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lunes, 4 de julio de 2011

Liliana Maresca x Marcos López

Retrato de Liliana Maresca con sus obras, en su casa de la calle Estados Unidos 874, 2 piso, en San Telmo. Buenos Aires. 1984. ©marcoslópez

Escultura/objeto de Liliana Maresca, en su casa de la calle Estados Unidos 874, 2 piso, en San Telmo. Buenos Aires. 1984. ©marcoslópez

Esculturas/objetos de Liliana Maresca, en su casa de la calle Estados Unidos 874, 2 piso, en San Telmo. Buenos Aires. 1984. ©marcoslópez


Encuentro cara a cara
Exposición arte argentino actual en la Colección de Malba. Obras 1989 -2010

Miércoles 6 de julio, a las 18:30
MALBA

Un punto de inflexión en el arte argentino de los ’90: la obra de Liliana Maresca
A cargo de Adriana Lauria
A partir de las obras de Liliana Maresca recientemente incorporadas al Malba, se reflexionará acerca de su trayectoria, desde sus objetos poéticos y alquímicos a sus operativos neoconceptuales. Se completará el panorama de la escena estética desarrollada en torno del Centro Cultural Rojas analizando las obras de otros artistas vinculados de una u otra manera a Maresca, tales como Elba Bairon, Feliciano Centurión, Jorge Gumier Maier, Marcos López, Adriana Miranda, Omar Schiliro, Cristina Schiavi, Marcelo Pombo, Magdalena Jitrik, Graciela Hasper, Nicola Costantino, etc.

viernes, 24 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad!


"Feliz Navidad" / un brindis con sidra REAL a temperatura ambiente, porque la heladera no enfría porque está llena de cosas, y no hay hielo. Hoy a las 4 de la tarde, con el calorcito, nos tomamos una botellita de sidra REAL, entre dos personas -mi señora y yo- en el patio de atrás.... y la vida se ve mas linda....
-Marcos López

Me llegó otra tarjeta navideña.

fotografía: Marcos López

sábado, 16 de octubre de 2010

docBsAs (2)

Luciano Monteagudo (izq.) y Marcelo Céspedes, programador y director del docBsAs, que en su decima edición empieza a competir un poco con el BAFICI, para bien y para mal (ya cuenta con más de cien títulos en su programación). La programación, como la del BAFICI, es excelente, un lujo para Buenos Aires. Muchos documentales que vale la pena ver, sin duda, pero... ¿cien?

Guest de José Luis Guerín fue la película inaugural. Guerín hilvanó una serie de "registros", a modo de cuaderno de viaje, de su recorrido por distintas ciudades, durante un año, presentando su anterior película, En la ciudad de Sylvia. Me tocó sentarme al lado de mi amigo el (gran) fotógrafo pop-latino Marcos López, que tenía a su lado su hijo de 13 años. Esta circunstancia hizo que lamentara un poco no haber arrastrado yo también a mi hijo de 13 años hasta la Lugones. Las veces que mi madre me arrastró a lugares equivalentes a la Lugones, a esa misma edad, quedaron selladas en mi mente con tinta indeleble. Justo me crucé con Alejandro Ricagno, asiduo de estas páginas, que me intimó a continuar con la serie de charlas con R, de las que se declaró (exageradamente) fan. Confieso no estar siempre a la altura de la educación customizada que creo que mi hijo se merece. Pero la presencia, a mi lado, de Marcos López también ejerció alguna influencia sobre mi visión de la película. Guerín se detiene en varias ciudades latinoamericanas: Bogotá, Cali, Sao Paulo, Santiago, Lima, La Habana. Y sus impactantes imágenes documentales, que filmó en forma solitaria con una camarita handy, reflejan su fascinación por la vida callejera de América Latina. Vida que, según Guerín, ya ha desaparecido de las calles españolas. No podía dejar de pensar cómo estaría viendo todo esto Marcos López, finísimo retratista de lo popular latinoamericano. Hasta que, en un momento, él mismo me susurró: "Me siento muy próximo de todo ésto, quizá demasiado. Tiene un buen ojo el tipo. Pero siento que yo mismo ya filmé todo esto. Entendés lo que quiero decir, ¿no? No es que yo haya filmado nada. Pero es como que ya estuve aqui. Tanta proximidad me pone incómodo, casi me da ganas de salir, de irme lejos, incluso físicamente".

Lia Dansker esperaba a la salida de la función, en el hall de la Lugones, con su instalación "cine automático" o “biógrafo imaginario" o "proyecto automático de recambio de recuerdos”. Me provocó mucha curiosidad, pero la intensidad del viaje de Guerín inhibía toda posibilidad de embarcarse, por una noche, en ningún otro viaje que no sea el de agarrar el último subte rumbo a casa. Igual, como tantas otras noches de mi vida, a lo largo de los años, ese regreso desde la Lugones, habitado por las imágenes y sonidos de una película que acabo de ver, es una de las experiencias que define para mí esta ciudad.
-Andrés Di Tella

jueves, 7 de octubre de 2010

Peluquería en La Paz

Marcos López
PELUQUERIA en LA PAZ , Bolivia. 2010
expo ruth benzacar / todo octubre
www.ruthbenzacar.com

EXCESO

por Marcos López

Quiero todo. Pintar al óleo un paisaje de Catamarca en tonos ocres sobre un empapelado de rosas rococo rosadas. Dejarlo secar bien un par de meses, y luego remarcar las luces y las sombras con acrílicos de colores fuertes.

Quiero ser Jeff Koons y quiero ser La Cicciolina. Bailar en la compañía inestable del Club 69. Filmar una escena con Alejandro Urdapilleta a las cinco de la mañana, un día de semana, en un bar que está a la vuelta de la estación Constitución. Una mezcla de documental y puesta en escena donde Alejandro recita la letra de la canción mas famosa de Ramón Ayala."El Mensú". Trabajar cámara en mano o con trípode. Me da lo mismo. Que pasen por el medio del cuadro las chicas travestis que paran en el bar. Que hagan coro los borrachos que conocen la letra. Interactuar.

Aprovechar lo que pasa en la "realidad". Filmar sin cortes hasta que sean las ocho de la mañana. El poema resonando entre la última cerveza de las cinco de la mañana y el primer café con leche que toman apurados los trabajadores que vienen al centro desde el Sur. Adrogué, Claypole, Gerli, Burzaco, Temperley... Contar el mundo desde la esquina de mi casa.

"Selva, noche, luna, pena en el yerbal
El silencio vibra en la soledad
y el latir del monte quiebra la quietud
con el canto triste del pobre mensú..."

