jueves, 9 de agosto de 2012

Jack Kerouac en la carretera


La leyenda del rollo mecanografiado de On The Road siempre ejerció en mí una extraña fascinación, aún sin saber exactamente de qué se trataba (Nota al pie: digo el título en inglés porque en castellano no se ponen de acuerdo entre En el camino y En la carretera). El mito es que Kerouac –el Rey de los Beats- escribió la novela de un tirón, en tres semanas de mayo de 1951, casi sin dormir, colocado con anfetaminas, en un rollo de papel continuo para teletipo, sin puntuación de ninguna clase, en una larga, interminable parrafada, con fondo de jazz en la radio. Eso, inmediatamente después de volver de unos largos viajes de ida y vuelta, haciendo dedo, desde la Costa Este a la Costa Oeste de los Estados Unidos con su amigo Neal Cassady, aka Dean Moriarty en la novela. Vivir para contar y/o viceversa: el mantra Beat. La artimaña del rollo era para verse obligado a escribir sin detenerse, sin poder volver atrás, sin editar: reflejar el mismo pulso (beat) de la vida en el acto de escribir. Aporrear la máquina de escribir como quien improvisa un bebop al piano.

Un amigo de Kerouac de esos años, Philip Whalen, lo describe así: “Se sentaba –ante una máquina de escribir, con sus cuadernos de bolsillo abiertos a la izquierda de la mesa- y se ponía a teclear. Podía teclear más rápido que ningún ser humano. Lo más ruidoso que se oía mientras tecleaba era el retorno del carro, que chocaba con el tope una y otra vez. La campanilla tintineaba, tinc, tinc, tinc. Increíblemente deprisa, más deprisa que un teletipo. A veces se equivocaba y se desviaba hacia un hipotético comienzo de un nuevo párrafo, hacia una anécdota divertida que añadía mientras copiaba. En otras ocasiones pasaba la página del cuaderno, se quedaba mirando lo escrito y se daba cuenta de que no valía, y lo tachaba, o tachaba una parte de la página. O bien tecleaba un rato, pasaba otra página, lo mecanografiaba todo, pasaba otra página y la copiaba. Pero entonces veía algo otra vez, y lanzaba una exclamación, y se echaba a reír, y proseguía, y se lo pasaba bárbaro con aquello”.

La novela permaneció inédita durante más de 5 años (increíble, dado que después fue un best-seller que sigue vendiendo al día de hoy). Tras una serie de intervenciones por parte de distintos editores y abogados, On The Road se publicó finalmente con nombres cambiados, rebajada en algunos decibeles su grado de “obscenidad”, y una importante poda. Allen Ginsberg, uno de los personajes reales que aparece en la novela, dice que la novela que se publicó no se parece en absoluto al libro salvaje que Kerouac mecanografió en el 51. Y añade que algún día, cuando “todos hayamos muerto”, el “demente original” verá la luz tal como se concibió. Ahora, más de medio siglo después, se acaba de publicar en castellano un muy interesante librito con toda la historia, como complemento de la -también reciente- edición del texto según el rollo mecanografiado original (manuscrito, by the way, que se vendió hace poco por dos millones y medio de dólares).

Hay una cantidad de detalles apasionantes para el fetichista de los procesos artísticos que todos –ok, de acuerdo, algunos enfermitos- llevamos dentro. Los curiosos buscarán el libro, que recomiendo (Kerouac en la carretera, Howard Cunnell et al, editorial Anagrama). Sólo quiero señalar aquí el hecho de que, en realidad, no hubo un solo manuscrito. Hubo versiones anteriores y posteriores. En cuadernos de notas y en hojas tipografiadas. Las diferencias entre la versión del rollo mítico y la versión publicada son significativas e incluyen los nombres reales de todos los personajes en la original: Carlo Marx todavía es Allen Ginsberg, Dean Moriarty es Neal Cassady, Sal Paradise es Jack Kerouac. En ese sentido, queda en mayor evidencia su estatuto –precursor- de novela autobiográfica/documental. Pero tampoco parecen ser tan sustanciales como sugiere el autor de El aullido. De hecho, cuando Ginsberg habla del “demente original” se está refiriendo con toda probabilidad a otro manuscrito, posterior, que Kerouac tituló provisoriamente On The Road pero que constituye otra novela distinta, publicada más tarde como Visions of Cody.

