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martes, 17 de agosto de 2010

La autopsia (by Marcos López)

Marcos López leyó una de mis últimas entradas, Experiencias del documental (2), donde cuento la visita que hizo al taller del año pasado el artista/cineasta/fotógrafo Leandro Katz. Ahora, me manda una obra suya inspirada en la fotografía del cadaver del Che (por Freddy Alborta) que Katz rescató en su film El día que me quieras:

EXPERIENCIAS DEL DOCUMENTAL: LA AUTOPSIA es una puesta en escena a partir del DOCUMENTO de Freddy Alborta y una cita a Rembrant, obviamente. ...Finalmente, LA AUTOPSIA es una situación teatral, con influencias de la pintura, que es un documento (subjetivo?) de una época. Carlos Masoch, el que actua de cirujano, cuando vió la foto terminada dijo: "La muerta es la patria joven. Las ilusiones de un pais que no pudo ser"…
-Marcos.

Marcos: una vez dicho es una obviedad pero no se me había ocurrido -la obviedad- que tus fotos son muchas veces "situaciones teatrales". Pienso entonces: en el teatro los actores salen al escenario disfrazados. Y me doy cuenta que tus fotos son una fiesta de disfraces. Y asi como en la fiesta de disfraces -pero en el teatro también- uno trata de adivinar quién está detrás del disfraz, tus fotos me hacen pensar en la relación entre el actor y el disfraz, o entre el modelo y el papel, o entre la persona y la persona (etimología griega: máscara). Y ese disfraz artificial, o exagerado, de cirujano o de Ceferino, me remite a los disfraces más sutiles, pero disfraces al fin, que usamos todos en la vida. O los disfraces que nos dejamos poner. Pero me fui al carajo...
Volviendo a la foto, a mí lo que me llamó la atención es: el pañal de la finada.
-Andrés


‎...el pañal se lo puse porque me interesaba la textura del plástico, como un calzón, un envoltorio, y también por un acto de autocensura, porque de daba verguenza decirle a la chica, que no era actriz profesional, sino una artista plástica, que se quedara desnuda total delante de todos esos buitres...
-Marcos


Ja! Sí, es que esos tipos tienen una facha de buitres y, probablemente, lo sean en realidad. Y el detalle visual del pañal y el detalle práctico de la autocensura, para proteger a la modelo de los buitres, saca a relucir -justamente- su caracter de... buitres. Y, como fuimos nosotros los primeros en fijarnos en el pañal, también se revela nuestro propio carácter de... buitres. Y algo de eso mismo, calculo, pasa con la foto del Che Guevara....
-Andrés

...
-Marcos

Y así como el pañal me hizo pensar en lo que no podemos ver -mucho más que si viéramos todo- también, extrañamente, me hizo pensar en la muerte, de una manera... pragmática. Es casi como un inesperado detalle de verosimilitud. Nunca vi un cadaver en una morgue. Me entra, entonces, la duda: ¿será que los muertos... no controlan esfínteres? Quiero decir... ¿habrá... no sé... líquidos... sustancias viscosas? Todo parece muy aséptico, pero... ¿qué más esconde el pañal?
-Andrés


"siempre ves bien" / pero a veces ves otra cosa, opuesta, de lo que yo quise mostrar. Quise mostrar, y para eso estuvimos varias semanas ensuciando, chorreando, transpirando, echandole chorros de mugre, para que se sienta una autopsia trucha, clandestina, perversa, desigual, ilegal... Para que?....
Si el resultado de esa autopsia no le interesa nadie. O ya lo saben todos y es nada mas que un tramite burocratico, y simplemente vuelven a repetir esa ceremonia de asquerosos vouyers, para calmar su sed de sangre... de corte. de extraccion. de vaciamiento. de sutura mal hecha. de ritual masculino grupal.
la autopsia de los ideales de una juventud, de un pais que no pudo ser.
mejor me voy a dormir. Los acentos se han evitado porque es la madrugada, esta oscuro, y en macintosh los acentos es una combinacion de dedos: manzanita / alt / y la letra E, creo
...
-Marcos


releo, y aclaro, que me parece raro que veas que todo parece muy aseptico... (tengo algo de barroco churrigueresco, cusqueño. tengo la necesidad de repetir, de aclarar, de remarcar, todo, por lo menos dos veces.)
-Marcos


