jueves, 9 de agosto de 2012

Jack Kerouac en la carretera


La leyenda del rollo mecanografiado de On The Road siempre ejerció en mí una extraña fascinación, aún sin saber exactamente de qué se trataba (Nota al pie: digo el título en inglés porque en castellano no se ponen de acuerdo entre En el camino y En la carretera). El mito es que Kerouac –el Rey de los Beats- escribió la novela de un tirón, en tres semanas de mayo de 1951, casi sin dormir, colocado con anfetaminas, en un rollo de papel continuo para teletipo, sin puntuación de ninguna clase, en una larga, interminable parrafada, con fondo de jazz en la radio. Eso, inmediatamente después de volver de unos largos viajes de ida y vuelta, haciendo dedo, desde la Costa Este a la Costa Oeste de los Estados Unidos con su amigo Neal Cassady, aka Dean Moriarty en la novela. Vivir para contar y/o viceversa: el mantra Beat. La artimaña del rollo era para verse obligado a escribir sin detenerse, sin poder volver atrás, sin editar: reflejar el mismo pulso (beat) de la vida en el acto de escribir. Aporrear la máquina de escribir como quien improvisa un bebop al piano.

Un amigo de Kerouac de esos años, Philip Whalen, lo describe así: “Se sentaba –ante una máquina de escribir, con sus cuadernos de bolsillo abiertos a la izquierda de la mesa- y se ponía a teclear. Podía teclear más rápido que ningún ser humano. Lo más ruidoso que se oía mientras tecleaba era el retorno del carro, que chocaba con el tope una y otra vez. La campanilla tintineaba, tinc, tinc, tinc. Increíblemente deprisa, más deprisa que un teletipo. A veces se equivocaba y se desviaba hacia un hipotético comienzo de un nuevo párrafo, hacia una anécdota divertida que añadía mientras copiaba. En otras ocasiones pasaba la página del cuaderno, se quedaba mirando lo escrito y se daba cuenta de que no valía, y lo tachaba, o tachaba una parte de la página. O bien tecleaba un rato, pasaba otra página, lo mecanografiaba todo, pasaba otra página y la copiaba. Pero entonces veía algo otra vez, y lanzaba una exclamación, y se echaba a reír, y proseguía, y se lo pasaba bárbaro con aquello”.

La novela permaneció inédita durante más de 5 años (increíble, dado que después fue un best-seller que sigue vendiendo al día de hoy). Tras una serie de intervenciones por parte de distintos editores y abogados, On The Road se publicó finalmente con nombres cambiados, rebajada en algunos decibeles su grado de “obscenidad”, y una importante poda. Allen Ginsberg, uno de los personajes reales que aparece en la novela, dice que la novela que se publicó no se parece en absoluto al libro salvaje que Kerouac mecanografió en el 51. Y añade que algún día, cuando “todos hayamos muerto”, el “demente original” verá la luz tal como se concibió. Ahora, más de medio siglo después, se acaba de publicar en castellano un muy interesante librito con toda la historia, como complemento de la -también reciente- edición del texto según el rollo mecanografiado original (manuscrito, by the way, que se vendió hace poco por dos millones y medio de dólares).

Hay una cantidad de detalles apasionantes para el fetichista de los procesos artísticos que todos –ok, de acuerdo, algunos enfermitos- llevamos dentro. Los curiosos buscarán el libro, que recomiendo (Kerouac en la carretera, Howard Cunnell et al, editorial Anagrama). Sólo quiero señalar aquí el hecho de que, en realidad, no hubo un solo manuscrito. Hubo versiones anteriores y posteriores. En cuadernos de notas y en hojas tipografiadas. Las diferencias entre la versión del rollo mítico y la versión publicada son significativas e incluyen los nombres reales de todos los personajes en la original: Carlo Marx todavía es Allen Ginsberg, Dean Moriarty es Neal Cassady, Sal Paradise es Jack Kerouac. En ese sentido, queda en mayor evidencia su estatuto –precursor- de novela autobiográfica/documental. Pero tampoco parecen ser tan sustanciales como sugiere el autor de El aullido. De hecho, cuando Ginsberg habla del “demente original” se está refiriendo con toda probabilidad a otro manuscrito, posterior, que Kerouac tituló provisoriamente On The Road pero que constituye otra novela distinta, publicada más tarde como Visions of Cody.

