sábado, 13 de agosto de 2011

Hachazos

Documental

Hachazos

Andrés Di Tella recupera la figura y la obra de Claudio Caldini

Por Claudio Minghetti | LA NACION


Hachazos (Argentina/2011) / Dirección : Andrés Di Tella / Guión : Andrés Di Tella, con la colaboración de Dario Schwarzstein / Imagen : Guillermo Ueno / Montaje : Felipe Guerrero / Sonido directo : Pablo Demarco / Duración : 80 minutos / Distribuidora : Primer Plano / Calificación: Para todo público
Nuestra opinión: muy buena

"Hoy adivino qué me pasa/por qué mi nombre no soy yo/por qué no tengo una casa/por qué estoy sólo y no soy./Porque hoy nací, hoy nací", dice el tema de Javier Martínez de tiempos de Manal, que se escucha en dos momentos clave de este documental de Andrés Di Tella que, como sus anteriores propuestas, supera el género. A cuatro décadas, parece escrito para Claudio Caldini, cineasta de vanguardia que con un grupo de amigos de entonces, entre ellos Omar Chabán, Narcisa Hirsch y Silvestre Byron, jugaron como Man Ray en la década del 20 a la experimentación, en tiempos en que el mundo, y en especial la Argentina, estaba por pegar un giro irremediablemente trágico que primero fue cultural y finalmente político. Caldini, con una cámara súper 8, intentó romper con un cine que a pesar de las viejas vanguardias seguía aferrado a estructuras previsibles. Caldini sorprendió. Su puñado de trabajos más o menos cortos podrían, si ahora él decidiera mostrarlos nuevamente, sacudir por amor o por espanto, igual que lo hicieron en su tiempo.

Caldini tuvo un curioso derrotero. En aquellos tiempos violentos, y cuando un cineasta amigo fue una de las víctimas de la dictadura militar, lejos de cualquier postura contestataria, marchó al exilio con rumbo a la India ("Me sentía extranjero en mi propio país", reconoce) y tras un largo período en el que llegó a las convulsiones y al delirio, regresó con los bolsillos vacíos y sin contención alguna para convertirse en el casero de una finca en General Rodríguez y ofrecer talleres de creación a grupos de jóvenes. Con sus películas a cuestas, y un archivo donde guarda recortes de revistas, fotos y recuerdos, Caldini recorre el pasado guiado por Di Tella, que encuentra el lenguaje exacto para describir al cineasta experimental, al personaje y su curioso mundo como congelado en el tiempo. Magia, misterio, extrañeza y soledad se mezclan en esta reconstrucción episódica de un personaje con tantos enigmas como certezas.

Para Caldini todo pasado es sueño, y como tal, por más real que haya sido vivido, uno puede olvidarlo con extrema facilidad. Para él ".cuando mejor filmo es cuando no pienso". Y volvió a hacerlo en esta oportunidad para tres proyectores sincronizados. Di Tella apenas deja entrever algunas pocas imágenes de las que Caldini atesora. Las protege igual que su entrevistado, en una serie de encuentros que parecen sesiones de análisis sin diván más que fragmentos de un documental. Di Tella intenta ponerse del lado de su interlocutor y hasta imita su inimitable forma de mostrar el mundo. El resultado es perturbador y despierta la necesidad de conocer la obra del personaje que el mismo Di Tella, además, intenta analizar en un libro que complementa al film.

Caldini gira, como su cámara. La ata a una cuerda y mientras filma la revolea. "El verdadero Caldini no está", asegura Di Tella. El verdadero Caldini es aquel que quedó en el tiempo, en esa memoria difusa y traidora. "Vivir como se filma, filmar como se vive", concluye Di Tella. Eso es lo que muestra y dice, incluso con la pantalla a oscuras, con el rostro de Caldini apenas visible, o en silencio, y no es poco.

viernes, 12 de agosto de 2011

Desde el otro lado

AMOR Y ARTE CLAUDIO CALDINI, UNO DE LOS MEJORES DIRECTORES DE CINE EXPERIMENTAL ARGENTINO, TRABAJA EN SUPER 8.
Desde el otro lado

Crítica “Hachazos” Andrés Di Tella rescata al realizador Claudio Caldini.

