Mostrando las entradas con la etiqueta Frederic Amat. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Frederic Amat. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de junio de 2009

Carta de Bilbao: Fosas

Ante la propuesta de diseñar un proyecto de jardín efímero emplazado en el muelle de Uribitarte, junto al Museo Guggenheim de Bilbao, ha sido ineludible ignorar la mastodóntica y titánica presencia del edificio de Frank Gehry como mascarón de proa de la modernidad cultural vasca, junto a la ría del Nervión, como, así mismo, la realidad socio política en Euskadi y los avatares de la memoria histórica en el conjunto de España.

Ha sido mi intención crear un paisaje de tierra de 120m2, en dónde se presenta una sucesión de “fosas” intercaladas, entre varíos cúmulos de tierra como un camposanto. Las fosas de 200 cms x 70 cms y 50 cms de profundidad ofrecen en su fondo, la visión al espectador de una lámina lacada en rojo.

En este espacio de tierra como una zona de luz y de sombras, ha sido mi voluntad, más alllá de un contemplativo “memento mori”, convocar un poema de José Ángel Valente que dice:

No estabas tú, estaban tus despojos.

Luego y después de tanto
morir no estaba el cuerpo
de la muerte.
Morir no tiene cuerpo.
Estaba traslúcido el lugar
donde tu cuerpo estuvo.

La piedra había sido removida.

No estabas tú, tu cuerpo, estaba
sobrevivida al fin la transparencia.


-Frederic Amat. Mayo. 2009.


Inauguración del proyecto: 29.04.2009 | Ubicación: (muelle de Uribiarte ) Bilbao.

Nota de ADT: Leer sobre mi último encuentro con Frederic Amat aqui.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Montaje

El último día en Madrid, de paso entre Valladolid y Buenos Aires, se dieron una serie de cruces raros. Había quedado en almorzar con Juana Libedinsky, que no veía en años. Juana pertenece a esa especie en vías de extinción de hijos de amigos de nuestros padres y, por lo mismo, cada día más entrañable. Además de reencontrarme con Juana, que tiene en su haber una impresionante colección de entrevistas con personajes famosos de todo el mundo, me daba mucha curiosidad, casi morbo, la presencia de otro comensal, Whit Stillman. Stillman fue guest star (¿o star guest?) del primer festival de cine independiente de Buenos Aires, hace casi diez años, cuando yo era el director.

En ese momento, venía como una de las figuras del cine indie norteamericano, con una trilogía de culto, Metropolitan, Barcelona y The Last Days of Disco, que muchos todavía recuerdan como el retrato definitivo de un determinado universo de jóvenes americanos de los noventa. Especie de heredero cinematográfico tardío de Francis Scott Fitzgerald, Stillman parece haber reproducido también, en cierta forma, el destino de su mentor, ya que aquel éxito temprano fue seguido por... diez años de silencio. The Last Days of Disco, que presentó por aquellos días en Buenos Aires, fue su última película. ¿Qué se hizo de aquella promesa? La clásica pregunta, que el mismo Fitzgerald respondía asi: "Las vidas americanas no tienen segundo acto".






















No pude saber, finalmente, qué es lo que había pasado. El almuerzo terminó monopolizado por otro invitado sorpresa, Martín Varsavsky, conocido empresario dot com argentino que traía noticias candentes del frente de batalla de estos días en las bolsas del mundo. Y, desde ya, Stillman fue el primero en interesarse por esas noticias, cualquier cosa antes que hablar de sí mismo, supongo. No dejaba de ser interesante lo que nos contó Varsavsky, el backstage de los incomprensibles titulares de los diarios, pero me quedé un poco frustrado. Quedará para otra oportunidad develar el enigma de Whit Stillman. ¿Crack up? De cualquier manera, el hecho extraordinario de un día bastante particular fue la inesperada coincidencia en Madrid con Frederic Amat. Nos cruzamos por primera vez con Amat también hace casi diez años, una noche, en el inverosímil escenario de un pequeño aeropuerto de Colorado, prácticamente vacío, dos extranjeros perdidos, esperando que los venga a rescatar el auto prometido de un festival de cine "de montaña". Nos pusimos a hablar y la charla se prolongó una semana.