Pero hay algo muy interesante en la búsqueda de Kerouac que reflejan las distintas versiones y esbozos y correcciones. Tiene que ver, precisamente, con su método de escritura. Fue decisivo –y en eso la leyenda tiene razón- el encuentro con Neal Cassady. Cassady, que se convertiría en el héroe de la novela, buscó a Kerouac porque quería que éste le enseñara a escribir. Paradójicamente, fue una larga carta de Cassady la que hizo que Kerouac viera la luz y descubriera su propia voz, inspirado por la voz de Cassady. La carta ni siquiera estaba dirigida a Kerouac pero circuló entre los amigos. Kerouac leyó la carta en un viaje en subte desde Ozone Park, donde vivía con la madre, hacia Manhattan. Al salir del subte se sentó en un bar durante dos horas para terminarla e, inmediatamente, volver a empezar. Kerouac escribió una respuesta donde le dice a su amigo que esa humilde misiva estaba “entre lo mejor que se ha escrito en Estados Unidos”. Cassady le contesta que redactar la carta “se comió la mejor parte de tres largas tardes de bencedrina”.

Las propias cartas que Kerouac le escribe a su amigo -otro mito de la espontaneidad- son en muchos casos versiones de notas y fragmentos narrativos que ya tenía escritos y que, a veces, volvió a utilizar en sus libros. Dicen que Kerouac supo reproducir como nadie el modo único de hablar de Cassady. Pero, más importante, aquella carta de Cassady fue la que lo inspiró a empezar a escribir en primera persona, en estilo directo y coloquial, y “abjurar de la ficción y el miedo. Sólo se puede escribir la verdad. No hay ningún otro motivo para escribir”. En el rollo mecanografiado, Kerouac asegura que “tan sólo unos años después Neal llegaría a ser un gran escritor” y da a entender que por eso cuenta la historia de Cassady. La verdad es que Cassady nunca llegó a ser un verdadero escritor. Si algo suyo se llegó a publicar fue exclusivamente por la relación con Kerouac y su estatus de personaje literario, transformado en ícono de la generación Beat. Igual, confieso que muero por leer el libro que recopila cartas y escritos de Cassady… (El primer tercio, también publicado por Anagrama).

Al mismo tiempo, Kerouac descubrió que podía abandonar la idea de trama convencional. En vez de la serie de episodios unificados que sugieren una relación causal entre los distintos acontecimientos, en el rollo la estructura es impredecible y refleja el mismo proceso en el que Kerouac va recordando y olvidando los distintos episodios a medida que escribe. Un detalle simpático del relato del rollo es que cada tanto promete ocuparse de algo más adelante, cuando termine lo que está contando en este momento. "¿Dónde estaba?" se pregunta. A la vez, este “método narrativo” impredecible, casi involuntario, reproduce una especie de filosofía: “la experiencia de la vida es una serie regular de desviaciones”. Las mismas desviaciones del camino. Cuando Kerouac planea hacer su primer viaje al Oeste, decide recorrer el país a dedo por la Route 6, “una larga línea roja que llevaba desde la punta de Cape Cod directamente a Ely, Nevada, y luego bajaba hasta Los Angeles”. Pero apenas salido de Nueva York, bajo la lluvia, empapado al pie de Bear Mountain, no consigue nadie que lo lleve en su camino, salvo un conductor que le sugiere otra ruta, para la cual debe volver a la ciudad desde donde salió. “Me di cuenta que tenía razón. Era un sueño que se iba al traste, la estúpida idea concebida al amor del hogar de que sería maravilloso atravesar el país siguiendo una gran línea roja en lugar de intentar diversas carreteras y rutas”.