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Fría sinopsis gacetillera: Hachazos es un documental de Andrés Di Tella sobre Claudio Caldini, ícono del cine experimental argentino. Tan cierto como insuficiente. A ver, intentemos de otro modo: Hachazos es el rescate de un artista singular y olvidado, de un personaje rico, errante, misterioso; también, de un modo libre, lírico e intenso de filmar en Super 8. No. Vayamos otra vez, ya sin esperanzas de la capturar lo esencial: Hachazos es un filme que fueron creando juntos, tal vez sin proponérselo, tal vez sin ser del todo conscientes, dos cineastas muy distintos, aunque unidos por el talento y la humildad.

Humildad. La de Caldini, que hoy trabaja cuidando quintas y que construyó una originalísima obra cinematográfica sin apoyos, sin quejas y sin vanidad. La de Di Tella, que no nos impone una mirada unívoca sobre Caldini, al punto de que no está convencido de haber hecho un documental sobre él. Tiene, en parte, razón: Hachazos combina antiguas imágenes casi oníricas de Caldini con dudas de Di Tella en off; dialéctica intergeneracional e interpelaciones del supuesto entrevistado al supuesto entrevistador. Hablamos de un filme que exhibe sus dudas: que crece prescindiendo de relatos lineales y omnipotencias narrativas.

Como su obra, Caldini parece inasible. “Vos querés retratar al que filmó todo esto, al que ya no soy”, le dice a Di Tella, e incluso le cuestiona su modo de encarar el rodaje. Di Tella no desecha esto en el montaje. Al contrario, lo exhibe como algo central. Gran acierto. Después de todo, el arte de Caldini no está hecho de certezas. “No recuerdo bien mi infancia -dice él-. Es como el cine, como los sueños: uno siente que los recuerda lúcidamente, pero después cae en una nebulosa. Al despertar uno siente que le ocurrió algo maravilloso, algo más intenso que en la vigilia. Después no recuerda nada”.

Caldini fue parte de una generación brillante, vanguardista y perdida. Durante la dictadura tuvo que emigrar. Viajó a la India. Perdió casi todo, incluso su razón. Volvió muchos años después. Emprendió una vida errante, en parte fantasmal. Como ya se dijo, ahora sobrevive cuidando quintas. Durante algunos viajes en tren lleva su filmografía, su biografía completa, en una valijita. Volvió, qué bueno, a experimentar con una Super 8. Quemó gran parte de los objetos que le quedaban. Sus goces, sus fantasmas, sus obsesiones perduran en esas llamas, en sus películas, y, como lo entendió Di Tella, no son traducibles a palabras.


jueves, 11 de agosto de 2011

Hachazos/performance, 10 de agosto 2011




Hachazos
performance/proyección en formatos múltiples
Claudio Caldini, Andrés Di Tella
Espacio Fundación Telefónica
Buenos Aires, 10 de agosto 2011

Palabras: Ricardo Piglia

Presentación del libro Hachazos de Andrés Di Tella (Editorial Caja Negra).

fotografías: Darío Schvarzstein

Ricardo Piglia presenta "Hachazos"

Ricardo Piglia, anoche, en Espacio Fundación Telefónica, Buenos Aires. Presentación de lujo de Hachazos, mi pimer libro...

fotografía: Darío Schvarzstein

Un organismo vivo

espectaculos

JUEVES, 11 DE AGOSTO DE 2011

CINE › HACHAZOS PARECE UN CUERPO QUE RESPIRA

Un organismo vivo

La línea maestra del film es Caldini mismo, a quien Di Tella filma con la clase de distancia afectuosa que se mantiene con alguien que se quiere, pero a quien se teme quebrar.

