sábado, 22 de agosto de 2009

Diario de Los Angeles 2: James Benning


Fui a Los Angeles a participar de la conferencia internacional Visible Evidence, que reúne -cada año en una ciudad distinta- a algunos de los máximos especialistas del género documental, entre ellos Brian Winston, Bill Nichols, Alisa Lebow y el anfitrión de esta edición, en la University of Southern California, Michael Renov. También invitan a algunos cineastas. El encuentro tuvo lugar en la espectacular sede, recién inaugurada, del School of Cinematic Arts, la réplica de un estudio de Hollywood de los años 20 que donó el egresado George Lucas, junto con su preciosa colección de afiches y cámaras antiguas. Otro egresado famoso de USC, que también donó un soundstage, es Steven Spielberg. Para mi charla en semejante covacha, tomé prestado el título de Borges, “El otro, el mismo”. Pero el acontecimiento, para mí, fue estar del otro lado del mostrador y asistir por la tarde a una charla de James Benning. Benning fue una de las estrellas del cine underground de Nueva York en los años 70, después cayó en el olvido, se fue a vivir a las montañas de Nevada y buscó refugio en alguna universidad, como otros anciens combattants del frente experimental. Inclusive fue eclipsado por la fama de su hija Sadie Benning, darling del videoarte y el arte queer en los 90.

En los últimos años, sin embargo, Benning parece haber vuelto al ruedo. En un movimiento muy sintomático de reincorporación de la tradición vanguardista al género documental, el festival documental de Pamplona organizó un retrospectiva de su obra. De ahí rebotó al BAFICI, donde estuvo en abril. No llegué a ver ninguna de sus películas pero lo conocí y hablamos extensamente durante una cena. Me contó algo de su vida en la montaña y de una réplica –qué extraña obsesión tienen los americanos con las réplicas- que hizo de la mítica cabaña de Henry David Thoreau en el Lago Walden. Yo le conté que estaba escribiendo sobre Claudio Caldini, un pariente pobre del Sur en las lides del cine experimental, que también vive de alguna manera retirado del mundanal ruido, lejos de Buenos Aires. Me anticipó que iba a repetir una charla que había improvisado en Pamplona, usando internet. Al final, en el ajetreo del BAFICI, me la perdí.

La charla de Los Angeles tal vez haya sido una repetición de la repetición, entonces, aunque estoy descubriendo que una de las claves de la práctica experimental es, precisamente, la repetición. Y, por supuesto, la variación inevitable que se produce en la repetición. La “charla” de Los Angeles fue, en rigor, una especie de performance. Lejos de dar la sensación de haber sido ensayada previamente, tuvo todo el encanto de la improvisación, hasta en el mal sentido de la palabra. La improvisación, efectivamente, tiene mala prensa: “¡es un improvisado!”; “un evento de semejante importancia no se puede improvisar”, etc. Pero hay pocas cosas más maravillosas de contemplar que alguien que sabe improvisar. Benning parece torpe, mal preparado, las cosas están siempre a punto de salirle mal. Pero, inesperadamente, los malabares que hace girar en el aire nunca terminan en el piso.


Empezó la charla conectando la pantalla del auditorio con Google Maps. Se demoró buscando algo y en el público se oyeron algunos murmullos. Acaso estaba borracho. Por fin dio con lo que buscaba: Milwaukee. “This is where I was born”. Hizo zoom, y empezó a recorrer la ciudad: “Este era el parque donde pasé todas las tardes de mi infancia jugando al baseball”. Entró a caminar por una calle -“creo que es por acá”- y nos mostró la casa donde creció, en un viejo barrio obrero alemán donde vivieron sus padres desde 1940 hasta hace pocos años atrás. Cuando vendieron eran los últimos blancos del barrio. “Hoy es uno de los barrios más pobres de todos los Estados Unidos”. Reflexionó sobre el racismo que él mamó de chico y empezó a hablar de uno de sus ídolos del baseball, un gran batero negro que estuvo a punto de romper un record pero que no llegó, por un boicot del que se enteró muchos años después. Entró a una web de estadísticas para demostrar lo que pasó: no entendí nada porque no entiendo nada de ese deporte. A la hija de Benning, Sadie, le gustaba el baseball y empezaron a coleccionar antiguas figuritas de jugadores. A partir de esa colección, se le ocurrió hacer una película: “Les voy a mostrar una imagen de la película”. Y se metió en su email para buscar la foto.