¡Qué ganas de echarse a andar por los caminos! (Todo esto puede ser leído como una declaración de principios de mi próxima película...)

-Andrés Di Tella

miércoles, 8 de agosto de 2012

sinceridad y literatura


Pero la piedra de toque en la diferencia entre best seller y literatura es la sinceridad. De un lado, están los usos directos y veraces de la palabra, el transcurso utilitario del verbo en la sociedad: aquí confluyen los "Buenos días", "Te amo", "Paso a buscarte a las ocho", y el best seller. Del otro lado, ese peculiar cuestionamiento de la significación al que llamamos Literatura. La incompatibilidad es absoluta. La literatura es falaz en dos planos: usa una palabra cuyo valor de cambio deja de ser su sentido directo, y pone en escena el teatro de ese uso perverso. El best seller es simétricamente veraz en dos planos: dice lo que quiere decir, y lo ofrece como lo que es. 
-César Aira. La Nación de hoy.

www.lanacion.com.ar/

sábado, 4 de agosto de 2012

Jeffrey Skoller en el Laboratorio de cine






Jefffrey Skoller, cineasta, autor y profesor de Berkeley, durante su presentación anoche en el marco del Laboratorio de cine de la UTDT. Y en la típica parrillada argentina posterior. Skoller explicó que empezó a escribir porque todos sus amigos hacían cine experimental pero casi nadie escribía sobre sus películas. Siempre le interesó el cine como forma de diálogo y esa también podía ser su contribución. Por otra parte, descubrió que ese diálogo que le interesa a menudo se da mejor cuando, en vez de presentar sus propias películas, muestra las de otros cineastas. Amén.





viernes, 3 de agosto de 2012

comienzo


En el primer momento el comienzo de todo cuento es ridículo. Parece imposible que ese nuevo, e inútilmente sensible cuerpo, como mutilado y sin forma, pueda mantenerse vivo. Cada vez que comienza, uno olvida que, si su existencia está justificada, lleva en sí ya su forma perfecta y que sólo hay que esperar a que se vislumbre alguna vez en ese comienzo indeciso, su invisible pero tal vez inevitable final.
-Franz Kafka. Diario. 19 de diciembre 1914.


foto: Andrés Di Tella (iPhone)

miércoles, 1 de agosto de 2012

Encuesta


Se acaban de dar a conocer los últimos resultados de la famosa encuesta del British Film Institute / Sight and Sound que, cada diez años, pregunta a un grupo de críticos, programadores, etc, cuáles son las diez películas más importantes de la historia del cine. Es un juego ridículo, pero a todo el mundo le gusta jugar. Esta vez, se amplió un poco el juego, pasando de los 144 expertos consultados de hace diez años a los 846 que participaron de esta edición. ¡Tanto que hasta me preguntaron a mí! Entiendo que fui consultado en mi condición de ex director del BAFICI y actual director artístico del Princeton Documentary Festival. Porque también hay una encuesta paralela a cineastas, pero que sigue siendo mucho más exclusiva. ¡Creo que no le pegué ni una del top ten! Igual, la ganadora es una de mis películas favoritas de todos los tiempos, desde siempre. Pero me la olvidé a la hora de hacer la lista. Del rigor en la ciencia, diría Borges...