Por Horacio Bernades

Descartada por demasiado literal la opción del documental sobre leñadores chaqueños, el título de la nueva película de Andrés Di Tella puede llevar a imaginar un film hecho de cortes secos y brutales, en el que cualquier prolijidad habrá cedido su lugar a una violencia de las formas. No hay nada de eso en Hachazos y de hecho no es fácil advertir por qué Di Tella le puso ese título a su opus 7 en el largometraje, presentado en abril pasado en el Bafici y estrenándose ahora en el Gaumont y malba.cine. Hachazos tiene un protagonista y ese protagonista es un verdadero personaje. Se trata de Claudio Caldini, mítico prócer del cine experimental en la Argentina. Tras una época de oro en los ’70, de Caldini se supo poco y nada, de tal modo que Di Tella, que lo tiene por un maestro, partió en busca de su sombra un tiempo atrás. Pero no para develar qué había detrás de esa sombra, como lo haría un documental crasamente periodístico, sino para internarse en ella.

Si algún corte abrupto hay en Hachazos, son los que el propio Caldini parece haberse dado a sí mismo en el curso de su vida, hasta fragmentarse en mil pedazos. Pedazos que Hachazos reconstruye, pero como sin proponérselo. La película tiene un tono casual que es muy Di Tella. En algún momento de Hachazos, conectando con el formato de diario personal que el realizador viene cultivando –desde antes incluso que las notoriamente “en primera persona” La televisión y yo y Fotografías–, Di Tella cuenta cómo y cuándo conoció a Caldini. Fue en 1976, poco después de marzo y a propósito del rodaje de un corto en el que Marta Minujin era enterrada a paladas, en bikini. Los títulos finales, rustiquísimos cartelitos hechos a mano, consignan a un Di Tella menos que veinteañero como uno de los que paleaba desde fuera de cuadro. Pero el cartel no dice “Palean”, sino “Arrojan la barbarie”. La relación entre el arte de vanguardia y la política en la Argentina de las últimas décadas es una de las líneas (línea tangente, quebrada, de trazo casi al agua, como todas las de la película) que Hachazos desarrolla.

Pero la línea maestra es Caldini mismo, a quien Di Tella filma con la clase de distancia afectuosa que se mantiene con alguien que se quiere, pero se teme quebrar. Tomando algún mate en la quinta de Moreno donde trabaja como cuidador, Caldini cuenta que tenía un miedo pánico de quebrarse, allá en los ’70, cuando la cosa empezó a cobrar temperatura, cuerpos y vidas en Argentina. Se quebró en la India, donde había huido durante la dictadura, buscando seguramente alguna clase de salida espiritual (el documental no lo dice, pero quien va a la India no va en busca de chicas, playa o trabajo) al brete en el que se hallaban, él y el país. Caldini tuvo un brote, tuvieron que internarlo en Nueva Delhi, no sabía quién era ni cómo se llamaba. “Por qué mi nombre no soy yo”, canta Javier Martínez, pero no durante el relato de Caldini: Hachazos no redunda, asocia.

“Encima, por un error de lectura de mi DNI, los médicos me llamaban Edmondo, y yo no sabía quién era ese tipo”, recuerda Caldini. No hay película de Di Tella que no tenga humor. Aunque esta vez sean apenas hachazos sueltos: el largo, circunspecto, apenas cicatrizado Caldini no es el chistoso Torcuato Di Tella de La televisión y yo o la exuberante protagonista de Montoneros, una historia. “Cuando volví estuve mucho tiempo sin trabajo, llegué a vivir en treinta y seis lugares distintos en poco tiempos”, cuenta Caldini, cuyo exilio de sí mismo el trabajo de quintero parece haber empezado a suturar. “Porque hoy nací”, canta ahora Javier Martínez. Imposible saber con certeza hasta qué punto a Caldini le pasa lo mismo. Di Tella no lo fuerza a ninguna clase de confesión, juego de la verdad o catarsis. Hachazos no es una investigación, es un diálogo. Como parte de ese diálogo, el personaje hasta puede resistirse a hacer lo que el director le pide. Al final (no por nada la imagen de una mudanza, un viaje, un tránsito), Caldini sigue siendo un enigma.

