El cineclub incursiona en el resbaladizo territorio del documental. “¿Esto es verdad?” -preguntó R en medio de la película. Es que la historia de Timothy Treadwell, un naturalista aficionado que vivió durante años con los osos salvajes de Alaska, hasta que uno de esos mismos osos lo devoró, podría ser perfectamente una página del “Crease o no” de Ripley. En manos de Werner Herzog –el creador de personajes obsesivos como Fitzcarraldo o Aguirre, que de alguna manera recuerdan a Treadwell- es otra cosa. La película se llama Grizzly Man.-Una pregunta -dice R- ¿qué comía Treadwell?
-Eso nunca lo vemos.
-Capaz que se comía a los osos…
-¡Ja! ¡Pero eso no lo filmaba!
-Y, si odiaba tanto el mundo de los humanos, ¿por qué filmaba todo y se la pasaba hablando con la cámara?
-Sí. Y aunque el tipo evidentemente ama y admira a los osos, al punto casi de querer ser uno de ellos, igual tiene una mirada sobre los osos muy a los Disney. Les pone nombres y les atribuye personalidades, como Mr. Chocolate o The Grinch, y les habla como si fueran personas. Igual que en esa película horrible de los pingüinos, no sé si te acordás.
-Sí. Pero si vos estás ahí, en ese lugar perdido, absolutamente solo, durante meses, sin nadie con quien hablar, vos también empezarías a hablar con los osos.
-Es verdad. Y la cámara la habrá llevado para hablar con alguien, para tener compañía. Nunca pensé que una cámara podía servir para eso.