Quiero que nunca pase el tiempo para que Aliona tenga siempre cinco años y que yo pueda contarle siempre sus mismos cuentos preferidos: el de una millonaria que tiene un cerdito que un día descubrió que su vida eraaburrida en el palacete victoriano donde vivían, saltó un tapial y se fue a jugar con otros cerditos en un charco de barro. Y fue feliz. O el otro cuento de Ramón, el avioncito campeón. Ella los elije. Y no le gusta que yo invente frases, o cambie palabras que no me suenan bien en la version original. Le gusta que se los cuente como están. Igualito. Sin inventar nada. Recién ahora, pensando en esa escena a la distancia, me doy cuenta que esa repetición es un mantra. Si uno de verdad está conectado, la acción causa el mismo efecto de elevar el espirítu y de ir hacia lo sagrado que se experimenta en las prácticas religiosas ancestrales. A veces, cuando nadie interrumpe y yo puedo mantener con calma el tono monocorde en el relato, sin teatralizar, sin darle jerarquias a la acción de los diferentes personajes, entramos en contacto con nuestros duendes. Nos acompañan en el cuento. Bajan. Están junto a nosotros. Atravesamos el tiempo y el espacio en diagonal. Y ella se queda dormida con luz en el alma. Se fortalece porque se siente acompañada. Crece.

También me gustan las transmisiones en vivo y en directo. Me inspiran. Recuerdo el primer plano de la cara y los gestos que ponía la cantante Soledad cuando revoleaba el poncho en el escenario mayor 9 de julio en los festejos del Bicentenario. Sus dientes. Su entusiasmo. El gesto que hace con el cuerpo cuando hace silencios para dejar cantar al público... Para mí Soledad es como la imagen de la patria.

En fotografía, no pienso en la coherencia ni el estilo. Sinceramente, no me importa. Lo que tiene que salir, saldrá. Un día puedo hacer un retrato en blanco y negro estilo Humberto Rivas, y al otro armar una situación teatralizada con una modelo vestida con bata escocesa, enaguas celeste, en chancletas hawainas verdes, en una cantina de la Boca, apoyada en un mantel plástico de cuadrillé celeste con rosado. Barroco churrigueresco cuzqueño mezclado con la vibración fosforescente de los murales psicodélicos que decoran las paredes en los cabarets de Iquitos. Luz Negra. Amazonas. Sangre, ayahuasca, sudor y lágrimas.

Me viene la imagen de Federico Klemm. La Negra Sosa cantando canta conmigo canta hermano americano, en el estadio de Ferrocarril Oeste, en 1982, cuando yo recién llegaba a vivir a Buenos Aires desde Santa Fe. Recuerdo que lloré, solo, en el medio de la cancha de fútbol. Me siento medio hermano del Batato Barea de Marcia Schvartz. Me gustaría ser el cacique que se queda con la cautiva en la mítica pintura que está en el primer piso de Museo Nacional de Bellas Artes. "La vuelta del malón" de Angel De la Valle. Acaban de incendiar un pueblo, saquear una iglesia, degollar al cura y a un par de monaguillos, pero el hombre la lleva con un gesto austero. Pudoroso. Respetuoso. Es un gentleman. Un caballero. No está en pedo ni descontrolado como el resto de la horda de salvajes que vienen cabalgando detrás.

No se si estará bien, o estará mal, pero quiero todo. Una clara sensación de voracidad. Acuérdense del submarino: la primer bocanada de aire del tipo al que tenían sumergido hasta casi ahogarlo, patas para arriba, colgado con la cabeza bajo el agua en un tonel de doscientos litros. La sensación de renacer. De no poder parar de hablar. Como el muñeco de un ventrílocuo empastillado.

Transitar el exceso sin culpa. Escribir, tomar Fernet Branca, hablar por celular y meditar con la respiración al mismo tiempo. Llevar el aire a la boca del estómago, instalarme en el espacio que hay entre un pensamiento y otro, en esa nada, y dejar que los dedos vayan solos a donde ellos ya saben que tienen que ir en el teclado de la notebook.

Ser Mister Chasman y Chirolita al mismo tiempo. Desdoblamarme. Desdecirme. Cambiar de ideas. Cambiar de ideología. Ni Patria ni Muerte. Ni vencimos ni nos van a vencer. No ser yankee, ni marxista, ni peronista. Hacer como dijo Picasso: si se acabó el rojo le pongo azul. Y para terminar, adhiero a la sabia y delicada sentencia de Nestor Perlonger: “No queremos que nos persigan ni que nos discriminen, ni que nos maten ni que nos curen, ni que nos analicen ni que nos expliquen, ni que nos toleren ni que nos comprendan... Lo que queremos es que nos deseen”.

-Marcos López. Agosto 2010



sábado, 25 de septiembre de 2010

Familia de sastres bolivianos

Marcos López me manda lo último de su producción, en vistas a su inminente muestra, "Exceso", en Galería Ruth Benzacar, que inaugura el 6 de octubre.

Exceso: la fotografía se sale de la fotografía para volver a la pintura al óleo. Una especie de resistencia poética en los tiempos del iphone4. Que dicho sea de paso, y asumiendo mis contradicciones, estoy ansioso por comprarme uno.

La puesta en escena/teatral/digital y la fotografía directa con rollei de dos objetivos y copias en plata gelatina. Esculturas. Ambientaciones. Objetos de arte popular en la misma pared que fotografías que son consideradas obras de arte. Ekekos gigantes. Gauchos giles milagrosos. Velas. Gatos chinos. Dibujitos.

Asumir la sensación de vértigo maníaco de no poder parar de hablar. De hacer. Como el muñeco de un vetrílocuo empastillado. Ser Mister Chasman y Chirolita al mismo tiempo.
-Marcos López

Fotografía: Marcos López
Copia fotográfica FAMILIA DE SASTRES BOLIVIANOS 120cmx160cm y objetos de pop art en el piso de mi estudio. Buenos Aires. Sept 20
10.

viernes, 20 de agosto de 2010

Pacto de silencio

Marcos López me envía desde Francia este texto inédito, que estará en el nuevo libro retrospectivo
MARCOS LOPEZ / FOTOGRAFIAS Y TEXTOS 1978/2010
de próximo lanzamiento en Argentina.


por Marcos López

Un manto de olvido cubre el pacto de silencio. El manto es un envoltorio. Gomoso, elástico, como esas microtelas de film poliéster que se usan para guardar comidas en el freezer. El pacto, en realidad, son muchos pactos: matrimonios que conviven sin amor, traiciones de mayor o menor calibre, frustraciones, complicidades... Como un tejido molecular, la suma de los pactos conforma una red, un grupo social. La mismísima patria. El plástico los envuelve como si fueran sándwiches de miga y terminan siendo un pegote: el jamón se funde con el pan y con el queso.