Pero hay algo muy interesante en la búsqueda de Kerouac que reflejan las distintas versiones y esbozos y correcciones. Tiene que ver, precisamente, con su método de escritura. Fue decisivo –y en eso la leyenda tiene razón- el encuentro con Neal Cassady. Cassady, que se convertiría en el héroe de la novela, buscó a Kerouac porque quería que éste le enseñara a escribir. Paradójicamente, fue una larga carta de Cassady la que hizo que Kerouac viera la luz y descubriera su propia voz, inspirado por la voz de Cassady. La carta ni siquiera estaba dirigida a Kerouac pero circuló entre los amigos. Kerouac leyó la carta en un viaje en subte desde Ozone Park, donde vivía con la madre, hacia Manhattan. Al salir del subte se sentó en un bar durante dos horas para terminarla e, inmediatamente, volver a empezar. Kerouac escribió una respuesta donde le dice a su amigo que esa humilde misiva estaba “entre lo mejor que se ha escrito en Estados Unidos”. Cassady le contesta que redactar la carta “se comió la mejor parte de tres largas tardes de bencedrina”.

Las propias cartas que Kerouac le escribe a su amigo -otro mito de la espontaneidad- son en muchos casos versiones de notas y fragmentos narrativos que ya tenía escritos y que, a veces, volvió a utilizar en sus libros. Dicen que Kerouac supo reproducir como nadie el modo único de hablar de Cassady. Pero, más importante, aquella carta de Cassady fue la que lo inspiró a empezar a escribir en primera persona, en estilo directo y coloquial, y “abjurar de la ficción y el miedo. Sólo se puede escribir la verdad. No hay ningún otro motivo para escribir”. En el rollo mecanografiado, Kerouac asegura que “tan sólo unos años después Neal llegaría a ser un gran escritor” y da a entender que por eso cuenta la historia de Cassady. La verdad es que Cassady nunca llegó a ser un verdadero escritor. Si algo suyo se llegó a publicar fue exclusivamente por la relación con Kerouac y su estatus de personaje literario, transformado en ícono de la generación Beat. Igual, confieso que muero por leer el libro que recopila cartas y escritos de Cassady… (El primer tercio, también publicado por Anagrama).

Al mismo tiempo, Kerouac descubrió que podía abandonar la idea de trama convencional. En vez de la serie de episodios unificados que sugieren una relación causal entre los distintos acontecimientos, en el rollo la estructura es impredecible y refleja el mismo proceso en el que Kerouac va recordando y olvidando los distintos episodios a medida que escribe. Un detalle simpático del relato del rollo es que cada tanto promete ocuparse de algo más adelante, cuando termine lo que está contando en este momento. "¿Dónde estaba?" se pregunta. A la vez, este “método narrativo” impredecible, casi involuntario, reproduce una especie de filosofía: “la experiencia de la vida es una serie regular de desviaciones”. Las mismas desviaciones del camino. Cuando Kerouac planea hacer su primer viaje al Oeste, decide recorrer el país a dedo por la Route 6, “una larga línea roja que llevaba desde la punta de Cape Cod directamente a Ely, Nevada, y luego bajaba hasta Los Angeles”. Pero apenas salido de Nueva York, bajo la lluvia, empapado al pie de Bear Mountain, no consigue nadie que lo lleve en su camino, salvo un conductor que le sugiere otra ruta, para la cual debe volver a la ciudad desde donde salió. “Me di cuenta que tenía razón. Era un sueño que se iba al traste, la estúpida idea concebida al amor del hogar de que sería maravilloso atravesar el país siguiendo una gran línea roja en lugar de intentar diversas carreteras y rutas”.

¡Qué ganas de echarse a andar por los caminos! (Todo esto puede ser leído como una declaración de principios de mi próxima película...)

-Andrés Di Tella

8 comentarios:

Linkillo dijo...

