jueves, 17 de mayo de 2007

El tunel del tiempo

Después del almuerzo con Coppola, en señal de agradecimiento por haberme "hecho el hueco" para venir a hablar con Coppola (...), Tom Luddy ofreció llevarme a algún lugar que yo quisiera conocer de San Francisco o Berkeley (son casi la misma ciudad, separada por un puente). Le dije que había pensado ir a algún museo, pero ya que él estaba en auto, se me ocurrió que podía ser una oportunidad para cumplir la fantasía de volver al barrio donde viví a los siete años, cuando mi viejo estuvo enseñando en la Universidad de Berkeley.
- Me acuerdo de la calle, no sé si la conocés: Buena Vista Way.
- Sí, claro, un amigo vive ahí- contestó Tom, que tiene amigos en todas partes como ya dije.

Cruzamos la bahía de San Francisco nuevamente, pasamos por la zona de la universidad de Berkeley y ascendimos, por calles zigzagueantes, la ladera de una colina, por momentos bastante pronunciada.
-Esta es Buena Vista Way- dijo Tom.
La máquina del recuerdo empezaba a hacer ruiditos.
-Me acuerdo que vivíamos bastante cerca del colegio. Me acuerdo que yo bajaba por la colina unas cuadras hasta llegar al colegio.
-¿Será el Hillside Elementary?- dijo Tom. -Mi mujer fue ahí.
-Puede ser. Creo que sí.
En una vuelta del camino, de la bien llamada "Buena Vista Way", apareció de golpe el recuerdo intacto, entero, de una pieza.
Ahí estoy yo, en la foto, hace cuarenta años. Pero lo milagroso es que estaba todo igual.
-¿Quieres bajar?- dijo Tom. -Yo te espero en el auto.
Bajé y recorrí el colegio. Era sábado por la tarde pero igual había un montón de chicos. El patio estaba casi idéntico a mi recuerdo. Los aros de basquet, la canchita de baseball, la reja alrededor. Era soprendente. Nada había cambiado. Dejé que la memoria de mis pies me llevara. Entre por una puerta, subí unas escaleras. El amplio pasillo que conducía al aula, a mi vieja aula de segundo grado, estaba repleta de niños y padres. Un cartel lo explicaba: "Torneo de Ajedrez". Me asomé al aula y caí por el tunel del tiempo. Algo que hace años que no recordaba me volvía íntegro. Lo extraño es que estaba todo igual, en la actualidad, hoy, cuarenta años después. La sensación era muy extraña. No sé cuánto tiempo estuve ahí parado, probablemente con la boca abierta. De pronto me acordé de Tom, que me esperaba en el auto. Antes de salir, quise ir al baño, tenía que hacer pis. Lo que terminó de convencerme de que algo raro pasaba es que el baño también estaba idéntico. Recordé los azulejos, los diamantes blancos y negros de las baldozas del piso, los inodoros "antiguos"... Todo igual al recuerdo, salvo que ahora que lo pensaba, todo estaba un poco deteriorado, pero no demasiado, casi como hacen en las películas para dar "antiguo". Pensé que era muy raro que en Estados Unidos un colegio, en un barrio "bueno", estuviera igual que hace 40 años, sin modificación alguna, ni siquiera en los baños. Me entró una preocupación absurda. Tuve que salir apurado de ahí, como si temiera que afuera ya no estuviera Tom esperando en el auto y... ya vieron la película. O mejor dicho el capítulo de Dimensión desconocida.

En el tren


En el tren de regreso, de Berkeley a Davis, leí la autobiografía de Mircea Eliade, que había comprado en la librería City Lights antes del encuentro con Coppola. En mi cuaderno hice este dibujito y copié la frase con la que comienza el capítulo sobre la India, una frase clásica, casi de lugar común, pero para mí llena de resonancias: "I shall never forget that evening in Deecember, 1931, in the harbor of Bombay..."