Uno negocia. Pero el miedo y la culpa se incrementan. Aparecen materializados en sensaciones corporales: un gusto ácido en la garganta, como a bilis, que de repente baja y se instala en un ardor en el estómago. Luego sube y se transforma en una molestia punzante en el pecho. Pesadillas. Persecuciones. No está claro a quién se traiciona, pero uno está seguro deser un traidor. No lo leí, pero me parece que "Crimen y Castigo" tiene que ver con esto.

Así es la cosa con los textos. Las palabras, mientras sean sinceras y suenen bien, con armonía, con musicalidad, pueden ir y venir. Hay cierto margen de ambigüedad. Existen los sinónimos. Si una palabra no funciona se pone otra. La imagen es otra cosa. Sobre todo si se trata de retratos. No hay espacio para andar dando vueltas ni se pueden poner adjetivos. El secreto es estar alerta cuando se presenta un encuentro. Prestar atención a la intensidad de la mirada, los gestos, la posición de las manos.

Yo creo que a esta altura del partido, no es necesario hacer doscientas fotos en el oeste americano, como hizo Richard Avedon, para decir lo que hay que decir. Con hacer algunos pocos retratos, bien hechos, que hablen de dos o tres sentimientos básicos, centrales, alcanza.

Los objetos, ayudan formalmente en la composición, pero también simbolizan cosas. Por ejemplo, en el retrato de Rogerio, el avión es un avión, pero también es una ofrenda, un objeto de deseo y un misil. El yugo en el cuello ya se sabe lo que significa. Y en cuanto al color, el rojo del fondo tiene la contundencia de los clásicos. Se potencian mutuamente con el color de la piel del modelo: negro violáceo. Bemba colorá. Carioca transpirado. Yoruba profundo. Cubano auténtico. Haitiano verde oscuro. Marimba. Katinga. Kilombo. Candomblé.

Las puestas en escena -por los menos las que hago yo- no son más que retratos teatralizados de personas. Los siete hombres que están caracterizados de médicos, enfermeros y el perito balístico que esta a la derecha en la foto de la autopsia, miran a cámara con la emoción de estar allí, a treinta centímetros de una hermosa joven desnuda, maquillada, mutilada. Inaccesible. Y también está esa cuestión del aquí y ahora tan propio de la fotografía misma. Generar un clima para captar la emoción de ese momento es uno de los secretos para hacer una buena foto: solamente hay que decirle a los modelos que no hagan nada, que no actúen, que no respiren y que se queden quietos. No son actores. Seguramente es la primera vez en sus vidas que están en una situación así. Aceptan el juego de cumplir un rol. El disfraz (el vestuario) es un recurso para desentrañar los sentimientos más profundos. Son mozos de bar, taxistas, plomeros, un profesor de la universidad, un par de artistas plásticos. Da lo mismo. Cuando miran a cámara, todo se deshace. Se desintegra el personaje y sus ojos hablan de lo único que se puede hablar en este paso por la vida. Nada nuevo. Lo mismo que repiten todas las letras de tango: la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.

Otra cosa importante es el contexto. El momento y el lugar donde sucede todo. La realidad. La escena, la emoción que aflora en la mirada y los gestos del grupo en cuestión, sucede en mi estudio de la calle Finochietto, en el barrio de Barracas. En un tiempo de post-producción digital donde puedo usar -casi- la misma tecnología que en el Norte pero con caballos flacos, tirando carros que juntan botellas, metales y cartones, pasando por la puerta. A diez minutos de taxi de la Casa Rosada, y a poco más de diez cuadras de Puerto Madero, donde está el pretencioso e inútilmente aerodinámico puente Calatrava.

Pero todo sea por la cultura y el progreso...

El problema es que he visto -con mis propios ojos y muchas veces- en la vereda de los coquetos restoranes que están uno al lado del otro al lado a los costados de ese mismo puente, a familias enteras, con niños, disputándose comida de la basura, apurándose antes de que la retire el camión recolector.

Me enojo porque estoy convencido de que así no se puede. Si no se reparte un poco, no se puede. Siempre agradezco cuando paro en los semáforos de la Avenida 9 de Julio, que en vez de pedirme una moneda por limpiarme el parabrisas delantero, los muchachos no me degüellen, me coman el hígado y se lleven el auto con mi esposa adentro como cautiva, hacia las villas miseria de la periferia. El otro Buenos Aires. Y encima los muchachos te dicen: "Gracias, que Dios lo bendiga".

Entonces, en el fondo, "La autopsia" es un documento. Por más adornos, cambios, retoques digitales, ensayos, pruebas, errores, las citas a Rembrandt, a la foto del Che muerto en Bolivia. "La muerta es la patria joven", me dijo Carlos Masoch, el que actúa de cirujano, cuando le mostré la foto terminada. Las ilusiones de un país que no pudo ser.

Una generación quebrada. Cercenada. Una autopsia mal hecha de una muerte evitable. Una autopsia inútil, trucha, clandestina, perversa, desalmada. Y la sangre ni siquiera es sangre. La sangre es tinta roja. Un maquillaje. Un simulacro. La puesta en escena del dolor. Una ceremonia que me permite materializar en una imagen los sentimientos más íntimos. Entonces, por una sumatoria de trabajo, magia, fe, voluntad y alquimia, la tinta roja se convierte en la sangre de todas las sangres. La sangre del enfermo que cura al enfermero. La sangre de Liliana Maresca. La sangre de mi hermano que no pudo vivir y la sangre de Violeta que no pudo nacer.... y también la sangre derramada en la franja de Gaza que vi una vez en la tapa del diario Clarín, en un bar cerca de mi casa. Un error técnico, decía el epígrafe. Así de simple. Está escrito en el diario. Miro la cara, el gesto del padre, enarbolando ese bebé envuelto en trapos, en la foto de Gaza. Los gritos congelados por el clic de la foto. El sentimiento se vuelve insostenible. Me pido otro Fernet Branca con soda y hielo con absoluta conciencia de que lo hago para evadirme, que es inútil, que no me hace bien, pero lo pido igual y me pongo a mirar para afuera. Llueve. Más bien garúa. Estoy en la mejor mesa para mirar al Parque Lezama. Siento que me da lo mismo que quieran cerrar el histórico Bar Británico que está enfrente. Desde mucho antes, yo ya venía a este bar, El Hipopótamo. Me da un poco de lástima por Horacio González y por Eduardo Grossman que tanto les gustaba El Británico; pero a mí, la verdad, me da lo mismo. Además, me gusta más la vista que hay del parque desde este lado, en diagonal.