Los resultados de la encuesta de críticos y programadores:

1. Vertigo (Hitchcock, 1958)
2. Citizen Kane (Welles, 1941)
3. Tokyo Story (Ozu, 1953)
4. La Règle du jeu (Renoir, 1939)
5. Sunrise: a Song for Two Humans (Murnau, 1927)
6. 2001: A Space Odyssey (Kubrick, 1968)
7. The Searchers (Ford, 1956)
8. Man with a Movie Camera (Dziga Vertov, 1929)
9. The Passion of Joan of Arc (Dreyer, 1927)
10. 8 ½ (Fellini, 1963)



Y la lista que mandé yo (sin ningún orden de preferencia):

- Cabra marcado para morrer Eduardo Coutinho (Brasil, 1984)
- Espejo Andrej Tarkovsky (USSR, 1975)
- Primavera tardía Yasujiro Ozu (Japón, 1949)
- Shoah Claude Lanzmann (Francia, 1986)
- Alicia en las ciudades Wim Wenders (Alemania, 1974)
- Diario David Perlov (Israel, 1973-1983)
- Invasión Hugo Santiago (Argentina, 1969)
- La trilogía de Apu Satyajit Ray (India, 1955)
- Sans soleil Chris Marker (France, 1983)
- El sueño eterno Howard Hawks (USA, 1946)

Verán que me tomé alguna pequeña licencia patriótica -¡tocaba!- y, posiblemente, en lugar de El sueño eterno podría haber ido cualquier otro film noir, en representación de mi género favorito de la historia del cine. P
ero, al fin de cuentas, ¡banco a muerte mi lista loser...!

¡Aguardo vuestras listas, señoras y señores!

-Andrés Di Tella

caminar, caminar, caminar




fotografías: Andrés Di Tella (iPhone)

martes, 24 de julio de 2012

OK, Marty!

Vogliamo il cinema!


Una de las últimas entrevistas de Fellini: 
-¿Tiene futuro el cine? 
-No. Salvo que una noche la gente decida apagar el televisor y salir a la calle......multitudes en las calles, gritando a voz en cuello: "Vogliamo il cinema! Vogliamo il cinema!"

El laberinto de la distribución



En lo que va del año, los estrenos extranjeros y nacionales llevan recaudados alrededor de 750 millones de pesos, con 28 millones de espectadores. Pero esas buenas cifras son sólo la punta de un iceberg que exige un análisis profundo.

Por Oscar Ranzani
Si se tienen en cuenta algunos números, el mercado cinematográfico de la Argentina está pasando por un gran momento: contando estrenos extranjeros y nacionales ya se llevan recaudados alrededor de 750 millones de pesos en las boleterías de todo el país y la cifra de espectadores trepó durante 2012 hasta 28 millones. Pero no hay que dejar de lado la concentración del mercado cinematográfico para establecer un análisis completo. Y entonces, en esta época de vacaciones de invierno, es donde más se nota cómo los tanques hollywoodenses arrasan en las boleterías y asfixian a las películas argentinas hasta quitarles bocas de salida. Basta recordar que de las 760 pantallas que operan actualmente en todo el país, La era de hielo 4 –que este fin de semana superó los tres millones de espectadores– y Valiente estrenaron con 284 y con 233 copias, respectivamente. Si el análisis se circunscribe exclusivamente a la ciudad de Buenos Aires, se estrenaron 51 largometrajes nacionales, de los cuales sólo 23 lo hicieron en cinco o más salas, es decir, menos del 50 por ciento. A estas cifras brindadas gentilmente a este diario por la consultora especializada en estadísticas cinematográficas Ultracine, hay que sumarles algunos que esta empresa no computa: el Cine Cosmos-UBA estrenó sólo en su pantalla cinco películas argentinas y la Sala Lugones del Teatro San Martín, una: Tierra de los padres, de Nicolás Prividera. La cifra total, entonces, son 57 estrenos argentinos, de los cuales 34 no alcanzaron las cinco salas al momento del estreno. Como no sólo los números hablan, Página/12 consultó a directores, productores y distribuidores para que tracen un panorama de la exhibición de acuerdo con sus miradas, pero para que también aporten y sumen una solución factible para mejorar el circuito cinematográfico argentino.

