lunes, 28 de septiembre de 2009

Diario de Bogotá 3

Viernes

Anoche fuimos a cenar con Luis Ospina y su novia a la Zona Rosa de Bogotá que, todo hay que decirlo, no cumplió en absoluto las expectativas que despertaba su nombre. También fue de la partida Yibrán Asuad, ultrasimpático programador del festival de cine de Ciudad de México, que me regaló una botellita de mescal, con gusanito y todo. Después, Ospina nos invitó a unos tragos en su casa, auténtico Museo Ospina, llena de maravillosos objetos kitsch (como muestra vale un botón: ver el inodoro de arriba). Ospina, en Colombia, es una especie de prócer viviente y, por cierto, se trata de uno de los cineastas más originales de América Latina. Agarrando pueblo, su mediometraje de 1977, ha cobrado con el tiempo dimensión de clásico alternativo del documental latinoamericano. Un grupo de documentalistas sale por las calles de Cali para registrar la miseria, enlatarla y mandarla a la televisión alemana, sin el menor escrúpulo. Cualquier semejanza, etc… Una burla feroz del “cine comprometido” de los 70, hecha en el mismo momento en que esa moneda tenía plena vigencia, le costó años de ostracismo en el gulag de los políticamente incorrectos.

A diferencia de aquellas películas, como La hora de los hornos, que se han convertido en piezas de museo y que despiertan una sonrisa nostálgica por su mezcla de demagogia y maniqueísmo publicitario, Agarrando pueblo no ha envejecido nada. Todo lo contrario. Aparece como una película de su tiempo, sí, pero como si fuera cine del futuro, imaginando ayer lo que podremos llegar a pensar mañana. Yo confieso haberla descubierto hace poco. María Luis Ortega, una de las máximas autoridades de lengua hispana en cine documental, fue la que me avisó de su existencia. Me contó que siempre empieza sus clases con Agarrando pueblo, por su capacidad para hacer reflexionar a los alumnos sobre lo que puede haber -de manipulación y de equívoco- detrás de las presuntas buenas intenciones del documental. Parece que los alumnos muchas veces se indignan. La película de Ospina sigue exhibiendo la misma irreverencia y ejerciendo la misma provocación que tanto incomodó en aquella época de bellas banderas y mentiras piadosas.

Pero Ospina es mucho más que un cineasta. Entre otras (muchas) cosas, fue uno de los responsables de haber rescatado vida y obra de su amigo Andrés Caicedo, el escritor que se suicidó en 1977 a los 25 años y que hoy se ha convertido, junto a Roberto Bolaño, en uno de los grandes mitos de la cultura necrófila latinoamericana. Con otro amigo, Carlos Mayolo, Caicedo y Ospina hicieron de Cali un inverosímil polo cinéfilo de América, alrededor de un cineclub y de la revista Ojo al Cine, descubriendo y revalorando películas y cineastas que en otras latitudes serían reconocidos sólo muchos años después. La correspondencia cinéfila entre Caicedo y Ospina, editada por este último, es uno de los intercambios más contagiosos que haya tenido la fortuna de leer (me hicieron recordar las crónicas que Cabrera Infante publicó en los años 60 con el seudónimo de Caín). Dan ganas de salir corriendo a ver películas y, sobre todo, poder discutirlas con interlocutores tan apasionados como ellos. Ospina no ha perdido nada de su celo cinéfago, como pudimos comprobar con la pila de dvds de cine arte pirata que se compró en Mulholland Drive, maravillosa caverna de Ali Babá, ubicada en los Almacenes Pensilvania de Bogotá, donde –según Ospina- se puede comprar cualquier cosa, desde una cámara digital de última generación hasta un lanzacohetes. También, por un módico precio, se puede contratar a un sicario para asesinar a algún indeseable.

Pero además -casi se podría decir por sobre todas las cosas- Ospina es un gran narrador. Nada le gusta más que contar las peculiaridades y dramas de su patria, que odia tanto como ama. La última vez que estuvo en Buenos Aires, nos alucinó con el episodio escalofriante de los “falsos positivos”. 19 jóvenes desaparecieron una misma noche de Soacha, una localidad cercana a Bogotá. Dos días después, aparecieron 19 guerrilleros caídos en combate, en la lejana región de Norte de Santander. Así, por un descuido, la coincidencia permitió descubrir la práctica del ejército colombiano de secuestrar y asesinar jóvenes humildes de algún pueblito del interior y llevarlos a otra región, donde nadie pudiera identificarlos, para hacerlos pasar por guerrilleros abatidos en combate, “positivos” en la jerga militar, y demostrar que el gobierno está ganando la guerra contra el terrorismo.