Miro a la gente. Los turistas. Los cartoneros. Todo interacciona con calma y en equilibrio. Los problemas del mundo están más lejos. Ya estoy medio en pedo y automáticamente aparecen imágenes de cosas lindas. Es el atardecer, casi de noche. Recuerdo canciones: los travestis que van y vienen por la esquina de Ipiranga y la avenida São João. Me acuerdo del año pasado, cuando fuimos con Lena y los niños a La Habana, a visitar a mis suegros que no tienen lugar en la casa para hospedarnos, y por eso nos quedamos en elHotel Riviera, en una habitación de un piso bien alto, con grandes ventanales que daban al malecón. Un día me pasé un rato largo mirando un plano secuencia sin sonido; algo maravilloso que el cine nunca jamás podrá conseguir, ni soñar, ni imitar, ni lograr. Esa emoción máxima que es la realidad misma fluyendo en tiempo real: las olas cayendo sobre la vereda y la calle, el mar, el horizonte, los carros Lada yendo y viniendo a la misma velocidad, algunas motos con sidecar, una chica sola, morena, con un cabello largo y ondulado que a la distancia y con el viento se ve maravilloso, mirando el mar por un tiempo increíblemente largo y un grupete de turistas jóvenes, tontos, que la interrumpen, tratan de seducirla, se hacen los graciosos y quiebran ese momento sagrado. Una manga de estúpidos.

Como dice mi amigo Roberto Fernández: "El rey está desnudo".

Todo está a la vista y todo termina siendo un juego de palabras. Y como dijo Vinicius de Moraes: "Casémonos, pero después de carnaval".

Por eso a mí me gusta acá. Latinoamérica. Buenos Aires. Me gusta lo cercano. Tengo mis bares, mi casa, mi barrio, y por suerte no tengo que hablar inglés. Y hago lo que me da la gana. Reescribo las memorias del subdesarrollo. Me apropio de la poesía ajena. Me puedo desdoblar: soy el río, la jangada, las aguas de marzo. El personaje de Horacio Quiroga, que delira moribundo tirado en el piso de la canoa que deriva por el alto Paraná. El hombre que le ruega al río Manzanares que lo deje pasar porque su madre enferma lo mandó a llamar. La piragua de Guillermo Cubillos, que impasible desafiaba la tormenta, y en las noches a los remos arrancaban un melódico rugir de hermosa cumbia.


martes, 17 de agosto de 2010

La autopsia (by Marcos López)

Marcos López leyó una de mis últimas entradas, Experiencias del documental (2), donde cuento la visita que hizo al taller del año pasado el artista/cineasta/fotógrafo Leandro Katz. Ahora, me manda una obra suya inspirada en la fotografía del cadaver del Che (por Freddy Alborta) que Katz rescató en su film El día que me quieras:

EXPERIENCIAS DEL DOCUMENTAL: LA AUTOPSIA es una puesta en escena a partir del DOCUMENTO de Freddy Alborta y una cita a Rembrant, obviamente. ...Finalmente, LA AUTOPSIA es una situación teatral, con influencias de la pintura, que es un documento (subjetivo?) de una época. Carlos Masoch, el que actua de cirujano, cuando vió la foto terminada dijo: "La muerta es la patria joven. Las ilusiones de un pais que no pudo ser"…
-Marcos.

Marcos: una vez dicho es una obviedad pero no se me había ocurrido -la obviedad- que tus fotos son muchas veces "situaciones teatrales". Pienso entonces: en el teatro los actores salen al escenario disfrazados. Y me doy cuenta que tus fotos son una fiesta de disfraces. Y asi como en la fiesta de disfraces -pero en el teatro también- uno trata de adivinar quién está detrás del disfraz, tus fotos me hacen pensar en la relación entre el actor y el disfraz, o entre el modelo y el papel, o entre la persona y la persona (etimología griega: máscara). Y ese disfraz artificial, o exagerado, de cirujano o de Ceferino, me remite a los disfraces más sutiles, pero disfraces al fin, que usamos todos en la vida. O los disfraces que nos dejamos poner. Pero me fui al carajo...
Volviendo a la foto, a mí lo que me llamó la atención es: el pañal de la finada.
-Andrés


‎...el pañal se lo puse porque me interesaba la textura del plástico, como un calzón, un envoltorio, y también por un acto de autocensura, porque de daba verguenza decirle a la chica, que no era actriz profesional, sino una artista plástica, que se quedara desnuda total delante de todos esos buitres...
-Marcos


Ja! Sí, es que esos tipos tienen una facha de buitres y, probablemente, lo sean en realidad. Y el detalle visual del pañal y el detalle práctico de la autocensura, para proteger a la modelo de los buitres, saca a relucir -justamente- su caracter de... buitres. Y, como fuimos nosotros los primeros en fijarnos en el pañal, también se revela nuestro propio carácter de... buitres. Y algo de eso mismo, calculo, pasa con la foto del Che Guevara....
-Andrés

...
-Marcos

Y así como el pañal me hizo pensar en lo que no podemos ver -mucho más que si viéramos todo- también, extrañamente, me hizo pensar en la muerte, de una manera... pragmática. Es casi como un inesperado detalle de verosimilitud. Nunca vi un cadaver en una morgue. Me entra, entonces, la duda: ¿será que los muertos... no controlan esfínteres? Quiero decir... ¿habrá... no sé... líquidos... sustancias viscosas? Todo parece muy aséptico, pero... ¿qué más esconde el pañal?
-Andrés


"siempre ves bien" / pero a veces ves otra cosa, opuesta, de lo que yo quise mostrar. Quise mostrar, y para eso estuvimos varias semanas ensuciando, chorreando, transpirando, echandole chorros de mugre, para que se sienta una autopsia trucha, clandestina, perversa, desigual, ilegal... Para que?....
Si el resultado de esa autopsia no le interesa nadie. O ya lo saben todos y es nada mas que un tramite burocratico, y simplemente vuelven a repetir esa ceremonia de asquerosos vouyers, para calmar su sed de sangre... de corte. de extraccion. de vaciamiento. de sutura mal hecha. de ritual masculino grupal.
la autopsia de los ideales de una juventud, de un pais que no pudo ser.
mejor me voy a dormir. Los acentos se han evitado porque es la madrugada, esta oscuro, y en macintosh los acentos es una combinacion de dedos: manzanita / alt / y la letra E, creo
...
-Marcos


releo, y aclaro, que me parece raro que veas que todo parece muy aseptico... (tengo algo de barroco churrigueresco, cusqueño. tengo la necesidad de repetir, de aclarar, de remarcar, todo, por lo menos dos veces.)
-Marcos