Ja, se "ve" que NO "siempre veo bien"... En realidad, escribí lo de "asepsia" en piloto automático, sin mirar un carajo, por asociación de ideas recibidas: quirófano = aséptico. En mi defensa, había estado mirando la foto -si eso se puede llamar mirar- en la reproducción microscópica de facebook, cuando entiendo que el original ocupa media pared. Pero la verdad es que no miré. Me quedé en el pañal y lo que NO veía. Miro de nuevo y no, ninguna asepsia, todo lo contrario. El trabajo de ensuciar valió la pena, quédese tranquilo, descanse en paz. Digo... Igual, aunque el contexto es efectivamente todo lo contrario de lo que yo indiqué con el "aséptico" ese, la sensación que quería trasmitir subsiste, con la pregunta: "¿qué más esconde el pañal?"
Me gusta mucho la idea de "autopsia trucha etc" y, sobre todo, el adjetivo inesperado: "desigual".
De más está decir quiénes son los asquerosos voyeurs...
Tú, hipócrita lector, mi semejante, mi hermano...
-Andrés

Y ahora me doy cuenta: la presencia de Carlos Masoch en una morgue me trajo el recuerdo de Carlos Masoch en una morgue. Hace más de 10 años, filmé unas escenas de una película, con Masoch, en la morgue (vacía) del Hospital Borda, que fue donde él vio por última vez a su padre. Cuando escribí la palabra "aséptico" no estaba mirando tu foto, estaba viendo aquella escena.
De cualquier manera, lo tomo como una lección sobre cómo vemos las cosas en realidad, siempre habitados por fantasmas.
-Andrés


‎... y yo hace como un mes que estoy en Francia, y escribo al reves la u de la palabra voyeur. Es lo que mas me duele de todo este intercambio tan enriquecedor. El complejo de inferioridad que tengo en mi relacion con los idiomas. (sobretodo tratandose de un dialogo contigo, que manejas un ingles casi perfecto con ese acento british, que te sienta tan natural...) El pañal soy yo. pudoroso. Cuidadoso. Un poco reprimido, tal vez. Pero con la frente alta. En casa, el libro retrospectivo de Mapplettorphe, lo tengo escondido en el ropero, atras de las frazadas. para que no lo miren mis niños, que son pequeños y no lo mire mi mama cuando viene de visita desde santa fe. me parece que no es necesario, que no les haria bien.
-Marcos


‎"Nadie rebaje a lágrima o reproche... "
Pido disculpas de antemano por rebajar el nivel de esta conversación -donde lo más significativo fue quizás tu confesión de autocensura y mi confesión de estar hablando de fotos sin mirar- al ponerme ahora a citar lecturas eruditas. Justo estaba leyendo un texto sobre Aby Warburg, aquel famoso historiador de arte que enloqueció. Warburg decía que "el buen Dios está en los detalles". Y Georges Didi-Huberman glosa: "¿Tendrá el buen Dios del aforismo warburgiano algo de genio maligno, algo del poder de los fantasmas? No nos aporta, en efecto, ni la omnividencia, ni la omnisciencia que esperaría un positivista. Los detalles no se revelan significativos sino en su carácter de portadores de incertidumbre, de no-saber, de desorientación".
-Andrés

fotos: 1. Leandro Katz analiza la fotografía de Freddy Alborta; 2. La autopsia de Marcos López.


miércoles, 14 de julio de 2010

Experiencias del documental (2)

Ayer, en el taller Experiencias del documental, tuvimos el privilegio de la visita de Leandro Katz. Katz es un artista multifacético -cineasta / fotógrafo / pintor / escritor, etc- que se fue muy joven de la Argentina, en los años 60. Recorrió América Latina durante varios años antes de recalar en Nueva York, donde se vinculó con los poetas del círculo de Allen Ginsberg y pululó por los antros del proto punk rock donde tocaban sus amigos de los New York Dolls. También participó, como iluminador, actor y fotógrafo, de la legendaria Compañia del Teatro del Ridículo de Charles Ludlum, del que conservó un registro fotográfico histórico que, próximamente, se convertirá en un nuevo film documental. Después de 40 años en Nueva York, Katz se jubiló de la universidad donde daba clases y decidió, "irreflexivamente", volver a Buenos Aires. Y aqui está, sin que muchos lo sepan. O mejor: sin que muchos sepan quién está aqui.

