
Aspecto del auditorio Adolfo Bioy Casares, ayer, a la hora de comenzar la presentación de
El cine de lo real, del que escribí un capítulo. Era el último domingo de la feria y, fuera de nuestra sala, el predio de la Rural estaba que reventaba. Entre las multitudes inverosímiles que daban vueltas entre libros, cientos de mujeres hombres y niños hacían una cola interminable para ingresar a una sala vecina (¿Borges?) donde se anunciaba al gurú televisivo Claudio María Domínguez. Se ve que "el cine documental" sigue siendo un poco piantavotos. La charla empezó, al final, media hora más tarde, cuando habíamos llegado a contabilizar unos 26 heróicos concurrentes, que a nuestros agradecidos ojos venían a ser como aquellos 36 hombres justos de quienes depende la suerte del universo según la tradición mística judía.

Aqui me dedica un ejemplar María Dora Mourão, crítica brasileña (aunque nacida en Uruguay) que editó el libro junto con Amir Labaki, director del festival de documentales más antiguo de sudamérica, E tudo verdade (Sao Paulo). María Dora organiza, dentro del festival, una "conferencia internacional do documentario" que reúne a críticos y cineastas, brasileros y extranjeros. Allí compartí una mesa hace unos años con Michael Renov, uno de los más importantes teóricos del cine documental contemporáneo. (Aquella ponencia, unas notas apuradas, se transformó en el ensayo "El documental y yo", que conoció su primera versión -en portugués- en la edición original brasilera del libro que hoy se traduce aqui, dentro de la prometedora colección de Colihue
A oscuras que dirige Ana Amado). En la presentación de ayer, acompañados por Amado y Carmen Guarini, nos preguntábamos por la vidriosa cuestión de "qué es un documental". Arriesgué que una de las definiciones posibles del documental -por qué podemos definirnos como documentalistas- es simplemente la de pertenecer a una tradición. Y que una dimensión fundamental de esa tradición, que va de Flaherty a Godard, pasando por Dziga Vertov y Jonas Mekas, consiste en discutir precisamente qué es un documental. Por eso mismo, tal vez, la reflexión teórica cobra para nosotros documentalistas una pertinencia, un carácter necesario, que pocos directores de cine de ficción reconocerían (y, hay que decirlo, muy pocos honorables miembros del público...)
-Andrés Di Tella