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sábado, 16 de octubre de 2010

docBsAs (2)

Luciano Monteagudo (izq.) y Marcelo Céspedes, programador y director del docBsAs, que en su decima edición empieza a competir un poco con el BAFICI, para bien y para mal (ya cuenta con más de cien títulos en su programación). La programación, como la del BAFICI, es excelente, un lujo para Buenos Aires. Muchos documentales que vale la pena ver, sin duda, pero... ¿cien?

Guest de José Luis Guerín fue la película inaugural. Guerín hilvanó una serie de "registros", a modo de cuaderno de viaje, de su recorrido por distintas ciudades, durante un año, presentando su anterior película, En la ciudad de Sylvia. Me tocó sentarme al lado de mi amigo el (gran) fotógrafo pop-latino Marcos López, que tenía a su lado su hijo de 13 años. Esta circunstancia hizo que lamentara un poco no haber arrastrado yo también a mi hijo de 13 años hasta la Lugones. Las veces que mi madre me arrastró a lugares equivalentes a la Lugones, a esa misma edad, quedaron selladas en mi mente con tinta indeleble. Justo me crucé con Alejandro Ricagno, asiduo de estas páginas, que me intimó a continuar con la serie de charlas con R, de las que se declaró (exageradamente) fan. Confieso no estar siempre a la altura de la educación customizada que creo que mi hijo se merece. Pero la presencia, a mi lado, de Marcos López también ejerció alguna influencia sobre mi visión de la película. Guerín se detiene en varias ciudades latinoamericanas: Bogotá, Cali, Sao Paulo, Santiago, Lima, La Habana. Y sus impactantes imágenes documentales, que filmó en forma solitaria con una camarita handy, reflejan su fascinación por la vida callejera de América Latina. Vida que, según Guerín, ya ha desaparecido de las calles españolas. No podía dejar de pensar cómo estaría viendo todo esto Marcos López, finísimo retratista de lo popular latinoamericano. Hasta que, en un momento, él mismo me susurró: "Me siento muy próximo de todo ésto, quizá demasiado. Tiene un buen ojo el tipo. Pero siento que yo mismo ya filmé todo esto. Entendés lo que quiero decir, ¿no? No es que yo haya filmado nada. Pero es como que ya estuve aqui. Tanta proximidad me pone incómodo, casi me da ganas de salir, de irme lejos, incluso físicamente".

Lia Dansker esperaba a la salida de la función, en el hall de la Lugones, con su instalación "cine automático" o “biógrafo imaginario" o "proyecto automático de recambio de recuerdos”. Me provocó mucha curiosidad, pero la intensidad del viaje de Guerín inhibía toda posibilidad de embarcarse, por una noche, en ningún otro viaje que no sea el de agarrar el último subte rumbo a casa. Igual, como tantas otras noches de mi vida, a lo largo de los años, ese regreso desde la Lugones, habitado por las imágenes y sonidos de una película que acabo de ver, es una de las experiencias que define para mí esta ciudad.
-Andrés Di Tella

lunes, 14 de diciembre de 2009

En la cueva del Cine Ojo

Cual Polifemo, el cíclope, en su cueva de la productora Cine Ojo (la perciana siempre baja), Marcelo Céspedes podría ser una pieza más de su museo-oficina de la calle Lavalle. Máscaras rituales africanas, diablillos de Oruro y una vasta e inverosímil colección de útiles escolares y juguetes viejos, provenientes de su actividad como traficante de antigüedades, conviven allí con la iconografía peronista de su amigo Daniel Santoro y el último premio de la Unión Industrial Argentina (que le da particular orgullo). Marcelo es el productor de mis películas La televisión y yo, Fotografías y -ahora- la nueva, sin título. También produjimos juntos un proyecto colectivo, Historias de la Argentina en vivo, co-dirigido por 13 directores y protagonizado por un elenco de estrellas de rock, una iniciativa insólita de la Secretaría de Cultura de la Nación en tiempos de Darío Lopérfido, que solemos recordar con risas. A esta altura, bromea Marcelo, somos como un matrimonio viejo que ya sabe que, pase lo que pase, van a seguir juntos. Tiene fama de ogro pero es un tierno, igual que Polifemo, el ogro enamorado que retrató Góngora. Pretende pasar por un rudo hombre de negocios, pero es un idealista. ¿Por qué, si no, haría lo que hace? Los que no lo quieren es porque lo conocen mal. Yo mismo a veces me olvido de por qué trabajo con él.

El foro de producción de documentales de Ventana Sur y, justo antes, el DocBsAs -la gran muestra de documentales que coordina junto a Carmen Guarini desde el 2001- lo tuvieron muy ocupado en estos tiempos, amén de las varias películas que tiene en cantera. A veces, como cineasta, uno puede tener la sensación de que el productor se ha olvidado de "nuestra" película. Esto, por supuesto, también tiene su lado bueno. En ciertas circunstancias -por ejemplo cuando hay que darle vueltas en la cabeza a una película que no termina de salir- que te olviden es lo mejor que te puede pasar. Una virtud de Marcelo es que deja que los cineastas se tomen su tiempo: con Fotografías, por ejemplo, habremos estado unos 4 años para terminar, permitiéndonos largos paréntesis en el plan de trabajo. Y ese tiempo -de maduración- se nota en la película. Ultimamente, nuestras reuniones tienen algo de visita de médico. Pero el viernes por la mañana Marcelo dispuso de tres horas para una larga sesión en la que estuvimos cambiando figuritas y mirando materiales de la película en curso. El castigo de los documentalistas que ruedan demasiado (mea culpa) es que después tienen que ver todo lo que filmaron. Y es difícil no decepcionarse: queda apenas una sombra de la experiencia casi siempre muy intensa del rodaje. Y esa experiencia es la que hay que reconstruir en el proceso de montaje. La mirada del Cine Ojo despejó las dudas que uno siempre tiene sobre el valor de lo que está haciendo y le devolvió vitalidad al material, problematizándolo. Porque la mirada del Cine Ojo nunca es una simple expresión de aliento o una palmadita en la espalda. "Esto es muy fuerte", dice en relación a un episodio que aparece registrado en el material. "Está muy bueno, pero puede ser un problema". La discusión que siguió -sobre cómo, en una película, algo "muy bueno" puede ser "un problema"- me recordó, si hacía falta, por qué sigo trabajando con el Cine Ojo.