Las condiciones de exhibición

Un cineasta experimentado en el campo del documental como Andrés Di Tella, fundador del Bafici, compara el fenómeno de aquel momento iniciático de 1999 con el actual del cine argentino. “Cuando lo creamos, de alguna manera, fue pensando en darle un marco a un cine que no tenía donde encontrar al público”, explica el director de Fotografías y Montoneros, una historia. Y la gran sorpresa para Di Tella que le dio el Bafici –y que ahora parece evidente– fue que “encontró al público”. Desde el primer momento, “fue un éxito extraordinario de convocatoria para un tipo de cine que, según decían los distribuidores, los exhibidores y todo el mundo, no tenía público. Entonces, me hace pensar que quizás el sueño no sea tan utópico. Y como la gente realmente se mata para ver películas argentinas en el Bafici, que después se estrenan y no va ni el loro ni la tía del realizador, pienso que el problema no está en las películas, sino en el contexto”, razona Di Tella. Como solución al problema de exhibición de cine nacional, este cineasta cree que tanto el Instituto de Cine como la ciudad de Buenos Aires y las distintas ciudades importantes del interior “pueden jugarse a crear espacios que sean tan atractivos para la gente como ir al Bafici”. ¿Cómo se los imagina? “Se puede generar una sala donde haya buena calidad de proyección, de sonido, que sea un lugar lindo, que haya un bar, una programación, una movida, invitados, ciclos. Y sobre todo, publicidad y difusión de eso”, explica.
En cuanto a la necesidad de mejorar las condiciones de exhibición coincide Agustina Llambi Campbell, productora de El estudiante, de Santiago Mitre. “Algo básico para atraer público es que las películas se vean y se escuchen bien. Hoy por hoy, eso sólo pasa en los grandes complejos que, por supuesto, no programan películas argentinas que no sean grandes bombas comerciales. Entonces, me parece que debería haber una política muy clara, enérgica y efectiva, más allá de que el 35 mm está dejando de existir en el mundo y si la Argentina no empieza a equipar salas nos vamos a quedar sin cine.” El director y productor Horacio Maldonado –secretario de Directores Argentinos Cinematográficos– sostiene que otra medida posible de la que se ha hablado muchas veces en las asociaciones de directores y productores “es que si tenés un complejo de dieciocho cines que dispongas como mínimo de una o dos salas para la exhibición del cine nacional”. Uno de los mayores distribuidores de cine nacional, Pascual Condito, titular de Primer Plano, no coincide con esta mirada: “Al contrario, hay salas que tienen que dar una película por trimestre y casos como las de Recoleta, Palermo y Caballito dieron algunas de más. Tenían que dar diez y, a lo mejor, dieron doce”, señala.
La documentalista Carmen Guarini sostiene que si el análisis se limita a la ciudad de Buenos Aires el tema “es complejo”. Y lo argumenta de la siguiente manera para el caso de los documentales: “Hay una sola pantalla importante, interesante y con un público cautivo: el Gaumont. Pero al ser la única, se produce un cuello de botella”, afirma Guarini, quien admite que el Instituto “tendrá que apoyar otras salas como el Gaumont y, al mismo tiempo, mejorar también las condiciones de exhibición porque, a nivel técnico, son bastante deficientes. Quiero dejar constancia de que existe apoyo por parte del Instituto, lo que sucede es que en este momento es tanta la producción que es inabarcable”, comenta Guarini.

Soluciones alternativas

El productor Juan Pablo Gugliotta aporta una posible solución al respecto: “Hay algo que siempre se dice desde la teoría que es la creación de un circuito alternativo. Sé que el Incaa está trabajando en eso y me parece que el circuito alternativo es una urgencia”, considera. “Me lo imagino amplio y federal. No me imagino un circuito que quiera competir con las salas comerciales ya establecidas, sino un circuito en salas nuevas, en espacios alternativos y por todo el país, buscando el público de todo el territorio y no sólo al de cierto sector de la ciudad como Palermo, Barrio Norte, Recoleta o Abasto”.
El productor Diego Dubcovsky también cree que la solución al problema de la falta de pantallas para el cine argentino podría ser la creación de un circuito alternativo “más ligado al tipo de cine que hacemos nosotros”. Dubcovsky comenta que “la experiencia del Gaumont es superexitosa” y que en la actualidad “el del Gaumont es un fenómeno aislado relativamente porque cuando el Incaa tomó Arte Cinema, bajó el valor de la entrada y le dio una programación más atractiva, estando en una zona que a la gente mucho no le gusta ir, el público se duplicó y hubo meses en que se triplicó”, explica uno de los titulares de BD Cine. Este productor cree que para sostener cierto tipo de cine argentino “sería genial”, por ejemplo, que el Arteplex Belgrano y los Atlas Santa Fe que cerraron sean ahora Espacios Incaa.