Ja, se "ve" que NO "siempre veo bien"... En realidad, escribí lo de "asepsia" en piloto automático, sin mirar un carajo, por asociación de ideas recibidas: quirófano = aséptico. En mi defensa, había estado mirando la foto -si eso se puede llamar mirar- en la reproducción microscópica de facebook, cuando entiendo que el original ocupa media pared. Pero la verdad es que no miré. Me quedé en el pañal y lo que NO veía. Miro de nuevo y no, ninguna asepsia, todo lo contrario. El trabajo de ensuciar valió la pena, quédese tranquilo, descanse en paz. Digo... Igual, aunque el contexto es efectivamente todo lo contrario de lo que yo indiqué con el "aséptico" ese, la sensación que quería trasmitir subsiste, con la pregunta: "¿qué más esconde el pañal?"
Me gusta mucho la idea de "autopsia trucha etc" y, sobre todo, el adjetivo inesperado: "desigual".
De más está decir quiénes son los asquerosos voyeurs...
Tú, hipócrita lector, mi semejante, mi hermano...
-Andrés

Y ahora me doy cuenta: la presencia de Carlos Masoch en una morgue me trajo el recuerdo de Carlos Masoch en una morgue. Hace más de 10 años, filmé unas escenas de una película, con Masoch, en la morgue (vacía) del Hospital Borda, que fue donde él vio por última vez a su padre. Cuando escribí la palabra "aséptico" no estaba mirando tu foto, estaba viendo aquella escena.
De cualquier manera, lo tomo como una lección sobre cómo vemos las cosas en realidad, siempre habitados por fantasmas.
-Andrés


‎... y yo hace como un mes que estoy en Francia, y escribo al reves la u de la palabra voyeur. Es lo que mas me duele de todo este intercambio tan enriquecedor. El complejo de inferioridad que tengo en mi relacion con los idiomas. (sobretodo tratandose de un dialogo contigo, que manejas un ingles casi perfecto con ese acento british, que te sienta tan natural...) El pañal soy yo. pudoroso. Cuidadoso. Un poco reprimido, tal vez. Pero con la frente alta. En casa, el libro retrospectivo de Mapplettorphe, lo tengo escondido en el ropero, atras de las frazadas. para que no lo miren mis niños, que son pequeños y no lo mire mi mama cuando viene de visita desde santa fe. me parece que no es necesario, que no les haria bien.
-Marcos


‎"Nadie rebaje a lágrima o reproche... "
Pido disculpas de antemano por rebajar el nivel de esta conversación -donde lo más significativo fue quizás tu confesión de autocensura y mi confesión de estar hablando de fotos sin mirar- al ponerme ahora a citar lecturas eruditas. Justo estaba leyendo un texto sobre Aby Warburg, aquel famoso historiador de arte que enloqueció. Warburg decía que "el buen Dios está en los detalles". Y Georges Didi-Huberman glosa: "¿Tendrá el buen Dios del aforismo warburgiano algo de genio maligno, algo del poder de los fantasmas? No nos aporta, en efecto, ni la omnividencia, ni la omnisciencia que esperaría un positivista. Los detalles no se revelan significativos sino en su carácter de portadores de incertidumbre, de no-saber, de desorientación".
-Andrés

fotos: 1. Leandro Katz analiza la fotografía de Freddy Alborta; 2. La autopsia de Marcos López.


miércoles, 30 de junio de 2010

Alemania

Marcos López nos manda otra foto mundialista:
ANDRES, finalmente, encontré una foto para que acompañes tus artículos en el blog, para Argentina Alemania. La reina del queso. Es de SAN CARLOS CENTRO, PROV. SANTA FE. Ahora será una señora de aprox. 35 años... o 40... habrá que hacer el calculo. La foto es del 1995. Es la fábrica de queso de sus padres. Seguramente sus abuelos son alemanes... o bisabuelos...
Marcos

Tengo miedo. Después de ver cómo Alemania destripó a Inglaterra y cómo Brasil liquidó al Chile de Bielsa en un trámite, tengo miedo. Hasta España, que apenas le ganó a Portugal 1 a o con ese gol en offside de Villa, me da miedo. La misma actuación de la Argentina, la menos convincente hasta ahora, a pesar de haber ganado cómodos, me da miedo. El recuerdo del papelito en la media del arquero alemán en el último mundial me da miedo. Leo en el diario sobre el vaticinio adverso que dió el pulpo Paul en Oberhausen y tengo miedo. A partir de ahora, todo será sufrimiento. El otro día, ganábamos 3 a 0 y sufríamos. No puedo imaginar lo que va a ser con Alemania. En el último mundial, cuando terminó el partido y quedamos afuera, R se puso a llorar desconsoladamente. Yo me tragaba los mocos e intentaba calmarlo: "Bueno, no es para tanto, es sólo un partido de fútbol". Nunca me sentí más hipócrita. Recordé aquella frase atribuida a Bill Shankly, el legendario entrenador del Liverpool en los años 70: "Alguna gente cree que el fútbol es una cuestión de vida o muerte. Esa actitud me decepciona. El fútbol es mucho más importante que eso". La última vez que fuimos a la cancha con R, hace unos meses, C nos preguntó, en toda su inocencia, si nos habíamos divertido. "¿Divertido? ¿¡Cómo va a ser divertido!? ¡Fuimos a ver a River!" El fútbol, para el que le importa, es para sufrir.
-Andrés Di Tella

foto (c)Marcos López 1995.

Hacer clic en la imagen para ampliar.

lunes, 28 de junio de 2010

México

Marcos López
VENDEDOR DE ULTIMAS CENAS - ZOCALO D.F.
(C) MarcosLópez 2006

Después del partido de hoy, Marcos López nos manda otra foto, con tema "mexicano".

martes, 22 de junio de 2010

"Nos reconciliamos"

Marcos López
La Quiaca, Argentina, a metros de la frontera con Bolivia.
foto(C)marcoslopez1996

Marcos López nos manda para hoy otra de sus fotografías "mundialistas", con la siguiente notita:
Debo reconocer que el exceso de argentinidad me empalaga un poco... pero de todas maneras, VAMOS DIEGO, que tenemos que ganar...

jueves, 17 de junio de 2010

Argentina


Marcos López
Futbolistas de La Quiaca, Jujuy, Argentina. 1995.