Dentro de los mensajes recibidos, había varios de los organizadores del Encuentro, algunos con “urgente” en el asunto. Benning no encontraba la foto, pero alguien en el público lo ayudó. Después, volvió a Google Earth para mostrarnos dónde vive actualmente, en las montañas de Nevada. Pero no encontró la locación y esta vez, cansado, abandonó el intento. Después leyó un diario personal bastante escabroso de una visita a Nueva York que -confesó al final- no era suyo sino de un tal Arthur Bremer, un vecino de su mismo barrio de Milwauke, que en 1972 intentó asesinar al candidato presidencial George Wallace. "Lo leí como si fuese mío porque, de alguna manera, podría haber sido yo". Y así, de una cosa a otra, del Google Earth al email, leyendo el texto de un manuscrito que tenía encima, buscando algún dato en la web, o simplemente recordando una anécdota, Benning hechizó al auditorio durante una hora y media, con un relato que mezclaba la autobiografía con la historia de los Estados Unidos, yendo de la réplica de la cabaña de Thoreau a la del Unambomber, de la literatura a la política, terminando con la proyección de una secuencia de una de sus últimas películas, filmada precisamente en el mismo barrio de Milwaukee donde nació. Después del largo y sinuoso recorrido de Benning, ver esas escenas contemplativas, planos de 50 segundos cada uno, con retazos de la vida cotidiana del barrio y poco más, pero cada uno de ellos de una extraña belleza, se constituyó en otro modo –diferente del propuesto por nuestros anfitriones Lucas y Spielberg- de vislumbrar el alma del país donde nos encontrábamos.



11 comentarios:

Anónimo dijo...

Cecilia Fiel dijo...
Re heavy, felicitaciones!

Proserpina dijo...

que nueva manera de contar se nos viene encima ... me fascina la tecnología, pero me alegra los retrasados de siempre que también insistimos en el libro

Anónimo dijo...

Miguel Kohan dijo...
eso es un VJ!!! de lujo...un dream team...con Bill Nichols...congrats...

Anónimo dijo...

Alejandra Almiron dijo...
eso quiero ser yo un VJ !!!

Anónimo dijo...

Sebastian Elsinger dijo...
Andrés, muy interesante tu descripción de la presentación improvisada de James Benning, me despertó mucho interes por su trabajo. Me perdí de verlo en el Bafici y parece difícil encontrar algo editado.

Fotografías dijo...

Cecilia: es un privilegio el intercambio con estos críticos, para quienes el documental es tan propio como para el mejor documentalista.

Prosperina: la gracia de la presentación de Benning estuvo, para mí, en la improvisación y en la torpeza, a años luz de la presentación "power point" de algún businessman o vendedor de alfombras... Estoy seguro que Benning prefiere toda la vida estar con un libro entre las manos que hipnotizado por google. Es más, es como que le perdió el respeto a la tecnología.

Miguel, Ale: no sé muy bien qué es un VJ...

Sebastián: alguna cosa anda suelta x ahí en internet, aunque Benning siempre ha sido muy fetichista en cuanto a la proyección exclusivamente en 16mm de sus películas. Por eso también es que casi nadie las ha podido ver, desde hace tiempo que no quedan muchos lugares donde se pasen películas en 16mm y no siempre en las mejores condiciones. Benning me contó que, por eso mismo, ahora empezó a usar una cámara HD digital y que un sello alemán comenzará a editar sus trabajos en DVD.

girlontape dijo...

hermoso post. como siempre aprendo algo nuevo... y el papá de sadie: who knew? me encantó!

Lola dijo...

Si se busca con paciencia en emule se consiguen 13 lakes, utopia, one way boogie bogie, El Valley centro creo que la dieron en la Lugones en el 2000 o 2001, puede ser que haya estado el ese año?

ueno dijo...

uy, aparecí como Lola en el mensaje anterior.

Fotografías dijo...

Lola (alias Guille): vos los tenés? Todavía no aprendí a mulear...

Benning me pareció un tipo muy intreresante, bastante curtido y con una posición política fuerte, que reivindica mucho sus orígenes "working class". Hasta dice que siempre se resistió a "hablar bien", como correspondería a un profesor universitario, porque siente un rechazo visceral a todo lo que sea de "clase media" y "hablar bien" sería dar el brazo a torcer.

Anónimo dijo...

Muy bueno el texto
LUCIO