Otras alternativas

Condito cree que “hoy no hay problema” para la exhibición de cine argentino. “Yo, por lo menos, hoy no lo tengo. Eso se corrigió muchísimo a partir de principios de año; especialmente a partir de marzo-abril no hay mayores problemas en la exhibición”, destaca Condito, quien señala que tiene que haber un equilibrio de criterio entre el productor y el distribuidor. “Yo elijo de acuerdo con la película y lo hablo con los productores. Hay películas como Abrir puertas y ventanas, de Milagros Mumenthaler, que decidí salir con nueve copias y logré las mejores salas. El pozo salió con treinta copias y me dieron un montón de salas, igual que La plegaria del vidente. En este momento, yo lo veo mucho mejor. Lo que pasa es que, también, uno tiene que saber lo que brinda. Yo tengo que saber que con Pompeya la productora va a gastar menos dinero saliendo en Malba y Gaumont. Y, de pronto, una película más grande como Abrir puertas y ventanas puede salir en nueve salas. O La plegaria del vidente en quince. Y con El campo, que salió con veinte, yo no tuve problemas para estrenar.” Dubcovsky también sostiene que debería haber mayor obligatoriedad para pasar cine argentino y también limitar la cantidad de copias extranjeras. “Por ejemplo, si sale El hombre araña 4 y un complejo le paga seis copias, eso debería estar regulado. Hay una normativa que yo creo que es insuficiente.” Y agrega un tema polémico: “Por otro lado, debería haber una autocrítica en la producción de cine argentino y terminar de entender si las películas que hacemos nosotros son realmente del interés del público y el problema es el acceso a las salas. Yo no lo tengo muy claro. Pero me parece que, a veces, hacemos películas que tienen problemas en la relación con el público. Ese también es un tema autocrítico para revisar”, subraya.
“Yo siento que desde la iniciativa de la Secretaría de Comercio Interior, de Guillermo Moreno, en conjunto con la presidenta del Incaa, Liliana Mazure, generando el encuentro entre los distribuidores grandes –comúnmente llamados majors– y los productores están saliendo encuentros viables”, sostiene Gugliotta. “A nosotros, honestamente, desde Magma Cine, nos está cambiando mucho el panorama en cuanto a la distribución. Actualmente, estamos ya cerrando el distribuidor de Mala, de Israel Adrián Caetano (en coproducción con el propio Caetano), que va a ser uno de los grandes. Y ya estamos trabajando en el desarrollo de Pensé que iba a haber fiesta, la nueva película de Victoria Galardi, con UIP. También estamos evaluando ofertas para la nueva película de Pablo Fendrik, El ardor (en preproducción).” Gugliotta comenta que los grandes distribuidores “entran con toda su estructura, y para mí, ir a buscar a un posible inversor y decirle que el distribuidor es UIP me da un poco más de aire como para buscarle una vuelta a la estructura financiera de la peli. Es un poco más sencillo: son distribuidores que de mínima te lanzan con treinta copias. Entonces, eso te permite una mayor recuperación industrial y mayores ingresos”. Como todo pro, tiene su contra, Gugliotta acota que “también es cierto que te exigen películas de mayor presupuesto y de mayor estructura”.