Bueno. No sé qué decir. Ustedes sabrán disculpar si, en definitiva, no digo nada. El partido de Argentina de hoy me dejó agotado, vacío. Es verdad que yo mismo había jugado a la pelota la noche anterior (hace más de 10 años que juego todos los miércoles en unos partidos de papi fútbol que regentean mis amigos Klaus y Pablo, en una proeza organizativa que supera ampliamente la de Platini, Blatter y Grondona combinados). También es verdad que, ni bien terminó el partido de hoy, como estaba medio duro de anoche, no se me ocurrió mejor idea que salir a correr. ¡Lo que produce ver tanto deporte por televisión! Pero también es cierto que los partidos de la selección me dejan extenuado. Mucho nervio. Pensé que este año no iba a ponerme tan nervioso por lo mal que venía la selección, desde las eliminatorias y con todo el circo maradoniano. Pero ahora que se trepó al podio de los candidatos…

Y sí, de pronto somos casi casi EL candidato. No sé si hubo hasta ahora otro equipo que haya jugado mejor que la Argentina (no vi a Alemania, reitero). Brasil es el único que, sin mostrar demasiado, insinuó algo que estuviera a la altura. Ojalá les toque a Alemania o Italia en cuartos, son los únicos que imagino sacando a Brasil del mundial. ¿Qué puedo decir del partido de hoy? Como solía decir Clarín (cuando no mentía): Argentina ganó, goleó y gustó. Yo, de antemano, firmaba un 1 a 0 con gol en contra. Exactamente en esa situación estábamos a los 15 minutos. ¿Y ahora qué hacemos durante los “últimos” 75 minutos? Pero la selección siguió jugando igual.

Messi muy marcado pero más peleador que nunca (en un momento hasta se la robó a un delantero coreano cerca del área argentina). Tévez muy movedizo, armando juego, aunque al final, como a veces le pasa, terminó chocando demasiado. El Pipita Higuaín (¡el año pasado lo vimos jugar en nuestra misma canchita de papi fútbol!) generando situaciones de gol y, al mismo tiempo, fallando en la definición como suele ser su costumbre. ¡Metió tres pero, “si andaba afilado”, podría haber metido cinco o seis! Recuerdo que tuvo una primera época en el Real Madrid en que se caracterizaba por perder ocasiones de gol. Siempre se perdía dos o tres por partido pero, muchas veces, igual uno metía. En la última temporada finalmente invirtió la ecuación y no salió “pichichi” de la Liga Española porque en otro equipo hay un jugador que se llama Messi. Para un goleador como Higuaín haber embocado una cambia todo. Y haber embocado tres ni te cuento. De ahora en más, lo interesante es que los rivales van a tener que pensar también en Higuaín, no sólo en Messi, y eso puede llegar a ser muy favorable para la Pulga.

Messi, dicho sea de paso, se merece el gol a esta altura. El otro día estuvo cerca en tres o cuatro oportunidades y hoy tuvo un par que no sé por qué no entraron. Tengo la sensación de que en el Barcelona todas esas pelotas entran. ¿Será la Jabulani? ¿El césped africano? ¿El ruido de las cornetas? ¿Extraña la orchata de chufa? De cualquier manera, si no me equivoco, Messi tuvo que ver en tres de los cuatro goles: el tiro libre que llevó al gol en contra fue de él; el tercero fue pura y exclusiva obra suya, la pelota dio en el palo en el segundo remate y Higuaín sólo la tuvo que empujar; y el último fue un sombrerito perfecto suyo el que habilitó al Kun que, a su vez, habilitó a Higuaín. Igual, como dice la hinchada, aplaudan aplaudan no dejen de aplaudir los goles de la pulga que ya van a venir…

Lo último que se me ocurre decir, en este largo post en el que finalmente no dije demasiado, es que, ganamos goleamos y gustamos, pero también sufrimos. Ese gol tonto de los coreanos al final del primer tiempo, que nos agarró distraídos (yo también estaba distraído, mandando un mensajito de texto cuando nos vacunaron), hizo que en el segundo tiempo las cosas se complicaran… “innecesariamente” iba a decir. Pero, quién sabe, tal vez sea nomás como enseñan los manuales de autoayuda: las dificultades te ofrecen una oportunidad para superarlas. Si el primer tiempo terminaba 2 a 0, la selección posiblemente habría empezado a cuidar el resultado, Corea no se habría animado a mucho y, por ahí, nos quedábamos con gusto a poco. Así como fue, en cambio, sufrimos, casi nos empatan, y terminamos con un final argentino espectacular que enciende todas las esperanzas. Y de paso, como dijo el amigo Barban, con el ingreso del Kun Agüero -determinante en los dos últimos goles- Maradona se recibió de técnico.

lunes, 14 de junio de 2010

mandarina mecánica

El jugador. Marcos López, 1996.

Los primeros quince minutos de la Argentina en el mundial fueron increíbles. Por su juego vertiginoso, profundo, con llegadas sorpresivas permanentes, parecía la "naranja mecánica" -el Holanda de los años 70, tal vez el mejor equipo que yo haya visto con mis propios ojos- o, para utilizar un fruto más modesto y autóctono, la "mandarina mecánica". En esos primeros quince minutos el equipo jugó como nunca en la era Maradona. De hecho, el técnico había dado a entender que el "partido ideal" de su ciclo había sido el del amistoso con Alemania, en que la selección ensayó un modelo ultra defensivo y ganó al enmbocar la única oportunidad de gol que tuvo. Resignados como estábamos a que esa mentalidad de "equipo chico" era efectivamente la que correspondía a los pobres tiempos que corrían, lo del sábado fue una sopresa mayúscula. Maradona salió a comerse crudos a los nigerianos. Un poco de nervios y un poco de mala suerte impidieron que se produjera la goleada que la selección merecía y, al final, terminamos pidiendo la hora. La diferencia entre aquel equipo mezquino y este generoso la dio una decisión de Maradona, la más criticada a posteriori: la de quebrar la línea de cuatro centrales en defensa que prometió con la incorporación de Jonás Gutiérrez como 4, un jugador que tiene más de wing que de full-back. Aunque no se puede decir que Jonás haya jugado bien -su falta de experiencia en el puesto inventado por Maradona nos pudo haber costado un par de goles- su sola inclusión en el equipo le dió esa mayor soltura y sorpresa. ¡Tanto que hasta Messi jugó bien (por primera vez en mucho tiempo en la selección)! Y el mensaje para el otro equipo era: acá cualquiera puede encarar, no les vale de nada marcar a Messi o a Verón. Y no fue casualidad, en ese sentido, que el gol -golazo- viniera de nada menos que Gabriel Heinze, el jugador más cuestionado del plantel (sin contar al Chino Garcé que, como se sabe, sólo viajó como cábala porque Maradona soñó que ganábamos el Mundial y, del sueño, sólo recordaba la cara de Garcé...). ¡En una jugada preparada! Estoy empezando a pensar que Maradona algo de fútbol entiende.




