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miércoles, 5 de mayo de 2010

rodaje










Rodaje con steadycam de Let Each One Go Where He May de Ben Russell, controvertida ganadora del premio principal del festival Punto de Vista de Pamplona (y vista en el BAFICI). En las fotos, el director Ben Russell, el camarógrafo Chris Fawcett y la sonidista Brigid McCaffrey. Ver discusión con Josetxo Cerdán, director de Punto de Vista, acá y acá.


lunes, 19 de abril de 2010

BAFICI 2010 (11)

Recibí un mensaje de Josetxo Cerdán, director del festival Punto de Vista de Navarra, como respuesta a mi entrada sobre Let Each One Go Where He May de Ben Russell.


Querido Andrés,

Gracias por hacerte eco de que Let Each One... fue premiada en nuestro festival, que no sé si es uno de los más importantes como generosamente señalas, pero en el cual ponemos todo el esfuerzo un grupo de gente que disfruta con su trabajo.

Y ya que solicitas la voz de espectadores del incómodo film de Ben Russell, te daré la mía. Yo creo que la película tiene algo más que dos individuos andando. La película, como sabes, arranca con un texto sacado de las crónicas de la esclavitud en Surinam que sirven para dotar de sentido ese moroso caminar de los protagonistas con el destino final de la aldea. Ese camino de regreso (y despojo) físico y psicológico se prolonga, no de manera aleatoria o por casualidad, hasta quedar ellos solos en la canoa, justo después del plano de la ceremonia que exorcita los demonios de dichos procesos de esclavitud.

La película, por supuesto, apunta con su formalización fílmica en un camino que ya han recorrido otros films, ahí están D'Est o La libertad, por poner dos ejemplos que me vienen a la mente. Pero no se queda en el vano ejercicio formal, sino que dicha opción está plenamente vinculada no solo a lo que la película cuenta, sino también, y para mí posiblemente eso es lo más importante, a la posición política que mantiene. Por ejemplo, la utilización de la steady (yo no soy técnico y no sé cuan complicado es hacer 10 minutos de steady sin tropezar) no es una opción de puro virtuosismo, sino que es la forma de dotar a todo ese viaje de regreso de un aire de irrealidad que impregna toda la película y la convierte (en algunos algunos momentos) en algo parecido a lánguidas coreografías de cuerpos y paisajes (precisamente esa apreciación me la hizo una buena amiga que hace danza respecto al plano del autobús).

Imagino que podría seguir exponiendo argumentos por lo que creo que Let Each One... es una película importante (y digo importante, y no buena), pero yo tampoco soy un crítico, ni sé hacer ese trabajo. En todo caso, y para acabar, me congratula que hayas publicado el comentario en el blog, que con ello hayas abierto un espacio para hablar de una película que, por supuesto, no es sencilla (no hablo de la realización, insisto que no sé de esas cuestiones, sino de la posición del espectador real en la sala), pero que propone, con radicalidad, un discurso sobre el colonialismo y sus consecuencias que no debería pasar desapercibido.

Un abrazo,

josetxo