Amat confesó ser cineasta en los ratos libres. Después supe que se trataba de un artista muy reconocido en España (en un documental que le encargaron a Isaki Lacuesta para la feria del libro de Frankfurt del año pasado, cuando Cataluña fue el "país" invitado, Amat y Miquel Barceló fueron los artistas plásticos seleccionados). Fue el típico "comienzo de una gran amistad" que parecía que tampoco tendría segundo acto, para seguir con Fitzgerald. No nos vimos más. Recién nos volvimos a encontrar en enero de este año, en Barcelona, cuando la Filmoteca de Cataluña hizo una retrospectiva de mis películas que Amat vino a ver, con su mujer Estela, por recomendación de amigos. "Sobredosis de Di Tella", dijo Amat al salir tambaleando de la última, "pero como droga es buena".

El hecho es que Amat ahora estaba colgando una muestra en una galería de Madrid y, al enterarse de mi presencia, me llamó a que me diera una vuelta. Asi tuve el enorme privilegio de un tour privado de la muestra, guiado por el propio artista, mientras daba las indicaciones finales del montaje. Al entrar, se proyecta el "autorretrato" que hicieron con Isaki Lacuesta: sobre fondo blanco, aparece el perfil negro de Amat, casi como una cabeza de pájaro, que mira un poco alrededor y, de pronto, se aplasta contra la pantalla. Al retirarse, deja una mancha de su rostro, como de sangre negra. Muy simple y muy fuerte. Esa misma mancha cuelga en la pared, en frente del video. En otro rincón, se proyecta una de las películas de Amat, Carabanchel, que de hecho da el título a la muestra. Se trata de imágenes filmadas por Amat en Carabanchel, la famosa cárcel del franquismo que fue tirada abajo hace poco: un largo travelling nos muestra mesas, sillas, escobas, camas, perchas y toda suerte de objetos caídos sobre una red tras unos disturbios.

Son imágenes casi abstractas, negro sobre blanco, casi como uno de los óleos abstractos del propio Amat, pero con la presencia enigmática de objetos, como una instalación surrealista, el proverbial encuentro del paraguas y la máquina de coser sobre una mesa de disecciones. Y el trasfondo de la violencia, casi siempre presente en sus obras, como en la inquietante serie de fotografías que sacó del escenario de un teatro en Lituania (creo), otra vez el blanco y negro de Amat, rayadas con un cuchillo, es algo espeluznante, que habla de la violencia física del teatro y, al mismo tiempo, de su fugacidad, de su entidad fantasmal. "Aqui pasó", o el escenario del crimen. Y es que Amat es también escenógrafo, entonces los fantasmas de un teatro cobran otra dimensión personal. Ahora mismo estaba trabajando en la puesta de una ópera, en la que seguirá elaborando la iconografía de Carabanchel. En enero me perdí justo una puesta en escena de un poema de Octavio Paz, Blanco, que hizo Amat en un teatro de Barcelona con el legendario Paco Ibañez ("A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar..."). También habrá sido para alquilar balcones la escenificación que hicieron con el mismo Paco Ibañez de Las mil y una noches, para presentar la nueva edición de Galaxia Gutenberg ilustrada por Amat, el multifacético. Por cierto, fue cruzarme con esa edición, en una librería de Buenos Aires, y el haberme deslumbrado con las imágenes de Amat, lo que me motivó a escribirle después de mucho tiempo y, seguramente, motivó en parte la presencia de Amat en la Filmoteca de Catalunya. Montaje de atracciones, diría el maestro Eisenstein.




















Fotos: 1) Frederic Amat, ayer, durante el montaje de su muestra de Madrid (arriba); 2) Whit Stillman; 3) Ilustración de Las mil y una noches de Amat.