Anoche nos contó el caso de los hipopótamos de Pablo Escobar, remanentes del zoológico privado del ex zar del cartel de Medellín que se escaparon cuando Escobar murió. Los narco-hipopótamos se reprodujeron, hasta llegar a constituir una docena, deambulando sueltos por los alrededores de la antigua finca de Escobar, Hacienda Nápoles. Como estaban causando estragos en la zona, el gobierno convocó a un famoso cazador para que los liquidara, episodio registrado con delicioso morbo por la televisión colombiana. Escobar (admirador de John Lennon y de Adolf Hitler) no tenía hipopótamos por mera excentricidad. Los narcos buscaban rodearse de hipopótamos, jirafas o elefantes porque el olor de las heces de animales grandes parece que atemoriza a los perros que usa la policía para olfatear a potenciales mulos o transportes de droga. Los perros huelen la mierda de hipopótamo y, en vez de ladrar y dar la alarma, se quedan quietos, asustados ante la presencia de un animal más grande. García Márquez no inventó nada.

Ospina también nos contó la historia de su amigo Harold Alvarado, el Caballero de la Injuria. Y yo retruqué con la de mi amigo colombiano Marc de Beaufort, el Gran Documentalista Mentiroso. Pero esa es otra historia, que quedará para otra crónica.




fotos (desde arriba): 1. el inodoro del Museo Ospina; 2. un fotograma de Agarrando Pueblo de Luis Ospina; 3. Ramiro Arbeláez, Andrés Caicedo y Luis Ospina (foto de Eduardo Carvajal); 4. Ospina descubre un dvd pirata con su propia obra inédita; 5 y 6. Ospina en la esquina donde fuera asesinado Jorge Gaitán el 9 de abril de 1948, fecha en que, según él, comenzó la guerra en Colombia que aún no ha terminado; 7, 8 y 9. Bogotá by night.



11 comentarios:

hermano dijo...

Interesantes datos; que a causa de mi laburo no tengo tiempo de recabar.

Afortunadamente alguien se toma la molestia de colgarlos.

Ayer fui a comer a "Andrés Carne de Res" (en Chía). Por favor no te pierdas el restaurante más excéntrico del mundo.

crisis dijo...

hola andrés. soy fan absoluto de ospina desde su venida reciente a chile al fidocs, donde pude darme un baño de su trabajo en la retrospectiva que le hicieron. un encanto de persona además. buena crónica. saludos!

Alvaro dijo...

Agarrando Pueblo en Big Sur®

Agarrando Pueblo

Saludo

Alvaro!

ueno dijo...

Muchas gracias Alvaro, es realmente genial lo de Ospina.
Andrés gracias también por presentarlo, las crónicas del viaje son muy lindas, da gusto prender la compu para leer esto y no solo el mísero empate de nuestro equipito,
abrazo.

Fotografías dijo...

Qué placer descubrir a un cineasta como Ospina, ¿no, Crisis?

Gracias Alvaro por el link a "Agarrando pueblo". Te debo mi "Reconstruyen..."

Ueno: hago lo posible por tapar el sol con un dedo...

Alvaro dijo...

Hola, como un bonus quiero mostrarles las fotografias que Eduardo Carvajal, otro personaje inmenso del grupo de Cali, tomó en los 70 durante los rodajes de Agarrando Pueblo y otras filmaciones. Publicadas por Big Sur® en la edición de mayo 2009:

Fotografias de Eduardo Carvajal

un saludo! Espero tu material!

Anónimo dijo...

Da ganas de ir a Colombia. Este Ospina es como del Ministerio de Turismo Bizarro. Muy buenas crónicas.

LUCIO

Fotografías dijo...

Lucio: Colombia es un tema inagotable para un Gran Narrador como Ospina. Vale la pena visitar, si se te da la ocasión. Yo nunca había estado ¡y dentro de un mes vuelvo!

Gracias Alvaro por las buenísimas fotos. Me tomé el atrevimiento de copiar una muy linda de Ospina y Andrés Caicedo para mejor ilustrar la crónica...

claudio caldini dijo...

Andrés, la animadora colombiana Cecilia Traslaviña me envió un dvd con tres cortometrajes de Luis Ospina de 1991: Al pie, Al pelo y A la carrera. Por si te interesa verlos...
saludos

Fotografías dijo...

Animadora? Cuando leí "animadora" pensé en otra cosa, digamos Cecilia Bolocco o Xuxa... Y me dije: "¿en qué anda, Claudio?" Después me di cuenta que estabas hablando de animación cinematográfica...

Vi varias cosas de Ospina, pero esos no...

claudio caldini dijo...

Cecilia Traslaviña, experta en animación experimental, nos conocimos "el año pasado en Oberhausen"
Después te paso el dvd de Ospina.