viernes, 11 de junio de 2010

La copa

Marcos Lopez
ARGENTINA CAMPEON MUNDIAL FUTBOL MEXICO 1986 - LA COPA DEL MUNDO EXHIBIDA EN EL TEATRO SAN MARTIN DE BUENOS AIRES - VINTAGE PRINT - fotografia blanco y negro coloreada a mano con tintas transparentes - (c)1986marcoslopez

Marcos López me mandó otra fotografía inédita, vintage, pero de alta actualidad. ¿Volverá a "casa" la copa?

lunes, 7 de junio de 2010

Carla, Namuncurá y Marcos López

Marcos López me hizo llegar una foto nueva, inédita, "Carla" (reproducida abajo), a propósito de la presentación, hace unos días en la Biblioteca Nacional, de mi película El país del diablo. Como sabrán los atentos lectores de este blog, El país del diablo retrata un viaje que hice por La Pampa, tras los pasos de Estanislao Zeballos. Escritor, periodista, geógrafo, etc, Zeballos era un típico polymath del siglo XIX. Fue el principal ideólogo de la Conquista del Desierto -el exterminio de las tribus originarias de La Pampa por parte del Ejército Nacional- pero también el primero en rescatar la cultura e historia de los indios argentinos, los mismos que él propuso exterminar. Empezó a desarrollar su proto antropología durante ese viaje que hizo en 1879, apenas unos meses después de la "conquista", para confeccionar el primer mapa científico de la región. De su extraña toponimia, que mezcla nombres de caciques mapuches y coroneles expedicionarios, saqué el título de la película: "Antiguo País del Diablo". En el viaje, detrás de Zeballos, visitamos los imponentes escenarios de Salinas Grandes, sede central del imperio del Cacique Namuncurá antes de ser corrido por los "huincas". Derrotado y casi solo, Namuncurá se refugió durante un tiempo en los entresijos de la Cordillera de los Andes, hasta que fue capturado y llevado a Buenos Aires, exhibido como trofeo de guerra. En sus últimos años, en un final triste y simbólico, Namuncurá fue nombrado General "ad honorem" del Ejército Argentino. Existe una fotografía donde se lo ve en uniforme junto a sus hijos, uno de ellos el que sería el famoso santón católico, Ceferino Namuncurá.

Después de la función, fuimos a comer locro y empanadas -se ve que el espíritu patriótico del bicentenario no nos abandona- a una fonda de la calle Las Heras. (Por cierto, durante los festejos del Bicentenario, me emocionó pasar por debajo de un arco, cerca del Obelisco, con imágenes de Marcos López). Cuál no sería mi sorpresa, en una excursión al baño, al encontrarme nada menos que a... ¡Ceferino Namuncurá! No era una foto o una estampita sino... Ceferino en carne y hueso. Bueno. En realidad, por supuesto, no se trataba del verdadero Ceferino sino de una especie de encarnación del ícono: el modelo real, un mozo del restaurant, que utilizó Marcos López para su foto de Nazareno (ver imagen de arriba). Pensé que ahí, justamente, radica parte de la magia del "pop latino" de Marcos: en esa confusión entre ícono y encarnación, imagen pop y documento de la realidad, estampita y mozo de fonda. Son como íconos truchos, pero en la truchada, precisamente, se halla la verdad de la fotografía.

En la foto de "Carla" (abajo), princesa indígena de inquietante mirada, poderosa y sexual, con sangre en las manos y tal vez ganas de venganza (la venganza probablemente ya haya sido consumada), adivinamos los nobles ancestros indígenas de la modelo y, a la vez, podemos suponer que se trata en realidad de una humilde empleada doméstica. Y en esa suposición se agazapa la mirada racista, el triunfo de los conquistadores del desierto. Suponemos que se trata de una empleada doméstica porque, en el Buenos Aires de hoy, una chica de rasgos indígenas probablemente sea empleada doméstica o, en todo caso, eso dicta el prejuicio. La formalidad de la pose y los colores, esos ocres y borravinos, evocan (no sin ironía) algún óleo épico del diecinueve. Podría ser uno de los cuadros históricos de Blanes, el mismo que pintó "La conquista del desierto" que figura en el billete de cien pesos. La aparente sencillez del retrato remite, a la vez, al tipo de fotografía etnográfica que acompañó la campaña militar (no desprovistas, en el caso de las mujeres indígenas, de cierto dejo pornográfico). Al mismo tiempo, el brillo Pop de la foto también puede llegar a hacernos pensar en Warhol o, incluso, en un retrato de la revista Caras. La foto de Carla también me hizo recordar la fascinación de Marcos por las reinas de belleza de segundo orden, que se coronan en alguna festividad pueblerina como La Fiesta de la Alfalfa de San Basilio, Córdoba... Había olvidado que, hace casi veinte años, hicimos un video juntos, Miss Paraguay, en el que Marcos aparece hablando de eso, con su habitual gracia. Desgraciadamente, no conservo copia.

Detrás de esas capas de referencias, sin embargo, vuelve a aparecer insistentemente la pregunta por la identidad de la modelo. Y en ese vaivén de la mirada se introduce, justamente, la insidiosa dimensión política de las fotos de Marcos. El toque "pop" le quita densidad, pesadez, solemnidad -es decir ineficacia- a la imagen. En vez de la previsible "denuncia", nos enfrentamos con nuestras propias contradicciones. Las fotografías de Marcos López son juegos, por cierto, divertimentos hechos para divertir. A la vez, en ese juego, las imágenes nos miran y nos preguntan qué estamos pensando.
-Andrés Di Tella

martes, 1 de junio de 2010

Carla x Marcos López

Andrés, aca te adjunto un retrato nuevo, inédito... tiene que ver con El País del Diablo...
(un abrazo, Marcos)


"Carla" ©marcos lópez 2010

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El país del diablo
un film de Andrés Di Tella

