Mostrando las entradas con la etiqueta Atlantidoc. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Atlantidoc. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de diciembre de 2011

Diario de Montevideo




Mientras proyectaban Hachazos en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo, donde tuvo lugar una retrospectiva de mis películas en el marco de Atlantidoc, aproveché para pasear por el insólito Parque Rodó. El museo, diseñado en los años 70 por Clorindo Testa, convive armoniosamente con un parque de diversiones, un lago artificial con puentes y botecitos, varias canchas de tenis de polvo de ladrillo, un edificio modernoso (años 50) perteneciente a la Universidad de la República, un estadio de fútbol profesional, un paseo de esculturas, bancos a la sombra con lectores de periódicos, una cancha de bochas de dimensiones olímpicas y una arboleda preciosa. Todo en un encantador estado de ligero deterioro, muy montevideano.

martes, 13 de diciembre de 2011

Diario de Atlántida (3)

En la vela de un restaurant donde comíamos todos los días -la gastronomía decididamente no es el fuerte del lugar- de pronto advierto la efigie del águila, alusiva a la "Casa del águila", una construcción bizarra sobre la playa con forma de águila, símbolo del balneario.

Una noche proyectaron en la Casa del águila, al aire libre, una película uruguaya filmada allí mismo en 1977, una muy apropiada bizarreada de los setenta llamada El niño y la cometa. Alto momento de cine de lo real o de lo real del cine, no sé.

Ricardo Casas, generoso factotum de Atlantidoc, imperturbable frente a los azares festivaleros, tales como el miembro del jurado que desapareció, la pantalla que se voló en medio de una función al aire libre, la irrupción de la policía en medio de una noche en la habitación de algunos invitados, otros invitados que no se sabía si vendrían o no hasta el último momento, etc. Su calma en medio de la tormenta generaba un clima apacible, sumamente agradable, infrecuente en un festival de cine.

Más allá de todo lo demás, que fue mucho, para mí el Atlantidoc se justificó por el reencuentro con Hernán Musaluppi, productor-estrella de Martín Rejtman, Rodrigo Moreno, Pablo Stoll y mucho de lo más granado de la cinematografía rioplatense. Recordamos aquellos dias lejanos cuando nos unió la creación del BAFICI, en la que Hernán tuvo un papel decisivo.

Da ganas de volver a Atlántida con la caña de pescar.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Diario de Atlántida (2)

Exiliados de Mariana Viñoles (Uruguay)

Otro de los documentales que me gustó mucho de la cosecha del Atlantidoc fue Exiliados, de la uruguaya Mariana Viñoles, Mejor Documental Uruguayo (qué placer que los dos premios principales fueran a parar a manos de mujeres directoras, dicho sin ninguna condenscendencia pero, desgraciadamente, no es costumbre). A diferencia de El lugar más pequeño de Tatiana Huezo, que se llevó el premio principal, Exiliados no hace gala del menor preciosismo. Por lo contrario, parece filmada en VHS (que, a esta altura, ya cobra aires nostálgicos a la manera del super-8 para generaciones anteriores). De hecho, desde el comienzo queda establecido que se trata de un material casero, casi de home movie familiar. En una vieja cinta defectuosa repleta de drops, la propia directora se filma a sí misma, en su nueva residencia en Bélgica, adonde se acaba de mudar después del la crisis del 2001. Imaginamos a los padres de Viñoles como destinatarios de esta video-letter. Y ese tono familiar, confidencial, prevalece a lo largo de todo el metraje, que registra las idas y venidas, de Uruguay al exilio y del exilio a casa, de Mariana y sus hermanos y, en una vuelta de tuerca inesperada, del propio padre que emigra a Venezuela cuando dos de sus hijos vuelven al país. Las emociones del desgarro familiar fluyen en un relato de apariencia desprolijo pero, en el fondo, muy bien armado, que nos involucra como si fuéramos nosotros los destinatarios. Un trabajo de montaje notable, sin alardes, que con sabiduría casi invisible baraja testimonio crudo y silencio pregnante, cámara casera y momentos inesperados de poesía visual. La pregunta que nos queda al final es si éramos los destinatarios de esa carta, los que se quedaron en casa, o si por el contrario éramos los que la escribíamos, los exiliados.
-Andrés Di Tella



Diario de Atlántida (1)

El lugar más pequeño Tatiana Huezo (Mexico)
Impresionante documento sobre un pueblito diminuto, perdido en el monte salvadoreño, al que sus moradores regresan después de haberlo abandonado forzosamente durante la guerra civil que asoló a El Salvador desde 1980 a 1992. Al registro delicado y sensible del lugar, la directora mexicana suma una capacidad de escucha prodigiosa que extrae de los campesinos salvadoreños testimonios de sorprendente intimidad (todos en off), alejados de cualquier tono etnográfico o didáctico. Es como estar escuchando las voces fantasmales de Pedro Páramo de Juan Rulfo. El relato de cómo un grupo de lugareños se escondió del Ejército, filmado dentro de unas cavernas espeluznantes, repletas de murciélagos, alcanza una dimensión a la vez poética y siniestra rara vez frecuentada por documentales sobre este tipo de temática. Y como bonus track: extraordinaria banda sonora a cargo de la amiga Lena Esquenazi. El jurado oficial de Atlantidoc (que integré la semana pasada junto a Gonzalo Arijón y Ana Luiza Azevedo) le acaba de otorgar el premio a Mejor Documental... y Mejor Fotografía, Mejor Sonido, Mejor Música Original, Mejor Dirección. Y sí, nos gustó.
-Andrés Di Tella