciego comentaba cómo remontaba barriletes de pequeño). Esas interrupciones hacian evidente el guión, y el desvió imprevisto del mismo, y también la cancha actoral de Cristian para rencausarlo y ser él el que nos dirigiera a esa cúpide de tanguitos y panoramica cupular de la ciudad.
saludos.
No te vi ayer en Proa.
( decir "no te ví", después de este post, puede parecer grosero. Pero no pienso reescribir.)
salutes
el performer de los coments

Fotografías dijo...

Creo que se podrían decir más cosas de las que llegué a deicr, de hecho hubiera querido decir otras cosas (los posts a veces parecen escribirse sólos, por la misma rapidez con que se escriben, las palabras y las frases van imponiendo su propia lógica). Una es que las obras de Ciudades paralelas que vi tenían todas un efecto de enrarecimiento del lugar del espectador, al convertirlo simultáneamente en una especie de actor o protagonista. Al sacar al teatro del escenario no es que se convierte en "teatro callejero" o algo asi sino que uno se ve obligado a preguntar "¿y dónde está el teatro?" Dónde se produce "el teatro"? cuáles son los elementos que constituyen el teatro? etc.

Por otro lado, me hizo pensar en el asunto del "control". Una de las diferencias entre ficción y documental, al menos en el cine, sería el grado de control que se pretende ejercer sobre la realidad. Y me quedé pensando en qué medida el artista -el dramaturgo, el cineasta- pretende ejercer un control sobre el espectador.

da para otro post, quizá...