Una forma de frenar los tanques

Maldonado cree que para encontrar una posible solución que ayude a paliar las dificultades de exhibición de cine nacional habría que establecer “un impuesto a la importación de películas, como medida de protección a la industria cultural nacional”. No cree que el arancel que estipuló el Incaa para el estreno de las películas extranjeras con más de quince copias sea lo mismo “porque ya está demostrado que fue una cosa absolutamente exigua y simbólica. Y los distribuidores o las cadenas han pagado esto prácticamente como un chiste”. Y cita como ejemplo: “Si vas a entrar un tanque como Los vengadores y vas a hacer tres millones de espectadores, hay algo que los tributaristas debieran estudiar junto con el Instituto Nacional de Cine, una medida de protección, porque con esta situación realmente en los últimos años se aniquiló a la producción nacional”, explica el secretario de DAC. Llambi Campbell coincide con esta propuesta, aunque marca un detalle no menor: “Después, uno empieza a preguntarse qué películas extranjeras, porque no es lo mismo el cine independiente, el cine más autoral o el cine que justamente es el que se está dejando de exhibir que los grandes tanques”. El debate sigue abierto.

lunes, 23 de julio de 2012

Sunday in the Park with L*


*After Sunday in the Park with George de Stephen Sondheim (after Un dimanche apres-midi a l'Isle de la Grande Jatte de Georges Seurat).


domingo, 15 de julio de 2012

Dibujando la historia moderna






Hoy en el MALBA, mientras esperábamos que empezara la visita para niños, pispee al pasar la muestra del artista peruano Fernando Bryce, cuya extraordinaria obra ignoraba y que prometo volver a recorrer en estos días con el detenimiento que se merece. La muestra, Dibujando la historia moderna, presenta 19 obras de distintas épocas, con títulos como Atlas Perú, The Spanish War, Américas, Kolonial Post o Die Welt, títulos tomados de antiguas revistas o folletos de propaganda. Cada obra consiste en una serie de pequeños dibujos blanco y negro a tinta china, copiados de dichas publicaciones. En total, más de mil cuadritos. El método de Bryce, según pude leer, consiste en instalarse en una biblioteca, revisar las revistas sistematicamente e ir sacando fotos de las ilustraciones que llaman su atención. Al mismo tiempo, se detiene a leer ciertos artículos, saltea otros, busca información complementaria sobre los autores y sobre la época, se va dejando guiar por el archivo y sus propias asociaciones. También mezcla las imágenes de la revista de marras con las de su investigación, por ejemplo, al lado de las ilustraciones de una revista desembozadamente colonialista de principios de siglo como la alemana Kolonial Post, coloca documentos y panfletos de grupos anti-imperialistas del momento. De las 2000 fotografías que saca de determinado período de una revista, selecciona unas 30-50, a las que suma otras tantas de otras fuentes. A partir de los documentos seleccionados, elegidos por capricho o por premeditación, por punctum o studium, comienza un trabajo de fotocopiado, photoshop y calco que termina en dibujos individuales pintados a mano, siempre en blanco y negro, que ponen todo -fotografías, ilustraciones, publicidades, tapas de revistas y primeras planas de periódicos- en un mismo plano estético, de reinterpretación, y, al mismo tiempo, en un elemento constitutivo de una serie, cuyos sentidos van apareciendo por obra del montaje. Casualmente, en la visita infantil, nos mostraron una fotografía de Grete Stern, hecha con la técnica del foto-montaje. Ante la pregunta de la guía, L. (seis años) contestó: "Se juntan distintas fotos, que no tienen sentido, pero cuando se juntan, todas juntas, tienen sentido".
-Andrés Di Tella




sábado, 14 de julio de 2012

Laboratorio de cine: Gastón Solnicki


Gastón Solnicki en el Laboratorio de cine UTDT, con Andrés Di Tella y Martín Rejtman, discutiendo Papirosen. Viernes 6 de julio.
Fotografía: Sebastián Elsinger.

