Entre los libros que leí últimamente está Estado y cuestión indígena. El destino final de los indios sometidos en el sur del territorio (1878-1930) de Enrique Hugo Mases, recién aparecido. Abrumadora compilación de datos precisos, difíciles de hallar en un solo libro, sobre “el destino final de los indios sometidos”, como anuncia el tenebroso subtítulo. Sin maniqueísmo, proporciona una síntesis muy clara de las distintas etapas de la “conquista del desierto”, diferenciando por ejemplo las distintas políticas de los ministros de defensa, de un Alsina (el de la "zanja") y de un Roca (el del billete de 100). Y detalles espeluznantes de la “distribución” de los indios, en la que se dividieron deliberadamente las tribus e incluso las familias de los indios sometidos. En una nota al pie, aparece este testimonio de un misionero salesiano, publicado en la época:
En la campaña de 1880-1881 y 83 contra los indios, los soldados robáronle todos sus rebaños; y si no mataban, contra el derecho de gentes, desmembraban las familias, incorporando al ejército sus hijos mayores y repartiéndose entre ellos, u ofreciendo en don a familias particulares a los más chicos, de suerte que dejaban solos al padre y a la madre sumergidos en amarga congoja y triste llanto. En el mismo pueblo de Patagones, viéndose un padre arrebatar a sus hijos por los soldados desalmados, ardiendo en súbito furor, echó mano de su último hijo, y lo estrelló contra las ruedas de un carro con tamaña violencia que por la rudeza del golpe, el cerebro, hecho pavesas salpicó el suelo, mientras a voz en cuello gritaba: "Infames cristianos ¡Este no lo tendréis vivo!"
(Boletín Salesiano, Buenos Aires, septiembre de 1895, Año X, No. 9 p.211)
fotografía: rodaje de El país del diablo de Andrés Di Tella