HOY Martes, 1 de junio de 2010
19hs
Auditorio Jorge Luis Borges
Biblioteca Nacional - Aguero 2502, 1º Piso
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

lunes, 29 de junio de 2009

Entre la selva y el río


En el contexto de la inauguración de la exposición de pinturas de Ramón Ayala, Marcos López filmará una escena de su documental sobre la vida del mítico artista misionero, incluyendo actores, público en general, poniendo en juego elementos dramáticos y escenográficos de puesta en escena donde se desdibujan los límites entre lo teatral, el documental clásico, el video art, el cine de ficción, el happening propio del pop art, y una perfomance de arte contemporáneo. Al mismo tiempo, se mostrará al público un avance de 15 minutos de este proyecto, que recién está comenzando... Más datos en www.poplatino.com/ramonayala

por Marcos López

Ramón Ayala es músico, compositor, poeta. También dibuja y pinta. No para de crear. Cuenta su esposa, María Teresa, que a veces en la madrugada, Ramón semidormido, en sueños, marca compases con los dedos imaginando una nueva melodía. Justamente ahora va a exponer sus óleos –paisajes ribereños y selváticos y retratos de su tierra misionera- en el Museo Quinquela Martín de La Boca. La muestra se inaugura el sábado 4 de julio a las 13 horas y vamos a aprovechar para grabar una secuencia del documental que estamos haciendo sobre su vida y su obra. Seguramente el espíritu del maestro Quinquela bajará para la ocasión, para darnos ánimo, para compartir la velada con nosotros.

Descubrí sus canciones hace varios años. Me grabaron un casette de cinta de 60 minutos. Parece la prehistoria. Un casette que anduvo dando vueltas por años en las diferentes casas en las que viví. A Ramón lo conocí personalmente, a mediados de los ochenta, en una rueda de amigos artistas donde obviamente cantó varios de sus clásicos con su guitarra de 10 cuerdas.

Algo pasó. Quedé conectado. Su particular delirio, su capacidad pictórica para describir el río, la selva, los duendes, la magia... El mundo guaraní... Por las venas de Ramón corre la estirpe del gauchaje profundo mas autóctono y también hay algo de Walt Whitman reencarnado en un "Dandy Fifty Pop" tomando un Martini en la sofisticada y setentosa confitería Rond Point, la que está frente al edificio de ATC.

Hace tiempo que tenía ganas de hacer “una película”. Después de dar vueltas con excusas y postergaciones durante mas de un año, un día conseguí su teléfono, lo llamé, le comenté muy superficialmente la idea, me dió la dirección y por suerte vivía a pocas cuadras de mi casa, en San Telmo. Al otro día fuimos directamente a tocarle el timbre con un camarógrafo y un sonidista.

Y ya no pudimos parar. Nos embarcamos. Nos ganamos un par de premios “estímulo” ...Un subsidio del Instituto de Cine... Ni siquiera sé bien hacia donde va la jangada, pero va. El río la lleva. Solo hay que tratar de que no se trabe en los recodos, estar atento al mensaje del canto de los pájaros, al fresco de los amaneceres de verano, a aprender de las pocas palabras de los paisanos y pescadores que uno se pueda encontrar en el camino. Finalmente, como todo río y toda frase hecha, vamos a llegar al mar. Así que mejor no preocuparse.

Estamos siguiendo a Ramón por todos lados. Tiene una energía, un optimismo y un buen humor envidiable. No le gusta decir su edad. Nunca lo escuché hablar mal de nadie. Hemos compartido un cuarto de dos por tres en el medio de la selva misionera, en una casita de madera, y en mis naturales insomnios hablamos de algunos miedos en común, de algunos porqués y para ques de la cuestión de vivir y la obsesión de tratar de dejar alguna huella en el camino. Me cuenta los mismos chistes muchas veces. Inventa sus propias escenas para esta película...

Hay un guión que no respeto demasiado. Hay bocetos y dibujos de escenas de ficción. Hay una página web: www.poplatino.com /ramonayala. Hay un plano que quiero filmar en las Cataratas del Iguazú cuando se iluminan con luna llena, tirado de espaldas, a la deriva en una canoa, como el moribundo del cuento de Horacio Quiroga. Está María Teresa, la esposa de Ramón, siempre presente, como co-protagonista, diva y puntal estructural de este proyecto. Esta Lena Esquenazi, mi esposa, que es co-productora y diseñadora de sonido de la película. Hay otras mujeres a las que estoy tratando de encontrarles un papel, un personaje: Ramona Galarza, Graciela Borges...

Hay algo de road movie. Algo de David Byrne. Una mala copia de David Lynch. Un Blue Velvet remixado a lo criollo en una casaquinta en las afueras de Gualeguaychú. Sub-realismo mágico. Un Ford Sierra por las rutas argentinas, un viaje en el tren Gran Capitán hacia Posadas, una fiesta gaucha en Oncativo, un payador pampeano que canta con su mamá, una señora tejiendo ñandutí a las orillas del mismísimo lago Ypacaraí...

Una morocha argentina bañándose semidesnuda en un lago de mi imaginación. Un video clip de street dance villero en un lavadero de autos que queda en mi barrio, en la esquina de Juan de Garay y Balcarce.

Hay gente muy prestigiosa que nos apoya: Mauricio Kartúm prometió ayudarme en la construcción de una estructura dramática, pero finalmente me dijo que haga lo que me de la gana.

Por ahora son expresiones de deseo: tal vez llame por teléfono a Alejandro Urdapilleta, y si tiene ganas, haga un personaje de borracho a las siete de la mañana en un bar de Constitución recitando un texto de Ramón que remite al Alto Paraná...
Tal vez le preguntamos a Lucrecia Martel que siente cuando se queda horas mirando pasar el rio en el muelle de su casa del Tigre.
Tal vez la película comience con una remake de la célebre escena del comienzo de La Ciénaga, en la piscina de un hotel de Cosquín.

Puesta en escena, documental, comedia musical, road movie y video art: cuando se rompa el tren en el que vamos a viajar a Posadas, cortamos a una entrevista a Pino Solanas, hablando apasionado del desmantelamiento de las redes ferroviarias de la Argentina.

Ramón escribió algunas canciones claves del cancionero sudamericano: “El Mensú” que describe a los recolectores de yerba mate en su trabajo casi esclavo bajo las ordenes del “capanga”, el capataz que desde el caballo los arenga con el chisquear de su látigo. “Posadeña linda” donde hace una maravillosa descripción del cielo de Misiones, sus mujeres y su río… “El jangadero”…“El cosechero”, "Mi pequeño amor"....

Ramón, es el objetivo y también la excusa que nos permite mostrar la textura emocional de un país. La textura del mantel de hule. La reina de la fiesta del algodón vestida de gala en el Club Social de Resistencia y los recolectores de algodón bajo el sol ardiente del Chaco boreal. La piedra y el camino, como decía Yupanqui.

O como se dice vulgarmente, una de cal y una de arena.

Marcos López
junio 2009