Si los films de Di Tella suelen caracterizarse por un modo de representación que por la ausencia de asertividad podría definirse como “tentativo”, Hachazos es, posiblemente, la consumación de ese modo. Nunca se sabe bien a dónde va y uno simplemente se deja llevar por sus largos y cadenciosos planos secuencia, que parecen marcar el tiempo de una espera, un pausado ritual de (re)conocimiento. Planos llenos de aire, seguidos de otro plano que es siempre una incerteza. Más que una película, un cuerpo que respira, que piensa en voz alta. Un organismo vivo.

9-HACHAZOS

Argentina, 2011.

Dirección: Andrés Di Tella.

Guión: Andrés Di Tella, con colaboración de Darío Schvarstein.

Fotografía: Guillermo Ueno.

Montaje: Felipe Guerrero.

Producción: Marcelo Céspedes para Cine-Ojo.

Estreno en cines Gaumont y malba.cine.

Fotogramas

Andrés Di Tella: En Hachazos, su nuevo documental, el realizador de La televisión y yo recupera la figura de un personaje legendario, Claudio Caldini, autor de un cine extremadamente personal, “hecho de fotogramas que se escapan, casi imperceptibles, de una belleza conmovedora”.


www.pagina12.com.ar

"Hachazos" de Andrés Di Tella (trailer)



Hachazos se estrena HOY jueves 11 en el cine Gaumont (13:00 – 16:30 – 19:50hs) + Arte Cinema (16.20 - 22hs) + MALBA (domingos 18hs).

miércoles, 10 de agosto de 2011

HOY 19hs Espacio Fundación Telefónica, Arenales 1540


HACHAZOS
Biografía experimental de Claudio Caldini


Andrés Di Tella


HOY MIERCOLES 10 DE AGOSTO 19hs
ESPACIO FUNDACION TELEFONICA, ARENALES 1540
PERFORMANCE / PROYECCION EN FORMATOS MULTIPLES
A CARGO DE ANDRES DI TELLA Y CLAUDIO CALDINI

PRESENTACION A CARGO DE RICARDO PIGLIA

Entrada libre. Capacidad limitada. Se recomienda puntualidad.

Las películas de Andrés Di Tella son documentales en primera persona, en los que las cualidades subjetivas de la experiencia y la memoria se funden con los objetos de sus investigaciones. En este libro, que retrata la enigmática figura del cineasta Claudio Caldini, el origen de su interés tampoco escapa a lo autobiográfico. Al reconstruir la vida y la obra de este cultor del cine underground, protagonista de uno de los capítulos más interesantes e injustamente olvidados de la historia del cine argentino, Di Tella bosqueja los primeros pasos del cine experimental en el contexto político represivo de la década del setenta, a la vez que indaga sobre el origen de su propia relación con el cine.

Hachazos es el fruto del encuentro entre dos cineastas muy diferentes que encarnan dos concepciones casi antagónicas del cine: la narración y la contemplación, el testimonio y la imagen, la figura y la abstracción. Es el diario de una colaboración, una correspondencia, una discusión. Los inicios de la relación de Claudio Caldini con el cine reconstruyendo películas a partir de fragmentos de cintas desechadas; las complicidades creativas en los orígenes del cine underground argentino; los años de dictadura militar encerrado en un jardín entre las plantas y el silencio; el viaje a la India, adonde fue detrás de una utopía y perdió casi todo, hasta la razón; una década de errancia con más de treinta domicilios provisorios; y su producción reciente, entre el cine expandido y la performance: Hachazos recupera la trayectoria de un artista que hizo de su relación con la imagen un trabajo de orfebre y de sus indagaciones estéticas un viaje del espíritu.

Este volumen forma parte de un programa de trabajo más amplio de Andrés Di Tella sobre la obra de Claudio Caldini, que incluye una película homónima y una serie de performances y proyecciones desarrolladas de manera conjunta por ambos artistas.