A mediados de los años 80, bajo el influjo de la cultura de las identidades (identity politics), se preguntó qué lo identificaba como argentino -si algo- después de tanto tiempo fuera del país. Primero pensó: Borges. Después, acaso mecánicamente, pensó: el tango, Gardel. Y después recordó lo que sintió el día que, con su beba recién nacida en brazos, escuchó por la radio la noticia de la muerte del Che Guevara, ese otro argentino que había salido a recorrer América. Se puso a investigar la muerte del Che en Bolivia, en un momento, los años 80 de Reagan, en que hablar del Che Guevara era "ponerse hippie de repente". En la primera etapa de su research, encontró una fotografía (arriba) del cadaver del Che en La Higuera, en los archivos de la agencia Reuters. Le llamó la atención la composición, con reminiscencias pictóricas clásicas y connotaciones religiosas, y quiso saber quién había sacado la foto, distribuida sin atribución, más allá de la marca de la Agencia. También le intrigaban algunos detalles, que podrían pasar inadvertidos en la foto, como un brazo que se adivina en el piso. ¿De quién habrá sido ese brazo? ¿Le habrían cortado el brazo al propio Che? "Ese detalle era como una herida en la foto, para mí, una herida que nunca cicatrizó". Finalmente dio con el autor, un discreto fotógrafo boliviano llamado Freddy Alborta que vendió la famosa foto por 75 dólares. Y decidió hacer una película sobre Alborta y sus recuerdos de aquella fotografía: el extraordinario documental El día que me quieras, concluido casi diez años después. "Me he llegado a preguntar quién es realmente el autor de la fotografía", dijo Katz ayer. "Y no sé si el autor no será el mismo Che Guevara".

Mientras avanzaba con su investigación en torno de aquella fotografía y, sobre todo, mientras trataba de reunir los fondos necesarios para hacer la película, fueron surgiendo otras cosas. Al comenzar a leer sobre el tema (todavía no se había desatado la chemanía de los últimos años y no se habían hecho las múltiples biografías y películas), se encontró con muchos datos confusos y contradictorios sobre fechas, lugares y personajes. Fue anotando todo en fichas, que se convirtieron en una gigantesca y detallada cronología, combinando partes militares, noticias de los periódicos bolivianos, informes de inteligencia americana, los diarios de los guerrilleros, etc. Ahí se dio cuenta de dos cosas: que toda esa información no entraría en la película y que, en realidad, constituía una obra en sí misma. Empezó entonces a hacer instalaciones alrededor del tema, combinando un montaje de ciertas imágenes documentales con paneles informativos donde copiaba sus fichas. Hizo una primera gran muestra en el Art Institute of Chicago, después en el Museo del Barrio de Nueva York y en muchos otros lugares del mundo, llegando hace un par de años hasta el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Alguien, una vez, le preguntó:
-¿Pero por qué, en vez de una instalación, no escribes un libro?
-Porque me gusta que, en la galería, la gente pueda tener la experiencia de estar dentro de un libro.

Las instalaciones a veces combinan sus distintos proyectos de investigación. El universo revolucionario del Che convive a veces con el de Charles Ludlum y el Teatro del Ridículo. "Ahí aparece también un aspecto teatral que me interesa. Me detengo, por ejemplo, en la foto del documento de identidad falsificado con que Ernesto Guevara entró a Bolivia, con el pelo rapado a la Lenin. O los dibujos, tipo identikit, que hizo Ciro Bustos de los guerrilleros del grupo del Che. O la peluca de Monika Ertl, la hija de un nazi refugiado en Bolivia que se suma a las huestes del Che y luego viaja, disfrazada, a Alemania para ajusticiar al cónsul boliviano que era un asesino de militantes comunistas bolivianos" (foto de arriba).

"Cuando me interesé por aquella fotografía del Che, en principio fue con cierta distancia y desde un punto de vista, digamos, formal", dijo Katz ayer. "Nunca imaginé que esa investigación duraría más de veinte años y hasta qué profundidades me metería en el tema, que ya es parte de mi vida". Los asistentes al taller, todos jóvenes artistas con inquietudes por el documental, escuchaban absortos (arriba) la lección del maestro.
-Andrés Di Tella

Publicado originalmente 29 de agosto, 2009.

Experiencias del documental
Profesor: Andrés Di Tella
Días: martes de 17.30 a 20.30 hs.
Fecha: del 7 de septiembre al 23 de noviembre
Cursada: trimestral (12 clases de 3 horas)
UTDT/ Sede Miñones
Vacantes limitadas.
ULTIMOS DIAS DE INSCRIPCION

Cierre de inscripción: 20 de julio.
Informes e inscripción: Karina Chrempacz
posgradosditella@utdt.edu
(54 11) 5169 7231
http://www.utdt.edu/

fotografías: Andrés Di Tella

sábado, 29 de agosto de 2009

Leandro Katz

Ayer, en el taller Experiencias del documental, tuvimos el privilegio de la visita de Leandro Katz. Katz es un artista multifacético -cineasta / fotógrafo / pintor / escritor, etc- que se fue muy joven de la Argentina, en los años 60. Recorrió América Latina durante varios años antes de recalar en Nueva York, donde se vinculó con los poetas del círculo de Allen Ginsberg y pululó por los antros del proto punk rock donde tocaban sus amigos de los New York Dolls. También participó, como iluminador, actor y fotógrafo, de la legendaria Compañia del Teatro del Ridículo de Charles Ludlum, del que conservó un registro fotográfico histórico que, próximamente, se convertirá en un nuevo film documental. Después de 40 años en Nueva York, Katz se jubiló de la universidad donde daba clases y decidió, "irreflexivamente", volver a Buenos Aires. Y aqui está, sin que muchos lo sepan. O mejor: sin que muchos sepan quién está aqui.