Andrés, está muy lindo tu blog y me da envidia... Al margen de eso, te llamo para comer una noche de éstas

José Rivarola dijo...

Hoa Andres, tantas lunas desde que nos vimos

Muy bueno este texto sobre uno de los escritores que más me ha golpeado (beat)
Yo tengo este libro de Anagrama desde el 2010 “En la Carretera (el rollo mecanografiado original) En la solapa una foto de Kerouak con un gato en brazos. El problema de la originalidad, en este tipo de literatura, choca con la traducción; escuchar a Kerouak que le dice a Neal Cassady “tio pasame la botella”, “Nos viene bien un poco de priva” como ejemplo de innumerables españolismos quinqui, me desubican de California o de la ruta este− oeste, para meterme en medio de un barrio madrileño. Tal vez la editorial Losada cuando publicó “En el Camino” a pesar de los recortes pertinentes, utilizó un lenguaje bastante neutro dentro de lo que cabe.
Es un tanto incomodo leer a tipos como Kerouak o Bukowsky en castellano por esa inclinación absurda que tienen los traductores a enchufar equivalentes. Me gustaría aprender slang americano para leer el verdadero original. Tú puedes darte ese placer Andrés, así que ya sabes

José Rivarola dijo...

Hoa Andres, tantas lunas desde que nos vimos

Muy bueno este texto sobre uno de los escritores que más me ha golpeado (beat)
Yo tengo este libro de Anagrama desde el 2010 “En la Carretera (el rollo mecanografiado original) En la solapa una foto de Kerouak con un gato en brazos. El problema de la originalidad, en este tipo de literatura, choca con la traducción; escuchar a Kerouak que le dice a Neal Cassady “tio pasame la botella”, “Nos viene bien un poco de priva” como ejemplo de innumerables españolismos quinqui, me desubican de California o de la ruta este− oeste, para meterme en medio de un barrio madrileño. Tal vez la editorial Losada cuando publicó “En el Camino” a pesar de los recortes pertinentes, utilizó un lenguaje bastante neutro dentro de lo que cabe.
Es un tanto incomodo leer a tipos como Kerouak o Bukowsky en castellano por esa inclinación absurda que tienen los traductores a enchufar equivalentes. Me gustaría aprender slang americano para leer el verdadero original. Tú puedes darte ese placer Andrés, así que ya sabes

Lucas dijo...

Kerouac insisted that language be "undisturbed flow from the mind of personal secret idea-words, blowing (as per jazz musician) on subject of image"; that there be "no periods separating sentence- structures already arbitrarily riddled by false colons and timid usually needless commas- but the vigorous space dash separating rhetorical breathing (as jazz musician drawing breath between outblown phrases)"; "not selectivity' of expression but following free deviation (association) of mind into limitless blow-on-subject seas of thought, swimming in sea of English with no discipline other than rhythms of rhetorical exhalation and expostulated statement, like a fist coming down on a table with each complete utterance, bang!"; that there be "no pause to think of proper word but the infantile pileup of scatological buildup words till satisfaction is gained... ."

Gitlin, T. (1987). The Sixties: Years of Hope, Days of Rage, p. 51, Estados Unidos: Bantam Book

Fotografías dijo...

En realidad, Linkillo, lo que pasó es que me puse a probar distintos "looks" y terminé perdiendo el original (copiado de linkillo.blogspot.com como sabés)!

Hablemos...

Fotografías dijo...

José: las lunas siguen pasando, de creciente a poniente...

Como queda claro de la cita aportada por Lucas, la prosa de Kerouac es literalmente intraducible. Yo, sin embargo, lo he leído y disfrutado en los dos idiomas. Me pasa a veces que, en inglés, su prosa se me hace demasiado única e intransferible, por lo tanto inimitable, mientras que en castellano ya viene traducida y, por lo tanto, se nos acerca un poquito más. No sé, cosas del lenguaje, a veces viene con ventaja no leer el original. Creo que Borges estaría conmigo en esta...

Fotografías dijo...

Thank you, Lucas. Buena la cita.

Anónimo dijo...

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