Leonor Arfuch dio el "keynote address" del simposio de Stanford sobre The Personal Documentary: Espacio biográfico y memoria en la cultura contemporánea. A continuación, un extracto:
Y lo que parecen decir estas películas es que ese secreto –de la vida de los padres- nunca será develado. Por más que haya palabras –testimonios- que se superponen intentando un retrato, por más que haya libros, fotografías, discursos, anécdotas, objetos atesorados. La imposible narración de sí mismo –como diría Régine Robin- es también la imposible narración de los otros. Aunque a veces parecería que atrapamos la vida en un instante, en un gesto pícaro o melancólico, en un movimiento del cuerpo.
Me parece que la invención de sí y/o de un otro –que cada uno de ustedes intentó en estas obras- está lejos de la nostalgia, que tiene más que ver con la fuerza del recuerdo, con cierta energía de la recuperación del pasado y la apertura hacia el futuro aunque la tristeza de la pérdida –y la fisura de lo trágico- estén allí, de modo ineludible.
Creo también que cada uno se planteó no sólo el desafío temático de esa recuperación sino también el desafío estético: cómo contar, con qué procedimientos, cómo eludir el estereotipo –en definitiva, se camina siempre sobre terreno hollado- cómo sostener un relato sobre la historia personal –o construida desde un punto de vista personal- que resulte interesante –y no agobiante- para una audiencia difícilmente imaginable.
También ahí hay una tensión entre el documental más neto –obligado a dar cuenta de sus fuentes- y la subjetividad de la mirada, de los encuentros, de los afectos que están involucrados. Hacer memoria, hacer la historia personal, hacer historia: momentos de un camino que articula distintas etapas y universos, no siempre susceptibles de articulación: las obras que vimos dan cuenta de esa dificultad y de las diversas maneras de salvarla.