Andrés Di Tella dirigió las películas Montoneros, una historia (1995), Macedonio Fernández (1995), Prohibido (1997), La televisión y yo (2003), Fotografías (2007), El país del diablo (2008) y Hachazos (2011). Fue fundador y primer director del BAFICI en 1999, y desde 2002 dirige el Princeton Documentary Festival en la Universidad de Princeton, EE.UU. Se han dedicado dos compilaciones a su obra: Andrés Di Tella: cine documental y archivo personal (Siglo XXI) e Inventario de regresos. El cine documental de Andrés Di Tella (Cines del Sur). Ha publicado ensayos tanto en la Argentina como en Inglaterra, Brasil, EE.UU. y Alemania. Hachazos es su primer libro.

EDITORIAL CAJA NEGRA

Hacer clic en la imagen para leer.

Las formas alternativas

EXPLORACION  EL DIRECTOR DE “FOTOGRAFÍAS” CENTRÓ SU FILME - QUE SE ESTRENA MAÑANA- EN LA FIGURA DE CALDINI, UN HOMBRE MISTERIOSO, ERRANTE, QUE FILMA PELÍCULAS EXPERIMENTALES EN SUPER 8 Y OTROS FORMATOS DESDE LA DÉCADA DEL ‘70. DI TELLA JUNTO A RICARDO PIGLIA PRESENTARÁ ESTA TARDE, ADEMÁS, UN LIBRO SOBRE ÉL.Ampliar

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CINE

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Entrevista. Andrés Di Tella. El director habla de “Hachazos”, documental sobre el cineasta experimental Claudio Caldini.

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Mañana, Andrés Di Tella (Montoneros, una historia, La televisión y yo, Fotografías) estrena Hachazos, documental sobre el realizador Claudio Caldini, ícono del cine experimental argentino. También, un artista olvidado. Un hombre de destino misterioso, errante. “Experimentó hasta las últimas consecuencias la ruptura de los ‘70. Sobrevivió a la dictadura. Escapó a la India detrás de una utopía y perdió casi todo, hasta la razón. De regreso a Buenos Aires, quedó en la calle. En una década, vivió en 36 lugares distintos. Abandonó el cine. Durante los últimos años trabajó como cuidador en una quinta de General Rodríguez. Tras una etapa de soledad y silencio, volvió al ruedo, con una camarita Super 8 prestada”, explica Di Tella.
¿Cómo lo conociste?
En 1976. Yo era adolescente. Fui con mi mamá a participar en una filmación de una amiga de ella: Marta Minujín. Había que enterrar, aquel año del golpe, a Marta, que estaba en bikini en una azotea. Yo tiraba la tierra; Caldini filmaba. Después descubrí su cine. Hace unos años volví a encontrarlo. Daba un curso de cine experimental. Empecé participando en el curso.
“Hachazos” no es una biografía. Incluso, parece que la hubieran hecho juntos, sin un plan previo, con cierta reticencia de él...
No fue fácil convencerlo: me preguntaba por qué quería filmar su vida, por qué de determinada manera. Hubo un cruce de estilos que dio por resultado el estilo de la película. Lo mío es la narración; lo de él, la contemplación. Las viejas filmaciones suyas funcionan como flashbacks. No estoy seguro de que Hachazos sea un documental. No había un guión ni un plan. Confié en lo que salía en el momento, no lo ahogué con planificación. Traté de que fuera un viaje de descubrimiento para el espectador.
¿Qué opinás del cine de Caldini?
Que es extraordinario. Caldini es uno de los grandes cineastas del país. Lo que logró en seis minutos, en su último trabajo, tiene una condensación poética y emocional que no sé si es posible encontrarla en otro director nacional. Hubo otros cineastas experimentales, como él, borrados de la Historia.
Junto con la película, hoy presentás un libro (en Arenales 1540, a las 19)...
Sí, va a ser una performance con Caldini y Ricardo Piglia. El libro está más cercano al carácter de un diario. Cuento cómo fueron estos encuentros; me meto más con su biografía, con su grupo, con los ‘70, años en los que no sólo había militancia política sino una eclosión de todo tipo. Esta gente no sólo hacía cine experimental. Llevaba vidas experimentales.
En tu película anterior, “Fotografías”, indagabas en tus ancestros indios. ¿Influyó el viaje de Caldini a la India en tu decisión de filmar “Hachazos”?
Fue el motor secreto. Ya me había contactado con él por Fotografías. Su viaje a la India expresa la búsqueda de utopías. No de una utopía política, colectiva, sino de una forma alternativa de vivir, de ser, de hacer y ver cine. «


fuente: Clarín


"Hachazos" de Andrés Di Tella (trailer)