viernes, 13 de julio de 2012

Claudio Caldini - Hachazos



Ventana (1975)

por Albert Alcoz

El cineasta Claudio Caldini (Buenos Aires, 1952) es uno de los artistas argentinos más significativos de la experimentación fílmica. Su obra está formada por un conjunto de películas filmadas en formatos subestándard –super 8 y 16mm–, realizadas desde mediados de los años setenta. Su manera de entender el arte de la imagen en movimiento queda ligado a una concepción poética parecida al lyrical cinema del contexto estadounidense de los años sesenta. La manera de capturar fotoquímicamente su entorno cotidiano queda equiparada a la de creadores como Marie Menken, Stan Brakhage o Jonas Mekas; cineastas interesados por la poética de la imagen, las texturas fotográficas, los ritmos impresionistas, las impresiones lumínicas y la documentación personal. Su voluntad de ruptura respecto a las nociones establecidas del uso de los dispositivos cinematográficos, y el deseo por describir la naturaleza bajo parámetros decididamente inusuales, queda directamente vinculada a la obra del cineasta canadiense Michael Snow y a la del inglés Chris Welsby, respectivamente.

Pero su enfoque es más austero, más humilde, de presupuestos más limitados y, como consecuencia, de mayor libertad en relación a las consideraciones formales. Claudio Caldini libera la cámara del trípode para atarla a unas cuerdas que les permiten mover el aparato bajo perspectivas contundentemente alejadas de terminologías homologadas. Utilizar términos como panorámica o travelling en películas como Gamelan (1981) parece irrisorio. Filmando cámara en mano, transforma la percepción habitual del paisaje natural registrando frame a frame o mediante ráfagas de fotogramas, a menudo duplicados mediante dobles exposiciones sobre el mismo celuloide. Junto a Chris Welsby, Caldini registra el paisaje teniendo en cuenta los intervalos de tiempo que le permite la cámara. A diferencia de él su metodología deja de lado consideraciones sistemáticas o estructuras previamente delimitadas que anticipen el resultado final. Su acercamiento es más intuitivo, más fresco. Responde a un espíritu lúdico, pero también a un sentir distorsionado de la realidad.

El trabajo intermitente de Caldini ha quedado perfectamente documentado en una largometraje titulado Hachazos (2011), dirigido por el realizador Andrés Di Tella. Es ahí donde la figura del cineasta experimental –y performer– queda descrita bajo situaciones vitales extremadamente determinantes para su obra final. Caldini marchó a la India y desapareció del mapa. Abandonó su práctica y estuvo internado en un centro psiquiátrico. Su mente había quedado trastocada. Al menos esa es la consideración que se extrae de un documental pacientemente observacional que recrea procesos de creación, recuerda pasados alucinógenos, rememora etapas inquietantes y describe serenamente una actualidad de futuro clarividente. Di Tella establece un diálogo cinematográfico construido como un diario filmado. Es un ensayo en primera persona sobre una segunda persona. Debatiendo el contexto político argentino del final de la dictadura, cuestiona el valor de la práctica cinematográfica, el espíritu artístico de una época y la relevancia de unas imágenes prácticamente invisibles, pero indudablemente reveladoras.


Prisma (2005)

domingo, 8 de julio de 2012

Leviathan



Impresionante trailer de Leviathan, nueva película del combo Lucien Castaing-Taylor (director de la notable "Sweetgrass", vista en BAFICI 2011) y Vérena Paravel ("Foreign Parts").

sábado, 7 de julio de 2012

Alicia



La British Library acaba de poner online el manuscrito original, con dibujitos del autor, de Alicia en el país de las maravillas, titulado en primera instancia Alice's Adventures under Ground; subtítulo: A Christmas Gift to a Dear Child in Memory of A Summer Day, ya que de eso se trataba, un regalo de parte del autor, Lewis Carroll, a una niña, Alice Liddell. Ojear el manuscrito completo aqui.