A mediados de los años 80, bajo el influjo de la cultura de las identidades (identity politics), se preguntó qué lo identificaba como argentino -si algo- después de tanto tiempo fuera del país. Primero pensó: Borges. Después, acaso mecánicamente, pensó: el tango, Gardel. Y después recordó lo que sintió el día que, con su beba recién nacida en brazos, escuchó por la radio la noticia de la muerte del Che Guevara, ese otro argentino que había salido a recorrer América. Se puso a investigar la muerte del Che en Bolivia, en un momento, los años 80 de Reagan, en que hablar del Che Guevara era "ponerse hippie de repente". En la primera etapa de su research, encontró una fotografía (arriba) del cadaver del Che en La Higuera, en los archivos de la agencia Reuters. Le llamó la atención la composición, con reminiscencias pictóricas clásicas y connotaciones religiosas, y quiso saber quién había sacado la foto, distribuida sin atribución, más allá de la marca de la Agencia. También le intrigaban algunos detalles, que podrían pasar inadvertidos en la foto, como un brazo que se adivina en el piso. ¿De quién habrá sido ese brazo? ¿Le habrían cortado el brazo al propio Che? "Ese detalle era como una herida en la foto, para mí, una herida que nunca cicatrizó". Finalmente dio con el autor, un discreto fotógrafo boliviano llamado Freddy Alborta que vendió la famosa foto por 75 dólares. Y decidió hacer una película sobre Alborta y sus recuerdos de aquella fotografía: el extraordinario documental El día que me quieras, concluido casi diez años después. "Me he llegado a preguntar quién es realmente el autor de la fotografía", dijo Katz ayer. "Y no sé si el autor no será el mismo Che Guevara".

Mientras avanzaba con su investigación en torno de aquella fotografía y, sobre todo, mientras trataba de reunir los fondos necesarios para hacer la película, fueron surgiendo otras cosas. Al comenzar a leer sobre el tema (todavía no se había desatado la chemanía de los últimos años y no se habían hecho las múltiples biografías y películas), se encontró con muchos datos confusos y contradictorios sobre fechas, lugares y personajes. Fue anotando todo en fichas, que se convirtieron en una gigantesca y detallada cronología, combinando partes militares, noticias de los periódicos bolivianos, informes de inteligencia americana, los diarios de los guerrilleros, etc. Ahí se dio cuenta de dos cosas: que toda esa información no entraría en la película y que, en realidad, constituía una obra en sí misma. Empezó entonces a hacer instalaciones alrededor del tema, combinando un montaje de ciertas imágenes documentales con paneles informativos donde copiaba sus fichas. Hizo una primera gran muestra en el Art Institute of Chicago, después en el Museo del Barrio de Nueva York y en muchos otros lugares del mundo, llegando hace un par de años hasta el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Alguien, una vez, le preguntó:
-¿Pero por qué, en vez de una instalación, no escribes un libro?
-Porque me gusta que, en la galería, la gente pueda tener la experiencia de estar dentro de un libro.

Las instalaciones a veces combinan sus distintos proyectos de investigación. El universo revolucionario del Che convive a veces con el de Charles Ludlum y el Teatro del Ridículo. "Ahí aparece también un aspecto teatral que me interesa. Me detengo, por ejemplo, en la foto del documento de identidad falsificado con que Ernesto Guevara entró a Bolivia, con el pelo rapado a la Lenin. O los dibujos, tipo identikit, que hizo Ciro Bustos de los guerrilleros del grupo del Che. O la peluca de Monika Ertl, la hija de un nazi refugiado en Bolivia que se suma a las huestes del Che y luego viaja, disfrazada, a Alemania para ajusticiar al cónsul boliviano que era un asesino de militantes comunistas bolivianos" (foto de arriba).

"Cuando me interesé por aquella fotografía del Che, en principio fue con cierta distancia y desde un punto de vista, digamos, formal", dijo Katz ayer. "Nunca imaginé que esa investigación duraría más de veinte años y hasta qué profundidades me metería en el tema, que ya es parte de mi vida". Los asistentes al taller, todos jóvenes artistas con inquietudes por el documental, escuchaban absortos (arriba) la lección del maestro.

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