Hachazos se estrena el jueves 11 en el cine Gaumont (13:00 – 16:30 – 19:50hs) + Arte Cinema (16.20 - 22hs) + MALBA (domingos 18hs).

martes, 9 de agosto de 2011

Claudio Caldini, el hombre cámara

Cine / Estreno de pasado mañana

Claudio Caldini, el hombre cámara

Andrés Di Tella aporta en Hachazos su mirada a la pequeña gran obra del cineasta experimental

Por Claudio Minghetti | LA NACION

Andrés Di Tella rescata a un cineasta de vanguardia que filmaba en Súper 8 hace cuarenta años y todavía tiene el deseo, la energía y la creatividad suficientes como para volver a la carga. Es cierto: es difícil encontrar quien recuerde a Caldini, menos todavía que haya visto su obra. Para los que se emocionaban con la experimentación con cámaras caseras a cartucho de las décadas del 70 y 80, los que vivieron aquellos memorables encuentros de sábado de Uncipar, hasta llegar a las funciones alternativas, donde los que participaban eran verdaderos iniciados, siempre suena su nombre como el de un referente.

En aquellos tiempos, salió a la luz la obra de Claudio Caldini, quien habría de convertirse en un autor emblemático, polémico y todavía hoy transgresor, que espera una revisión. Algo que otro cineasta, el documentalista Andrés Di Tella, emprende con Hachazos, producido por Marcelo Céspedes, que desde el jueves presentará Cine Ojo.

"Un hombre lleva toda su obra, que es toda su vida, dentro de una vieja valijita de cuero comprada en la India, en un tren que va de Moreno a General Rodríguez. Son los originales de sus películas, todas en Súper 8, un formato obsoleto, en vías de extinción, que no permite copias. Esa valija es como el manuscrito de su autobiografía. Se trata de Claudio Caldini, cuidador de una quinta de los suburbios, cineasta secreto", explica el responsable de este trabajo, fundador y primer director del Bafici, autor de Montoneros, una historia; Prohibido, Fotografías y la poco vista El país del diablo, que además, y en coincidencia con el estreno, publica un libro con el mismo título de la propuesta.

"Caldini hace cine solo, sin dinero, sin nadie. Ata la cámara a una soga y la revolea por encima de su cabeza, pinta o perfora el celuloide, monta la cámara encima de una bicicleta, filma sombras, crea animaciones con la luz que entra por una ventana, amplía las posibilidades del cine hasta hacer lo imposible", recuerda Di Tella. "Sobrevivió la dictadura militar encerrado en un jardín. Escapó a la India detrás de una utopía y perdió casi todo, hasta la razón. Fue expulsado de un ashram e internado en un manicomio. De regreso a Buenos Aires, quedó en la calle. Durante una década, tuvo 36 domicilios provisorios y abandonó el cine. En los últimos años, recaló como cuidador de una quinta. Allí vive, humildemente."

En su cine, Di Tella acostumbra a relacionar lo expuesto con su propia vida, y el caso de Hachazosno es una excepción a esa regla no escrita. "Hablar de Caldini es también hablar de mi propia relación con el cine. La primera vez que estuve en una filmación, o algo parecido, fue cuando todavía estaba en la escuela. Se trataba de una performance en la que la artista Marta Minujín, amiga de mi madre, se enterraba viva. Yo tiraba la tierra, Caldini filmaba en Súper 8. No lo volví a ver durante muchos años", explica el documentalista, él también dispuesto a abrir la polémica, una vez más..